Hola bellezas! ¡Feliz Navidad! Espero que hayan tenido una bella fieta en familia, aquí vengo yo a hacer mi aporte dentro de sus regalos (?) jajaaja. Tiempo sin leernos, ¿Verdad? más de un mes! Pero bueno, ante todo quiero contarles que he salido bien en mis finales, gracias a Dios, a los santos y a que no despegué mi trasero de la silla más que para ir al baño jaaajajaja. Han sido días agotadores, pero estoy más que conforme con los resultados. Muchas gracias a quienes se tomaron el trabajo de dejarme su apoyo en un cálido review y a quienes me dieron su opinión por mensaje privado.
Chicadelasseries me envío sus preguntas por MP y considero que deben ser respondidas aquí, de forma pública para que todas reciban la misma info. Amiga, sí que te emocionaste con las preguntas, pero te agradezco por ser una fiel lectora! :)

¿Como va a ser planeada la boda de Kitten y Robert?

Bueno, pues... Supongo que como cualquier otra boda (?) jaajajaa No puedo contarte esto exactamente porque sería spoilearte parte del fic, así que lo siento x)

¿Que va a hacer Kori si tiene que ayudar a Rachel y ahora a Kitten?

Ya conoces a Kori, a la chica le encanta estar todo jajaaja. Se las ingeniará. Intentaremos hacer que no mate a nadie en el camino. Por lo pronto, Kitten sólo la quiere para funciones protocolares, ya sabes. Para que aparente que son amigas y ya, no necesita su ayuda. Por otro lado, ambas bodas tendrán un período de diferencia considerable para ser planeadas.

¿Y vas a describir la boda o solamente la vas a mencionar y vas a describir la de Rachel?

Por ahora, planeo describir ambas. La idea de que Kitten y Robert se casaran surgió de las ganas de volver a jugar un poco con la gente de esta particular secundaria y la verdad es que lo primero que imaginé fue su boda. En cuanto a Rachel y Garfield o sea OBVIO QUE VOY A DESCRIBIR SU BODA, son Rachel y Gar, baby. Lo merecen xD

¿Kori le va a hacer algo a Robert por ponerla en esta situación?¿o a Kitten?

Jajaajaajaja... ¿No confías en la palabra que le dio a Dick acaso? xDD jajaajaja. Ella prometió que no haría nada, no seas mal pensada. Ella ama a su novio y le será fiel a la palabra que le ha dado (?) jaajaja. La verdad es que no puedo contestarte esto con absoluta sinceridad porque sería spoilear y no deseo hacerlo.

Lamento que mis respuestas sean un poco... breves o poco explicativas xD es que en serio que no deseo spoilearles nada, mis amores. Creo que perdería la gracia. Les anticipo algo de drama al final de este capítulo, así que quienes anden muy sensibles, busquensé unos pañuelos (?). Este capítulo va dedicado especialmente a mi querida amiga Hechizada, porque bueno le prometí que no le haría nada a cierto personaje del fic y bueno, lo hice xD. Ser tan troll con mis personajes me volverá algún día y me voy a joder mal xD. Y por eso modero el drama (?) jajaajaja Gracias por leer, nos vemos abajo!


8

Perdidos y encontrados

El departamento de Jericho era muy amplio y luminoso. Estaba a media cuadra de la Universidad de Letras y tenía una vista espectacular. Un balcón enorme, tres habitaciones, una amplia cocina y un living gigantesco. Era increíble. Además, estaba en un décimo piso, completamente aislado de los sonidos de los autobuses y los autos que luchaban por avanzar en las complicadas calles de Nueva York. Era un lujo, un verdadero paraíso del estudiante universitario. Sin más ruido que el que uno quisiera poner con música, con mucha luz y súper espacioso.

Por eso, enseguida, se convirtió en uno de mis lugares favoritos de estudio. Claro que esto sucedió cuando yo mantenía mi firme postura de "chicas y chicos pueden ser amigos sin segundas intenciones", oponiéndome firmemente a las advertencias constantes que Garfield, Victor y Frank me hacían respecto a Jericho.

A Frank no le gustaba nada Jericho. Para aquel entonces, nunca lo había visto en vivo, pero estaba convencido de que no era más que un muchacho malintencionado que "se metía donde no lo llamaban, con una chica que ya tenía novio"; pero tras la gran discusión que habíamos tenido la noche que Tara y Benjamín habían terminado, su padre había aprendido a controlar su lengua en lo que a mi rubio amigo se refería. No le agradaba que yo pasara mucho tiempo con él, pero cada vez que yo indagaba al respecto, emitía un hondo suspiro y decía "Te quiero y confío en vos" como un monótono robot al cual se le había rayado su disco de voz.

En una de esas mañanas estudiantiles con Jericho — porque, por triste que suene, no hacíamos más que estudiar — interrumpimos nuestra lectura para tomar una taza de té. El rubio tenía una envidiable colección de saquitos de té de sabores exóticos. Nunca bebí tanto té en mi vida, excepto en el último mes del primer embarazo de Rachel, donde ella, negada a dejar de estudiar y trabajar, nos pidió a mí y a Kori que la ayudáramos con los quehaceres del hogar "algunos días" que se transformaron rápidamente en un mes entero. Pero esa es otra historia.

La cuestión es que mi elegante anfitrión sabía, definitivamente como tratar a sus invitados. Fue en una de nuestras juntadas, mientras aguardábamos a que el agua hirviera dentro de la tetera que mantuvimos una conversación que me dio mucho que pensar.

— Dime Luna, ¿Por qué empezaste a escribir? —Preguntó Jericho, volviéndose a mí luego de poner la tetera al fuego.

Sonreí. Algo que amaba en el mundo de las letras era que todos tenían razones para escribir. Adoraba escuchar los fundamentos y las locas historias que habían llevado a mis colegas a elegir su carrera. De más estaba decir que la mía no se quedaba atrás.

— Bueno, es una historia larga…

— Recién pongo el agua al fuego, Luna —Repuso Jericho, adelantándose ante mi timidez. —. Tenemos todo el tiempo que quieras, no tengo muchas ganas de volver a la lectura de los textos de Cervantes. —Ambos reímos. Ese autor sí que era tedioso.

— Verás, en mi último año de colegio mis amigas y yo tuvimos… —Busqué una palabra para sustituir "guerra" para que sonara menos agresiva. — un altercado con un grupo de chicos, podría decirse. — Jericho sonrió mientras asentía con la cabeza, haciendo que yo me sintiera menos loca por estarle contando de nuestra guerra. —Y bueno… Al final, en vez de terminar todos peleados, terminamos todos emparejados —Me reí nerviosamente mientras terminaba la oración.

— A fin de cuentas, de la guerra al amor, sólo hay un paso —Comentó Jericho sagazmente. Creo que cuando hizo eso, no supo que estaba dándome el título de mi primer gran libro. Curioso cómo las cosas suceden.

— Claro, exacto —Continué yo. —. Pero bueno, antes de eso tuvimos unas cuantas peleas con ellos y bueno, yo tuve un gran malentendido con el chico que me gustaba…

Evité mencionar a Frank. Siempre que estaba con Jericho hacía eso. Yo no era ciega a las tensiones que mi amistad con Jericho generaba, pero yo estaba segura de lo que sentía por mi novio y por Jericho. Al primero lo adoraba con mi ser, el segundo sólo me parecía un interesante amigo. Pero para evitar problemas, evitaba mencionar el nombre de uno frente al otro.

—… Y te parecerá estúpido, pero me sentí tan mal y tan sola que descargué mis frustraciones en un cuaderno — Expliqué mientras recordaba todo eso y la intervención de mis amigas al respecto. —, y me di cuenta de que eso me hacía sentir bien. Y que de hecho, escribía muy bien. Y antes de que pudiera darme cuenta, me enamoré de las palabras y su poder de alcance. Así que investigué sobre carreras universitarias, ya que yo iba a estudiar dibujo en mi ciudad antes de todo esto y… ¡Ta da! Heme aquí —Sonreí nerviosamente al terminar mi historia. Jericho comenzó a aplaudir levemente, apenas haciendo ruido con sus palmas.

— ¿Dibujo, eh? —Repitió Jericho mientras me daba la espalda para chequear el agua dentro de la tetera. —Así que ya cargabas con tu dolor antes de pelear con este chico…

— ¿Mi dolor? —Inquirí, alzando una ceja, extrañada.

— Claro que sí, tu dolor, Luna. Todas las manifestaciones de arte son consecuencias de un dolor irreparable, insanable — Explicó Jericho con suma tranquilidad. —. El arte no es más que lo que logramos reconstruir con los pedazos del corazón que no hemos podido volver a enmendar.

— Wow… Eso fue muy profundo —Exclamé yo, asombrada ante el alcance y la precisión de esa frase. El aludido sonrió entornando un poco los ojos. — ¿De qué autor es esa frase?

— Es mía — Respondió mi anfitrión, sin alterar su expresión siquiera un poco.

— ¿De verdad? —Él asintió con la cabeza. — Wow, Jericho… Es… Hermosa. De verdad, te felicito.

— Gracias —Aceptó él, volviendo a verificar que el agua hirviera y apagando la hornalla para quitar la tetera y preparar el té. — . Pero más que algo bello, Luna, es algo real. El arte es utilizar lo que está roto para hacer algo mejor con él… Todos los seres humanos cargamos con un dolor irreparable, pero sólo los artistas somos capaces de hacer algo bello con él.

Yo no podía parar de asentir con la cabeza, completamente hipnotizada por la sabiduría de mi compañero. Tenía razón, estaba completamente en lo cierto. Repasé rápidamente los dolores que aquejaban a cada una de mis amigas y vi que todas tenían su propia escapatoria al respecto. Abby cocinando, creando cosas espectaculares con sus manos, pero en la comida. Rachel estudiando, sacrificando todo su tiempo libre en hacer una carrera ejemplar para luego descargar sus frustraciones y energías ejerciéndola. Tara llenaba el vacío de sus dolores con una vida llena de superficialidades, no aferrándose a ninguna con demasiado ímpetu porque sabía que todo era efímero en ese mundo. Y Kori, que era la menos frustrada de todas nosotras, la más fuerte. La que mejor sabía ocultar sus inseguridades y por eso lograba dirigirnos desde siempre, hacia el camino con menos dificultades. Kori, la cheerleader, la líder, la más brava de las cinco Mosqueteras, descargaba sus tensiones en el arte.

Eso me hizo preguntarme si mi líder, mi compañera de departamento. Mi mejor amiga, no era la que más dolor cargaba de las cinco. El hecho de que hubiera decidido abocar su vida al arte por tener simple facilidad para crear cosas, no me parecía un motivo lo suficientemente fuerte como para sustentar su decisión. Las palabras de Jericho rebotaban en mi cerebro mientras intentaba sacar conclusiones sobre el presente de mis amigas. ¿Kori había elegido su carrera por ser la más adolorida de las cinco? ¿Estaría sufriendo en secreto como había hecho yo alguna vez, sin decirnos nada? Lo único que podía afirmar con precisión, era que nuestra pelirroja amiga era perfectamente capaz de cualquiera de las dos cosas.

Volvió a mi cerebro la determinación de mi amiga respecto al matrimonio. Ella no creía en él, a pesar de tener a sus padres unidos desde hacía mucho tiempo y de amar a Dick alocadamente. ¿Sería esa convicción producto de su dolor? ¿Era eso otro mecanismo de emergencia para ocultar sus verdaderas inseguridades?

Reprimí el impulso de salir corriendo del departamento de Jericho para ir a preguntarle a mi amiga si todo esto era cierto. Si ella era artista porque cargaba con un dolor que no podía resolver de otra manera. Si todas esas hermosas esculturas no eran más que una manifestación de sus más profundas inseguridades.

El sonido del chasquido de los dedos de Jericho me hizo volver a la realidad.

— Meidei, llamando a la señorita Ertorbrack, responda, ¿cambio? — Bromeó mi anfitrión mientras me tendía una humeante taza de té. Sonreí y tomé el objeto con mano temblorosa. —Volaste a otra galaxia, ¿verdad? ¿Acaso mis reflexiones te trajeron malos recuerdos?

— Para nada — Me apresuré a responder, desmereciendo la situación con un gesto de mi mano. —. Estaba… Meditando algunas cosas…

Jericho me sonrió y supo que no debía indagar más al respecto de mis cavilaciones.

—¿Vas a contármelo? —Inquirió él, mientras avanzábamos hacia la mesa de estudio para volver a enfrentarnos a nuestros textos.

— ¿Qué cosa?

— Tu dolor. Lo que hizo que empezaras a dibujar antes que escribir —Respondió él con absoluta tranquilidad, dejando su taza al lado de sus textos.

Jericho tenía unas maneras muy particulares. Todos sus gestos estaban cargados de una gracia especial, como si cada vez que pasaba una página o movía un objeto, estuviera bailando una delicada coreografía. Era muy delicado, sin llegar a ser amanerado y eso lo hacía un personaje aún más intrigante para mí.

Pero por más confianza que me inspirara, no me sentía atraída por la idea de compartir con él el más profundo de mis dolores. Yo sabía perfectamente qué era lo que me había hecho dibujar desde tan pequeña: mi sobrepeso. El hecho de que me molestaran en el colegio por ser gorda sumado a que no quería llorar para no verme débil, hacían que la única manera que tenía para descargarme fuera dibujando. Haciendo trazos. Retratando lo que nunca llegaría a ser o lo que esperaba ser algún día o lo que sabía que era imposible ser, para mí o para cualquiera. Pero yo ya había dejado ese pasado atrás. Decidir no hacer del dibujo mi vida profesional era como un pacto tácito que había hecho conmigo misma. El no dibujar de por vida era el contrato inexistente que fijaba las paces con aquel pasado que tanto me había esmerado por ocultar, superar y olvidar.

Tomé un sorbo de mi té y asomé la mirada por encima de la taza, para mirar a Jericho quien se mantenía expectante ante mi respuesta.

— Mis padres peleaban mucho cuando yo era pequeña — Mentí, con absoluta seguridad y recordé el rostro de Víctor sonriéndome y diciendo "Serías una gran abogada si quisieras, Luna". — y mi hermano mayor me molestaba, ya sabés como son los hermanos mayores…

— Ni que lo digas. Yo tengo un hermano pequeño —Acotó Jericho, tomando su taza entre sus manos. — y me he asegurado de hacerle la vida imposible — Canturreó risueñamente. Solté una risita nerviosa, complacida de que hubiera creído mi mentira.

— Pero luego crecí y todo se solucionó, así que abandoné el dibujo como haciendo las paces con mi pasado —Mentir es más fácil cuando decís algo de verdad en la mentira. Hace que te sientas menos culpable de ocultar información. — y comencé a escribir.

— Interesante postura, Luna —Observó Jericho, aún con su taza en la mano, mientras se dejaba caer completamente contra el respaldo de su silla. —. Déjame adivinar… El chico con el que te peleaste es Frank, ¿No es así?

Cada vez que Jericho largaba esas extrañas suposiciones, yo me preguntaba porque no estudiaba para ser detective.

— No, claro que no — Me apresuré a mentir, pero Jericho sonrió maliciosamente, logrando que yo tirara abajo mi mentira suspirando. —. Bueno, sí, es él.

— ¿Y tenerlo cerca no es un recordatorio constante del dolor que te causó? —Indagó el rubio, ácidamente. — ¿Acaso lo mantenés cerca de vos para que nunca se te olvide lo que sucedió y así poder escribir?

Yo estaba completamente horrorizada. ¿Cómo se atrevía a sugerir que yo utilizaba a mi novio como un elemento de trabajo? ¿Qué clase de mente maníaca estaba ofreciéndome té?

— ¿Qué? — Solté, contorsionando mi rostro mientras apoyaba la taza de té en la mesa con cierta violencia. — ¿Qué rayos te pasa? Yo no estoy con Frank para tener de qué escribir, yo a Frank lo quiero.

— Tranquila Luna, nunca insinué lo contrario. —Repuso Jericho, sin perder la calma. — Pero me intriga ese mecanismo tan tuyo… Dejaste de dibujar porque hiciste las paces con el dolor que te permitía crear ese arte… Simplemente me pregunto si tener a Frank con vos no es una forma de potenciar tus cualidades, nada más. Me pregunto qué pasaría si Frank y vos pelearan… —Tomó un rápido sorbo de su té. — ¿Podrías seguir escribiendo?

Yo no me di cuenta en aquel momento de qué era lo que Jericho pretendía con toda esa conversación. Lo interpreté como si estuviera desafiando mis propias aptitudes de escritora, mi derecho de ser estudiante de letras. Creí que en vez de buscar fragilidades en mi relación con Frank, estaba cuestionando mis facultades como escritora. Y eso, niños, me hirió en lo más profundo de mi orgullo. La mísera insinuación de que yo dependía de otro ser humano para ser quien era como artista, me dolió en lo más profundo.

Pero, ¿Saben qué? Su insinuación era cierta. Y yo estaba a punto de comprobarla.

— Por supuesto que podría seguir escribiendo — Contesté yo, tajante. —. No dependo de Frank para escribir. Si por él fuera, ni siquiera estudiaría letras.

— ¿En serio? —Inquirió mi anfitrión sosteniendo la taza con una sola mano, con rotundo interés. Le estaba diciendo lo que él quería escuchar, sin darme cuenta. — ¿A Frank no le gusta que estudies letras?

—No es que no le guste — Me apresuré a decir yo. —. Es que él cree que es una carrera con poca salida laboral.

— Comprendo… — Jericho volvió a ocultar su rostro tras la enorme taza mientras tomaba otro sorbo de té. — ¿Y vos no le explicaste qué salidas tiene, además de ser escritor?

Me eché a reír con ganas. Esa pregunta me parecía demasiado ingenua.

— ¿Me estás jodiendo? Me cansé de explicarle todas las salidas laborales que tiene —Respondí yo, repasando mentalmente todas las discusiones que Frank y yo habíamos tenido al respecto. —, pero él tiene miedo de todos modos. Tiene miedo de que no pueda concretar mis objetivos y eso me frustre.

— Vaya, siempre velando por tu bienestar —Comentó Jericho con cierto recelo, mientras tomaba un sorbo de té, más largo que el anterior.

— Por algo es mi novio — Rematé yo, sonriéndole tontamente. —. Pero yo siempre le digo que el que no arriesga no gana y que, a fin de cuentas, nos arriesgamos todos los días por cosas que valen menos la pena.

— Eso es cierto. —Puntualizó el rubio.

— Y a fin de cuentas, todo esto no deja de ser un trabajo previo para mi sueño — Continué yo. — y si no lo consigo… Me las ingeniaré para ser feliz de todos modos.

— Estoy seguro de que así será, Luna — Aceptó mi anfitrión, bajando su mirada unos instantes. Le sonreí, contenta de que volviéramos a coincidir. —. De todos modos, creo que esto no deberías decírmelo a mí, más bien deberías compartirlo con Frank.

— Ya lo he compartido. Es mi secreto para tranquilizarlo siempre que me ve desesperada con mis estudios —Repuse yo, sin dejar de sonreír. Jericho me devolvió la sonrisa.

— Qué bueno que tengan tanta confianza a pesar de ese altercado que hizo que terminaras aquí hoy —Jericho se puso de pie para llevar su taza a la cocina, mientras yo lo seguía con la mirada. —. Si las cosas suceden por algo, agradezco que hayan peleado en aquella oportunidad, pues me dio la chance de conocer a una gran amiga.

— Aw, qué tierno — Largué yo, sin pensarlo dos veces. Jericho asomó su rostro de la cocina, regalándome una expresión cargada de serenidad.

— Y me alegro de corazón que tengas una persona que vele por tu bienestar de esa manera, Luna. Lo merecés.

Recuerdo todo esto y pienso que era sorprendente la capacidad de Jericho para camuflar sus intenciones con bellas palabras. De nuevo, el alcance que tienen no deja de sorprenderme.

— ¿Te hago otra taza de té? —Me ofreció.

— ¡Por supuesto!

Llegué al departamento incapaz de ocultar mi sonrisa. Siempre volvía así de lo de Jericho, completamente embelesada por su genio literario y su sabiduría al hablar y compartir sus conocimientos conmigo. Nuestras conversaciones eran sumamente productivas; no sólo hablábamos sobre la carrera en sí, a menudo comentábamos sobre profesores de la universidad y su método de enseñanza. Siempre volvía con la certeza de saber mucho más que antes de haber ido.

Recuerdo muy bien esa tarde. Mi cumpleaños ya había pasado, sin festejo aparente ya que ninguna de nosotras podía juntarse; así que había definido festejarlo más adelante cuando todas pudiéramos vernos. Era Diciembre y el frío abrazaba mi delgado cuerpo mientras me abría paso por las concurridas calles de Nueva York para llegar a mi departamento. Era tanta mi alegría que había olvidado encender mi celular. Yo tenía la costumbre de apagarlo cuando estudiaba, porque si lo dejaba prendido, me quedaba enganchada a los mensajes que mis amigas enviaban en el grupo del Whatsapp — sistema de chat que ya existía en aquella época. Sí, niños, no me miren así. ¡No nacimos en la prehistoria!

Recordé encender mi celular cuando entré al edificio. El sonido de un trueno me estremeció un poco mientras ponía mis pies en el hall del lugar. Estaba por llover. Giré sobre mis talones, aún con el celular encendiéndose, para observar las primeras gotas de lluvia estamparse contra el vidrio de la entrada del edificio. Me alegré de haber llegado a casa justo a tiempo, evitando mojarme. Con la falsa certeza de sentirme afortunada, me metí en el ascensor para marcar el botón con el número tres en él y comenzar a subir.

Mi celular tardaba bastante en encenderse, por lo que enseguida despegué mis ojos de él para buscar las llaves en mi cartera. El repentino sonido de un golpe seco hizo que mi estómago se hundiera dentro de mí. No importaba cuánto tiempo llevaba viviendo en aquel edificio, jamás me acostumbraría a la frenada de los ascensores y la sensación que eso producía en mi interior. Respiré hondo para recuperarme rápidamente y abrí la puerta del ascensor para salir al pasillo del piso de mi departamento.

Avancé jugueteando con las llaves entre mis dedos, haciendo ruido, sabiendo que si Kori y Tara estaban en el departamento, al oírme llegar me abrirían la puerta. Fue entonces cuando volví la vista a mi celular, que por fin había terminado de encenderse. El anuncio de varias llamadas perdidas de distintos remitentes despertó mi curiosidad. Mucho más cuando vi que Frank era uno de ellos.

— Qué extraño — Comenté revisando las llamadas mientras abría la puerta del departamento, girando la llave dentro de la cerradura. Frank, Kori, Tara, Rachel… Todos ellos me habían llamado. ¿Qué había ocurrido?

El departamento estaba en penumbras, alumbrado únicamente por los débiles rayos de luz que todavía se escurrían entre las tormentosas nubes y la orquesta de truenos que acontecía fuera de nuestro hogar. Colgué mi abrigo y mi cartera en el perchero que teníamos al lado de la puerta de entrada y caminé con la vista clavada en la pantalla de mi celular, intentando resolver el misterio de las llamadas perdidas.

La oscuridad del departamento era tal que no pude evitar sobresaltarme al descubrir las figuras de Kori y Tara sentadas en la mesa de la cocina. Ninguna de las dos hablaba, algo verdaderamente raro en ellas. Giraron sus cabezas cuando me vieron entrar, mientras yo me recuperaba del susto que me había producido ver sus figuras tan de repente.

— Mi Dios, chicas… ¡Qué susto! Pensé que no había nadie —Exclamé yo, con una mano en el pecho mientras respiraba agitadamente.

— Luna —Susurró Kori, con el semblante entristecido. Más veía y menos me gustaba todo. Pero sobre todas las cosas, menos comprendía qué sucedía. —, te estuvimos llamando toda la tarde. ¿Dónde estabas?

— Lo sé, eso estoy viendo — Expliqué mostrando el celular en mi mano. —. Es que estaba estudiando con Jericho y siempre apago el celular para evitar distraerme… ¿Qué pasó? —Pero antes de que Kori pudiera contestar, mi celular comenzó a sonar. Era Frank.

Levanté mi mano indicándole a Kori que guardara silencio y le mostré que era Frank quien me llamaba. Kori asintió con un gesto de la cabeza, como si alguien le hubiera quitado un peso de encima al haberle negado la palabra. La intriga me carcomía mientras apretaba el botón del telefonito verde para atender a mi novio.

— ¿Hola?

Luna…— La voz de Frank se oía temblorosa, cargada de una tensión particular muy distinta de su tono habitual que demostraba completa seguridad. — Estuve llamándote toda la tarde, ¿Dónde estabas?

— Estudiando — Obvié decir "con Jericho" para evitar peleas. — ¿Qué pasó?

¿Estás con Tara y Kori? ¿No te dijeron nada?

— No, Frank, nadie me dijo nada —Contesté, elevando un poco el tono de voz. Tanta intriga estaba poniéndome nerviosa. — ¿Qué rayos sucede?

Victor me llamó hace dos horas... Tuvo que ir por Abby a Portugal. —Pero mientras más avanzaba la explicación, yo menos comprendía.

— Pero, ¿Por qué? ¿Qué ocurrió?

El padre de Abby murió. —Lo dijo de sopetón, como quien deja caer una carga pesada con brusquedad.— Tuvo un infarto esta tarde, acá en el hospital de Nueva York — En el fondo de mi ser, yo sabía que Frank esperaba una respuesta de mi parte, pero yo era incapaz de articularla. Kori asintió con un gesto de la cabeza, mientras bajaba la mirada, interpretando por mi expresión que yo ya había recibido las horribles noticias que había conseguido esquivar durante todo el día. —Abby estaba en Portugal cuando todo pasó. Apenas se enteró, llamó a Victor y él fue a buscarla allá mismo porque ella estaba paralizada por la angustia…

Pero yo no necesitaba ninguna explicación de mi novio. No quería saber cuánto había pagado Victor para ir por su novia ni de dónde había sacado el dinero. Ni siquiera quería saber dónde velarían al señor Bee. Lo único que yo quería hacer era correr a abrazar a Abby, aunque no tuviera idea de qué decirle al respecto.

—… Van a velarlo mañana por la tarde — Continuaba Frank, como un disco rayado incapaz de detenerse. Era como si hubiera estado atragantado con todas esas palabras por mucho tiempo y ahora tuviera que liberarlas de una vez. — en el Memorial Center. Yo tengo clase y Dick también, pero vamos a ir un rato aunque sea. Rachel está viajando para Nueva York, se quedará en lo de Garfield… ¿Quieren que las pasemos a buscar mañana y vamos todos juntos?

No podía responder. No me cabía en la cabeza todo lo que mi novio estaba diciéndome. ¿El padre de Abby muerto? ¿De un infarto? ¿Cómo había ocurrido eso? Eran escasas las veces que yo había visto a ese hombre en mi vida, no era un ser humano trascendental para mí; pero simplemente no me entraba en la cabeza la idea de que mi amiga hubiera perdido a su padre a una edad tan corta.

Y entonces mi mirada se esclareció y vi a Tara y a Kori frente a mí, observándome expectantes, guardando silencio. Y supe entonces que dentro de ellas se libraba la misma lucha de sentimientos encontrados que estaba librándose dentro de mí.

— Mañana te llamo para arreglar eso, Frank. —Fue lo único que fui capaz de articular. — Tengo que colgar.

Está bien — Aceptó él, una vez que su verborragia había cesado. —. Te quiero, Luna.

—Yo también. —Y corté.

Miles de preguntas invadieron mi cerebro, causándome un fuerte y repentino dolor de cabeza. ¿Cómo había pasado eso? ¿Era realmente cierto? ¿Una de nosotras ya había perdido a su padre? Pero la más incesante de todas no era una pregunta que buscaba averiguar el cómo de las cosas… Sino que era el Porqué. ¿Por qué a Abby? ¿Por qué a su padre? ¿Por qué ahora? ¿Por qué había tenido que perder a su padre estando tan lejos de él, sin tener la chance de despedirse? ¿Por qué había tenido que irse en aquel momento, estando ella a dos años de terminar su carrera? ¿Por qué no viviría lo suficiente para verla crecer, formar una familia, ser feliz…?

Me quedé parada mirando a la nada, con la vista dirigida a mis amigas sin verlas realmente, hasta que divisé como Kori se ponía de pie y venía hacia mí, para abrazarme. No supe porque ni cómo ella lo supo antes que yo, pero necesitaba ese abrazo. Me aferré a mi amiga, con fuerza y sentí como ella lloraba apenas moviéndose un poco y poco a poco las lágrimas se desprendieron de mis ojos también.

El llanto no era producto de la pérdida en sí, sino que llorábamos por nuestra amiga. Por su dolor, que sentíamos en nosotras por ser tan cercanas. Por la impotencia que todo nos provocaba. Por los porqué que nunca seríamos capaces de respondernos a nosotras mismas ni a Abby. Llorábamos por la distancia que apremiaba las circunstancias. Pero por sobre todas las cosas, llorábamos por miedo. Por miedo de ser las siguientes. El miedo de saber que podría habernos pasado a nosotras. Llorábamos por el miedo de haber descubierto que no éramos eternas y mucho menos nuestros padres.


Bueno... les dejo mis preguntitas (No, chicalista, jamás se me irá la preguntitis xD)

1)¿Qué les pareció la conversación entre Jericho y Luna?
2)¿Realmente creen que todas las muestras de arte surgen de algún dolor?
3)¿Se esperaban que alguien muriera tan de repente?
4)¿Cómo reaccionarían ante una noticia de este calibre? ¿Les pareció realista la reacción de las chicas?

¡Feliz año nuevo! Que todos sus sueños se cumplan y que sean muy felices. Gracias por leerme, esto es todo por ahora. Las quiero (:

Coockie