Hola a todos, aquí tenéis el nuevo cap, DRYS Gracias por seguir ahí siempre ;)

Espero disfrutéis de este cap, y si es posible dejad opinión, un solo reviews en los tres últimos caps, sé que tardo un poco en publicar, pero no sabéis lo que deprime.

Juro que yo intento actualizar antes, espero que este cap os guste lo suficiente como para querer maldecirme o darme una opinión al respecto.

Sé que los anteriores han sido algo flojos, pero la cosa va mejorando.

17º El lado más oscuro de la Guerra.

Definitivamente el mundo se había vuelto completamente loco. Corría todo lo que podía y parecía que no era suficiente. Miró hacia atrás para ver como de rápido iba quien lo acompañaba y bufó frustrado al verla respirar con suma agitación y casi resbalar, incapaz de dar un paso más.

Sin dejar de correr se giró para ver a sus perseguidores, abrió los ojos alarmado:

—Corre, maldita sea te van a alcanzar. —Ella lo miró asustada, e iba a girarse: —NO, Solo mírame a mí, corre, vamos venga.

—Vete, venga tienes que escapar.

—Realmente estás loca si piensas que te dejaré aquí.

Sus palabras la hicieron mirarlo sorprendida, él se irritó más, ¿aún y tras siete meses seguía sin conocerlo?, al ver que se había quedado como perdida en sus pensamientos, corrió en su dirección, agarró una de sus manos y tiró de ella.

Cogidos de la mano emprendieron una carrera más desesperada.

—Venga, un poco más y llegaremos al claro.

—No sé si pueda conseguirlo, estoy muy cansada.

—Lo sé, créeme yo no estoy mejor que tú. Pero si tú caes, yo caigo contigo.

—¿Cómo hemos llegado a este punto Harry?

La escuchó preguntar, él la miró unos instantes sin dejar de correr, ¿qué cómo?, tenía una respuesta fácil, por culpa de un maldito loco y necio.

Ante ellos se presentó el claro, sonrió y sintió el brillo de la esperanza en su interior, tenían que conseguirlo.

—Un poco más.

Su último esfuerzo se vio recompensado, ambos entraron en el claro juntos y cogidos de la mano, sin esperar un segundo y agarrando a esta con fuerza contra él, pues aún no sabía desaparecerse, los desapareció a ambos.

En cuanto sintió nuevamente el suelo bajo sus pies, cayó junto con ella al suelo, con ambas respiraciones agitadas y con un cansancio extremo en cada una de sus extremidades.

—No es justo Harry, nada de esto es justo.

La acercó a él y colocando su mano en su cabello, le acarició el mismo:

—Lo sé, realmente sé que nada de esto es justo, pero no podemos esperar otra cosa.

—Nosotros solo queríamos ayudarles, ¿esa es su forma de agradecernos?

Se separó de su pecho y sus ojos se encontraron con los plateados de ellas:

—Nos temen, Voldemort les ha enseñado nuestro lado más oscuro, ahora ellos muestran el suyo propio. No podemos esperar cordialidad y mucho menos refugio, para ellos todos nosotros somos su mayor miedo hecho realidad.

Gente que puede matar sin arma alguna, con simples palabras, que pueden conseguir que sus más allegados se conviertan en marionetas sin consciencia propia, seres que utilizamos a sus seres queridos muertos para utilizarlos como armas.

—Pero nosotros no, nunca haríamos nada tan atroz.

—¿Y cómo quieres que ellos lo sepan?, solo han visto esa cara, y no están dispuestos a dejarnos mostrar otra, al menos no de momento.

—¿Dónde estamos?

Miró a su alrededor:

—Las afueras de Hosmeade, así que venga pequeña, que no tenemos mucho tiempo.

—Deja de llamarme pequeña Harry.

Le dedicó una sonrisa torcida, y la ayudó a incorporarse, un mechón de su cabello resbaló por su rostro, con cuidado este lo atrapó y se lo colocó de nuevo tras la oreja.

—Necesitas un buen lavado de cabello.

—Calla, si mi madre viera mi cabello en estos momentos me mataría.

Respondió ella a su vez apartando su mano, tras mirar a su alrededor, juntos decidieron emprender la marcha:

— ¿Recuerdas mucho a tú madre?

Le preguntó mientras emprendían el camino. Ella tardó en contestar:

—Tengo un recuerdo muy vivo, mi padre siempre se dedicó a hablarme de ella y a contarme infinidad de cosas sobre ella, pero mi mente solo recuerda el día que todo estalló.

La última mirada que ella me dedicó se quedó grabada en mi mente como a fuego.

Este asintió a sus palabras:

—¿Sabes?, yo no recordaba nada, solo un resplandor verde, desde que tengo memoria, lo único que recuerdo de ese momento, fue un resplandor verde. Después no hubo nada más, y ahora, estar a diario a su lado, verlos, saber cómo hubiera sido mi vida si ellos estuviesen conmigo. Realmente no puedo creerme en lo que me habría convertido.

—Y sin embargo mírate, aquí estás, rodeado de esas personas a las que habías perdido y teniendo una segunda oportunidad.

—¿A qué coste?, ¿cuántas vidas he sesgado para obtener algo a lo que ya me había acostumbrado a no tener?, Cada vez que veo a Ginny a la cara, me siento un maldito indeseable, he destrozado todo lo que ella ama, he ocasionado que todos tengan una vida miserable.

Nunca debí hacer ese maldito viaje, nunca.

—Ya no sirve de nada lamentarse Harry, ahora solo puedes vivir lo que tienes e intentar enmendar algo. Nadie te culpa por las elecciones que hicieron los Weasley, pues nadie es consciente de que esta no es la realidad que debía ser.

—Ron lo hará, él me odiará, es extraño que aún no haya dicho o hecho nada, pero te aseguro que llegará el momento en que todo estallará. Un día me recriminará nuestra estupidez y me culpará de sus pérdidas.

—En todo caso sería culpa de ambos, él te ofreció el gira-tiempo, él te dijo que fuerais.

—Pero yo intervine, yo lo cambié todo, yo…

—TÚ, Maldita sea, tú defendiste lo tuyo, ¿quién en su sano juicio sería un espectador mudo de la muerte de un ser amado?, Harry, es cierto que nunca debisteis hacer ese viaje, pero también es cierto que nunca te reprocharía que una vez conseguido hacerlo, no cambiases el pasado.

No podías saber que sería peor, que con ello conseguirías un negro futuro. Sin embargo ese fue el resultado, bien, pues ahora es tú deber enmendar ese error.

No puedes volver al pasado y cambiar las cosas, pero puedes ayudar a tener un futuro mejor, a que todos tengan una esperanza viva. Y ahora ya no solo puedes ser un signo para los magos Harry, ahora vamos a precisar llegar más allá.

La miró sin comprender, esta tan solo se encogió de hombros:

—Todos los magos creen que tú serás quien los libre de Voldemort, extenderemos esa creencia hasta el mundo muggel, ellos precisan saber que hay alguien que lucha contra lo que les está pasando.

—¿De qué estás hablando?

—Mi revista y la que creó Tonks, ha servido para llegar a todo el mundo mágico, tanto de aquí como de fuera, gracias a Fleur, toda Francia recibe los mismos y gracias a Krum, Bulgaria también.

Colin nos ha ayudado mucho a extenderlos por España, y casi toda Europa.

Y ahora Dean y Seamus están entrando de contrabando periódicos en Salen, es cuestión de tiempo que todos los magos sepan de ti.

Pero ya no solo ellos están en peligro, ahora no solo ellos necesitan saber que hay dos bandos en esta guerra, no quiero temer encontrarme con un muggel Harry. Ellos deben saber que existe la orden, que hay alguien que se enfrenta a Voldemort y esos magos oscuros.

—No estoy muy seguro de querer ser el símbolo de toda esa gente Luna, eso es una responsabilidad demasiado grande, ya lo era ser del mundo mágico, ahora deseas que sea de todo el mundo en sí.

Ese peso sobre mis hombros es demasiado.

—No lo es, porque puedes soportarlo, y si crees que no es el caso, tienes muchas manos dispuestas a ofrecerse para sostenerte.

Miró a Luna durante unos instantes, nunca se imaginó que esa pequeña y escuálida soñadora de ideas estrafalarias y pensamientos tan alocados, guardaría tal fuerza de convicción en su interior, pero desde que había aparecido en ese futuro, ella era la única constante.

Se había convertido en su apoyo y amiga, Ginny al menos ahora lo tomaba en cuenta y Draco se la pasaba ayudando en los ataques, estaba furioso y había veces que había tenido que pararlo, pues enloquecía hasta el extremo de no medir sus acciones, era bueno, maldita sea, era muy bueno, pero el mortifago que le habían inculcado aparecía en las batallas.

Ginny le había manifestado que el estado del rubio se debía a que Pansy, estaba en un hospital muggel internada, tras encontrarla hacía siete meses, había caído en coma. Los médicos no parecían muy optimistas al respecto de su recuperación e incluso habían tocado el tema de desenchufarla.

Ese día Draco regresó al cuartel ebrio y maldiciéndose a sí mismo y a él.

Habían acabado con varita en mano y lanzándose palabras nada amables, Sirius resolvió el asunto asestándole al rubio un fuerte puñetazo en la cara que lo dejó cao en cuestión de segundos.

Ginny se encontraba en una esquina observando todo y parecía igual de perdida que el rubio, más ella no había bebido, cuando Sirius subió a Malfoy al cuarto, él se encaró a Ginny.

Tras unas palabras con ella, esta le reveló lo que los médicos habían dicho, su madre se ofreció a visitar a Pansy como medimaga y así ver si había alguna posibilidad para ella gracias a la magia.

El veredicto fue claro, la magia de Pansy la ataba a la vida, pero el hilo de la misma era muy débil, Pansy no parecía desear vivir. Draco no quiso atender a razones y los mandó a todos al diablo.

Por su parte, su Padre y Sirius se habían tomado muy enserio su responsabilidad de adiestrar a todo mago que callera en sus manos menor de diecisiete años, y si había alguno de mayor edad también.

Ninguno caería sin luchar con todo lo que tenían antes.

O eso le había asegurado su padre.

—¿Harry me estás escuchando?

Centró su atención en la chica y gruñó por lo bajo:

—No lo sé Luna, no estoy seguro de esto, yo…

—Luego lo hablamos, ya hemos llegado a Hosmeade y mejor estar con todos nuestros sentidos alerta, no quiero tener sorpresas.

Se suponía que Hosmeade era territorio de la orden, pero llevaban una buena temporada sin noticias de Rousmerta, es por ello que no podían confiarse ni un poquito con respecto a ese asunto.

Ambos sacaron sus varitas y las afianzaron en sus manos, sus pasos eran cautelosos y silenciosos, por algún motivo sintió un mal presentimiento, había algo en el ambiente que no le agradaba para nada.

Llegaron a la primera casa y juntos se apoyaron en la pared de la misma, se miraron y Harry se decidió por asomarse, en ese momento se maldijo por no haber cogido su capa de invisibilidad, sin duda esta sería ideal en esos momentos.

Aunque la verdad era que no habría podido cogerla, Hermione y Sirius la tenían en su poder, ellos habían tenido que ingresar a San Mungo para conseguir pociones curativas y de todas las que pudieran precisar, vendas, jeringuillas y otras muchas cosas que se les habían agotado.

Esos siete meses habían sido un infierno, y pese a que aún habían una brecha grande entre el mundo muggle y el mágico, no dudaban en que en breves este se desvanecería por completo.

Harry era consciente de que Voldemort estaba planeando algo lo suficientemente gordo como para haberse tomado unos días de descanso. Y eso sin duda no era un buen presagio lo que lo llevaba a temerse lo peor.

-¿Ves algo?

-No hay ni un alma.

Susurró en respuesta a la pregunta de Luna, esta se acercó a mirar a su vez y la vio fruncir el ceño:

-¿Qué habrá pasado?

Negó sin saber que decirle, ambos salieron de donde se encontraban y comenzaron a caminar por las calles de Hosmeade, ninguno dijo nada, pero ambos estaban pensando lo mismo, Hosmeade, más que un pueblo mágico, parecía ahora un pueblo fantasma.

Escucharon un pequeño ruido proveniente de un callejón y se giraron con varitas en alto, pero solo un gato salió corriendo del lugar asustado:

-Esto es muy raro.

Escuchó que decía Luna entre extrañada y asustada:

-Demasiado, ven, vamos a acercarnos a las tres escobas.

Cogió a esta de la mano y tiró de ella, Luna sin dejar de mirar al callejón caminó tras él, al llegar a las tres escobas ambos se quedaron congelados en el lugar.

El local que siempre los recibía animado y cargado de vida en todas y cada una de sus visitas, se encontraba oscuro y completamente cerrado, pero lo más extraño era que Harry y Luna vieron que aparentemente había sido quemado por completo.

Teniendo un mal presentimiento, cuando vio que Luna daba un paso para acercarse al local la detuvo cogiendo su brazo y deteniendo su avance:

-¿Qué…?

Negó:

-No abras, no lo hagas Luna, nada bueno nos espera en su interior.

-Eso no lo sabremos hasta que estemos dentro.

Se soltó de su agarre y decidida tiró de la puerta, esta se abrió, más Luna se quedó con esta en la mano, aunque no la sostuvo por mucho tiempo, pues la soltó horrorizada al ver lo que había en el interior de las tres escobas.

La vio ahogar un grito y apartar la mirada.

Luna se alejó y vomitó, por su parte sus ojos no pudieron apartarse de la grotesca escena ante él, ¿qué demonios había hecho?

Las tres escobas había sido incendiado sí, pero no había dejado de existir solo, el local parecía haber ardido en uno de sus mejores días, pues en el interior del mismo había decenas de cadáveres quemados.

El olor llegó hasta su nariz y era tan nauseabundo que una arcada lo obligó a taparse la nariz y la boca. La imagen ya era lo bastante horrenda, pero el olor lo dejó mareado.

¿Cómo había podido Voldemort hacer semejante cosa?, ¿en qué mierda estaba pensando?, sin duda hay había varios sangre puras, y sin duda eso no era una buena publicidad para él, maldita sea, ¿qué se proponía con esas atrocidades?

¿Cómo había conseguido Voldemort encerrar a tantos magos en un lugar así y quemarlos a todos?, ¿por qué no había revelado tal atrocidad?, era evidente que habían pasado días desde que eso había pasado, ¿por qué no decirlo?

-Harry, mira esto.

La voz de Luna le hizo comprender que no le iba a gustar lo que quería que viera, pensó en si reusarse a verlo, pero su otra opción era cerrar los ojos y desaparecer de allí.

Se giró a mirar lo que Luna veía entre asustada y asqueada para quedarse congelado en el lugar.

En letras de colores, como si se tratara de una pintada al más puro estilo muggle traía escrito en la pared de enfrente de las tres escobas:

"LOS DEMONIOS SOLO CON FUEGO SERÁN ERRADICADOS DE LA TIERRA"

-¿Qué significa esto?, Nunca había visto escrito esto en ninguna parte, Voldemort no usa ese lenguaje.

Dio un paso atrás y al respirar hondo, pues sentía que le faltaba la respiración, no pudo soportar el olor y tras eso las náuseas se hicieron incontrolables, se apoyó en una de las paredes y vomitó, echó todo lo que tenía en el estómago, hasta que sintió la bilis y se dio cuenta de que ya no tenía nada más.

Pero su cuerpo se negaba a creer que era así y las arcadas seguían. Sintió a Luna a su lado y cuando notó la mano de esta en su mejilla, se percató de que tenía lágrimas en los ojos, cerró su mano en un puño y golpeó la pared ante él:

-Esto no lo ha hecho Voldemort, ni ningún mortifago, esto es cosa de Muggles.

Cuando miró a Luna y vio la palidez en su rostro, se limpió la boca, debían largarse de allí, tenían que avisar a la orden, debían hacer algo:

-¿Cómo entraron los muggles al pueblo?, se supone que para ellos esto serían ruinas, o incluso que no podrían entrar, ¿cómo lo hicieron?

-Esas protecciones desaparecieron en el momento en que el ministerio cayó.

Sorprendidos y asustados levantaron sus varitas y apuntaron a quien acababa de hablar.

Harry se sorprendió al ver quien era y Luna inquirió:

-¿Ludovic Bagman?

-Dejémoslo en Ludo, ¿Quiénes sois y qué hacéis aquí?

-Pertenecemos a la orden, él es Harry Potter y yo soy Luna Lovegood.

Presentó Luna mientras Bagman ahora lo miraba a él fijamente, Harry por su parte miraba sus ropas, la túnica de este estaba quemada y bastante sucia, él incluso parecía un mendigo:

-Así que el gran Harry Potter se ha dignado a venir a Hosmeade, bien podrías haber aparecido cuando eras necesario, aunque claro, eso habría supuesto algo de valor, de lo que creo careces.

Luna lo miró furiosa, e iba a recriminar algo pero la detuvo:

-¿Qué sucedió?, ¿por qué estás por aquí?, ¿cómo sobreviste a esto?

-Hiciste bien en suponer que esto fue obra de muggles, esos despreciables llegaron en un grupo, quisimos hacerlos entender que no tenían que temer nada, pero con ellos iban algunos magos, algunos hijos de muggles.

Esos indeseables desarmaron a todos en el pueblo, algunos pudimos escapar y escondernos en cabeza de puerco, pero los que no lo consiguieron fueron llevados a las tres escobas.

Rosumerta intentó luchar y enfrentarse a estos y acabó muerta la primera, sin duda contó con suerte.

Esos incultos indeseables, tenían la creencia de que la quema era la única forma de acabar con nosotros, evidentemente los sangre sucia incentivaron esa idea, y avivaron el fuego que esos indeseables muggles provocaron.

-No hables así, ellos tienen mi…

-CALLATE, NO LOS DEFIENDAS, NO TE ATREVAS. –La furia de Bagman los dejó a ambos en silencio, este se acercó a él, alzó su varita, más no pensaba usarla y este no pareció notar su movimiento, pues aun así lo cogió de la camisa y lo encaró, el olor a wisky le pegó de lleno cuando este añadió: -Tú no estabas aquí escuchando los gritos y viendo impotente como quemaban casas con gente dentro, oliendo a carne quemada mezclada con el olor de tus propias secreciones, sintiendo un mierda acojonado mientras intentas excluir de tu mente los gritos y llantos de esas personas inocentes.

No presenciaste como celebraban y reían mientras ellos gritaban.

Cuando Bagman lo soltó cayó de culo al suelo, no se había percatado de que este lo había levantado del suelo, Luna los miraba horrorizada:

-No es posible que algunos magos estén ayudando a semejante atrocidad.

-Magos no, niña, sangres sucias, esos indeseables eran los que acompañaban a los muggles.

-Eso no lo sabes con…

-Lo sé, ellos mismos proclamaban que eran los salvadores de los muggles, que eran muggles que habían sido elegidos para poder ayudar al resto a sobrevivir y terminar con los magos.

Que eran los mandados para exterminar el mal de este mundo.

Negó sin poder creerse semejante locura:

-¿Pero cuantos malditos frentes hay?

Inquirió furioso y sin poder creerse lo que estaba sucediendo.

-Más de los que creíamos, Harry, ahora, con mayor razón necesitamos que hagas lo que te decía antes.

Inquirió Luna desesperada, Bagman los miró sin comprender y él negó:

-No, tenemos que buscar otro camino, eso no solucionará nada, tenemos que…

-Mejor hablamos de eso después, ahora tenemos que regresar, contar a los de la orden sobre esto. Tienen que saberlo cuanto antes.

-¿Cuánta gente queda en Hosmeade con vida?

-Somos unos veinte, siete están heridos de gravedad, sin pociones ni ingredientes necesarios para ayudarlos morirán.

-¿Qué ha sido de la botica del pueblo?

-¿Acaso no habéis visto el pueblo?

Ninguno dijo nada, realmente Harry no se había fijado mucho en este, estaba más pendiente de localizar a alguien que de ver el estado del mismo.

En cuanto salieron a la calle principal, Luna y Harry se quedaron congelados, ya no solo había casas que habían sido quemadas, donde seguramente encontrarían más cadáveres, sino que por lo visto los muggles habían querido destruir todo a su paso, habían derruido edificios y destrozado todo a su paso.

-Nos dejaron sin casi ningún recurso, hemos estado subsistiendo de lo que Abeforth tenía en cabeza de puerco y de las gominolas que guardaba el dueño de Hosneydukes en su almacén, el fuego no llegó al mismo.

Este emprendió el camino y lo siguieron sin apartar la vista del suelo ante ellos, ambos habían quedado escarmentados y no deseaban tener otra imagen semejante grabada en sus mentes, una imagen que sin duda los perseguiría a ambos en las noches por mucho tiempo.

Al llegar a cabeza de puerco, ambos deberían haberse imaginado o incluso preparado para lo que verían, pero no fue el caso.

Lo primero que vio Harry fue a un niño de siete años tirado sobre una mesa, más de la mitad del rostro estaba quemado y con paños mojados que cubrían su rostro, el olor era casi tan insoportable como el que había recibido en las tres escobas.

El niño giró su rostro para mirarlos y Luna pegó un salto a su lado y se aferró a su brazo, ambos vieron que pese a que la otra mitad de su cara no estaba quemada, nunca podría a volver a ver con su ojo derecho, la razón era simple, le habían clavado algo en el mismo.

Ninguno sintió deseos de acercarse para averiguar qué era lo que tenía:

-Bienvenidos a la cara más oscura de la guerra.

Escuchó que decía alguien ante ellos, Luna y Harry miraron al frente y Harry dio un paso hacia atrás asustado.

-Dumbledore.

Susurró totalmente perdido:

-Abeforth Dumbledore, para ser más exactos, encantado Harry Potter.

Su nombre sumió el local en el más absoluto de los silencios por unos instantes, para que poco a poco murmullos comenzaran a escucharse.

Un sonido ahogado lo hizo volver su mirada al niño que había en la mesa, este había formado una sonrisa en su rostro y sintió asco de sí mismo.

Esa simple sonrisa parecía expresar lo que todos sentían al escuchar hablar de él, todos parecían haber encontrado el soporte que habían perdido:

-Tenemos que trasladar a toda esta gente. ¿Por qué nadie se ha puesto en contacto con la orden?

-¿Porque nadie sabe cómo hacerlo?, ninguno de los presentes pertenece a la orden, ¿cómo demonios vamos a localizar a nadie si ni siquiera sabemos quiénes son sus integrantes?

Frunció el ceño, Rousmerta era el enlace con Hosmeade, nadie había pensado en qué sucedería si esta muriese.

-¿Por qué no llevaron a estas personas a un hospital?

-¿Y a cuál?, ilumíname Potter, ¿cómo quieres que los traslademos si no tenemos nuestras varitas?, además ¿qué hospital los acogería?, San Mungo está muy lejos y quien tú sabes lo tiene bajo control, ninguno de nosotros estamos a favoó los r de sus ideales, tampoco estamos en contra, pero ir allí es tener que elegir entre ser de los suyos o morir, aquí al menos entre Abeforth y yo hemos conseguido que sigan respirando.

Apretó los puños molesto, ¿cuánta gente estaría en esa misma situación?

-Luna avisa a mi madre y su escuadrón de medimagos, yo avisaré a Sirius para que traiga todo lo que ella pueda necesitar.

Inquirió a la par que sacaba el colgante que Sirius le había entregado y apuntando con su varita susurraba:

-Expectro Patronun.

De su varita comenzó a salir el típico humo blanco y lentamente se adentró en el colgante, Luna hizo el mismo proceso. Cuando terminó miró a su alrededor, y tras unos instantes, se remangó y se acercó al niño que había en la mesa, sin dudar un segundo, comenzó a examinar el objeto que tenía clavado en el rostro, sintió un notable alivio cuando se percató de que se trataba de una puntilla y de que no estaba clavado en el ojo y que parecía sobresalir, sería fácil de retirar, pero debido a los pocos cuidados el lugar estaba sin duda infectado, solo esperaba que pudiera recuperarse.

Sintió que tiraban de su brazo y antes de darse cuenta se encontró cogiendo la mano del chico entre la suya, la apretó y le dedicó una media sonrisa:

-Pronto estarás bien, y te aseguro de que quien hizo esto, lo pagará muy caro.

Escuchó como Luna comenzaba a hablar con varia gente y al cabo de un buen rato el lugar se llenó de varia gente.

Estaba tan pendiente del chico, que no se percató de que alguien se colocaba a su lado:

-Necesito revisarlo Potter.

Miró a Hermione y se percató de que llevaba el pelo recogido, estaba vestida con pantalón vaquero y camisa, sus ojos lo miraban fijamente, más no había rastro de la frialdad que habían mostrado siete meses atrás.

Por lo visto había comenzado a tolerarlo:

-¿Cuándo conseguiré que me llames Harry?

Preguntó apartándose a un lado, más el pequeño no le soltó la mano, por el contrario se la apretó aún más, miró a este y suspirando indicó:

-Estás en muy buenas manos, ella sabe lo que hace, y yo no me voy a mover de aquí.

Este le soltó la mano lentamente y Hermione ocupó el lugar de él:

-Hola pequeño, mi nombre es Hermione, y voy a curarte, ¿vale?, pero para ello voy a necesitar un poco de tu ayuda.

Este asintió con dificultad y Hermione comenzó a retirar el vendaje, cuando este estuvo fuera, notó como Hermione se mordía el labio inferior e inconscientemente alargó su mano y cogió una de las de Hermione.

Sin duda si el niño salía de esa, era porque Merlín estaba velando por él.

Hermione lo miró de reojo y seguidamente cogió aire e indicó:

-Dame esa bolsa Potter, necesito algunas gasas nuevas.

Soltó la mano de esta y se giró para coger la bolsa que ella le indicaba, se trataba de una bolsa de deporte, colocó esta encima de una silla y la acercó hasta ella, abrió la misma y comenzó a pasarle algunas gasas.

Abeforth se acercó a ellos y le tendió una vasija llena de agua:

-Estoy seguro de que necesitarás esto. Potter, preciso un poco de tu tiempo.

Miró a este unos instantes desconfiado, Hermione lo miró a su vez:

-Mejor, aquí no me sirves más que para estorbar.

Ofendido por esas palabras soltó las gasas en la bolsa y sin decir una palabra se alejó, Abeforth lo siguió, más este no se detuvo donde él, sino que avanzó hacía otra sala, abrió la misma y le indicó que entrara en la misma.

Entrecerró los ojos desconfiado, miró a su alrededor y al ver a todo el mundo ocupado decidió acercarse, ¿podía fiarse de ese Dumbledore?

En cuanto entró en la sala, este cerró la puerta y se dirigió a una de las dos sillas que allí había, tras ver que este se sentaba, no dudó en sentarse él también.

Al hacerlo miró al frente y se encontró con un sobre que traía escrito su nombre.

Sintió un escalofrío al reconocer la letra, miró a Abeforth y este tan solo sonrió de medio lado:

-Sin duda esta carta debería haber sido entregada hace un tiempo ya, pero nunca he tenido oportunidad de hacértela llegar, sobre todo teniendo en cuenta que no estaba muy convencido de que debía darte la misma.

No dijo nada, esperó pacientemente hasta que este continuó:

-Hasta hoy que te he tenido delante, no me he convencido de que realmente mi hermano sí que tenía buena intuición y que sus esperanzas, no habían sido tan en vano como yo había creído.

-¿Qué le hizo cambiar de idea?

Preguntó sin atreverse a coger la carta ante él, ¿qué podía desear decirle Dumbledore?, temía horrores el contenido de esa carta. Sabía por Sirius que Dumbledore estaba al corriente de su viaje en el tiempo, ¿querría obligarlo a cambiar todo a como esta antes?, ¿le regañaría por lo que había hecho?, ¿sabría él como solucionar todo eso?

Tragó en seco mirando de los ojos azules del hermano de Dumbledore al sobre.

-Tu forma de comportarte, pero cuando te has acercado a ese muchacho y le has dicho esas palabras me he dado cuenta de que mi hermano siempre tuvo razón, tú, eres lo que este mundo necesita para no dejarse morir.

Ha sido necesario decir tu nombre para que todas estas personas que cada día se resignaban más a su fatal destino y se estaban dejando morir, retomaran a la vida.

Tu sola presencia ha supuesto para ellos la salvación.

-Eso no es más que porque pertenezco a la orden, se han dado cuenta de que podía traer ayuda. Cualquiera de la orden podría haberlo hecho.

Abeforth formó una media sonrisa:

-Sin duda, pero llámalo casualidades del destino, llevaba sin pasar por este pueblo ni un alma, más de dos semanas, y justo quien pasa, supone la salvación para ellos.

No solo es el hecho de que pertenezcas a la orden muchacho, es el hecho de que todos habían perdido esperanzas, dos semanas sin ver a nadie que no estuviese en esa sala y justo viene a aparecer "el elegido", aquel que es la única esperanza del mundo mágico.

Podría haber venido cualquiera chico, pero has sido tú.

El silencio se hizo en el lugar y tras un buen rato Abeforth inquirió:

-No creo que mi hermano le haya echado ningún maleficio al sobre. Sabemos que estaba algo loco, pero no creo que quiera cargarse a la pieza más importante de la partida.

Fastidiado rumió que él no era nada importante y alargó la mano para coger el sobre. Tras abrir este miró el pergamino que había ante él, solo tenía cinco palabras escritas:

"HOGWARTS, DESPACHO DEL PROFESOR SNAPE"

Frunció el ceño molesto, tenía que estar de broma, ¿eso era todo?, venga ya, ¿por qué hasta muerto tenía que hacerle sufrir dolores de cabeza?

No podía ir a Hogwarts, maldición, no podía aparecer en el despacho de ese indeseable.

Es más, ¿a cuál de los dos se refería?, ¿al de pociones de toda la vida, o al de director que le había sido asignado antes de que Hogwarts no abriera como estaba previsto?

-¿Buenas o malas noticias?

Escuchó que le preguntaba este, lo miró irritado:

-Sin sentido.

Escuchó que añadía este sin más, gruñó en respuesta, dando a entender que así era, Abeforth suspiró y acercándose a él inquirió:

-¿Y qué necesitas para cumplir las órdenes de mi difunto y alocado hermano?

-No creo que pueda ayudarme.

Dijo molesto mientras apretaba el pergamino.

-Prueba, mi hermano me dijo que te formulara esa pregunta, lo cual quiere decir que sin duda soy el indicado.

Miró los ojos azules de este, tan parecidos y a la par tan diferentes de su Dumbledore, miró el pergamino y tras suspirar y seguro de que se arrepentiría inquirió:

-¿Puede ayudarme a colarme en Hogwarts sin que me descubran?

Abeforth lo miró largo rato de forma seria, tras unos momentos chascó la lengua y sonrió:

-Sin duda habrá una buena razón para ello.

-Eso espero.

-¿Vas a meterte en la boca del lobo sin saber que encontrarás en el interior?

Se encogió de hombro y colocó el pergamino sobre la mesa para decir:

-Diría más bien en la boca de la serpiente, solo espero que su veneno no acabe conmigo.

Abeforth miró las cinco palabras escritas y rompió a reír:

-Debes realmente confiar mucho en mi hermano, muchacho Hogwarts es el peor sitio para ti en estos momentos, Voldemort lo está usando como su cuartel general, allí está reclutando gente. Incluso imparte clases a todos los hijos de sus mortifagos y seguidores, ahora es una escuela de artes oscuras.

-No puede ser tan difícil entrar.

Abeforth negó y cruzando sus manos ante él acercó su rostro al suyo y susurró:

-No chico, entrar será juego de niños, tú problema Potter, será salir vivo de allí.

Apartó la mirada de este y miró de reojo el pergamino, maldijo a Dumbledore por los problemas que le iba a causar:

-No tengo más remedio, sea lo que sea que desea que encuentre allí, nunca me habría mandado sino fuera importante.

-Dudo mucho que mi hermano supiera todo lo que iba a pasar, quizás si vas, te encuentres con que lo que este tenía para ti ya no está allí.

-Tendré que arriesgarme.

-Haz lo que quieras chico, yo he cumplido previniéndote, ahora avisa a alguien lo que piensas hacer, no quiero que me culpen de esto si te sucede algo.

Mejor que tengas un cómplice.

Sabía perfectamente a quien acudir, al único que comprendería que debía ir sí o sí.

-Vuelve en diez minutos y lo tendré todo listo.

Asintió a sus palabras y salió del despacho, en la sala se encontró con que ahora estaba más iluminado el lugar y que varios magos habían optado por limpiar el lugar a fondo, buscó a Sirius con la mirada, al no encontrarlo se acercó a su madre:

-¿Qué tal vas?

Su madre lo miró fijamente y sintió un escalofrío al ver lo que ella le estaba diciendo:

-Voy, que es lo que cuenta.

Ya que quien estaba a su lado no iba, se sintió sucio ante ese pensamiento, pero la mirada de su padre era clara, esa mujer iba a morir, era cuestión de tiempo que eso sucediera.

Tragó saliva y asintió:

-¿Has visto a Sirius? necesito comentarle una cosa.

-Está afuera con tu padre, estaban hablando sobre la pintada de la calle.

Asintió, sin duda Luna también estaría ahí, diciéndoles lo que él le había dicho, ninguno de ellos debía haber sospechado que había sido cosa de muggles, a no ser que Bagman se lo hubiera contado ya todo.

Salió del local y comenzó a buscarlos, descubrió a su padre hablando con Luna:

-¿Y Sirius?

Preguntó extrañado de no verlo con ellos.

-Está dentro, dijo que iba a coger algo de beber. ¿Para qué lo querías?

-Tengo que comentarle algo.

-¿De qué se trata?

Preguntó su padre, Luna los miró a uno y a otro, él por su parte miraba a su alrededor buscando a Sirius:

-Nada, una cosa.

No se percató de que James fruncía el ceño:

-¿Qué cosa?, si es importante yo puedo ayudarte.

-No, esto es cosa de Sirius y mía.

James descruzó los brazos y apretó los puños, cosa que Harry ni notó:

-Ya, como siempre, últimamente todo es cosa de Sirius y tú solamente.

-Sí, bueno voy a buscarlo.

Sin darse cuenta del estado de enfado de James y creyendo haber visto la túnica de Sirius Harry se alejó dejando a este mirando su espalda y a Luna negando y diciéndose a sí misma que tenía que tener una charla con él.

Harry estaba por girar la calle para encontrar a Sirius cuando escuchó que este decía:

-¿Qué tal todo ahí dentro?

-Uff, agotador. No sé si estoy hecha para esto Sirius.

Esa era Hermione, se extrañó de que ambos estuvieran ahí:

-Seguro que sí, verás que ese niño se salva, y será todo gracias a ti.

Escuchó que Hermione reía divertida y le agradó ese sonido, hacía mucho que no lo escuchaba, se encontró sonriendo a su vez, y sintiéndose estúpido, era increíble lo que ese simple sonido podía provocar en él.

Y más aun lo que lo había echado de menos, dio unos pasos para asomarse y decirle que debía reír más, cuando escuchó la voz de Sirius:

-No te rías, aun no dejas de sorprenderme, todo lo que haces, lo haces bien.

Hermione volvió a reír, estaba muy de acuerdo con esas palabras dichas por su padrino, dio los pasos que quedaban para verlos a ambos:

-¿Todo, todo?

Ese tono de ella hizo que se le secara la boca, dio el último paso cuando Sirius respondió:

-Bien lo sabes tú.

Si alguien le hubiera dicho lo que vería nunca se lo habría creído, pero si alguien le hubiese explicado lo que ver eso le provocaría, directamente se habría tirado al suelo riendo como loco y llamando a San mungo para ingresar a quien se lo estaba describiendo.

Pero nadie lo había preparado, ni nadie le había dicho nada, no, todo había sido una sorpresa.

Una que realmente no hubiese querido recibir, de golpe había entendido todas sus ansias de verla reír, de escucharla hablarle, de verla a su lado como siempre, de tenerla cerca ayudándolo, aconsejándolo, vamos siendo su apoyo.

Su corazón se había parado en seco, mientras su boca se había abierto de incredibilidad, para seguidamente sentir que un grito de rabia quería escapar de sus labios y que su pecho sentía una presión demasiado insoportable.

Su cazón de no latir, había pasado a latir de forma desenfrenada y sin marcha adecuada.

Apretó tan fuerte los dientes para no dejar escapar el grito que quería salir y apretó los puños a su vez.

Sus ojos se entrecerraron y sin duda, si alguno de ellos lo hubiese mirado en esos instantes, se darían cuenta de que algo se había roto en su interior.

Pero no, ninguno parecía percatarse de que había un espectador, ambos estaban demasiado ocupados comiéndose la boca uno al otro.

Sabiendo que si seguía ahí iba a terminar cometiendo una locura que ni siquiera él podía entender, dio media vuelta, sin duda no le importaría a Sirius que fuera a Hogwarts sin avisar a nadie.

Después de todo si desaparecía no tendría que preocuparse.

¿Preocuparse de qué?

Se preguntó a sí mismo, irritado y furioso consigo mismo por no comprender el odio inexplicable que lo abrasaba, azotó la puerta del despacho de Abeforth.

-Cuando quieras.

Inquirió sin más, Abeforth palideció y declaró:

-Sin duda encontrarás la forma de volver sin problema, ahora comprendo lo que Dumbledore vio en ti.

No entendió esas palabras, pero tampoco le importaba, por supuesto que regresaría, tenía que hacerlo, no dejaría que le fuera todo tan sencillo a Sirius, había admitido que Ron la tuviera, pero eso era distinto, Ron era su mejor amigo y si Hermione no era de Ron, no pensaba dejar que fuera de otro que no fuera de él.

Enrabiado al darse cuenta de la magnitud de los sentimientos que ver ese beso había despertado en él, se preparó para entrar en Hogwarts y averiguar que deseaba Dumbledore que viera o tuviese.

El siguiente cap, será centrado en el lado Oscuro, es decir estaré fija en Ron y lo que Voldemort hará, no sé si incluiré lo de Harry en Hogwarts, pero en un principio será en especial basado en Ron, que lo he tenido desatendido.