Lamento no poder contestar los comentarios, pero no dispongo de internet y solo tengo diez minutos para subirlos, espero que os guste el nuevo capítulo y prometo responderlos en el siguiente.
De verdad espero vuestra opinión al respecto, no es mucho lo que pido, creo que los caps lo merecen ¿no?
Os dejo que disfrutéis del mismo buybuy y hasta el siguiente ;)
Planes del otro lado:
Estaba algo incómodo.
Porque todo estaba saliendo a la perfección y eso era la cosa más rara que podía estar sucediendo.
No había dudado un instante en cuál sería la reacción de los muggles ante la existencia de la magia.
Todos eran unos malditos despreciables que se creían con el derecho de decretar quien debía o no vivir, desde el principio de los tiempos había sido así, habían llevado a cabo quemas y matanzas, incluso matando a los de su propio mundo acusándolos de ser uno de ellos.
Pero eso se había terminado, ahora era el momento del mundo mágico, no consentiría que los sangres limpias siguieran teniendo que ocultarse ante esos seres tan insignificantes en comparación con todos ellos.
Por ello ese día se llevaría acabo una reunión de todos los ministerios de magia europeos, Hogwarts sería la sede de semejante encuentro, en el que se tratarían todos los temas en relación a su mundo. Todos concordarían o serían sometidos, ninguno sospechaba lo que sucedería ahí.
Primero sometería al mundo mágico y sus insulsos ideales, para después someter a los muggles, y tras ellos, llegaría el turno de los sangres sucias, esos seres inmundos y más bajos que los muggles, pues habían osado robar sus varitas y tocarlas con sus asquerosas manos.
Pero él llevaría al mundo mágico a su lugar correspondiente, la cima de todo y a la vista de cómo estaba saliendo todo, estaba claro que sería muy rápido. La mayoría de los muggles habían comenzado a ocultarse y a perecer, eran seres tan estúpidos que creían que podían vencer con esas armas suyas.
Había escuchado de un grupo en especial que estaba formado por muggles y algunos sangres sucias, de sus logros en diferentes batallas, y sin duda eran una puñetera molestia, pero también eran un beneficio para él, pues ese grupo no distinguía entre amigos y enemigos, y por el momento solo habían quitado estorbos de su camino.
No dudaba que en el momento en que atacaran algún fuerte suyo arrasaría con ellos sin pensar un instante, pero mientras, que los idiotas de la orden lidiaran con ellos.
Habían acabado con Hosmeade, lo cual para él había sido un golpe magistral, pues se había librado de tener que hacer él ese trabajo y a su vez habían conseguido que varios magos se unieran a su causa.
Magos que habían precisado perder a un familiar para entender que había que parar la contaminación de la sangre y terminar con la mezcla a como diera lugar.
En esos instantes, Snape estaba redactando las nuevas directrices del mundo mágico, las cuales se harían públicas en cuanto se terminaran de escribir, su consejo, estaba formado solo por personas de sangre pura demostrada.
Si una sola persona de los familiares era de sangre mezclada o estaba casado con un muggle, debían matarlo ante todos, era de suma importancia erradicar la epidemia cuanto antes, ya habían sido bastantes las familias que no habían dudado a la hora de matar al esposo o mujer de alguno de sus parientes en pos del nuevo orden, del mismo modo que habían entregado a sus cazadores a los que contenían sangre mezclada.
Estos estaban siendo juzgados en el ministerio, se les retiraba la varita y se les asignaba una familia a la que servir, por supuesto se les daba un castigo ejemplar, hasta los elfos domésticos tenían más derechos que ellos, por derechos, incluso habían perdido el derecho de hablar.
Para ello se les había atado la lengua con un hechizo. Había pensado en cortarles la lengua directamente, pero algunas familias se resistían a que sus sirvientes fueran mutilados.
Si no podían hablar igual, no tenía porque manchar los suelos de los calabozos o mazmorras de Hogwarts con sangre.
Porque ahí era donde se encerraban a los indeseables sangres sucias, el lugar donde él mismo se encontraba, donde la orden no entraría.
Hogwarts ahora no era solo un colegio donde se aprendía magia, no, también se había convertido en el primer símbolo del nuevo régimen.
Comenzando por cambiar los estandartes de las casas, casas que ahora ya no existían, ahora solo existía una casa, Slytherin, la única que realmente había merecido perdurar.
El escudo ahora había cambiado, el escudo de Hogwarts era el de la casa de Slytherin, y el símbolo del nuevo régimen era su marca. El ministerio ahora en su poder, ondeaba las banderas con su símbolo.
También era cierto, que había familias que habían cometido la estupidez de dejar escapar a sus seres queridos, y que estos habían ido a parar al bando contrario. El bando que creían que podían pararlo, pero la realidad era otra muy diferente, a él, ya nada podía detenerlo, ni siquiera el miserable de Potter y su insignificante Orden del Fénix, organización de la que se encargaría poco a poco.
No podía negar que eran un maldito estorbo, pero que tampoco era algo que le produjera mayor dolor de cabeza, ese inepto de Potter no tenía la menor posibilidad de derrotarlo en lo más mínimo.
Sentado en el sillón que durante tantísimos años había ocupado su mayor rival, miró al frente, infinidad de cuadros lo observaban, desde que había ocupado ese despacho definitivamente, no había dejado de notar que muchos de los mismos no habían vuelto a abrir la boca en su presencia.
Y no había dejado de notar la mirada azul de uno en concreto, en los siete meses que llevaba ocupando ese despacho, solo había hablado unas pocas palabras con el mismo.
Pero pese a la oferta de Snape de quedarse con el cuadro, prefirió denegarla, quería tener ese cuadro cerca, el del ministerio había sido retirado y quemado, y por lo tanto solo existía ese cuadro de Albus Dumbledore, por lo que no pensaba perderlo de vista ni por apuesta.
Las únicas palabras que se habían dirigido iban dedicadas a la ocupación por su parte de ese despacho, él sonrió diciéndole que ahí terminaba todo, Albus Dumbledore solo había sonreído y le había instado a que no se pusiera demasiado cómodo.
Escuchó que llamaban a la puerta:
—Mi señor, ya ha llegado.
Escuchó que le decían desde el otro lado, sonrió, se acomodó más en el sillón y juntó sus manos frente a él:
—No me digas, eso es estupendo, dejadlo hacer lo que desee, sin duda sé lo que está buscando.
—¿Estáis seguro mi señor?
—Completamente.
El mortífago que acababa de informarle desapareció tras la puerta, sonrió aún más, niño ingenuo, ¿creía que podía entrar en Hogwarts sin ser detectado como si nada?, realmente seguía siendo el inepto de siempre, aún no podía creerse que en alguna ocasión se hubiese planteado la posibilidad de que ese inepto pudiera ser una amenaza para él.
—Tu paladín no pasará de esta noche viejo.
Inquirió divertido por la situación:
—Puedes pensar lo que desees Tom, del mismo modo que puedes creer que Hogwarts es tuyo. Pero en ambas ocasiones te equivocas, Hogwarts es de los estudiantes que admite. Nadie más tiene poder sobre el castillo, puede que ahora te sientes en ese sillón y quieras impedir la entrada de ciertas personas a esta institución, pero como verás, en el lugar donde se inscriben los alumnos, siguen apareciendo nombres de niños muggles o sangre mezclada.
Es algo que no podrás modificar, puedes impedir que vengan aquí por el momento, pero la voluntad de Hogwarts es diferente a la tuya.
Y si Harry ha podido entrar, podrá salir, ese muchacho es inteligente.
—No tanto, si ha sido tan estúpido de entrar en Hogwarts, significa que hay algo aquí que necesita, o quizás alguien a quien desea ver. Opto por la segunda opción, y mi apuesta eres tú viejo. Lo que me pregunto es que puede desear preguntarte.
¿Alguna idea?
Miró a Albus Dumbledore fijamente, mientras a su vez el viejo parecía inmutable:
—Muchas Tom, pero no estaría tan seguro como tú. Harry y yo no somos amigos, ese muchacho y yo, no hemos mantenido lo que se dice una relación muy cordial. Me recordaba demasiado a ti.
Sonrió ante sus palabras:
—Quizás el que tú conociste viejo, pero el que yo conozco es demasiado débil, además te tiene en un pedestal y se parece demasiado a ti.
Esas palabras hicieron que Dumbledore lo mirara unos instantes y declaró:
—Y precisamente por eso no me gustaba, no estoy orgulloso de algunas cosas de mi pasado, y ese muchacho contaba con algunos aspectos muy parecidos a los míos, en él me veía reflejado, del mismo modo que tú mismo te veías en él.
—¿De qué estás hablando viejo loco?, ese maldito inepto, es igual a ti, tiene la absurda idea de que el amor lo puede todo.
Por primera vez, se quedó paralizado cuando la escandalosa risa de Albus Dumbledore impregnó todo el despacho.
—Definitivamente estamos hablando de diferentes personas. Mi paladín es Harry Potter, no ningún otro Tom. Y ese muchacho es frío, calculador y sabe muy bien lo que quiere, si Harry Potter fuese tal y como tú lo describes, quizás es cierto que hubiésemos tenido mas trato, pero no te equivoques, nunca lo hubiese visto como algo digno.
Lo hubiese odiado hasta límites insospechados, por ser capaz de creer fervientemente en algo en lo que yo no termino de creer. Desde joven supe que la única forma de ser reconocido era el poder Tom, y del mismo modo que el joven Potter, tú tras tus investigaciones llegaste hasta la misma deducción que yo y él.
El poder es lo único que importa, y debes temer a Potter Tom, si se propone quitarte el trono lo conseguirá, es ambicioso, del mismo modo que yo lo fui en mi tiempo, y más de lo que tú eres ahora mismo.
El joven Potter, es mi paladín cierto, pero también mi mayor temor, si ese chico llega al poder, no sé en qué desembocará todo esto, llegué a pensar que quizás tú, fueses mejor elección que él.
Ahora fue el turno de él de romper a reír, se puso en pie y se acercó al cuadro:
—¿Así estaban las cosas?, entonces me alegro de lo que hice después de todo, pues podría haber significado mi final en todas las realidades, no obstante parece que salvé todas mis posibilidades.
Te interesará conocer a alguien Dumbledore, he decidido que voy a dejar que os entrevistéis, tengo ganas de ver tu cara tras la misma. Quiero ver como tu castillo de naipes y tus buenos deseos para mí llegan a su fin.
Tras esas palabras sacó su varita y se la colocó en la marca tenebrosa:
—Ronald Weasley.
Su voz sonó divertida, no tardó en escuchar como llamaban a su puerta:
—Adelante.
—¿Me mandó llamar mi señor?
Sonrió:
—Sí, Potter está en el castillo, quiero que llegue hasta aquí sin problemas.
—¿Potter en el castillo?
La voz de este sonó sumamente sorprendida, como si aquello no fuese realmente posible.
—Así es, el muy estúpido creyó poder traspasar mi barrera sin que me enterara, creía que yo no había puesto medios para impedir que alguien que no fuese de los míos entrase en este lugar.
—¿A qué te refieres?
Preguntó Dumbledore con interés:
—Todo aquel que traspase mi barrera es porque tiene esta marca Dumbledore, si alguien que no la posea la cruza, inmediatamente será detectado, y marcado. Ahora mismo sé donde está Potter, y si se topa con Severus Snape, en breves lo tendremos con nosotros.
Albus Dumbledore llevó una de sus manos hasta sus gafas de media luna, un pequeño brillo apareció en sus ojos azules, y otros del mismo color lo detectaron en el acto, cuando ambas miradas azules se encontraron, ambos se sorprendieron de lo que descubrieron en la mirada del otro.
—Avisaré a todos de sus órdenes mi señor.
—Sí, hazlo, no queremos que Potter llegue aquí por piezas.
La puerta del despacho se cerró en el acto, y Voldemort volvió a su sitio:
—Mejor esperar sentados, quiero tener una buena posición para presenciar semejante reencuentro.
Mientras este se acomodaba y miraba a Albus Dumbledore divertido, al final de la escalera de caracol, Ronald Weasley se encontraba contrariado, sin duda debía encontrar a Harry, ¿qué le había entrado a este para ir directo a la boca del lobo?, en esos últimos siete meses, no había podido contactar con él y Luna, debido a que Percy lo tenía estrechamente vigilado, él y Snape, si no era uno, era el otro, el caso era que entre los dos, no había podido dar un paso en falso.
No sabía cuantas maldiciones imperdonables habían salido ya de su varita, pero sin duda cuando todo acabara no le quedaría mucho para perder por completo su cordura, ni siquiera en esos instantes comprendía como aún seguía adelante.
Cada vez que debía invocar alguna de esas maldiciones, solo pensaba en uno de esos despreciables, deseando que fuese alguno de ellos el que la recibiera, pero sin éxito y cuando regresaba a la realidad se encontraba con otra víctima a sus espaldas de sus maldiciones imperdonables.
Gracias a dios, no había tenido que volver a pronunciar ni una sola vez más, la peor de todas, lo que lo llevaba a desear no salir de Hogwarts.
Una decisión que Voldemort parecía compartir con él, pues deseaba tenerlo cerca, no sabía si sospechaba de él o si solo lo hacía para asegurarse de que si en algún momento Harry intentaba contactar con él lo podría pillar, fuese la razón que fuese, sin duda Voldemort creía en la posibilidad de que Harry desease hablarle.
Era compresible, después de todo, de la realidad de la que ellos tres provenían, Harry y él eran inseparables junto con Hermione, si Voldemort pensaba en que Harry podía recordar la otra realidad, quizás pensase que él era su mejor baza para capturarlo.
Estaba equivocado, él podía ser su mejor amigo, pero Harry no pondría todo en peligro, no porque no supiera con certeza que su amigo lo daría todo por salvarlo, sino porque él mismo se lo había pedido.
La posición que él ocupaba servía para dar información a la orden de incalculable valor, una que si encontraba a Harry a tiempo, le proporcionaría en el acto.
Empezando por esas barreras que habían sido instaladas, en todos los lugares estratégicos de Voldemort, como la prohibición de decir el nombre de este, e incluso el detector que les estaban implantando a los sangre mestiza que controlaban.
Debía hablar con Harry y decirle todo lo relacionado a las nuevas leyes que Snape estaba encargándose de redactar, y sobre la reunión que esa noche se llevaría acabo.
Y para ello debía localizarlo cuanto antes, Voldemort acababa de decir que se encontraba en las mazmorras, pues era el único lugar donde Snape estaba, ¿qué podía hacer Harry exactamente en ese lugar?, a Harry nunca le había caído bien Snape, ¿por qué buscarlo en primer lugar al entrar en Hogwarts?, ¿precisaría algún ingrediente de allí o algo?, como llevaba tiempo sin saber de él, no podía acertar a qué podía buscar allí.
Decidido a averiguarlo y encontrarlo antes que Snape corrió todo lo que pudo hacía allí, se cruzó con algunos alumnos menores y otros de su misma edad, también con algunos mortífagos, incluso con su hermano Percy, pero este solo lo miró unos instantes.
Sabía que Voldemort lo había mandado llamar, por lo que sospecharía que se trataba de alguna misión para este. Al llegar al vestíbulo y dirigirse a la puerta de las mazmorras, sintió que un destello salía de su chaqueta, el espejo, ¿quién lo estaría llamando en esos precisos instantes?
Se adentró en el pasillo de las mazmorras y se ocultó tras una de las columnas, sacó el espejo y susurró el nombre de Luna.
Enseguida esta apareció, su cabello rubio estaba echo un desastre, tenía la cara manchada, pero sus ojos plateados y soñadores brillaban como siempre, y una sonrisa se dibujaba en su rostro.
Pese a su desastroso aspecto, no pudo dejar de notar un cosquilleo recorrerlo al verla, se sentía muy unido a ella, quizás porque era su única conexión con su mundo real, a parte de Harry:
—Hola. Tenía muchas ganas de hablar contigo, creí que ya nunca contestarías a mi llamada, llevas siete meses sin hacerlo.
—No he podido, lo siento. Mi hermano y el narigón de Snape me han tenido estrechamente vigilados.
—¿Percy?
—Sí, parece una lapa, creo que sospecha que no soy el mismo Ron de siempre.
—Quizás sea eso. ¿Qué tal todo?, te he echado realmente mucho de menos, no sabes la cantidad de noches que desee escuchar tu voz y te maldije por no permitírmelo.
Frunció el ceño ante sus palabras, realmente no acertaba a comprender la relación que mantenía ese Ron con Luna, pero algo le decía que la chica pretendía ser algo más que una conocida con él.
—Yo, lo siento, pero no…
—No pasa nada, sé que no eres mi Ron, debí sospechar que eso sucedería, así que no te preocupes. Con el tiempo estoy segura de que conseguiré que lo comprendas como es debido. Harry está frustrado también, no consigue que Hermione le hable, parece realmente desesperado con eso.
—Ya, ella siempre ha sido su mayor apoyo, es normal que si yo no estoy cerca, esté desesperado por conseguir que ella le hable, sé que no le debe ser fácil.
—Nunca es fácil no poder estar cerca de la persona que amas Ronald.
Esas palabras lo pillaron por sorpresa:
—Luna. —Inquirió entre sorprendido y extrañado, ¿de qué estaba hablando?, por lo visto estaba más perdida de lo que él creía: —Harry no ama a Hermione, ellos siempre han sido muy amigos inseparables, casi como hermanos, pero nunca han tenido más que eso. De hecho a quien le gusta Hermione es a mí.
Dijo bastante seguro de sus palabras, tan despistado como siempre en relación a los sentimientos de otras personas, no percibió que Luna se estremecía ante sus palabras, tampoco que sus ojos soñadores se nublaban por unos instantes:
—Comprendo, pero Ron, debes entender que las cosas aquí ya no son como antes, hazte a la idea de que no podrás tener todo lo que deseabas tener, y sobre todo piensa que quizás te lleves muchas sorpresas por el camino.
—¿De qué estás hablando?
—Habla con Harry, Ron, puedes decir lo que desees en relación a ellos, pero lo que yo veo es muy diferente. Es cierto que perder la palabra de un amigo es duro, pero el estado de Harry cada vez que ella lo ignora o lo trata de la patada es muy diferente a la reacción normal.
Quizás en tu realidad la situación fuese diferente, o nunca quisiste ver lo que sucedía a tú alrededor, pero Ron, los sentimientos de Harry en relación a Hermione, creo que distan mucho de ser fraternales.
—Estás equivocada, Harry es consciente de que a mí me gusta Hermione, y si ese hubiese sido el caso, me lo habría dicho, nunca me hubiese engañado en relación a un asusto semejante.
Luna lo miró por unos instantes y seguidamente suspiró:
—Quizás tengas razón, quizás en vuestra realidad, Harry no se planteaba si quiera esa posibilidad, quizás era tan buen amigo como aseguras y dejó a un lado sus propios sentimientos apartando de él esa idea por el bien de tus propios sentimientos.
Habla con Harry Ron, aclara todo entonces con él, dile tus sentimientos, estoy segura de que entonces no habrá ningún problema mientras lo dejéis claro como en tu realidad. Ahora debo irme, seguramente me estará buscando, la verdad es que no puedo negar que es un gran tipo, alguien que puede llegar a ser grande.
—¿Sabes?, lo haré, voy a hablar con él respecto a este asunto también, tienes razón, quizás sería bueno que hablásemos en relación a todos estos aspectos. Ahora en cuanto lo encuentre lo haré, ya te dirá que tal fue la charla.
—¿De qué estás hablando?, ¿acaso vas a venir para aquí?, no puedes hacer esa locura, si te ven los de la orden te atraparan, no durarán en capturarte y encerrarte.
—¿De qué hablas tú?, ni loco me meto en la boca del lobo, pero ya que él se ha arriesgado y está aquí, no desaprovecharé ninguna oportunidad para hablar de todo lo importante.
La cara de Luna le bastó para comprender que no sabía que Harry estaba en Hogwarts, lo que significaba que el imbécil de su mejor amigo lo había vuelto hacer, había cometido una locura sin informar a nadie al respecto:
—Dime que la orden sabe que está aquí.
—No, y es evidente por tu cara que es su modo de operar, hacer cosas irresponsables y temerarias sin consultar a nadie.
—¿No sabes entonces qué hace aquí?
—Maldita sea no, y espero que no sea ninguna locura. ¿En qué demonios está pensando?
—Quizás haya algo en Hogwarts que precise encon…— Se calló en el acto, ¿era posible que hubiese un Horcux en Hogwarts?—Tengo que dejarte Luna, he de encontrarlo cuanto antes.
Sin más guardó el espejo y echó a correr, debía ser eso, o algo relacionado, ¿cómo no se le había ocurrido antes?, él mismo podía buscarlo, mientras estuviese en Hogwarts, podría buscar el objeto, le hablaría a Harry sobre esa posibilidad y lo mandaría de vuelta con la orden cuanto antes.
Pero primero hablarían seriamente, de todo lo que Luna le había dicho, desde siempre había temido la relación de Harry y Hermione, y tras lo dicho por Luna, era evidente que no era el único que se había percatado de los matices extraños de esa relación, pero no pensaba renunciar a Hermione.
Ella era lo que lo diferenciaba de todos, ella era lo que lo hacía especial frente a Harry, él podía ser el héroe pero Hermione se había fijado en él.
Pero ese sería el último punto a tratar, primero debía informarle de todo lo relacionado a las nuevas leyes y el tratado que Voldemort quería que todos los ministerios de Europa firmaran. No dudaba que después iría a por el resto de ministerios, pero de momento su propósito era unir a toda la comunidad mágica de ese lado.
Al llegar al despacho de Snape no llamó tan solo abrió la puerta y entró, se encontró con Harry de frente, el cual observaba unos pergaminos ante él y Snape lo miraba de forma molesta, cuando ambos lo miraron la cara de Snape palideció, mientras que Harry sonrió al verlo:
—¿Qué demonios está pasando aquí?
—Entra y cierra la puerta, tenemos que hablar.
Las palabras de Harry lo desconcertaron, pero no fue al único que le pillaron por sorpresa, pues Snape estaba en su mismo estado:
—¿De qué estás hablando Potter?
Harry miró hacía este con el ceño fruncido y molesto, el rastro de odio que brillaba en sus ojos, no le dejaba duda alguna sobre la relación que había entre ambos.
—Ahora lo sabrás, y procura que lo que pase aquí no salga, si esto se averigua, sabré quien es el traidor de los dos.
Ron hizo lo que Harry le había pedido y con cierta precaución se acercó a ellos, Snape parecía sumamente molesto con Harry:
—¿Harry qué…?
—Tuve que venir, Dumbledore me dejó una carta en la que me pedía que viniera a Hogwarts, al despacho de Snape.
Pero evidentemente Dumbledore no podía saber que el actual despacho de Snape ahora pertenece a Voldemort. Lo que me lleva a sospechar que lo que sea que tuviera para mí está allí.
—Dumbledore quería hablar contigo, pero cuando le dije que yo me haría cargo de ese retrato, este se negó, imagino que sospecharía que vendrías a encontrarte con él en algún momento, debí darme cuenta de que eres tan sumamente estúpido y predecible que el señor tenebroso acertaría en tu forma de actuar.
—Tengo que hablar con Dumbledore, y la única forma es armando un buen revuelo que lo obligue a salir de ese maldito despacho. En mi afán por encontrar una forma de entrar, me tope con algunas cosas interesantes.
¿Qué se suponen que son todas estas estupideces?
Sentenció tirando los pergaminos sobre la mesa de Snape, este lo miró irritado, y él mismo no sabía que decir con exactitud:
—Son las directrices del nuevo orden Potter, el tratado que firmarán esta noche todos los ministerios de Europa.
Harry por primera vez se notó sorprendido y asustado:
—¿De qué estás hablando?, eso es imposible, ¿cómo van a estar de acuerdo con semejante locura?
—Parece que aún no terminas de comprender las cosas Potter, eres un tanto obtuso, no hace falta que estén de acuerdo, solo precisan un buen incentivo para firmar, y créeme lo tendrán, la vida de uno resulta muy valiosa.
—No me creo que todos prefieran su vida a la de miles, no, millones de personas.
—A esos pocos ilusos los someterá con un Imperius o algo peor. La vida de uno puede no significar mucho, pero la vida de la familia es diferente, y si eso no fuera suficiente, créeme Potter, al señor tenebroso no le importará terminar con unos cuantos magos que se le opongan.
—Eso es….
—El poder del más fuerte, y en esta guerra ahora mismo el más fuerte es el señor tenebroso.
Esta noche la alianza será cerrada y aquellos que infrinjan las nuevas leyes serán tratados como rebeldes y tal y como has podido leer, los juicios y sentencias serán públicos.
A la cabeza de los rebeldes estás tú Potter, a partir de mañana por la mañana serás la persona más buscada, tanto en el mundo mágico como en el mundo muggle, la recompensa por tú muerte será muy generosa, pero más si eres entregado en vida.
—No me cogerá tan fácilmente.
—Quizás, pero créeme, eres un problema menor, aún no puedes terminar con él, y esto que ha puesto en marcha es un golpe duro para la resistencia. Los muggles tampoco están haciendo mucho por ayudar a vuestra causa según tengo entendido.
—Lo que significa que estamos bien jodidos.
Sentenció él cansado de tanto dramatismo, tanto Snape como Harry lo miraron por unos instantes y él suspiró cansado:
—Bueno ya sabemos los problemas que tenemos, no hace falta que los volvamos a repasar, ahora es momento de buscar soluciones. Harry sabe que estás aquí, y te espera en el despacho, ha dado orden de que no te ataquen, quiere que te entrevistes con Dumbledore.
—¿Cómo sabe que estoy aquí?, entré por…
—Hay una barrera alrededor de todos los lugares estratégicos que él controla, toda persona que entre en uno de sus fuertes y que no tenga la marca tenebrosa queda marcado, sabe donde te encuentras en este momento. Por eso yo estoy aquí, vine a advertirte para que no te toparas con Snape.
Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar, entre otras quería avisarte de que no intentéis liberar a los sangre mezclada que han convertido en esclavos, estos están todos marcados con detectores, en el momento en que desaparecieran de sus lugares, las alarmas saltarían. Son cebos para encontrar el escondite de la orden o de cualquier organización que esté colaborando con vosotros.
Tiene sus ojos fijos en el grupo que lidera Tonks y uno de mis hermanos, los considera vuestro mayor apoyo, y cree que será un duro golpe para vosotros si ellos desaparecen.
—Están bastante bien ocultos, de todas formas nunca permanecen en un solo lugar, Tonks y Charley no son tontos, pero de todas formas gracias por el aviso, eso implica que deberán tener mayor cuidado.
—Su nombre está vetado, avisa a todos vuestros aliados, los únicos que lo llaman por su nombre son los que se enfrentan a él, por lo que decidió que esa palabra quedaría mágicamente atada, Harry no pronunciéis su nombre o al momento tendréis una veintena de cazadores o más a vuestro alrededor.
Harry sonrió de medio lado:
—Así que ha vetado su nombre, perfecto, veremos que tal le sienta mi nueva forma de llamarlo a partir de ahora.
—¿Qué planeas hacer con todo esto Potter?
—Realmente no lo sé, en estos momentos son muchas las cosas en las que tengo que pensar, pero no quiero defraudarlo, si quiere que me vea con Dumbledore lo haré, este tiene un mensaje que darme, sino nunca me habría citado aquí, he de saber que era tan importante.
—Harry, este Dumbledore no parece muy conforme con algunos aspectos.
—Sabré como entenderme con él, después de todo siempre he sabido como hacerlo.
Snape chistó con fastidio y recogió los pergaminos que había alrededor:
—Ya sabes lo que se avecina, tienes esta noche para planear algo y ponerlo en práctica Potter, aunque ya sabes que no servirá de mucho.
—Tengo una pregunta que hacerte Snape.
Inquirió este, Snape lo miró por unos instantes:
—¿Dónde está la espada de Gryffindor que saqué del sombrero seleccionador en segundo año?
—¿Para qué la querrías?
—Eso es asunto mío.
—En el despacho del director.
Inquirió sin más, eso provocó que Harry frunciera el ceño:
—Vamos que voy o voy. –suspiró irritado y seguidamente lo miró a él: —Acompáñame hasta allí, no dudo que no desconfiara de que me vea contigo.
—Preciso una pequeña aclaración respecto a este asunto. –inquirió al ver que ambos se dirigían a la puerta para salir:
—¿A qué te refieres Ron?
—¿Cómo es que estáis en términos cordiales?
—Un punto en común.
Sentenció Snape sin más, Harry miró a este irritado, pero no dijo nada para rebatir esas palabras:
—¿Y qué hay de ti Weasley?
—Recuerdo.
Dijo simplemente, Snape entrecerró los ojos con desconfianza:
—Ya veo, no eras tan inepto e inservible como creímos en un principio.
Se ofendió ante esas palabras, pero prefirió no decir nada, Snape fue el primero en salir del lugar, y cuando Harry iba a seguirlo, lo agarró del brazo:
—Hay algo de lo que te quiero hablar.
—Ahora no es el momento, tenemos que…
—Debe ser ahora, han pasado siete meses y no he tenido noticia alguna.
Harry lo miró sin comprender sus palabras, él no apartó su mirada de la de él, estaba dispuesto a percibir cualquier cambio en Harry, hasta el más mínimo detalle:
—¿Cómo ha estado Hermione?
No hizo falta más, los ojos verdes de Harry se oscurecieron en gran medida, su cara cambió a inexpresiva y al ver sus puños los notó cerrados en puños. No era la reacción de un amigo molesto, no era la reacción normal de Harry cuando se encontraba deprimido por que ella estaba enfadada con él en el pasado.
No, la reacción de Harry era distinta, estaba molesto, no aún más, furioso:
—No precisas preocuparte por ella, está demasiado bien atendida.
Y esa no era la respuesta que se hubiese esperado:
—¿De qué estás hablando?
Le preguntó sin comprender:
—En esta realidad, tiene un apuesto caballero andante que se aprovecha de ella.
—¿Quieres hablar claro?, ¿qué demonios quieres decir?, ¿y por qué estás tan molesto con respecto a esto?
Se soltó de su agarre y se giró:
—Mira no es momento para esto, tampoco es algo de lo que quiera hablar.
—Pero yo sí, de sobra sabes lo que Hermione significa para mí, así que…
Harry se giró rápidamente a mirarlo, ahora había miedo y sorpresa en su expresión:
—¿Lo que significa para ti?
Susurró como sin poder creerse lo que estaba preguntándole, lo miró con desconfianza:
—Sí, sabes de sobra que estoy enamorado de ella, ¿quién se supone que está con ella?
La expresión de él, fue un impacto para el que no estaba preparado, del mismo modo que sus palabras habían sido para Harry. En ese preciso instante comprendió lo que Luna le había estado diciendo, y se enfureció, ¿cómo se atrevía?
Estaba por decirle unas cuantas cosas, para dejarle en claro que no pensaba permitirle que le arrebatara a Hermione, cuando se quedó petrificado, Harry había bajado la mirada unos instantes, y seguidamente se llevó una mano a la frente y rompió a reír.
No era una risa divertida, más bien parecía una risa trastornada, al verlo levantar la mirada sintió un escalofrío, nunca había visto a su mejor amigo en ese estado.
Cuando dejó de reír, no lo miró a los ojos una sonrisa torcida, que reflejaba algo de ironía mezclada con una infinita tristeza sentenció:
—Tienes un duro rival Ron, Sirius está con Hermione. Intentaré hacerle entender a este tus sentimientos por ella, pero no sé si servirá de algo.
Harry se giró para irse de allí, pero antes de salir se detuvo y sin girarse a mirarlo precuntó: —Pero, ¿qué pasa con Luna, Ron?
Frunció el ceño ante esa pregunta, ¿qué pasaba con ella?, era una gran amiga, nada más, ¿Por qué era así verdad?
—Es una buena amiga, sin ella, sin duda el otro Ron se habría vuelto loco, así que he de apreciarla.
Dijo sin más, Harry asintió sin más y abandonó el lugar. Él no lo siguió, con esa corta charla había comprendido muchas cosas, Harry sentía algo por Hermione, había pensado que sus sentimientos por ella ya no existían, pero al darse cuenta de su error, su mejor amigo había renunciado por completo a lo que fuese que estaba sintiendo.
La duda que a él lo asaltaba ahora, era si ese sentimiento que Harry estaba comenzando a descubrir, existía desde su realidad, o había comenzado a aparecer en ese último tiempo.
Lo peor de todo, era que sospechaba que siempre había existido oculto en lo más hondo del ser de su mejor amigo.
Voldemort se encontraba a la espera de la aparición de Harry, desde que Weasley había abandonado su despacho, no había podido dejar de pensar en que podía ser lo que había llevado al chico a aparecer en Hogwarts, debía ser algo importante.
Algo que sin duda le fuese útil contra él, pero no encontraba nada de lo que preocuparse, esos indeseables no tenían armas contra él.
—¿Preocupado Tom?
Miró al cuadro de Dumbledore y sonrió despectivamente:
—No encuentro nada por lo que deba preocuparme.
—Quizás tengas razón. Después de todo ese muchacho que se dirige hacía aquí, no es de temer según tú. Puedo persuadirte para que me digas ¿por qué crees que ese Harry Potter no es de temer?
—Por que no es el Harry Potter en el que tú depositaste todas tus esperanzas viejo. El Harry Potter que verás hoy es totalmente diferente, un muchacho que no comprender que el poder es lo importante y que no acierta en sus elecciones. El muy estúpido se rige por sus sentimientos, y estos lo han traído hasta esta situación sin retorno.
—Así que mis sospechas son ciertas, quien impidió que mataras a Harry Potter hace dieciséis años, fue precisamente Harry Potter que venía del futuro.
¿Lo mandaste tú?
—Lo preparé yo, si eso es lo que quieres saber. Yo preparé todo para que él viajara al pasado, confieso que pretendía que todo fuese de otra manera, para comenzar ese inepto no debía recordar, eso fue un fallo que no esperaba. Pero en cierto modo eso fue beneficioso.
Pues según tú, el otro hubiese sido peor adversario. Que recuerde significará un golpe a favor de mis planes.
Aunque no hay mucho que se pueda interponer en los mismos.
—Cuando vi a ese joven hace dieciséis años, noté algunas cosas interesantes en él, pero ciertamente la inteligencia no parecía ser su fuerte. ¿Quién en su sano juicio viajaría al pasado a impedir un hecho del mismo?, las consecuencias podrían ser catastróficas, y no dudo que lo serían. Mira en la situación en la que nos encontramos.
—Sí, para él podrían ser catastróficas, pero ya te he dicho que se deja guiar por sus sentimientos, y no dudo que pese a todo lo que está sucediendo, el tener a sus malditos padres a su lado y a ese traidor a la sangre de Black, le dará mucha satisfacción.
—No tienes que jurarlo.
Potter abrió la puerta como si de un lugar cualquiera se tratara, y dos pares de ojos se clavaron en él, ambos examinándolo y analizándolo:
—Señor, Weasley me hizo saber que deseaba que llegara sin ningún contratiempo.
—Así es Snape, puedes retirarte.
—Como usted ordene.
—¿Has terminado con lo que te solicité?
—Así es señor.
—Perfecto, lo quiero todo listo para la hora requerida.
—Así será.
La puerta se cerró y Potter no dudo en apoyarse en la misma:
—Así que veo que sigues siendo tan inepto como de costumbre, pero siento curiosidad, ¿qué locura te cogió para presentarte ante mí sin más?, no me creo que pienses que te dejaré vivir así sin más.
Sonrió de medio lado:
—Bien, no lo espero, la locura que me cogió, es más bien debida a una carta que me dejaron.
—¿Quién podría ser?
—No dudo que lo sabes, sino nunca habrías insistido en tener ese cuadro siempre a tú lado. Después de todo, la compañía de este despacho te sería mucho más gratificante que tú enemigo declarado. Pero tenías una pequeña esperanza de que yo viniera a verlo, era mi mentor al fin y al cabo, al único que realmente consideré como algo importante después de mis amigos.
—Como yo decía sentimental al máximo. Pero no quiero interferir, aquí tienes lo que tanto deseabas encontrar, te permito unos instantes para despedirte de tu amado mentor.
El silencio se hizo en el lugar, momento en que Harry al fin fijó sus ojos verdes en los azules de aquel al que había tenido en suma estima durante muchos años, lo primero que hizo fue apartar la mirada de este y sentenciar:
—Lo lamento, no fue mi mejor movimiento.
—Realmente fue muy estúpido.
Escuchó que este le decía, y sonrió de medio lado, pese a que Voldemort se encontraba allí, realmente le daba igual:
—Después de su muerte no pude evitar ir a casa de mis padres, habían sido demasiadas perdidas, y sinceramente no esperaba sentirme como me sentí al estar allí. Fue estúpido por mi parte aceptar la idea de Ron, si Hermione hubiese estado nunca lo habríamos hecho. Pero ya está y no hay forma de remediarlo.
Miró hacía el cuadro y sin apartar su mirada de los ojos azules inquirió:
—Veo que al menos se tomaron la molestia de pintarlo con sus amados caramelos de limón, ¿Cuántos son en realidad?, desde aquí no puedo saberlo, ¿seis o siete?
Percibió el brillo en los ojos de Dumbledore, este sonrió e inquirió cogiendo uno:
—Siete, es una pena no poder disfrutarlos. Saberlos tan cerca y no poder disfrutarlos, en el cuadro que había en el ministerio, había dos malogrados, me alegro de que me quedaran cinco en buen estado.
Fue bastante irritante no poder recolectarlos todos antes de que llegara el final, pero no siempre se puede tener todo.
—Ya, sin duda debería haber aprendido esa lección hace mucho tiempo.
—Eras un alumno problemático me temo.
Harry sonrió, sin saberlo acababa de darle una idea:
—Ya, recuerdo que en otra ocasión, el cuadro de Phineas Black me dijo eso mismo.
—¿Yo?, ¿cuándo dije yo algo parecido?
Escuchó que decía el antepasado de Sirius, Harry notó que Voldemort miraba a este con cierto interés:
—En mi quinto año, o al menos en el que yo recuerdo.
—Cuando mi querida Bella terminó con tú amado Black, ¿no es así?
Miró a este con cierta irritación:
—Sí, pero gracias a ti, tengo una nueva oportunidad. No pienso desperdiciarla, te detendré así sea lo último que haga.
La risa de Voldemort le causó un escalofrío, pero no le importó, sabía a la perfección lo que este sentía, desde que había entrado a ese maldito despacho, todas sus emociones estaban revolucionadas y la cicatriz le dolía bastante.
Mientras él se reía por sus palabras, captó la mirada azulada de Dumbledore, y como este fijaba la misma en la pecha que antaño había pertenecido a Fawkes, extrañado, miró a Dumbledore de regreso.
¿Qué podía querer decirle?
Se acercó a la percha pero antes de llegar un brillo llamó su atención, la espada de Gryffindor se encontraba apoyada de forma cuidadosa contra la pared, justo al lado de la percha de Fawkes.
Sonrió, en esa visita a Dumbledore, había sacado en claro unas cuantas cosas, y ahora si conseguía salir de allí sin problema, algo que veía complicado para que mentirse a sí mismo.
Podría retomar todo lo que tenía que hacer a partir de ese momento. Comenzando por encontrar los cinco Horcuxes que aún existían. Dumbledore acababa de asegurarle que eran siete, y que dos ya no existían, así que solo debía encontrar los cinco restantes. La copa, el relicario verdadero, Naginy, algo de Ravenclove o algo de Gryffindor y otro más.
Miró a Dumbledore y cuando vio que sonreía de nuevo supo que este se refería a la espada cuando miró hacía ese lugar, no a la percha.
—Bien Potter, ya te he dado bastante tiempo para que pudieras despedirte de tu mentor, ahora ha llegado el momento de que…
—No te molestes, ¿sabes?, eres demasiado confiado, debiste comprender que si él me había pedido que viniera, debía haberse asegurado de que yo pudiera salir.
Antes de que este pudiera decir nada más, agarró la empuñadura de la espada, fue cuestión de tres segundos, Harry lo vio ponerse en pie, pero no supo nada más, pues resultó que la espada era un traslador tal y como había sospechado al ver la sonrisa de este.
Cuando sintió el golpe al aterrizar, cerró los ojos y se dejó caer hacía atrás, suspiró dejando salir todo el miedo que lo había recorrido por unos instantes. Y después rompió a reír, apretó la espada en su mano derecha y seguidamente suspiró:
—Gracias Dumbledore.
—No hay de qué muchacho.
Sorprendido se puso en pie y se giró, tras él había un cuadro enorme, era de cuerpo entero, Albus Dumbledore se encontraba mirándolo con una media sonrisa, al mirar a su alrededor se sorprendió al no reconocer el lugar:
—Bienvenido a mi casa Harry. Confío en que no te fuera muy complicado hacerte con la espada de Gryffindor.
—¿Su casa?
Se escuchó a sí mismo decir sin saber que más decir:
—Así es chico, mi casa. Veo que nunca antes te he hablado de la misma, de todas formas no era algo de mucha importancia para nuestros asuntos. Ahora deberíamos no perder mucho tiempo, al ver tu llegada he de suponer que pronto recibiremos visitas. Y preciso decirte algunas cosas de cierta importancia.
Empezaré con decirte que Sirius y Severus saben de los Horcuxes, Severus sabe que tú también eres consciente de que existen, Sirius por el contrario no sabe de esto.
Regulus tiene un horcux en su poder, búscalo, ese muchacho ha estado oculto por mucho tiempo. Para toda su familia, incluido Sirius, Regulus está muerto, nadie sabe donde se oculta y yo me he desvivido por localizarlo sin éxito alguno.
Sé que está vivo porque unos días antes de morir me escribió. Me confesó que poseía un horcux que había robado, había intentado deshacerse de él, pero el resultado había sido nefasto. Creo que está herido, quizás incluso ahora ya sí que esté muerto, no lo sé con certeza, la carta fue mandada desde Ucrania.
Sirius intentó localizar la copa, creo que no tuvo mucho éxito, pero contrario a lo esperado, sí que localizó el anillo para mí. Ese lo destruí yo mismo con la espada que tienes ahí.
Evidentemente la serpiente sigue con vida, y será complicado llegar a ella sin problemas y más en la situación actual en la que te encuentras.
—¿En esta realidad el diario fue destruido?
Preguntó rápidamente, Dumbledore lo miró por unos instantes:
—¿Diario?
Harry se sintió por unos instantes entrar en pánico:
—En mi segundo año en Hogwarts, tras una serie de sucesos, entré en la cámara de los secretos y destruí un diario que contaba con un trozo de alma de este a la edad de diecisiete años.
Se alimentaba de la vida de Ginny Weasley, acabé con el basilisco que Salazar había ocultado en Hogwarts en su cámara y con el diario.
—¿De qué estás hablando chico?, eso nunca pasó.
—No puede ser.
—Hay otro horcux destruido, pertenecía a Ravenclove, una diadema, pero no tenía idea de que un diario existiera.
—Maldición, eso significa que el basilisco también sigue con vida. Pero un momento, si usted nunca ha visto el diario, ¿cómo sabía de la existencia de los Horcux?
—Por la carta que Regulus me envió. Él fue quien me puso sobre aviso de la existencia de los mismos.
—¿Me está diciendo que supo de los Horcux unos días antes de su muerte, y aún así Sirius pudo encontrar el anillo?
—Quien dice unos días, dice meses, después de las navidades de vuestro quinto año recibí esa misiva. Sé que la copa de Helga puede ser un horcux más, y ahora sabemos que otro es un diario. ¿Cómo llegó ese diario a las manos de la pequeña Weasley?, ¿lo compró en algún lugar?
Negó a su pregunta:
—No, ese diario estaba en el poder de Lucius Malfoy, el padre de Ginny, el señor Weasley, estaba decidido ese año a pillar a Malfoy a como diera lugar, para vengarse y así asegurarse de que no lo incriminarían de ninguna manera, puso entre las cosas de Ginny el diario de Tom, por supuesto este desconocía por completo lo que ese diario era en realidad.
Tras decir todo eso, frunció el ceño, ¿cómo era posible que hubiese conocido a Dobby y lo hubiese liberado si no contaban con ese vínculo entre ellos?, si en su segundo año Dobby y él no se habían encontrado, ¿qué relación tenían el elfo y él con exactitud?, ¿a qué se debía la misma entonces?
—Sorprendente, así que con doce años acabaste con un horcux y con un basilisco.
Dime Harry, ¿qué más has hecho a lo largo de tu vida?
Miró a Dumbledore unos instantes, ¿de verdad tenían tiempo para todo aquello?, le contó todo respecto a sus años en Hogwarts, y no pudo evitar sonreír ante las caras de incredibilidad que Dumbledore ponía, sin duda no podía creerse que realmente todo eso hubiese pasado alguna vez:
—Vaya, eres sorprendente muchacho. Pero tengo una duda, si en tu realidad las cosas eran así, ¿por qué cambiar todo?, ¿qué te indujo a hacer semejante locura?
—El dolor de la pérdida. Sí, el mundo era un mundo mejor, al menos para el resto, pero el mío, si bien no podía quejarme con relación a mi situación económica y posición en el mundo mágico, mi vida estaba relativamente vacía.
Perdí a mis padres cuando solo tenía un año, Sirius tras dos años de ser como el padre que nunca tuve, murió por mi culpa al ir al ministerio por otra de mis estupideces, y el año anterior fue su turno.
Lo vi morir y no pude hacer nada por evitarlo, Snape le lanzó el Avara y yo no pudo moverme, me había petrificado, cuando conseguí volver a moverme, fui tras Snape y Malfoy decidido a matar a ambos, pero me tropecé contra una fuerte barrera, no era quien para enfrentarme a Snape, era demasiado débil.
Si no podía enfrentarme a Snape, ¿cómo iba a vencer a Tom llegado el momento?, perdido y sin estar seguro de qué debía hacer a continuación, rompí mi relación con Ginny, y me decidí a buscar los Horcuxes y destruirlos, si conseguía destruir estos sería un paso más para garantizar su final.
Pero necesitaba una motivación, pensé que si iba a ver la casa donde mis padres habían muerto por salvarme la vida, sería suficiente para mí. Y realmente lo fue, pensé que deseaba acabar con él, pero cuando Ron me ofreció ver cómo fueron las cosas, me dejé llevar, si ver semejante escenario me había dado la motivación necesaria, presenciarlo, sin duda me daría todo lo necesario para lograrlo.
No conté con que no sería capaz de presenciarlo sin hacer absolutamente nada. Fui un ingenuo. Confieso que tampoco pensé que el gira-tiempo fuese algo que Tom hubiese ideado.
El silencio se estableció en la estancia, Harry no se atrevía a mirar a este a la cara, realmente se sentía estúpido por lo que había hecho, y aún le faltaba decirle que ya no podría remediar todo aquello:
—Yo…
—No digas nada más, lo hecho, hecho está, no podemos solucionarlo, así que no es recomendable darle más vueltas. No permitiré que nos estanquemos en algo que no tiene solución cuando tenemos infinidad de cosas que sí podemos solucionar ante nosotros.
Deja que te diga algo Harry, los Horcuxes siguen siendo nuestra prioridad, ahora ya sabes donde se encuentra otro más, el diario que Malfoy tiene en su poder, debes conseguir hacerte con él a como dé lugar.
También precisáis organizaros, si todo lo que has dicho que planea hacer Tom es cierto, lo mejor es comenzar a buscar aliados en todo el mundo mágico.
—Él tiene ya a redactado una serie de directrices para el nuevo orden. Ha convocado una reunión para esta noche con todos los ministerios de magia de Europa.
—Dime que vosotros tenéis contactos en los mismos, que a alguien se le ocurrió ponerse en contacto con ellos.
Harry frunció el ceño, gesto que bastó para que Dumbledore comprendiera:;
—No lo hicisteis, ¿cómo es posible que no pensaseis en ellos?, habéis tenido siete meses para prepararos para un golpe así, y no os habéis ni movido.
—Tenemos contactos en España, Francia y Bulgaria, pero poco más, tenemos a dos personas que están intentando entrar en contacto con Salen y otros lugares de América, pero somos muy pocos y…
—Si os hubieseis movido como es debido sin duda todo esto sería diferente ahora.
Molesto lo miró:
—¿Y por qué no lo hizo usted estando en vida?
—¿Y quién te dijo que no lo hice?, tenía una red bastante extensa, pero con lo repentino de mi muerte.
No cuestionó sus palabras, aunque sí que tenía una crítica que hacerle, si le hubiese comentado a alguien algo de todo eso, y no lo hubiese hecho solo, seguramente el resultado sería diferente.
Al pensar eso sintió un escalofrío, ¿qué era lo que Hermione siempre le recriminaba?, su afán y empeño de hacer siempre las cosas por su cuenta intentando mantener a todo el mundo al margen, al darse cuenta de ese detalle se enfadó consigo mismo.
¿No había ido a Hogwarts sin decirle a nadie?, vale que había planeado hablarle a alguien de ello, pero las cosas se habían torcido, y al final por su enfado había terminado yendo solo, vale que la cosa no había salido mal.
Había descubierto muchas cosas, tenía la espada en su poder, había hecho un trato con Snape y encima había hablado con Dumbledore tal y como se lo proponía.
También era cierto que si había salido bien librado de eso, era solo debido a Dumbledore.
—Creo que podemos solucionar esto, ¿hay alguien que esté ocupándose de mi red de espionaje de los cuadros de Hogwarts?
Sonrió ante su pregunta y se sintió orgulloso de haberse acordado de ello, asintió a sus palabras:
—Perfecto, entonces no está todo perdido, ahora márchate, aquí ya no es un sitio seguro.
—¿Y qué pasará con usted?
—Este cuadro está pegado a esta pared de la misma forma que el de la señora Black en Grinmauld Place, así que no les será fácil deshacerse de mí, pero no dudo que ya no estaré tan solo.
—Tengo una cosa más que decir.
Dumbledore lo miró fijamente:
—Lo odio.
Dumbledore rompió a reír y seguidamente fijó sus ojos en él:
—Y yo a ti muchacho engreído.
Sin más y con la espada en su mano, desapareció de allí dispuesto a aparecer en Hosmeade, había mucho que hacer y mover.
A la par que él desaparecía Voldemort aparecía en la estancia:
—Una jugada interesante viejo, ¿qué era tan importante?
Ambos se miraron fijamente y Dumbledore inquirió:
—Siguiendo la conversación que mantuvimos en Hogwarts Tom, creo que ahora comprendo tu jugada.
—¿Qué quieres decir?
—Que comprendo tu temor, ese muchacho sin duda sí que puede ser un peligro para tus planes. Viendo a este Harry que deseaste presentarme, ahora estoy convencido de que mi paladín sin duda ganará esta guerra. Cometiste un error Tom, a este Harry Potter sí deberías temerlo.
