Hola a todos, sé que me he tardado demasiado en actualizar esta historia, pero ya vuelvo a retomarla, disculpad a todos por la tardanza, pero ahora ya, cada semana o cada dos, según la cantidad de trabajo que tenga, tendréis una actualización de esta historia, este cap, no es gran cosa, pero es necesario.
Nos vemos en el siguiente buybuy, si no me lo impide nada, en unos tres días tendréis el siguiente.
Es muy tarde para contestar a todos los Reviews, pero quiero agradeceros los mismos y aseguraros que los leo todos y con muchas ganas, muchas gracias por leer y por la paciencia que tenéis.
16º-Comenzando la Locura:
Se encontraba regando el jardín de su casa, la verdad es que tampoco tenía mucho más que hacer, él y su madre, después de la pérdida de su padre se habían trasladado de regreso a su mundo. Su madre no deseaba rodearse del mundo al que su hermana pertenecía.
Él por su parte, no podía quitarse de la cabeza todo aquello, su tía estaba viva, y no solo eso, contaba con un primo de su misma edad.
Uno que hacía cosas increíbles con un trozo de madera.
La casa en la que vivían ahora, no tenía ni punto de comparación con la que tenían antes en Privet Drave, pero su madre no había querido regresar a esta, decía que le traía demasiados recuerdos.
Al mirar al cielo azul sintió un escalofrío, ¿cómo era posible que ninguno de ellos supiera de la existencia de un mundo mágico?, ¿cómo podían ser tan buenos ocultándolo?
Un destello lo cegó por unos instantes, al taparse los ojos, seguro de haber mirado al sol directamente, escuchó un sonido familiar, algo parecido a una explosión.
Al volver a mirar al lugar de donde había salido el destello, se encontró con una columna de fuego que se alzaba.
-Pero qué…
No le dio tiempo a decir nada más, de un momento a otro salió despedido cayendo al suelo de culo, la casa que había ante él, había desaparecido, horrorizado contempló como la gente salía despavorida de sus casas y como varias ardían.
Su primer pensamiento, fue que había habido una explosión de gas o algo por el estilo, no obstante, esa idea se borró de su mente al ver varios tipos con capas negras, máscaras plateadas y en sus manos derechas, unos palos de madera.
Sintió como su madre salía de casa asustada, y antes de darse cuenta tiró de él.
Eran cosa así de una decena, no habían necesitado más para ocasionar que cincuenta casas quedaran reducidas a escombros y todos los sobrevivientes de los incendios y explosiones, habían quedado reducidos a quedar arrodillados ante los diez enmascarados.
Él y su propia madre, se encontraban ocultos en el coche que les habían proporcionado los amigos de su tía. Desde ahí habían sido testigos de todo.
De los gritos de horror de todos los presentes, del llanto de los niños y mayores, ante el espectáculo de ver sus casas incendiadas y algún familiar gravemente herido, y no excluiría la posibilidad de que hubiese más de un muerto.
-¿Qué está pasando?, ¿todo esto es por nosotros?, ¿nos buscan?
Su madre lo miró horrorizada ante esa posibilidad, evidentemente no se le había pasado por la cabeza, la idea de que ellos fueran el blanco, de que todo aquello, se debiera a que los buscaban a ellos de nuevo.
-Eso…
-A TODO AQUEL QUE SIGA AÚN CON VIDA.
La voz resonó por todo el lugar, seguramente llegaría a todos los rincones del pueblo, tanto su madre como él, pusieron toda su atención a uno de los tipos que se había adelantado, y con el palo de madera se señalaba la garganta:
-MI NOMBRE ES LUCIUS MALFOY, Y A PARTIR DE AHORA, SOY SU AMO Y SEÑOR.
Un coro de risas acompañados de exclamaciones de sorpresa siguieron a esas palabras:
-¿Qué se supone significa eso?
Escuchó que decía un hombre, el tipo lo miró fijamente e inquirió:
-Que a partir de hoy, ocuparéis el lugar que os corresponde, seréis lo que debisteis ser siempre, unos malditos esclavos, a partir de este día, nosotros seremos los que hagamos y dispongamos, aquellos que manden y vosotros los que tendréis que trabajar para vivir, los que os tendréis que ocultar si queréis sobrevivir, correr y ser torturados y maltratados del mismo modo que varios de los nuestros han sido tratados.
Ahora llegó nuestro turno de dominar, y volverán las quemas en hogueras, ¿adivinad quiénes serán los quemados y perseguidos en esta ocasión?
Todo se sumió en un silencio inmediato, hasta que alguien se puso en pie, un hombre mayor, el cual claramente parecía furioso:
-¿De verdad pensáis que nos dejaremos pisotear?
-¿Acaso pensáis que tenéis otra opción?
-Siempre podemos luchar, oponernos.
-Ese camino solo tendrá un final viejo, y ya que has querido ofrecerte voluntario, demostraremos a todos los presentes, cuáles serán las consecuencias de querer sublevarse. Incendio.
Un rayo de luz voló contra el cuerpo del anciano, para horror de todos, el hombre quedó envuelto en llamas, no obstante, no fue hasta que las llamas rozaron su piel cuando se escuchó el primer grito por parte de este, su hijo se puso en pie decidido a ayudarlo, pero se encontró con que se quedaba petrificado sin poder moverse ni un milímetro para ayudar al mismo.
La gente de alrededor, abrazaba a sus familiares más cercanos, y aquellos que no tenían a quien abrazar se abrazaban a sí mismos intentando escapar de lo que estaban presenciando.
Cuando el hombre dejó de gritar, signo inequívoco de que había muerto, su hijo fue liberado y corrió a caer arrodillado hasta su padre.
Ni las llamas, impidieron a este coger a su padre y abrazarlo contra su cuerpo, él no dudaba que acabaría con las manos quemadas por completo, pero supo, que si quien sufriera eso fuese su madre, él mismo actuaría de esa manera.
Ante ese pensamiento, alargó su propia mano para coger la de su madre y asegurarse que se encontraba a su lado. En cuanto rozó la misma, su madre la aferró con suma fuerza, al mirarla se encontró que esta no apartaba la mirada del anciano hombre, parecía perdida en su propia mente, desesperada e impotente por no poder actuar.
-Debemos marcharnos cuanto antes de aquí.
La escuchó susurrar, sin pensar, miró el volante ante él, no era un experto en conducir, pero quizás podría manejar lo suficiente como para huir de esos indeseables. Sin estar dispuesto a que el miedo lo detuviese, dio vuelta a la llave que gracias a todos los cielos se encontraba en el contacto y cogiendo con fuerza el volante, cogió la palanca de cambio, y puso la marcha atrás.
Miró hacía ese mismo lugar, y dio al acelerador, este respondió casi en el acto, el ruido que provocó, y más al llevarse por delante la valla del jardín, provocó que todos mirarán hacía ellos, si querían escapar, la única solución era embestirlos.
No pensó que quizás eso lo convertiría en un asesino, no, solo pensó en sacar a su madre de ese infierno. Cuando todos vieron al coche ir derechos a ellos, estaban tan sumamente sorprendidos que se olvidaron de sus palitos de madera, no obstante recordaron que podían aparecerse y desaparecerse a su antojo.
Agradeció infinitamente que la gente se apartara de su camino, y en cuanto pudo cambió la marcha y se dispuso a huir, varios rayos impactaron en el coche, tanto en las ventanas como en las puertas, no perdió un maldito segundo en comprobar los daños del coche, solo le importó el hecho de que este seguía funcionando.
Agradeció que su vista fuera perfecta, pues a la velocidad de doscientos diez kilómetros hora, debías tener buena vista y reflejos.
Escuchaba la respiración asustada de su madre, pero intentó ignorarla, la prefería así a muerta.
Ahora lo importante era decidir a donde ir, no obstante solo una cosa estaba clara en su mente, una persona había conseguido hacer frente a esos enmascarados en una ocasión, se decía que a el fuego, se le debía combatir con fuego, pues muy bien:
-Madre, ¿dónde viven mis tíos y mi primo?
Su madre lo contempló, pero él no la miró, debía fijar su vista en la carretera:
-Ahora están en Londres Dud, pero ¿por qué lo preguntas?
-Pues a Londres será.
No añadió nada más, solo condujo, eran las diez y media de la mañana, tenían por delante siete horas en coche, aunque a la velocidad a la que iba, quizás y reduciría esas horas a la mitad.
"OPV"
-Tal y como lo escuchan, ciudades y pueblos, Ingleses han sido atacados y sometidos, todo el mundo muggles está en alerta de invasión.
Un grupo de magos rebeldes, liderado por un tal Lord Voldemort, han tomado gran parte de Gran Bretaña; Newcastle upon Tyne, Carlisle, Lake y Dhuram, han caído, en tan solo un día cuatro ciudades están devastadas, ¿cómo se supone que vamos a parar esto?
-¿Acaso se puede?
La voz que había pronunciado esas palabras sonaba osca y algo enfadada:
-Si se puede o no, es cosa de los Ingleses, nosotros no tenemos porqué intervenir. Ese mago es de los suyos, que se las apañen solos.
-¿En serio creéis que este se conformará con devastar Inglaterra?, es claro que su objetivo es mayor, casi igual al de Gellert Grindelwald, y si no recuerdo mal, le debemos la caída de este a un Inglés.
-Y se supone que la caída de este, depende de otro, sino recuerdo mal.
Cansado de esa discusión se puso en pie y voleando ante ellos unos cuantos pergaminos inquirió:
-Cada cual puede hacer lo que le venga en gana, yo iré, si ellos solicitan ayuda, por mi parte la obtendrán.
-Víctor, no puedes hablar en serio, además, ¿qué harás tú?, no puedes decir que eres un experto en esto de combatir contra magos oscuros, tan solo eres un famoso jugador de Quiddich.
Fulminó a quien acababa de hablar con su negra mirada:
-Tienes razón, quizás no persiga a estos como profesión, pero tengo amigos ingleses, y no pienso quedarme sentado aquí, discutiendo algo que no debería someterse a discusión, iré, y no tengo más que añadir.
Dispuesto a no escuchar nada más, salió de la sala enfadado, era increíble que el ministerio de magia búlgaro se estuviera planteando seriamente no hacer nada por ayudar, algo insensato, pues por lo que recordaba del torneo de los tres magos, ese Lord Voldemort no era alguien al que ignorar.
¿Cómo estarían los integrantes de la orden del Fénix?, hacía mucho tiempo que no tenía noticias de nadie, la última había sido de Fleur, la cual le había escrito invitándolo a su boda con un Inglés pelirrojo de apellido Weasley.
¿Estaría ella bien?, ¿dónde vivirían ellos en Inglaterra o en Francia?, ¿Estaría el ministerio Francés también debatiendo en esos momentos si ayudar a los Ingleses o no?, ¿Y el resto de ministerios?, solo esperaba que no tardasen mucho en decidirse, pues quizás sería demasiado tarde cuando quisiera actuar, ya fuese a favor o en contra.
De lo que sí estaba muy seguro, era que si no hacían nada de nada, lo lamentarían el resto de sus días.
Él no pensaba esperar, pues no deseaba quedarse en el grupo de personas que se lamentaría por no haber hecho lo debido. Partiría para casa de su amiga Granger ese mismo día.
"OPV"
-Cuidado, ¡apártate de ahí Bill.!
El grito provino de Fleur, la cual empujó a su esposo quedando ella a merced de los cables que volaban por encima de ella. Se pegó al suelo mientras evitaba ser rozada por los mismos, evidentemente la chica estaba en pánico y había olvidado que podía desaparecerse o deshacerse de esos cables electrificados.
Fleur lloraba, a la par que intentaba evitar que uno de los enloquecidos cables le dieran, desesperada gritó:
-Sal de ahí Fleur, desaparece.
-No puedo.
Le regresó esta, vio como rodaba sobre sí misma y abrió los ojos alarmada, Fleur acababa de caer sobre un charco de agua y uno de los cables volaba enloquecido hacía ella, mientras ella se agarraba con fuerza el vientre y cerraba los ojos:
-FLEUR.
El grito de Bill, obligó a todos a prestar atención a la escena, para sorpresa de todos, quien apareció a su lado para protegerla no era más que el rubio platino.
El maldito mejor amigo de Potter, este había acudido al ataque en cuanto pidieron voluntarios, no sabía la razón, pero aparentaba ser el que más deseaba estar allí.
Furioso y al parecer crispado de los nervios, agitó su barita violentamente y convirtió los peligrosos cables en simples cuerdas. Agarró de uno de los brazos a la rubia y la ayudó a ponerse en pie, corrió hasta ellos:
-¿En qué se supone que estabas pensando?, si vienes a luchar procura servir para algo y no estorbar, maldita sea, mejor lárgate sino sirves para ver esto y te vas a bloquear cada vez que estés en peligro.
-No es nada de eso, maldita sea, no tenía miedo.
-¿No?, por tu aspecto nadie lo diría, ¿acaso no te fijaste en que gritabas y llorabas como una loca asustada?
-¿Qué más querías que hiciera?
-¿Desaparecerte?, creo recordar que tienes edad suficiente para hacer esto, así que no me vengas con…
-No podía hacerlo, y no era por miedo.
El rubio la fulminó con la mirada molesto, ella se fijó que Fleur seguía con ambas manos sobre su vientre y abrió los ojos alarmada:
-Estás embarazada.
Esa afirmación se ganó la mirada de ambos sobre ella, Draco la miraba asustado y ella bajó la mirada hasta su vientre y seguidamente formó una triste sonrisa en su rostro:
-¿TU ESTÁS LOCA?
El rubio ahora parecía más que furioso, enloquecido, el grito que pegó las pilló a ambas por sorpresa pero más cuando sin esperar un segundo, conjuró un objeto y sin decir nada agarró a Fleur del brazo con fuerza y le entregó el mismo:
-Te largas ya de aquí, Portus.
No dio tiempo a más, Fleur desapareció de allí siendo trasportada a algún lugar sin que ella o Fleur pudieran articular una sola palabra:
-¿A dónde la has mandado?
Preguntó incrédula.
-A casa de mi tío, ¿A dónde más?
-Pero…
-¿Preferías tenerla aquí?, ya tenemos bastante cuidando de nuestros propios pellejos, no cuidaré del de nadie más.
No había terminado de decir esas palabras, cuando alguien cogió a este del cuello de la camisa y lo alzó furioso:
-¿Qué crees que has hecho miserable Malfoy?
Este luchó contra él, y como pudo inquirió:
-Salvarle el culo a tu maldito bastardo, Weasley.
Esas palabras paralizaron a Bill de golpe, quien soltó a este:
-¿Qué acabas de decir?
Su hermano la miró fijamente y ella susurró:
-Bill, Fleur está embarazada, por eso no se desaparecía.
-Eso es, ¿por qué no me ha dicho nada?
No supo que responder a sus palabras por lo que negó, no obstante su momento de tregua llegó a su fin, una nueva explosión se hizo escuchar, iluminando el oscuro cielo con luces rojas y anaranjadas.
Un grito rompió el recién establecido silencio, un grito que hizo al rubio girarse rápidamente y gritar un nombre que cortó todo:
-PANSY.
"OPV"
No era amor, él sabía que no lo era, era un sentimiento diferente, uno que no quería analizar, le estaba infinitamente agradecido por todo lo que ella había hecho, vale que no en esa realidad, pero sí en la que él recordaba como suya. Esa muchacha, había dado hasta su vida, intercambiándola por la suya propia.
En cuanto le habían dicho donde se había producido el ataque, no lo dudo un segundo, agarró su varita y se puso en pie, si ella estaba en esa realidad con vida, seguiría así. No pensaba perderla por segunda vez, menos ahora que sí que podía hacer algo por ella.
Pero al llegar allí, se dio cuenta de que su misión no sería tan sencilla, ¿por qué se había juntado con toda esa panda de ilusos?, por culpa de eso se estaba convirtiendo en algo que no quería ser.
Su maldito propósito al ir allí, era solo uno, encontrar a Pansy y sacarla de allí, lo demás no importaba en absoluto, mucho menos si lo que veía le parecía lo correcto, ahora había llegado la hora de que esos inútiles e ineptos de los muggles, aquellos que habían tenido la osadía de creerlos a ellos abominaciones, pagaran todo lo que habían hecho.
Pero en su carrera hasta la casa de Pansy, se había encontrado con varios escenarios que no le habían agradado, pues si bien era cierto que los muggles debían pagar, e incluso los sangre sucia por atreverse a creerse parte de ellos, ¿qué culpa podían tener unos niños que aún ni habían dado sus primeros pasos?, ¿cómo quedarse mirando cuando un malnacido que se hacía llamar mortífago, estaba intentando sobrepasarse con una muchacha?
Creyendo que nada de eso se debía consentir, había intervenido en todo lo que había encontrado en su carrera hasta la casa del fondo del pueblo. Incluso había ayudado a la mujer del mayor de los Weasley, vale que eso se había debido a otra razón, otra que aún no estaba preparado para admitir.
No obstante, y tras alejar a esta de allí, el miedo lo había embargado, sobre todo, al darse cuenta de que quizás, había perdido demasiado tiempo con esas gilipolleces, y ahora había puesto en peligro, lo que precisamente estaba deseoso de salvar y proteger.
Por primera vez, creyó entender la impotencia que Potter tendría que haber sentido en su quinto año, cuando él y sus estúpidos amigos se habían enfrentado a su padre en el ministerio de magia.
No era fácil, saber que alguien al que estimabas se encontraba quizás a punto de expirar su último suspiro.
Sin prestar atención a nada más, corrió todo lo que pudo al lugar de donde provenían los gritos que tanto deseaba acallar.
Al llegar se desesperó aún más, todo a su alrededor estaba devastado, buscó con insistencia por todas partes, parecía un loco repasando todos los rincones, hasta que escuchó un tenue llanto:
-¿Pansy?
El llanto se detuvo por unos instantes, y después retomó con mayor fuerza, incluso escuchó fuertes golpes, corrió al lugar de donde provenían los mismos:
-PANSY, ¿PANSY, ME OYES?
Su voz resonó por todo el lugar, llamando la atención de quienes había en los alrededores, ocasionando que varios hechizos volaran en su dirección, como pudo esquivó los mismos, agachándose, girando, revolcándose en el suelo, e incluso hizo un gran tramo arrastrándose como una vil serpiente.
Llegó a donde se escuchaban los golpes y se encontró con una viga que estaba sobre un coche, aplastado gran parte de la parte delantera del mismo. Pansy, se encontraba atrapada entre la carrocería del coche y el asiento.
Al reconocerlo esta comenzó a llorar desesperada y a decir su nombre, pero él no la oía, sus ojos solo veían el charco de sangre que había alrededor de ella. Sintió miedo de que en esa realidad, en lugar de saber que había muerto, se le mostrara como esta moría sin poder ayudarla.
Desesperado intentó con sus propias manos levantar la enorme biga de hierro, sin éxito alguno:
-Maldita sea, muévete barra inútil.
Volvió a intentar levantarla, no una sino dos, y hasta tres veces, incluso se clavó un hierro que sobresalía de la misma en la palma de la mano, pero ni notó el dolor que eso le produjo, estaba demasiado asustado y con demasiada adrenalina en el cuerpo como para notar nada que no fuera el estado de Pansy.
Esta desde donde estaba seguía llorando y gimiendo de dolor.
-Maldita sea. –impotente, se dejó caer al suelo tras intentarlo una vez más.
-Déjalo Draco, es imposible.
La voz de Pansy, había comenzado a ser baja y sin fuerza, asustado corrió hasta ella:
-No, tiene que haber una manera, ya verás la encontraremos, alguien nos ayudará, tienes que aguantar Pansy, ¿me oyes?, debes estar al pendiente de mí, ¿vale?, ya sabes lo que me gusta ser el centro de atención, así que no puedes negarte.
Eso consiguió arrancarle una sonrisa a Pansy, quién alargó su mano a través de la ventanilla rota y la acercó a su rostro, con impaciencia, cogió su mano entre las suyas:
-Venga, dime algo, cuéntame, ¿cómo es que estás dentro de un trasto de estos?
Pansy, rio de nuevo ante su tono de voz cargado de desaprobación:
-Mis tíos querían que fuera con ellos de compras.
-Te tengo dicho que no me gusta que andes con esos muggles.
Dijo irritado, Pansy solo sonrió de medio lado y comenzó a cerrar los ojos:
-No, hey, venga, vamos, sigue hablando, ¿qué se supone que ibas a comprar?, Pansy, PANSY.
- Wingardium Leviosa.
Entre asombrado y sintiéndose tremendamente estúpido, vio como la viga de hierro comenzaba a alzarse lentamente, asombrado se giró a mirar quien había dicho el hechizo y se encontró con la pelirroja menor, esta parecía sumamente concentrada y era evidente que el hechizo le estaba costando horrores, al ver que este no se movía ni dejaba de mirarla inquirió:
-¿Qué demonios haces?, no sé cuánto tiempo podré mantenerla, sácala de ahí.
Salió de su sorpresa y dejó de dudar, con todas sus fuerzas tiró de la puerta que separaba a Pansy de él, al hacer eso se encontró con que las piernas de Pansy estaban atrapadas completamente.
-No, o venga ya. Mierda.
-RÁPIDO.
Escuchó que decía la pelirroja, desesperado intentó encontrar una maldita forma de sacarla de ahí, y solo se le ocurrió una, con su varita, apuntó el asiento de Pansy:
-Reducio.
En cuanto el asiento comenzó a menguar, el grito de dolor de Pansy llenó todo, el dolor fue tal, que Pansy cayó desmayada en el acto, en cuanto el asiento se redujo lo suficiente, cogió a Pansy entre sus brazos, y justo a tiempo la sacó de allí.
En cuanto él y Pansy cayeron al suelo, la viga que la Weasley había mantenido en alto cayó pesadamente sobre el coche, para horror de él y la pelirroja, este comenzó a arder, ambos a la vez se miraron:
-El motor.
-La gasolina.
En un mudo pacto, ambos sostuvieron a Pansy y sin más se desaparecieron en el lugar, el coche estalló segundos después.
Los tres aparecieron en mitad de la calle Grinmauld Place.
-Tenemos que llevarla cuanto antes a San Mungo.
Escuchó que decía la pelirroja, la miró seriamente:
-¿Estás loca?, ¿quieres que la maten?
-¿De qué estás hablando?
-San Mungo no es seguro, allí cualquiera puede acabar con su vida.
La Weasley lo miró por unos instantes y luego suspiró:
-En el cuartel morirá.
-Eso no.
La pelirroja lo miró por unos instantes y seguidamente miró a Pansy:
-Está perdiendo demasiada sangre, sino la llevamos a algún lugar, morirá desangrada.
-Dame soluciones, no malditas predicciones.
La Weasley lo miró molesta por su tono:
-Cerca de aquí hay un hospital muggle, allí seguramente podrán atenderla.
No muy convencido accedió a ello, era eso o perderla, y esa opción no estaba entre las posibles:
-Pues guíame.
Inquirió poniéndose en pie cargando con ella, toda su ropa estaba ensangrentada, pero no prestó atención, más por lo que eso podía significar que por otra cosa. Se acercó a esta, de manera que la respiración de ella le diera en la mejilla, para asegurarse de que seguía con él.
-Aguanta Pansy, tienes que seguir conmigo.
Estaba tan al pendiente de la pelinegra, que se perdió la mirada que la pelirroja le dedicó.
"OPV"
Se sentía realmente estúpido, ¿cómo había podido pensar por una milésima de segundo que si se entregaba este se detendría?
Era evidente que eso no sucedería, el miserable solo lo quería tener vigilado mientras hacía de las suyas, ¿cómo estaría yendo todo?, deseaba que este hubiese entrado en razón. Si Voldemort metía al mundo muggle en la guerra, todo podría convertirse en un caos.
Voldemort, no conocía a los muggles, solo la parte oscura de ellos, y ni siquiera esa la conocía del todo,
-¿No crees que ya has descansado suficiente?
Escuchar esa voz allí lo descolocó por completo, levantó la vista y se encontró con Sirius apoyado frente a la pared que había ante los barrotes de su celda.
-¿Qué…?, ¿Sirius?, ¿cómo sabías donde estaba?
-¿Recuerdas el colgante que te regalé?
Este se sacó un colgante igual al que le había dado y lo rozó, para su sorpresa en el colgante aparecieron dos palabras:
Harry Azkaban.
-Eso es…
-Ya me dirás lo que te parece, ahora sal del camino. Reducto.
Casi no le dio tiempo a taparse antes de que la pared de piedra saliera volando, cuando miró de regreso a Sirius, este tenía una varita en sus manos:
-¿De dónde la has sacado?
-Por lo visto no es tan listo, creyó que no te encontraríamos aquí y dejó solo a Carrows por estos lares.
Lo miró no muy convencido, y sin añadir nada más le lanzó la varita a las manos:
-Andando, que tenemos prisa, el resto ya ha sacado a la gente de aquí, ahora es nuestro turno de salir y hacer mil pedazos este lugar. Además, hay un mundo ahí fuera que precisa de nosotros.
-No podremos hacer mucho Sirius, Está decidido a terminar con el mundo muggle y someterlo a sus deseos.
-Bien, ese es su propósito, el nuestro es impedírselo, ¿quién crees que tiene mayor determinación?
Miró a Sirius fijamente, ¿tenía él realmente la fuerza para todo lo que se presentaba ante ellos?
Se puso en pie lentamente y suspirando miró su varita, si no la tenía, lo mejor era hacer creer que sí, o encontrarla.
-Vamos.
Sin decirse nada más uno al otro, él salió de la celda que ocupaba y Sirius lo siguió de cerca, en la puerta se encontró con Bill Weasley y Tonks, esta le tendió una escoba con una sonrisa en los labios:
-¿Vamos a patear unos cuantos traseros?
Respondió a su sonrisa y cogió la varita:
-Apuesto a que pateo más traseros enmascarados que tú.
-¿Es eso un reto Potter?
Sonrió a su pregunta en respuesta, y esta se acercó a él:
-Muy bien, acepto, no lo lamentes después. Quiero una recompensa acorde con el esfuerzo Potter, y no soy fácil de contentar.
Sin más subió a su escoba y pateó el suelo, Sirius carraspeó y negó, para seguirla de cerca, él no muy seguro de haber entendido lo que esta había querido decir, pateó a su vez el suelo y salió tras ellos, era hora de actuar.
"OPV"
"No se sabe con exactitud qué clase de armas está utilizando el enemigo, pero está claro que son armas muy sofisticadas y de alta tecnología, los diferentes gobiernos, se preguntan de dónde han salido armas que son capaces de matar sin dejar rastro alguno.
Varios ciudadanos aseguran haber visto a varias de esas personas desaparecer ante sus narices, incluso levantar objetos sin tocarlos.
Para este fenómeno en especial, tenemos imágenes que fueron captadas por un vídeo aficionado, tengan en cuenta la situación en la que este se encontraba."
En la pantalla del bar y ante la atónita mirada de todos los que se encontraban tomando algo, apareció la figura de una muchacha pelirroja que no tendría más de dieciséis años, que apuntaba con un palo hacía una viga de hierro y como esta se elevaba poco a poco en el aire.
Seguidamente un joven rubio apuntaba con otra cosa similar al coche que había bajo la viga y sacaba del coche a una tercera.
La viga cayó de nuevo contra el coche, y para horror de los espectadores, este estalló en llamas, debido a la explosión sufrida, se cortó la grabación en el acto.
Miró a su madre de reojo y la vio temblar, y que lo miraba de regreso:
-Son amigos de mi tía.
Su madre asintió a sus palabras susurradas y se bebió el vaso de licor que llevaba mareando desde hacía media hora, el rato que llevaban allí metidos, tras conducir durante varias horas, su madre le había pedido que parara para ir al baño y para comer algo.
Aunque solo había ido al baño y había pedido un vaso de licor, ninguno había podido probar bocado.
-Tenemos que irnos, no podemos detenernos.
Escuchó que ella decía.
-¿Por qué?
-Vendrán por nosotros hijo, ya lo hicieron una vez, no sé qué quieren de mi hermana y su hijo, pero es evidente que desean algo, y para cogerlos a ellos, vendrán tras nosotros.
Miró la televisión una vez más, y suspiró, dudaba que ya solo los buscasen a ellos, lo que la tele trasmitía era más bien un ataque a toda Inglaterra, más que algo personal.
-¿Dónde quieres que vayamos madre?, según eso, varias de las grandes ciudades han sido arrasadas.
Su madre negó y metió su cabeza entre sus manos:
-No lo sé Dud, no lo sé, tú padre sabría qué hacer, donde ir.
-Pero él no está, y no es momento para esto. Tienes que seguir, no pienso perderte a ti también.
Sacó una cantidad de dinero y lo puso en la barra, sin decir nada cogió a su madre del brazo y la obligó a levantarse y caminar, al llegar donde el coche, se decidió por coger un mapa en la gasolinera.
-Ahora vuelvo, espérame dentro del coche.
Compró un mapa e intentó recordar lo que el telediario había dicho, fue señalando en el mapa las ciudades que habían nombrado, aquellas donde se habían presenciado cosas sumamente extrañas e inexplicables.
Una vez señaladas, le preguntó al tipo que le había vendido el mapa, que le señalara el lugar donde se encontraban exactamente, este cogió el mapa y tras mirarlo unos segundos suspiró y señaló una carretera.
Tras marcarla, agradeció al tipo y se fue al coche, una vez dentro, miró el lugar marcado y buscó la ciudad o el pueblo más cercanos.
Tras observar el mapa un buen rato calculó que aún le quedaban unas horas de viaje, miró a su madre:
-He comprado esto en la gasolinera, me ha dicho que sirven para el mareo, pero que te hacen dormirte, creo que sería bueno que descansaras algo.
Su madre miró como ida la caja de pastillas que le tendía, en lugar de cogerlas, volvió a fijar su mirada al frente, suspiró y dejó la caja en la guantera del coche, donde ella pudiera cogerlas si así lo deseaba, arrancó el coche y volvieron a la carretera, su madre no tardó en encender la radio, y la voz del locutor inundó el coche, llenando el ambiente de todos los sucesos que estaban ocurriendo.
"OPV"
—Esto es un infierno.
-¿Cuántos están con vida?
Intercambiaron una mirada cargada de miedo y escuchó como Lily decía:
-¿Qué ha poseído a Voldemort para hacer esta locura?
-El odio.
Respondió sin inmutarse, a la par que una fábrica estallaba en llamas, sin duda un hechizo incendiario.
Todos a una se giraron a mirar el lugar sin poder creerse aun lo que veían, era la quinta ciudad a la que acudían y una vez más llegaban tarde para ayudar, no recordaba que Voldemort y los suyos tuvieran todo esto en mente, había pasado tanto tiempo en manos de estos, que creía saber lo que se proponían, no obstante, nunca había escuchado nada sobre aquellas masacres que estaban presenciando.
-¿Qué debemos hacer?
-¿Acaso se puede hacer algo?, maldita sea, esto es una locura, no podemos anticipar sus movimientos, es un juego de azar, lanzamos los dados y nunca acertamos.
-¿Alguien sabe algo de Harry, Sirius y Tonks?
Escuchó que preguntaba James cansado, Lily miró a su esposo y negó, este la miró a ella, y a su vez negó. Desde que Sirius y Tonks, habían ido a liberar a Potter de Azkaban, no tenían noticias de ninguno de ellos, ¿estaría Sirius bien?, deseaba creer que así era.
¿Y cómo estarían Bill, Fleur, Ginny y Draco?, no estaba muy segura de que el separarse hubiese sido la mejor de las ideas, era cierto que así cubrían mayor terreno, pero también, que quien acertase en la ciudad en la que Voldemort se encontraba, acabaría muerto.
Solo podía rogar porque ese grupo no fuera el de Sirius, aunque algo en su interior le decía que si alguno podía sobrevivir a un encuentro directo con este, era precisamente el grupo conformado por esos tres.
Miró el cielo oscurecido, y luego a su alrededor, seguramente en más de la mita de Inglaterra, esa noche no sería oscura, sino que estaría iluminada por enormes hogueras formadas por viviendas de centenares de muggles.
¿Cuánto duraría esa locura?, ¿Cuántos muggles habían muerto ya?, ¿cuántos más morirían?, tenían que buscar la manera de terminar con Voldemort, debía existir un modo, ¿pero cuál?
Pues hasta aquí este cap, nos vemos pronto, ahora solo me queda deciros, a aquellos que no leéis El Primer caballero, que ME PUBLICAN MI SEGUNDA NOVELA, jejeje, ya or iré contando más detalles, nos vemos pronto ;)
