Holaaaaa mis bombones de fresa! ¿Cómo dicen que les va? Muchas gracias a todos por sus bellísimos reviews, disculpas especiales a Alma de Titán porque no logré encontrar tiempo para contestar su review, ya lo haré luego. Gracias bonita por todo lo que escribiste, de veras :)
Bueno, no estoy del todo conforme con este capítulo. Tiene momentos en que me encanta lo que pasa y otros en los que no estoy tan conforme con lo que escribí, pero bueno, son ustedes libres de juzgarlo cuando lo lean. También les agradezco a todos los que pusieron fav en esta historia y quienes la siguen pero nunca comentan, muchas gracias también.
Lamento la tardanza, la uni me está quitando tiempo e inspiración y cuando consigo estar a solas con Celia (mi computadora - sí, mi computadora tiene nombre xD) no logro concentrarme para escribir, pero como bien dicen "Si llega la inspiración, que me encuentre trabajando", así que le estamos poniendo la mejor onda mi cerebro y yo para lograr escribir esto. No se asusten, tengo escrito hasta el capítulo 6 completos y me falta terminar el 7 que está empezado.
Anticipo algo de drama en este capi, presten mucha atención a todo y bueno, me dejo de chucherías y las dejo leer. Muchas gracias!
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Removiendo viejos cimientos
A medida que pasaban los meses, el frío nos invadía y el casamiento de Rachel se acercaba. Las fiestas navideñas se avecinaban y también, en consecuencia, mi cumpleaños. Como ustedes saben bien, mis niños, es una fecha particular que me gusta pasar con las personas necesarias. No soy alguien que disfrute de cumplir años. Probablemente sea porque siempre me siento obligada a hacer un balance del año y quedo bastante conforme. El problema es sobrellevar la melancolía del tiempo pasado. Creo que es algo común, pero a la vez no lo siente mucha gente. Mi papá siempre me ha hecho creer que la mayoría de la gente no es tan complicada como yo.
Y eso precisamente es lo que siempre me ha distinguido de los demás.
Era en una de esas frías tardes de Noviembre en las que elegí quedarme en la biblioteca de la universidad a terminar algunos trabajos prácticos y estudiar para exámenes lejanos con el fin de estar precavida. Casi siempre que me había propuesto esto, fallaba, pues acababa confiándome con el tiempo que faltaba para la entrega o el examen y en consecuencia siempre terminaba haciendo todo a último momento. Pero la intención estaba. Ya estaba en tercer año, era tiempo de que aprendiera a tomarme las cosas con tiempo y a lograr mis objetivos.
Así que ahí estaba yo, con el celular apagado, leyendo los complicados textos de "La historia de la escritura a través de los tiempos", que iba desde la coniforme hasta la actual. Recuerdo que el texto en cuestión no era complicado por el tema en sí, sino que por cómo estaba redactado. Parecía que el autor del libro, lo había escrito más aburrido de lo que estábamos nosotros por tenerlo que leer.
Ya llevaba media hora leyendo, luchando con las preocupaciones obsoletas que se filtraban en mi cabeza cada vez que me emprendía en una tarea que involucrara toda mi concentración, cuando alguien ocupó el asiento que estaba frente a mí en aquella mesa redonda. Levanté la vista para dedicarle al desconocido una sonrisa meramente falsa, pues odiaba tener que compartir una mesa de estudio en la biblioteca.
Yo era "muy expansiva", como le gustaba decir a Rachel cuando nos juntábamos a estudiar. No me remitía únicamente al texto que tenía que leer, sino que siempre llevaba conmigo un cuaderno, mi cartuchera, fibrones para subrayar y marcar el libro, hojas borrador para hacer cuadros para estudiar más fácilmente – luego acababan siendo rayados desprolijamente, de manera que quedaran marcados los conceptos más importantes, convirtiéndose en garabatos ilegibles - , libros de apoyo y fotocopias que respaldaran más lo que estaba estudiando… Se podría decir que cada vez que me sentaba en algún lado a estudiar, tenía que montar un campamento. Por eso no me gustaba compartir el espacio, por más grande que fuere. Excepto con alguna de mis amigas.
Así que cuando noté que una presencia extraña venía a invadir mi perfecto ecosistema estudioso, no pude más que levantar la vista para evaluar al espécimen con quién iba a tener que compartir mi espacio. Mi sorpresa fue enorme al comprobar que era alguien que sí conocía.
−Luna – Dijo Jericho con una tranquilidad casi envidiable, mientras me devolvía la mirada con aquellos inocentes ojos verdes. Se puso de pie y se acercó a mí para saludarme con un beso en la mejilla. − ¿Cómo estás?
−Bien, acá ando. Luchando con este texto tan complicado – Jericho observó el texto que yo estaba estudiando, aún de pie a mi lado.
−Ah, la evolución de la escritura. Es un tema bastante sencillo – Repuso el rubio con un tono sabiondo.
−Sí, ya sé. Pero este texto está insufrible – Repliqué yo, bastante cansada, ya que en media hora de lectura no había podido avanzar mucho.
− ¿Sabés qué? Me acabo de acordar de algo – Dijo Jericho de repente, mirando al techo pensativo mientras se llevaba la mano a la barbilla en un gesto que me recordó al de un filósofo.
−¿Qué?
−Yo tengo un texto que dice exactamente lo mismo que este, pero de manera mucho más sencilla. – Chicos, cuando ustedes vayan a la universidad, comprenderán que las palabras que Jericho me dijo en aquel entonces eran más o menos el equivalente al anuncio de la cura del Cáncer para mí. Tenían esa importancia.
Los textos que la universidad ofrece no siempre son los mejores, pero muchas veces son los únicos de los cuales podemos valernos los estudiantes para aprender y defendernos en los exámenes. La redacción de un texto hace, en gran medida, el gusto por la materia de la que trate o el tema que exponga, por más tonto que parezca. Excepto que sea una materia o un tema que nos guste mucho, entonces ahí leemos de dónde sea, aunque sea un rollo de papel higiénico mojado y hasta usado por otra persona. Cuando algo nos gusta no tenemos freno.
Así que el hecho de que Jericho me estuviese ofreciendo la posibilidad de leer y comprender un tema de manera más cómoda era algo épico. Una oportunidad única en la vida que debía ser aprovechada sin dudarlo.
Hoy miro ese hecho en perspectiva y no puedo creer lo que voy a decir: jamás hubiera necesitado tanto como en aquel momento que las conclusiones de sus tíos Garfield y Victor volvieran a mi mente. Pero, ¿saben qué? Eso no pasó.
−¿EN SERIO? − Balbuceé, cual animal hambriento observando su comida. − ¿Y serías tan amable de prestármelo?
−Con una condición – Me frenó Jericho, con maneras que me hicieron retrotraerme a los señores burgueses dibujados en poses tan amaneradas en las tacitas de café que mi mamá coleccionaba. −. Vos, Lunita, me debés un café.
−Aahh, ¡Pero sí! – Contesté yo, sin dudarlo. Sin pensarlo. Sin siquiera meditarlo por cinco segundos. − ¡No hay problema! ¡Es más, si querés te lo pago yo!
Jericho soltó una carcajada lo suficientemente audible como para que algunos estudiantes que se encontraban en la biblioteca alzaran sus cabezas a ver qué pasaba.
−No, querida. Con tu presencia alcanza, yo te lo invito.
− No, no. De ninguna manera, no me parece justo − le espeté. −. Es demasiado con que me vayas a prestar las fotocopias, por lo menos dejá que pague mi café.
−Después lo vemos, ahora vayamos por una mesa, ¿sí? – A mí todo el ritual me parecía demasiado particular. Claro que no me daba cuenta de lo que estaba pasando en realidad. Le sonreí efusivamente y lo seguí hasta el barcito que tenía la facultad, lugar donde ocupamos una mesa de dos en un rincón cerca de la ventana. Jericho pidió un café doble y yo me pedí un té, para relajarme un poco.
Hablamos de todo. Tocamos temas por demás de profundos y nos desplazábamos con una facilidad envidiable de un tema a otro, sin perder coherencia y riéndonos algunas veces. Se notaba a leguas que teníamos muchos puntos en común. Jericho era una persona muy culta, mis niños. Un hombre muy elegante, más hecho y derecho de lo que realmente se mostraba. Era un letrado que disfrutaba de jugar a ser un tonto cuando se le daba la chance, pues eso resultaba más atrayente para la mayoría de las mujeres. Pero cuando se encontró conmigo, tuvo que dejar de fingir, porque simplemente no lo necesitaba.
Terminé mi último sorbo de té y miré la hora en mi reloj de pulsera. Las 19.00. Ya había anochecido y yo no le había dado señales de vida en todo el día ni a Kori ni a Frank, y aunque sabía que ninguno de ellos se preocuparía demasiado por lo poco controladores y liberales que eran, me parecía justo avisarles que aún vivía y que yo sí tenía intenciones de saber cómo habían estado. Saqué el celular de mi cartera y lo dejé en la mesa mientras se encendía. Miré a Jericho y le pedí que llamara al mozo para pedirle la cuenta.
−¿Ya te vas? ¿Sin las fotocopias? – Me preguntó mi rubio interlocutor.
−¡Cierto! – Repuse yo recordando el porqué de la ocasión, mientras observaba mi celular por el rabillo del ojo, esperando que alguno de mis dos más queridos seres – Kori o Frank – se acordara de mi existencia, demostrándomelo mediante un mensaje de texto. – Pero lo que pasa es que no estuve en mi departamento en todo el día y mi novio tuvo examen ayer… Así que creo que debería verlo a él y a mi compañera de departamento.
Jericho frunció el ceño ligeramente, pero yo lo interpreté en ese momento como un gesto de impaciencia por mi repentina decisión de irme, no porque hubiera mencionado a mi novio.
−Lo lamento mucho – Me apresuré a añadir, en un intento desesperado por sonar más cordial. − . Es que todo este tema de los estudios realmente está complicando que podamos vernos y bueno… Hay que aprovechar cuando se puede, ¿No?
−Luna, te preguntaré algo… Y no quiero que te lo tomés a mal – Dijo Jericho muy cuidadosamente. −, pero, ¿Tu novio te mandó algún mensaje de texto enfadado porque no te vio en todo el día y por eso te tenés que ir tan repentinamente?
Miré mi celular. Era el momento de la verdad… Y como siempre me encontré con nada. Ni Kori ni Frank me habían mandado un mensaje ni llamado. Pero eso a mí no me afectaba porque era algo normal en ellos. No negaba que me molestara un poco pero no demasiado. No aún.
−No, pero… Es que él estudia mucho y pasa mucho tiempo en la universidad. – Me defendí yo. – Y no es muy amigo de la tecnología que digamos.
Y con esto, saben ustedes mis queridos retoños, que no mentía. Y si necesitan pruebas, pídanle a papá explicaciones de porqué ya no tenemos más microondas.
Jericho no parecía conforme con mi respuesta, pero a mí eso no me interesaba. Yo me iba a ir de ahí, le gustara o no. Quería ver a mi amiga y a mi novio y, si era posible, llamar a Abby ese día ya que hacía mucho que no la contactábamos.
−Bueno, si vos decís – Jericho me dio la espalda un segundo y llamó al mozo, quien nos trajo la cuenta enseguida. Cuando el rubio amagó a pagar por mi té, yo se lo impedí dándole mi parte de la cuenta al mozo.
Jericho se mostró sorprendido y me miró con una sonrisa socarrona.
−Sos muy particular, Luna Ertorbrack. ¿A tu novio tampoco lo dejás que te pague las cosas? − Sonreí mientras guardaba todas mis cosas y me ponía de pie para irme.
−Y… tironeamos un poco… Pero al final siempre termino cediendo y él me paga las cosas – Jericho me observó fijamente. −. ¿Sabés qué? Mañana tengo clase hasta las 16.00. ¿Nos encontramos acá y me das las fotocopias? − El rubio sonrió satisfecho y yo me sorprendí ante tanta satisfacción. Esta conversación la tengo muy marcada en mi memoria, porque quizás, si nunca la hubiera tenido, estoy segura que me hubiera ahorrado varios disgutos, mis queridos hijos.
− Dale, no hay problema – Contestó mi anfitrión impasible. −. Ya cumpliste con tu parte. Podés irte.
−Muchas gracias – Dije mientras lo saludaba con un beso en la mejilla. − . Nos vemos mañana. – Y me largué del bar, ignorando la mirada de mi interlocutor clavada en mi espalda.
Qué ilusa fui.
Llegué al departamento y le propuse a Kori que invitáramos a Frank y a Dick a cenar esa noche. Obviamente que mi pelirroja compañera estuvo de acuerdo y enseguida le envió un mensaje a su novio quien contestó pacíficamente. Esa noche, todo comenzaría a derrumbarse. Comenzaría la crisis de lo estático.
Estábamos muy divertidos, charlando de la vida, la universidad y de algunos ex compañeros del secundario que hacía mucho que no veíamos – como Robert, por ejemplo – cuando tuve el reparo de mirar qué hora era. Las 00.30 a.m. Yo tenía que levantarme temprano para estudiar, ya que al mediodía debía encontrarme con Jericho, así que intenté movilizar a los "intrusos" de nuestro departamento, para averiguar si pretendían quedarse mucho más tiempo despiertos, si se quedarían a dormir o si se irían.
− ¿Qué piensan hacer? – Pregunté mientras recogía las botellas de cerveza vacías e iba por otras guardadas en nuestra heladera. Frank y Dick jadearon un poco, recuperándose de una prolongada carcajada, producto de una anécdota de ambos.
−¿Qué pensamos hacer con qué? – Contestó su padre, desde la mesa, todavía algo risueño.
− Ahora. ¿Se quedan o se van? – Oí como su padre arrastraba la silla para levantarse rápidamente de la mesa y acercarse a mí. Contuve mi impulso de asesinarlo por haber arrastrado la silla y rayar mi perfectamente encerado piso.
−¿Por qué tan apurada? – Inquirió Frank acercándose a mí desde atrás y abrazándome por la espalda mientras yo sacaba una cerveza de la heladera. Noté que estaba claramente ebrio porque, como ustedes sabrán, su padre no es una persona que muestre afecto en público. – Yo te extrañoooo…
Y muy ebrio.
Me di vuelta y le di un beso. Lo tomé de la mano y lo conduje a la mesa, dispuesta a dejar la cerveza en la mesa, para que continuáramos tomando.
−Porque mañana tengo que levantarme temprano a estudiar−Respondí mientras destapaba la cerveza.
−¿Y por qué no estudiás de tarde? −Me preguntó mi compañera de departamento, mientras se servía un poco de cerveza. Hasta el día de hoy lamento haber respondido esa pregunta.
− Porque quedé en encontrarme con un amigo que me va a prestar unas fotocopias para estudiar – Respondí, mientras aguardaba a que Kori terminara de servirse cerveza para tomar la botella y servirme yo. Frank y Dick intercambiaron una de esas miradas típicas de ellos, de esas que intercambian cuando juegan al póker y alguno tiene una buena mano, para indicarle al otro que no apueste en vano.
− Perdón – Dijo Frank de repente, carraspeando, recuperándose de su ebriedad. −¿Un amigo? ¿De qué amigo estamos hablando?
−Nadie – Contesté yo, haciendo un gesto con la mano, quitándole importancia a la cuestión.
Pero su padre tomó mi mano y la bajó del aire, para que pudiéramos vernos cara a cara. Estaba serio y ya no había rastros de ebriedad en su rostro. Pude notar como Dick tomaba distancia, moviendo su silla, acercándola más a Kori, dejándonos espacio. Y entonces supe que debía preocuparme.
− Luna, − Me llamaba por el nombre entero. Estaba frita. − ¿De qué amigo estamos hablando?
Aunque lo dijo calmado, ustedes, hijos míos, bien sabrán como yo, que su padre demuestra su enojo de manera muy particular. Irónicamente, mientras más pacífico se muestra, más enojado está.
− Es un chico que conocí en la universidad− Contesté, fingiendo estar ebria, como para tener una excusa para decirlo sin mostrar importancia por el asunto. –. Se llama Jericho, está en el último año.
− Ah… Está en el último año… −Repitió su padre, y pude observar como Dick se alejaba cada vez más de él, como quien está alejándose tranquilamente de una bomba a punto de explotar, con el fin de no hacer ningún movimiento brusco para que no estalle antes. Frank tomó un poco de cerveza antes de seguir hablando. Yo lo observaba expectante. Seguía sosteniendo mi mano. – Y decime, Luna… No sé… No se te cruzó por la cabeza pensar que… No sé, tal vez… ¿Vos tenés novio y no deberías andar saliendo con otros chicos?
− ¿Eh? – Yo estaba atónita. − ¿Salir con otros chicos? – Repetí. - ¿De qué me hablás?
−Y… Digo, porque estás tan decidida a ver a este chico…
− Ay, Frank, no seas imbécil – Repuse, quitando mi mano de la contención de la de su padre. Él me miró claramente ofendido por mi gesto y mi respuesta. − . ¿Cómo vas a pensar que yo salgo con otros chicos?
−¿No es eso lo que me estás diciendo? – La conversación se estaba tornando incómoda, y tanto Dick como Kori lo notaban, ya que no tardaron en desplazarse sigilosamente hacia el living, acomodándose en un lugar para observarnos discutir sin ser vistos.
−No, Frank, no es eso lo que te estoy diciendo −Le espeté, ofendida. −. Te estoy diciendo que es un compañero de la universidad que me va a hacer el mismísimo favor de prestarme material de estudio. La única peculiaridad en éste asunto, según vos, es que es de sexo masculino. – Expliqué, notoriamente harta. – Yo sinceramente, no veo el problema. – Pude ver como Dick se llevaba una mano a la frente que luego bajaba para recorrer su cara, en claro gesto de nerviosismo y desaprobación.
−Luna, ningún hombre es amable con ninguna mujer sin tener segundas intenciones. – Escuchar esa maldita frase y saber que la teoría había sido de la inventiva de Frank me carcomía de bronca. Me mordí el labio en clara señal de desaprobación, mientras negaba con la cabeza.
−Wow, ¡Muchas gracias! ¿Hacía falta que algún chico me invitara a salir antes de que te decidieras a contarme tu estúpida teoría?- −Su padre me observó extrañado.
−¿Eh?
−Sí, porque, por si no lo sabías, Victor y Garfield ya me contaron esta estúpida teoría de los hombres y sus gestos amables… Y tuvieron la amabilidad de decirme que vos sos el principal precursor – Fue entonces cuando me di cuenta de que la cerveza sí me había pegado. − . Si la cosa es tan así realmente, deberías estar orgulloso de Jericho porque, acorde a tu estúpida teoría, es todo un maestro. Un verdadero experto en la materia.
−Pues así parece – Contestó su padre en un claro gesto de suficiencia, cruzándose de brazos mientras me observaba.
Lo miré horrorizada.
−No puedo creer que después de tres años de relación, sigas creyendo en tus estúpidas teorías de conquistas…
−¡Eso no es una teoría! −Dijo Dick desde el living, interrumpiéndome. − ¡Es una verdad universal! – Kori le tapó la boca con la mano, rápidamente, evitando que yo cometiera un homicidio.
− Dick tiene razón – Me espetó su padre, con los brazos aún cruzados. Volví a negar con la cabeza, ofendidísima.
− No tiene razón… ¿Acaso nadie puede ser amable porque sí? –No, niños. Ninguna persona del sexo opuesto al suyo puede ser amable sin segundas intenciones. Bah, sí, pero este no era el caso. – Además, si así fuera, que no es el caso… ¿En serio me creés capaz de cagarte? ¿Me crees capaz de meterte los cuernos? – Su padre habló la boca para contestar, pero se quedó callado. Aguardé unos segundos a su respuesta, pero no daba señales de saber qué contestar. Yo ya estaba que ardía en furia. Dick volvió a pasarse la mano por la cara. – Ah bien, ¿Así están las cosas? ¿Tres años llevamos juntos al reverendo pedo?
− Luna −Kori me llamó intentando frenarme, pero yo ya estaba embalada. Y créanme niños, que si bien estaba muy equivocada respecto a Jericho, con esto tenía toda la razón del mundo. −, calmate, por favor.
−No me calmo una mierda hasta que él me dé una respuesta − Repliqué fuertemente. Frank me miró con los ojos cansados y supe que se sentía mal, pero no me importó: yo también me sentía mal. Tal vez peor. Él suspiró, como si estuviera a punto de decir lo más difícil de su vida.
− No, Luna, no pienso eso – Realmente yo no esperaba esa respuesta, de hecho recuerdo que hasta tenía un argumento preparado para seguir discutiendo. Pero esa respuesta me volteó completamente. Me desarmó. −. Solamente que no me da confianza que ese chico te ande haciendo favores porque sí.
−No me hace favores porque sí – Expliqué, bajando los desniveles de mi enojo. − . Nos encontramos en la biblioteca por casualidad y decidió prestarme unas fotocopias porque las mías son un asco y no se entiende nada lo que están explicando, ¿si? No me las dio hoy porque no tuvo oportunidad de buscarlas por su departamento y entonces acordamos que me las dé mañana, y como está siendo amable conmigo, no me gustaría clavarlo, y que se quede esperando como un idiota, ¿Está bien? – Frank me sonrió mientras se acercaba hacia mí. Yo me mordí el labio mientras le devolvía la sonrisa. – Sos un imbécil, pero eso ya lo sabías, ¿no? – Me abrazó fuerte y en silencio. Ésa era su mejor forma de disculparse. – Hace tres años que te vengo soportando, ya me hiciste sufrir bastante cuando nos conocimos y ni siquiera ahí te dejé.
−Shhhh – me calló su padre mientras me estrujaba contra él. −. No arruinés el momento… − Le di un ligero puñetazo en el abdomen que ni siquiera lo movió un poquito.
−Idiota. – Y cerré los ojos un rato, mientras escuchaba un "awww" de fondo proveniente de la inconfundible voz de Dick. Y fue allí cuando elegí callarme muchas más cosas que pensaba. Todavía tenía cosas que cuestionarle y reprocharle, como que aún creyera en sus teorías. Todavía moría por dentro por saber si algún día nos casaríamos. Aún necesitaba preguntarle si en verdad creía que yo podía engañarlo…
Pero preferí callarme y no arruinar el momento.
Permanecimos así un rato, hasta que escuchamos el ruido del cerrojo del departamento girar y vimos entrar a una muy ebria Tara, que caminaba con dificultad.
La rubia intentó cerrar la puerta, pero una esbelta figura se lo impidió metiéndose dentro de nuestro departamento sin permiso. Todos lo reconocimos al instante: Era Benjamín.
−Dejame – Le pedía Tara en un susurro apenas audible, mientras intentaba golpearlo con su diminuto bolso de mano. Nuestra amiga había salido de departamento diciendo que tenía una elegante fiesta en la casa de un reconocido diseñador. −. No te quiero ver…
− Tara, los dos sabemos que las cosas no pueden quedarse así – Replicó Benjamín, forcejeando hasta que logró entrar a nuestro departamento. Fue entonces cuando reparó que él y su - ¿ex? – novia no estaban solos. – Oh… - Nosotros lo saludamos con la mano, sonriendo incómodamente. - ¿Cómo están?
Tara le dio la espalda y se dirigió a su habitación – que en ese entonces era también mi habitación, ya que estábamos compartiendo por cuestiones de espacio, puesto que Kori no tenía lugar en la suya por las esculturas y cuadros que le llenaban el cuarto – dejando a Benjamín descolocado totalmente. Cerró de un portazo y oímos como resonaban sus zapatos al caer al piso, después de quitárselos.
Miramos a Benjamín sin saber bien qué hacer ni qué decirle. Desconocíamos totalmente de los motivos que lo habían llevado a seguir a nuestra amiga al departamento, por lo que no sabíamos qué sería conveniente hacer.
−¿Una cerveza? −Le ofreció Frank, mostrándole la botella ubicada en la mesa. Benjamín negó con la cabeza.
− La verdad es que ya he bebido bastante en la fiesta – respondió. Todos asentimos con la cabeza, esperando que dijera algo más que nos indicara qué rayos estaba pasando. Pero no había caso: el modelo permanecía ahí, en nuestra sala de estar, imperturbable. − . Su departamento es muy espacioso – observó mientras paseaba su mirada por él. Kori y yo intercambiamos miradas incómodas, sin saber bien qué decir.
−Eeeh… Gracias – Dijo mi pelirroja amiga, notoriamente acalorada por la situación. Yo tampoco sabía cómo actuar, pero algo estaba claro: Benjamín no se iría hasta que pudiera hablar con Tara. −. ¿Por qué no te tomás un vaso de gaseosa aunque sea? – Sugirió Kori.
−No, no… No quiero molestar – Dick rió por lo bajo ante la respuesta del supermodelo. Ya nos estaba molestando.
−¡Pero si no es molestia alguna! – Repuso Dick, acercándose a él y tomándolo del hombro mientras lo dirigía a la cocina. Frank nos miró a mí y a Kori y luego siguió a Dick para entretener a Benjamín. − ¡Es más! ¡Te voy a hacer un Cuba Libre!
−No, en serio… Ya tomé bastante… −Intentaba frenarlo Benjamín.
−Pf, nunca es bastante – Replicó Frank. Y con esas palabras supimos que disponíamos de algo de tiempo para interrogar a nuestra amiga y descubrir qué rayos estaba pasando.
Nos escabullimos hacia mi habitación, en donde hallamos a Tara acostada en su colchón. Nuestra rubia amiga se encontraba boca abajo, con la cara pegada a la almohada, sollozando casi sin hacer ruido. Cerramos la puerta con sigilo para no perturbarla demasiado y nos acercamos a nuestra amiga.
−Tara − le susurró Kori, tocándole el hombro para llamar su atención. Tara se volvió a nosotras con los ojos enrojecidos de tanto llorar. Su maquillaje estaba tan corrido que parecía que tenía dos pozos negros en vez de sus característicos y enormes ojos celestes. − ¿Qué pasó?
Tara se incorporó y se sentó en el colchón para mirarnos de frente. Estábamos a oscuras y en silencio, mientras aguardábamos por la respuesta de la sollozante supermodelo sentada delante de nosotras. Bien sabíamos, que tratándose de una locura de las de nuestra amiga, podía haber pasado cualquier cosa. Desde haber llegado a tener relaciones con Benjamín en un lugar público, hasta haberse arrojado tragos en la cara en medio de la elegante velada a la que ambos habían asistido; teniendo como consecuencia que ambos fueran echados del lugar.
Decidimos no hacer suposiciones y mantenernos en silencio, para no perturbar más a nuestra amiga.
−Nos encontramos en la fiesta – En el momento en que Tara abrió la boca para hablar, desprendió un fuerte aliento a alcohol de sus labios. Fue tal el impacto que Kori y yo nos alejamos un poco para escucharla hablar sin sentir el desagradable olor. − , yo ya había tomado un par de copas de más y bueno… Empezamos a discutir, claro está…
− No me digas que le tiraste algo punzante en la cara – La interrumpió Kori. −, porque ninguna de nosotras estudia derecho como para sacarte de la cárcel por daños físicos. – Tara rió un poco ante el comentario de Kori, a pesar de que la pelirroja lo decía con una enorme seriedad. Yo permanecí inmutable, sin cambiar mi semblante hasta que Tara terminara de contar qué había ocurrido.
−No, no… No nos arrojamos nada… − Repuso Tara, haciendo un esfuerzo por mantener los ojos abiertos. Entre el alcohol que corría por sus venas, las altas horas de la noche que ya eran y el cansancio de tanto llorar, ésta tarea no era nada sencilla. – Más bien, al contrario… Estuvimos hablando un rato de nosotros y…
Tara dejó de hablar y nos miró, como esperando a que termináramos la oración por ella, como si estuviéramos en el colegio dando una lección oral en grupo. Kori y yo intercambiamos miradas sin saber qué decir o qué hacer. Como ya les he dicho, mis retoños, tratándose de la tía Tara, ese "Y…" podía continuar en un "le arrojé una bomba nuclear que destruyó todo el lugar" o bien "nos besamos apasionadamente y queremos volver a ser pareja, sólo volví a casa porque estoy ebria y cansada".
Claro que la primer opción que acabo de darles era, lamentablemente, mucho más factible que la segunda.
−¿Y? – La alentó Kori, ansiosa, mientras yo permanecía inmóvil y nerviosa, incapaz de emitir sonido.
−Y nos besamos – Juro que tanto Kori como yo dimos un suspiro, indicando que eso nos dejaba tranquilas. −, pero luego lo golpeé.
Y ahí estaba la Tara que las dos conocíamos.
−¿Por qué hiciste eso? –Pregunté sin entender el extraño y contradictorio accionar de mi amiga.
−Porque él arruinó todo –Protestó Tara, sentándose en canastita mientras cruzaba sus brazos y nos miraba como una niña a la que acababan de quitarle un dulce. Kori y yo volvimos a intercambiar miradas de sorpresa. − . Estaba todo bien, finalmente estaba entendiendo que yo no quiero formar una familia, que no me quiero casar con él… O al menos eso parecía.
−Bueno, pero ¿qué pasó para que terminaras golpeándolo? – Preguntó Kori sin entender. Yo me contenía para no regañar a nuestra herida amiga.
−Que no entendió un carajo – Respondió Tara, mostrándose verdaderamente molesta (y alcoholizada.) −, me estuvo engatusando un rato largo para robarme un par de besos y después me volvió a decir de que nos fuéramos a vivir juntos y a mí eso no me gustó nada. Nada de nada. Con Tara Holman no se juega, no señor – Y esa era el típico comportamiento que Tara tenía cuando estaba borracha: hablar en tercera persona de sí misma.
Cuando uno conoce a la gente lo suficiente, ya hasta sabe qué mañas tiene cuando está alcoholizado. Kori, por ejemplo, es, como nos gusta decir a nosotras, una verdadera "ebria luchadora". Con la dosis justa de alcohol, su pelirroja tía no dudaría por dos segundos en empezar una pelea sin sentido.
Rachel en cambio era de las ebrias tranquilas que se reían sin razón aparente por comentarios sin sentido. De esas que todo les daba gracia, muy opuesto a su personalidad. Se reía balanceándose de atrás hacia adelante, moviéndose sobre su eje. A menudo, en las grandes reuniones de amigos que teníamos habitualmente, los chicos disfrutaban de imitarla e inclusive de emborracharla para reírse un rato.
Abby se ponía eufórica. Más eufórica de lo que ya es, mis queridos. De esas ebrias que salen corriendo en medio de la calle, le gritan a los autos y hacen piruetas que estando sobrias serían incapaces de siquiera imaginar. Saltaba largas distancias, se tiraba al suelo y rodaba sobre él, hablaba con los extraños simpáticamente. Ese comportamiento, muchas veces, nos había ayudado. La simpatía que despertaba estando ebria, había conseguido que no pagáramos el taxi hacia la disco un par de veces, ya que se había pasado todo el viaje halagando al conductor. O que entráramos gratis a la disco, porque conversaba animadamente con el patovica de la entrada. Realmente, la Abby ebria a veces era más útil que la sobria – por más mal que suene.
Tara potenciaba su personalidad estando ebria. Era como una sobredosis de Tara. Sí, mis niños, era bastante molesta. Se volvía – si eso era posible – más egocéntrica, más irracional y – para el mal de Benjamín en este caso – más agresiva. Tanto verbal como físicamente. Y no olvidemos el pequeño detalle de que se ponía a hablar de sí misma en tercera persona, una clara señal de cuán grande era su ego estando ebria.
Yo, en cambio, tenía un don para meterme en problemas cuando me alcoholizaba. Si sobria metía la pata con mis contribuciones verbales, ebria era un verdadero peligro. Era la reina de los comentarios desubicados. Todo eso que estaba ahogado y oculto en lo más hondo de mi inconsciente, salía por mi boca con una facilidad que daba miedo. Recuerdo que cuando recién habíamos terminado el secundario, en una ocasión en que nos encontrábamos en una fiesta con una barra libre, no tuve mejor idea que preguntarle a Garfield "¿Cuándo iba a llevarse a Rachel a la cama?". Pero la cosa no murió ahí, ya que no tuve mejor idea que agregarle un: "¡Y espero que la atiendas tan bien como Frank me atiende a mí!". Sí, un verdadero desastre. Y como ese, mil historias más.
Hasta el día de hoy, mis amigos me recuerdan una ocasión en que estaba hablando con Adam de muy cerca. Recordarán ustedes, mis niños, que Adam era el chico por el que la tía Kori derramaba lágrimas y se desvivía en atenciones antes de que el tío Dick apareciera en el mapa; pero luego descubrimos que tenía intenciones conmigo. Y también, que era un verdadero imbécil. En la misma fiesta en que lo alenté a Garfield a que se llevara a mi amiga a la cama, mantuve una conversación con Adam sobre cómo le estaba yendo en la vida. La realidad es que, aunque hasta el día de hoy el tío Dick les jure que yo estuve a punto de darle un beso, Adam estaba haciendo una catarsis conmigo, contándome que no era capaz de mantener ninguna relación demasiado duradera. Y yo, como buena amiga, estaba escuchando su malestar. Claro que esto, a su padre, no le causó mucha gracia que digamos.
El caso es que, cuando Tara habló en tercera persona, supimos que estaba muy alcoholizada. Más de lo que habíamos notado cuando entró al departamento, desvaneciéndose en sus pasos.
−Tara, pero él no te dijo de casarse contigo- Intentó explicarle Kori. – . Él te dijo de vivir juntos.
−¡Eso es igual que estar casados! – Protestó Tara, arrojándole un almohadón a Kori. Gracias a Dios se lo arrojó tan mal, que le erró a su objetivo. - ¡Es la misma mierda con otro olor!
−Em… Pero, Tara… Vos estabas viviendo con Benjamín antes de pelearte con él – Repliqué, sin demasiado énfasis. Tara me miró pasmada.
−Sí, es verdad… Pero ahora sé que se quiere casar conmigo a toda costa y que me está diciendo esto solamente para que vuelva a vivir con él, me engañe comprándome chucherías materiales y me retenga para toda la vida. Y eso es igual que estar casado y yo no me quiero casar – Dijo Tara, empacándose en su lugar, cruzándose nuevamente de brazos y mirando al suelo.
Kori y yo nos miramos sin saber qué decirle. La verdad es que, por más incoherente que sonara la cosa por el contexto que estábamos viviendo, Tara tenía un buen punto: Benjamín quería casarse y ella no. Y por más que fuera una idea que no compartíamos en absoluto – al menos yo en aquel entonces – debíamos respetar a nuestra amiga y apoyarla en su decisión.
−Está bien – Dijo Kori, acercándose lentamente, como quien va a acariciar a un perro que ha estado gruñendo todo el día. Colocó una mano en el delgado hombro de Tara, haciendo que nuestra rubia amiga levantara la vista y la observara. −, pero vos tenés que entender que en el momento en que hablaste con él y le correspondiste en el beso, le diste a entender otra cosa…
−¿Ahora por besar a alguien se supone que me tengo que casar? – Protestó Tara poniendo los ojos en blanco. Me arriesgué a pensar que la borrachera ya se le estaba pasando y estaba aprovechando el contexto para volcar las cosas a su favor. − ¡Entonces debería estar casada con medio mundo! ¡Y vos también!
− Hey, hey, hey – se defendió Kori. -. Yo no he besado tantos chicos. – Me reí por debajo, pero mi pelirroja amiga me escuchó. − ¿Qué pasa, Luna? ¿Tenés algo que decir al respecto?
La verdad es que todas teníamos un pasado antes que nuestros novios de aquel momento, y no tenía porqué ser una vergüenza. Era obvio que la que más chicos había besado, había sido Tara. Ella era la loca que siempre nos llevaba a fiestas en las que no sabíamos quién era el anfitrión – ni ella lo sabía – y besaba a cada espécimen del sexo masculino que se le cruzara. Por eso era catalogada de "fácil". Mientras que Abby y Kori eran un poco más selectivas, pero sus ebrias personalidades las hacían más propensas a dejarse llevar por la situación. Rachel era la más selectiva de todas, inclusive estando ebria era capaz de rescatarse y no dejarse llevar. Y yo me encontraba en un punto medio.
−No, nada – Repliqué yo, rápidamente, haciendo memoria de todos los que recordaba que todas hubiéramos besado. Me sonreí para mis adentros recordando aquellos buenos tiempos.
−Ah, me parecía. – Repuso Kori con el ceño fruncido, haciendo un sobrehumano esfuerzo por recuperar la paciencia y "encaminar" a nuestra amiga para resolver la situación. – No, Tara, yo no dije eso y vos lo sabés. Yo no te estoy hablando de un cualquiera, estamos hablando de un chico con el que vos tenías una relación hasta hace dos meses atrás. Una persona con la que compartiste más que una noche y definitivamente, mucho más que unos días. Con él tenías una relación, mal que te pese, y eso hace que tengas que hacerte cargo de las cosas que hacés o dejás de hacer con él porque pueden confundirlo.
Fue una de esas veces en las que Kori se vestía nuevamente de líder para dirigirnos en nuestro andar y acomodarnos en el camino. La verdad era que, aunque estudiase Bellas Artes y en su clase era tan sólo una más, siempre llevaría con ella ese don de dirigir a la gente y de que le hicieran caso. Y eso, precisamente, era lo que iba a encaminarla al mejor trabajo que pudiese encontrar. Pero de eso hablaremos luego, niños.
Tara la miró unos segundos, dubitativa. Meditando interiormente si nuestra ex líder de batalla tenía razón o no en lo que decía.
−Supongo que tenés razón… - Respondió Tara finalmente, y yo dejé de contener la respiración. Kori sonrió con suficiencia. – Pero no quiero volver con él porque él quiere casarse conmigo.
−Y bueno – Para Kori la cuestión caía de madura, así que le contestó un tanto harta de la situación. −, entonces decíselo. No se merece que lo tomés por idiota.
−Entonces que él no me tome por idiota a mí – Protestó la rubia, y volvió a empacarse sentándose en su colchón, con los brazos cruzados en señal de propuesta.
−A veces, cuando es una cuestión de dos, es mejor empezar por uno mismo – Comenté yo, recordando todas las peleas que había tenido con Frank hasta el momento, incluyendo la última. Fue entonces que me di cuenta que siempre terminaba cediendo yo antes los reclamos de mi novio. Eso me hizo pensar un poco las cosas. – Porque a veces el otro no se da cuenta de que te está haciendo daño.
−Es verdad – Me apoyó Kori. -, acordate que es lo que Abby siempre lo dice. – nos sonreímos. Ambas la extrañábamos.
Tara se mordió el labio. Ya no podía protestar, éramos dos contra una. Y sabía que teníamos razón. Permaneció en silencio, inmóvil unos segundos, con la mirada perdida, y con eso supimos que estaba lidiando con sus propios asuntos en cuestión de segundos, para tomar una decisión. Se puso de pie sin decir nada y salió de la habitación así como estaba, a medio vestir, con un zapato aún en la mano y los breteles de su vestido caídos en sus hombros. Se acercó a Benjamín, que estaba charlando animadamente con Frank y Dick mientras tomaba su Cuba Libre y sin decirle nada, lo tomó del brazo y se lo llevó lentamente al pasillo fuera del departamento.
Hasta el día de hoy, ninguno de nosotros sabe con certeza qué fue lo que se dijeron Benjamin y Tara en aquella charla, pero nunca en mi vida vi a una persona tan destrozada como a Tara cuando entró al departamento y a Benjamín cuando se asomó por la puerta para despedirse de nosotros con un gesto de la mano. Al ver el triste semblante de la super modelo, Dick y Frank entendieron que debían retirarse y eso hicieron. Partieron segundos después que Benjamín, como para ahorrarse la incómoda situación de compartir el ascensor con él.
Kori y yo los despedimos, acompañándolos hasta la puerta del departamento y luego nos volvimos a nuestra destrozada amiga, quien estaba sentada en una silla con la mirada perdida en el living. No había nada que pudiéramos decirle porque jamás la habíamos visto así. Lo más cercano había sido la gran pelea que había tenido con Garfield cuando aún éramos adolescentes, pero eso no se podía comparar con la situación que Tara estaba viviendo en aquel entonces. Fue entonces cuando nos dimos cuenta que nuestra ruda amiga era tan frágil como todas nosotras.
Dijimos mil clichés baratos para animarla. Inclusive descongelamos pizza y papas fritas del freezer, ya que Tara amaba la comida chatarra y recalentada, pero nada la animaba. Nos juró que no tenía apetito y con una sonrisa débil – la más triste que he visto en mi vida – se fue a la habitación arrastrando los pies. Kori y yo nos miramos apenadas: ya no sabíamos qué más hacer.
Comenzamos a recoger las cosas de la mesa y a ordenar los vasos desparramados mientras aguardábamos que la luz de la habitación se apagara, indicando que Tara se había dormido, para poder hablar del tema y saber qué hacer. Una vez que la luz se apagó, Kori me miró y dijo:
−Estoy preocupada por ella – Yo asentí con un gesto de la cabeza mientras me acercaba al lavabo para enjuagar las cosas que habíamos usado.
−Yo también – mencioné, tranquilamente, sin mirar a Kori que me seguía pasando cosas sucias.
−¿Qué se habrán dicho para que termine así? – se preguntó mi pelirroja amiga, dubitativa.
−No lo sé, probablemente Benjamín haya insistido en que quería casarse con ella y Tara haya reafirmado su voluntad de no hacerlo – Intuí. Kori me dio la razón con un gesto de la cabeza y yo terminé de lavar los platos. La pelirroja se sirvió un poco de agua y se sentó en la mesa que habíamos compartido junto a nuestros novios hacía pocos momentos. Me sequé las manos y la acompañé.
−Pienso que Tara nunca encontrará a alguien que la quiera tanto como Benjamín− Comentó Kori con la mirada perdida. Era como si la situación que acabábamos de presenciar la hubiera hecho replantearse cosas que no quería compartir conmigo, y las meditaba mientras seguíamos la charla.
−Comparto la opinión – Yo también me había hundido en mis reflexiones. Como les dije al principio, niños, existen situaciones que hacen que nos replanteemos cosas fundamentales de nuestra vida. La pelea que Tara acababa de tener con Benjamín por no querer casarse, era una de ellas sin duda.
−Yo tampoco me quiero casar – Reveló Kori de repente. Yo la observé extrañada, estaba convencida de que había cambiado de opinión, aunque nunca lo había mencionado. - , pero creo que si Dick me lo propusiera, intentaría tratar el tema con más delicadeza. No le cortaría.
−Kori – Yo y mi gran bocota. - ¿Qué sentido tiene continuar una relación con alguien si no tenés intenciones de compartir algo más que eso?
−Tiene sentido – Repuso Kori, aún calmada. – porque a mí me gustan las cosas así. No quiero compromisos ni hijos ni un papel que me diga qué hacer y qué no. Simplemente porque no los necesito.
−Pero Kori – No, chicos, a mí no me alcanzaba con haber sacado el tema incómodo, yo tenía que meter la pata hasta el fondo. − , no es un papel que te dice qué hacer y qué no. Es un compromiso con una persona que querés por el resto de tu vida. ¿Qué puede tener eso de malo?
−No tiene nada de malo – Kori ya se estaba poniendo cortante. – Es simplemente que yo no comparto la forma de pensar. Y por lo visto, Tara tampoco. ¿Tanto te cuesta aceptarlo?
−No, no… Es que…O sea, si fuera que no están en pareja, lo entendería pero… − Yo no sabía cómo explicarme y temía que Kori se enojara conmigo más de lo que ya parecía estarlo. Suspiré. – Yo siempre creí que esas convicciones eran propias de la edad, no que eran algo más allá.
−Pues por lo visto, estás equivocada – Observó Kori mientras tomaba un poco más de agua. – Hay cosas que nunca cambian.
Ninguna de las dos tenía idea, en aquel entonces, lo mucho que todo estaba por cambiar. Tanto mis creencias, como las convicciones de Kori. Pero como ya les he dicho, mis queridos niños, lo fabuloso de la vida es que por mucho que hayamos aprendido, vivido, sentido… Sigue siendo impredecible, para cualquiera.
Nos fuimos a dormir sin hablar mucho más de nada, pero creo que ambas tuvimos la sensación de que las cosas estaban tensas. Yo no necesitaba ser una genia para darme cuenta de que a Kori mi observación sobre su relación y el matrimonio no le había gustado nada. Y ella no necesitaba de una investigación judicial para notar que yo no estaba de acuerdo con sus ideas y que eso no parecía ir a cambiar. El hecho de haber dejado aquella charla sin concluir, sin "perdonarnos", de haberla dejado en una lista de pendientes había tensionado un poco la convivencia desde aquel momento; pero ambas creíamos que eso sería imperceptible.
Qué equivocadas estábamos.
Bueno, gracias por leer. Ahora mis preguntitis...
1)¿Qué les pareció el título del capítulo?
2)¿Qué piensan de la pelea de Frank y Luna?
3)¿Les sorprendió la opinión de Kori?
Saludos mis queridas amigas, gracias por leer.
Coockie
