Holaaaaaaaa mis queridas y queridos seguidores! Saludos a todos desde el más allá... Jajajaja, bromeo, no he muerto. Repito: no he muerto. Solamente he tenido que estudiar bastante para la universidad pero bueno ¡He salido bien! Así que estoy super contenta y por eso decidí venir a actualizar... La verdad es que no tenía intenciones de retrasarme tanto, pero quienes me siguen en otros proyectos saben bien que yo soy como un pulpo e intento repartirme en todo lo que hago de la forma más uhm... ¿Equitativa? (jajaja) posible. Como siempre me resta decir ¡MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS! Sé que no hice tiempo a contestar ninguno, pero no por eso quiere decir que no los haya leído. Gracias también a quienes añadieron a favs/follow en este tiempo, ¿Sería mucho pedir que me dejen un review con su opinión?
Últimamente he tenido la dicha - o desdicha, no sé - de descubrir a muchos fantasmas. ¿A qué llamo yo fantasmas? A la gente que me lee y no me lo hace saber. ¿Cómo los he descubierto? Simple, se les ha "escapado" que me conocen por tal o cual fic... Y hasta encontré una página en fb que andaba recomendando la primer parte de este fic... O sea, ¡Es una locura! A lo que yo realmente voy es ¿Por qué ya nadie deja reviews? No es algo que me acoja a mí solamente como fiktioner, sino que es "un mal común" entre autores. ¿Por qué ya nadie se toma el tiempo de comentar lo que ha leído? ¿Por qué le dan follow y fav pero no dicen qué opinan al respecto? Creo que hablo en nombre de todos los escritores cuando digo que QUEREMOS SABER qué generamos con lo que escribimos. Esto es arte, tan artístico como un dibujo de GretLusky. Bueno, quizá no tan artístico, ella es lo máximo ajajajajaja; pero a lo que voy es que a los fiktioners también nos gusta saber qué generamos en nuestros lectores. Con un "follow" o un "fav" no sabemos bien qué pensar al respecto. Así que, sumaré esta cuestión a mi interrogatorio de hoy: ¿Por qué ya nadie deja reviews? Tanto lectores como escritores, ¿Por qué ya nadie se toma el tiempo de redactar un buen review o simplemente mandar un mp al escritor diciendo qué piensa? Y no hablo de "continualos" o "qué lindo" o sea, no me atengo nomás a lo positivo, no señor. No hemos llegado aquí a fuerza de "qué perfecto escribís", al contrario. Hemos llegado por críticas - siempre que fueran constructivas, claro - y correcciones. En fin, me dejo de chácharas y vuelvo a lo concreto... ¿Por qué ya nadie deja reviews o te dice lo que piensa en un mp?
Se las dejo picando, espero su respuesta... Nos leemos abajo!
10
¿Casualidad o destino?
— No puedo creer que el padre de Abby esté muerto — Fue lo primero que el tío Victor fue capaz de murmurar una vez que el velorio de su suegro había terminado.
Habíamos despedido a Abby, quien se había ido a su casa con su madre, con la promesa de pasar las fiestas en Nueva York junto a ella para no dejarla sola en épocas que a partir de aquel entonces, se habían vuelto difíciles. Ninguno insistió en que se quedara con nosotros, ya que enseguida comprendimos que necesitaba estar sola un tiempo, como no lo había estado desde que la desgarradora noticia había llegado a su vida. Ya era de noche cuando Victor las había dejado en su casa. También nos había llevado a nosotras en el auto — apretadas como en auto de payasos — para que no tuviéramos que tomar un tercer taxi aquel día gris. Fue entonces cuando el celular de Kori comenzó a sonar y ella, en un acto de flexibilidad digno de una acróbata del Circo du Solei, logró enterrar su mano en su cartera, la cual se hallaba perdida bajo el asiento de Victor, y atender su teléfono.
Era Dick. Llamaba para preguntar cómo estábamos y cómo estaba Abby. Yo no me cansaba de admirar esos gestos. Desde que habíamos "fusionado" los dos grupos, Dick había asumido un rol de líder innato. Era como si siempre lo hubiera tenido dentro de sí, reservándolo para sacarlo cuando realmente fuera necesario. Por más que no nos conociéramos tanto — o al menos, eso creíamos — Dick siempre velaba por el bienestar general del grupo. Era el único de los nueve que tenía el número telefónico de todos (Yo no tenía ni el de Garfield ni el de Victor) y siempre se las ingeniaba para localizarnos. Era el primero en advertir qué temperatura tendríamos si decidíamos juntarnos un día al aire libre y en caso de creerlo necesario, nos notificaba al respecto para que lleváramos ropa acorde.
Pero definitivamente, lo que más admiraba de su tío Dick respecto a sus cualidades de líder, es que no era un sujeto entrometido. Dick sabía perfectamente cuál era el límite. Como ya les dije anteriormente, siempre ha tenido un manejo de las palabras admirable, por ende sabía cuándo debía detener sus interrogatorios y reconocía al instante el punto exacto en que una situación se volvía incómoda. Cualidades que lo ayudaban en múltiples situaciones pero que no lo salvaban de equivocarse como a cualquier ser humano.
Así que, luego de que Kori le proporcionó un detallado informe de la situación, Dick nos invitó amablemente a su departamento para que tomáramos algo. Antes de que Rachel pudiera ofrecerse a avisarle a Garfield, el novio de Kori informó que ya estaba ahí con ellos. Kori aceptó, le avisó a Victor y nos dirigimos a la residencia Grayson — Bishop.
Una vez ahí, Victor lanzó el comentario. Fue lo primero que se permitió decir respecto a todo lo que habíamos vivido. No pude evitar posar una mano en su hombro, en clara señal de aliento. No era que Victor tuviera una relación muy afectiva con su suegro, lo que realmente aquejaba al moreno era el dolor de su novia. Era una suerte de angustia compartida: ninguno sentía dolor por la pérdida del señor Bee, sino por cómo se sentía Abby al respecto.
— ¡Viejo, cumpliste el sueño de todo nuero: tu suegro murió! —Comentó Garfield, mientras intentaba alegrar la situación con sus usuales bromas. Frank resopló poniendo los ojos en blanco y sin decir una palabra, giró sobre sus talones para prepararse otro Whisky. Victor se limitó a mirar a Garfield con un dejo de tristeza en su mirada, mientras Rachel apoyaba su mano en el hombro de su novio y murmuraba mientras negaba con un gesto de la cabeza:
— Mal lugar y mal momento, amor. Mal lugar y mal momento. —El rubio miró a su prometida expectante y cambió su semblante por uno más serio.
— Lo siento, Vic. —Murmuró el rubio sonriéndole tristemente a su mejor amigo. — Sólo quería alegrar un poco el ambiente.
— Lo sé, Gar y te lo agradezco. Pero no es a mí a quien tendremos que animar… —Contestó el moreno, paseando la mirada por nuestros rostros. Todos asentimos con un gesto de la cabeza mirando a Victor y pude sentir como el penetrante olor a Whisky llegaba hasta mi nariz. Algo envolvió con fuerza la mano que yo tenía libre bajo la mesa y observé como Frank se sumaba a nosotros, apretando mi mano con la suya. No dije nada y le devolví el gesto, apretando su mano también.
— Es increíble que alguno de nosotros ya haya perdido a uno de sus padres —Soltó Tara, mientras miraba el contenido de su vaso con mucha atención. Ella también estaba tomando Whisky. —. Siempre pensé que el primero sería Benjamin, porque era el más grande del grupo.
Nadie dijo nada y estoy segura que tanto Rachel como Kori tuvieron que hacer un esfuerzo para no soltar su vaso por la sorpresa que les había producido que la rubia hubiera mencionado a su ex novio tan repentinamente con tanta soltura. El tema Benjamin había quedado eximido de toda conversación desde el incidente de la borrachera. Todos habíamos acordado tácitamente que no mencionaríamos al súper modelo excepto en caso de vida o muerte; por lo que ninguno sabía cómo reaccionar ante el comentario de Tara.
— ¿Y los padres de él aún siguen vivos? —Fue Dick quien rompió el silencio certeramente, haciendo una pregunta que no alteraría a Tara ni quedaba fuera de contexto. El moreno estaba apoyado contra la mesada donde sendas bebidas alcohólicas estaban destapadas — ya que todos habíamos tomado algo distinto —mientras abrazaba a Kori por la cintura, parada delante de él.
— Supongo — Contestó Tara tomando un sorbo de su whisky. —. La última vez que lo vi, no me dijo nada al respecto, así que supongo que todo sigue igual… —Todos suspiramos aliviados, pero luego la rubia retomó su discurso. —Aunque Benjamin siempre fue muy discreto con esas cosas, así que cabe la posibilidad de que algo haya pasado y él no me lo haya dicho…
— Tara, realmente no creo que nada… —Comenzó a responder Dick, pero Tara continuó hablando, con tranquilidad.
— Pero si eso ocurriera… No tendría nada de malo, ¿cierto? — Continuó la supermodelo, liberando una leve sonrisa. —A fin de cuentas, no somos nada. No tendría por qué contarme esas cosas… ¿No es así?
Kori, Rachel y yo intercambiamos fugaces miradas ante el interrogatorio de nuestra amiga, intentando deducir a qué venía la extraña reflexión que estaba haciendo frente a nosotros. Garfield y Victor no desprendían sus ojos de Tara, observándola con preocupación, sin saber bien qué responderle.
— Parece que Holman enloqueció al fin —Comentó Frank en un murmullo que solo yo pude oír. Le di un codazo bajo la mesa, lo suficientemente fuerte para que lo sintiera y luego me volví a él para fulminarlo con la mirada, con la esperanza que entendiera que había ocasiones en donde debía reservar su sarcasmo. Pero eso, como ustedes bien saben hijos, es algo que su padre no ha podido aprender aún.
Antes de que Frank pudiera contestarme algo, antes siquiera de que Garfield pudiera decir algo gracioso o Victor alguna palabra de aliento para acabar con la insoportable tensión que se había generado en el ambiente. Antes de que Rachel dijera algo cargado de racionalidad, que haría que nuestra amiga se sintiera mejor, o que Kori intentara gastarse en palabras alentadoras. Antes de que yo pudiera siquiera terminar de procesar lo que estaba ocurriendo, Dick soltó a su novia y cruzó el lugar en tres largas zancadas, parándose delante de Tara. La rubia lo miraba sin decir nada y la luz de un auto pasando por la calle iluminó el lugar entrando por la ventana, haciendo que notáramos que sus ojos estaban vidriosos. Todos observábamos expectantes, demasiado temerosos para interrumpir el silencio de templo que se había apoderado de la escena.
Y entonces Dick extendió sus brazos hacia Tara y la apresó contra sí, dándole un confortable abrazo. La rubia comenzó a llorar violentamente y nadie necesitó explicación: Tara aún quería a Benjamin. El hecho de ver a su mejor amiga perder al ser que más amaba en el mundo, la había hecho pensar sobre sus propios afectos, al igual que a todos nosotros. Y Dick lo había entendido antes que cualquiera.
Nadie dijo nada, sino que mantuvimos el silencio del lugar, respetuosos del motivo por el cual lo habíamos instaurado en la escena.
Navidad había pasado sin ningún inconveniente más que la melancolía que siempre acarrean las fiestas por sí mismas. Todos habíamos vuelto a nuestras respectivas ciudades para estar con nuestras familias durante aquella noche, excepto Tara quien había pasado Noche Buena en un elegante agasajo que se había hecho en un reconocido hotel de Nueva York. Nadie se había atrevido a cuestionar su decisión y habíamos vuelto a instaurar la amnistía respecto a mencionar a Benjamin. Desde la noche del entierro del padre de Abby, la reacción de Tara seguía sin tener fundamentos aparentes, escapando más allá del razonamiento que todos habíamos hecho esa misma noche. Tácitamente habíamos decidido que lo mejor sería no indagar al respecto, dejando que las cosas fluyeran como debían fluir.
La tarde del veintisiete de Diciembre, Kori y yo debimos volver a Nueva York para pagar el alquiler del departamento. Por más que podríamos haber mandado a Tara a que lo hiciera, el hombre que nos alquilaba siempre insistía en que lo hiciéramos en vivo para "asegurar la efectividad de la transacción". Así que, a regañadientes, habíamos vuelto para realizar la dichosa entrega y revisar el estado en el que Tara mantenía el departamento. Desafortunadamente, la tarde del veintisiete, la maldita oficina del dueño estaba cerrada por "fiestas", por lo que debimos quedarnos en Nueva York un día más para efectuar el maldito pago.
Fue gratificante abrir la puerta de nuestra morada y encontrarla entera. Sí, Tara había dejado un par de vasos sin lavar y algo de ropa tirada sobre mi cama, pero fue un alivio comprobar que el lugar no estaba lleno de desconocidos teniendo una fiesta y que no había ningún hombre extraño durmiendo en nuestro sillón.
Pero, lamentablemente, la dichosa calma se vio perturbada, precisamente el veintiocho por la mañana, mientras Kori y yo desayunábamos aguardando a que se hiciera el momento de irnos hacia la maldita oficina de pagos para largarnos de una vez por todas de Nueva York. Nos estresaba estar en esa ciudad en tiempos de Fiestas familiares, que destinábamos a relajarnos con las personas que menos veíamos en el año. Fue mientras Kori cambiaba de canal sin detenerse, que el flash de una imagen llamó mi atención.
— Espera — Dije yo, con mi taza de café en la mano. Kori dejó de cambiar y me miró, esperando más instrucciones. —, volvé para atrás, creo que vi algo. — La pelirroja comenzó a retroceder canal por canal, lentamente hasta que yo vi lo que creía haber visto. — ¡Ahí! —Ordené, haciendo que Kori se detuviera estáticamente. Las dos clavamos la vista en la pantalla, sin dar crédito a lo que veíamos…
¡Benjamín estaba en la televisión!
Kori subió el volumen, mientras yo chequeaba con la mirada que Tara no se asomara de la habitación para venir a desayunar. Una presentadora hablaba en la pantalla, con el cabello teñido de rubio hasta el cansancio y una sonrisa estática en su cara, de una forma notoriamente antinatural.
— Y en otras noticias de la farándula… ¡Malas noticias chicas! El reconocido modelo de Ropa interior, Benjamín Roberts fue oficialmente pescado. Lamento mucho notificar que está fuera del mercado —Abrí los ojos como dos platos y miré a Kori, sin poder creer lo que estaba escuchando.
— La puta madre… —Oí que murmuraba Kori, mientras subía más el volumen y controlaba que Tara no se asomara.
— ¡Así es! Las cámaras han captado al codiciado supermodelo a los besos con una modelo sueca, muy joven por cierto — Añadió ácidamente la presentadora, mientras seguía sonriendo como psicótica. —, lo cual es muy llamativo, puesto que Benjamin ha dejado muy en claro en sus declaraciones cuanto aprecia su intimidad y el esfuerzo que pone para que no se sepa nada más que lo que él quiere revelar.
— Kori, apágalo — Ordené monótonamente, temerosa de que Tara despertara. Pero la pelirroja observaba la pantalla boquiabierta, al igual que yo, negándonos a creer lo que estábamos viendo. —. Kori, vamos, Tara podría despertarse y verlo…
— En instantes, fotografías —Anunciaba la presentadora, sin dejar de mostrar los dientes mientras aguardaba por el cambio de pantalla.
A continuación, vimos la foto de Benjamín, abrazado a una muchacha de cabello negro, largo hasta la cintura. La joven era muy delgada y pálida, pero aun así se veía complacida de estar abrazando al muchacho. Segundos después, la fotografía cambió, mostrando a Benjamin besando a la joven, en una pose muy incómoda porque la chica era mucho más baja que él.
— ¿Creés que exista alguna posibilidad de que eso sea Photoshop? —Indagué yo, mordiéndome el labio por la angustia que me causaba lo que estaba viendo.
—No sabés cuánto me gustaría que así fuera, Luna —Respondió Kori, mientras negaba con un gesto de la cabeza mirando la pantalla.
—Apágalo, Kori — Pedí yo, volviéndome a mi amiga. —. Ya es suficiente. Si Tara lo ve…
— Tarde o temprano se enterará — Repuso Kori, mirándome con preocupación.
— Prefiero tarde que temprano — Aseguré yo, conociendo la desdicha que traían esa clase de noticias mientras volvía mi vista hacia el televisor. —. Por favor, apágalo.
— Esa chica no es sueca, es de acá… Y se llama Anne.
— No me interesa si es de Rusia o de Noruega, Kori, apágalo… —Ordené volteando nuevamente. Pero quedé boquiabierta ante lo que mis ojos me mostraban. — Tara… —Fue todo lo que conseguí balbucear mientras observaba a mi rubia amiga, en bata y con una toalla en la mano, mientras se cepillaba los dientes con entusiasmo parada a mi lado. De alguna forma, se las había ingeniado para aparecer en escena sin que nos diéramos cuenta — ¿Hace cuánto que estás despierta…?
La rubia me miró sonriendo con suficiencia, y con la boca llena de pasta dental dijo:
— Amor, la noticia la pasaron anoche. Esto no es ninguna primicia —Respondió la rubia, aclarando todas mis dudas de un saque. Quise morir y revivir para que la tierra me tragara. — La vi casi a las tres de la madrugada, cuando me levanté porque no podía dormir por el sonido de los autobuses pasar… ¿O crees que falta medio kilo de helado del freezer porque Santa Claus se lo comió? —Finalizó con sorna, volviendo al baño para escupir en el lavabo la pasta dental. Kori y yo nos miramos notoriamente incómodas, mientras ambas nos poníamos de pie para seguir a nuestra amiga por el departamento.
—Y… em… ¿Cómo te lo has tomado, Tara? —Inquirió Kori con cierta timidez, temiendo por la respuesta que pudiera recibir.
— Ya sabés… ¿Qué te puedo decir? —Suspiró Tara, apoyada en el marco de la puerta del baño. —La vida sigue y él siguió con ella… Yo no podía pretender que me esperara por siempre, ¿No? — Kori y yo asentimos con la cabeza, como dos autómatas. — Además, y lo digo de corazón, me alegro mucho por él. ¡En serio! No se merecía estar con una tipa que no quisiera lo mismo que él… Me pone muy feliz que haya encontrado a alguien con quien construir un futuro como el que él quiere. —Y dicho esto, la rubia giró sobre sus talones con absoluta tranquilidad, cerrando la puerta a sus espaldas para bañarse. Kori y yo mantuvimos silencio hasta que oímos las gotas de la ducha comenzar a caer y supimos que nuestra amiga no podía escucharnos.
— ¿Le creíste? —Preguntó la pelirroja alzando una ceja, dubitativa.
— Ni una puta palabra —Contesté yo.
Se estarán preguntando porqué su tía y yo estábamos tan seguras de que Tara estaba mintiendo. Verán, cuando uno termina una relación y aún le quedan sentimientos por la otra persona pero la otra persona demuestra claramente que no le corresponde en ese sentir, hay una serie de mentiras que uno dice más para convencerse a sí mismo que para convencer a sus amigos. Es engañarnos a lo que no queremos ver con la esperanza de que duela menos. Durante el correr de los siglos y por toda la posteridad, las personas se han esmerado en reformar estas célebres frases con la esperanza de camuflar sus sentires mucho más; pero la triste realidad es que todos terminan diciendo lo mismo. La frase "Me alegro de corazón porque él está feliz" era un claro ejemplo de lo que acabo de explicarles. Pero no se confundan, hijos, estas mentiras no eran para nosotras. Tara no las decía con el fin de que dejáramos de preguntarle sobre su sentir, lo hacía con el fin de creérselas ella misma; pues ese es el verdadero mecanismo de estos clichés: mentirse a sí mismo.
De modo que cuando Tara nos dijo eso aquel día, Kori y yo paramos nuestras antenas, expectantes ante las señales que nuestra amiga iba dando sobre cuánto le seguía importando Benjamin. Pero lo que ninguna de las dos supuso, fue la propuesta con la que Tara se alzó tras salir de la ducha.
— Pasenme el teléfono —Indicó la rubia mientras se secaba el cabello con la toalla. Kori y yo nos miramos intrigadas.
— Tara… ¿A quién pensás llamar? — Preguntó Kori cruzándose de brazos, preparada para la locura con la que nuestra rubia amiga nos podía llegar a salir. La rubia puso los ojos en blanco y le arrebató el teléfono de las manos a Kori, quien se precipitó hacia ella para intentar recuperar el artefacto. Pero la supermodelo la detuvo con un gesto de su mano.
— Kori, tranquila. No voy a mandar a matar a Benjamín, ¿sí? Todavía no hice ninguna amistad con algún mafioso — Pero esa respuesta no nos dejaba tranquilas y lo demostramos en nuestros rostros. Tara volvió a bufar, harta de nuestra inseguridad y dijo: —. Calmense. No voy a hacer nada estúpido, se los prometo. Solamente tengo que hacer una llamada.
— De acuerdo — Acepté yo, deteniendo a Kori que pensaba arrebatarle el teléfono de todos modos. —. Estaremos en la cocina por si nos necesitas.
— No es necesario que se vayan — Aseguró la rubia. —. De hecho, sería conveniente que se quedaran, esto también les compete a ustedes.
— Tara te juro que si le hacés algo a Benjamin y nos implicás a nosotras te echo del departamento —Le advirtió Kori, librándose de mi agarre para acercarse a Tara amenazadoramente.
—Ya, Kori — Repuso Tara, alejando a Kori empujándola levemente, pero la pelirroja se mantuvo firme como una piedra. La rubia suspiró, entendiendo que tendría que aclarar un poco más el panorama antes de realizar la dichosa llamada. —. ¿Se acuerdan de la promesa que les hice hacer para que Rachel aceptara que le pague el vestido? — Asentimos con un gesto de la cabeza. —Bueno, voy a llamar a Rachel para decirle que es momento de la paga…
— ¿Y cuándo se supone que vamos a salir? —Pregunté yo.
—En Año Nuevo —Respondió Tara con toda tranquilidad.
— ¿¡QUÉÉÉÉÉE!? —Exclamamos Kori y yo al unísono ante la propuesta de nuestra amiga.
—Lo que oyeron —Habló la rubia mientras comenzaba a discar en el inalámbrico, pero antes de que siguiera Kori le arrebató el teléfono y cortó. — ¡Hey!
— Tara, ¿Vos sos o te hacés? —Le espetó Kori, frenándola con un ademán de su mano.
— ¿Por qué lo preguntás?
— ¡Porque nos estás pidiendo a todas que salgamos una de las pocas noches que estaremos con nuestras familias! —Exclamé yo, fuera de mí misma.
El tiempo en familia se había vuelto invaluable por la distancia que nos acontecía. Sé que sonará incoherente e inclusive imposible, mis niños, pero cuando a ustedes les toque alejarse de aquí para estudiar lo que aman, verán que la única dificultad no está en estudiar grandes cantidades de textos en poco tiempo, ni en aprender a cocinar por su cuenta ni en administrar bien los gastos… La dificultad estará en mantener los afectos y en conservarlos a pesar de cualquier tempestad. El tiempo, que antes sobraba cuando éramos más chicas, era en aquel momento el más grande de los tesoros y mucho más cuando era compartido con personas que no veíamos muy a menudo.
— Tara, el hecho de que vos no tengas con quien pasar las fiestas, no quiere decir que nosotras nos encontremos en igual situación. — Dijo Kori, diciendo con absoluta naturalidad lo que ninguna se animaba a decir. Pero la pelirroja se arrepintió en el instante en que terminó la oración tras ver la reacción de Tara ante sus palabras. — Escucha, lo siento… No quise…
— No, Kori, lo dijiste muy bien —Repuso Tara sonriendo a pesar del dolor. —. Yo no tengo con quien pasar las fiestas. Las personas con quien debería pasarlas son las últimas que quiero ver en el planeta, eso es completamente cierto…
Nos quedamos en silencio, mordiéndonos los labios, intentando pensar una manera de reponer lo que ya estaba hecho. Nada podíamos hacer contra la triste realidad de Tara, como ella bien había dicho el día que nos había contado que se había separado de Benjamin; la rubia era un pichón en un nido de culebras. No tenía con quién pasar las fiestas, eso era cierto, pero tampoco servía de justificativo para prohibirnos a nosotras pasarlo con nuestras familias. Era una encrucijada más complicada de lo que parecía.
Nos quedamos en silencio y sin decir nada, la rubia giró sobre sus talones y se dirigió hacia su habitación. El resto del día pasó sin otra improcedencia. Kori y yo fuimos a la dichosa oficina — que esta vez sí estaba abierta — para efectuar el maldito pago y volver a Nueva York. Caía la noche de aquel veintiocho de Diciembre mientras nos dirigíamos al aeropuerto en taxi. Apenas nos habíamos despedido de Tara al irnos y no la habíamos visto nada bien.
—Kori… —Comencé yo, sin despegar la vista de la ventana, que me mostraba la nublada visión de la ciudad que atravesábamos.
— Dime, Luna. —Habló la pelirroja, suspirando exhausta a mi lado.
— ¿Sería muy descabellado sugerirle a Tara que pase las fiestas con nosotras? —Kori me sonrió con lástima ante mi interrogante.
— No sería nada descabellado, Luna. De hecho sería un buen gesto — Apuntó ella sin abandonar su lastimosa mueca, y antes de que terminara la oración, pude adivinar el porqué de su negativa. —, pero Tara no querrá. Estoy segura.
No podía rebatir a Kori en eso: Yo también estaba segura de que Tara no querría viajar al nostálgico pueblucho donde habíamos hecho el secundario para encerrarse con muchos desconocidos y pasar las fiestas ahí, mirando la nieve caer, con gente que no le removía ni el más obtuso de sus sentimientos. Y no podía culparla por eso, estaba en su total derecho de no querer aceptar mi invitación; pero yo me iba a sentir culpable si nunca lo sugería en voz alta.
Bajamos en el aeropuerto, con una única valija que habíamos acordado compartir para tener que trasladar menos cosas por el escaso tiempo que pasaríamos fuera de Nueva York. Yo la arrastré tranquilamente, caminando detrás de Kori quien se dirigía con ímpetu al mostrador para comprar los boletos.
— ¿Qué quiere decir con que no hay más boletos? —Inquirió la pelirroja, arqueando una ceja extrañada. La pobre recepcionista negaba con la cabeza temblorosamente, asustada ante el interrogatorio violento que mi amiga le había hecho. — ¿Cómo puede ser posible? ¿No hay siquiera un miserable pasaje a Jump City? ¿Ni uno?
La mujer volvió a negar con la cabeza. Temiendo por la salud mental de mi amiga, quien no se esmeraba en ocultar su desconformidad ante la situación, avancé con la valija a cuestas para intervenir en la situación.
— ¿Qué sucede, Kori? —Pregunté, haciéndome la desentendida, con la esperanza de que mi amiga bajara sus desniveles para explicarme la situación con cautela. Pero eso nunca pasó.
— No hay un puto boleto a Jump City — Respondió, refunfuñando sin disimulo alguno frente a la mujer de la empresa de aerolíneas, quien no dejaba de dirigirme miradas temerosas mientras negaba con la cabeza. Se veía realmente nerviosa, demasiado en mi opinión.
—¿Y no hay otra manera de llegar? ¿Qué tal si tomamos un autobús? — Sugerí yo, mientras tomaba a Kori del brazo y la alejaba del campo visual de la recepcionista, intentando detener la angustia de la desconocida.
— Luna — Kori se soltó de mi agarre y me miró con fiereza y yo sentí el pánico que sentía Dick cuando estábamos en la secundaria y supe entonces que ese hombre amaba locamente a mi amiga, para permanecer con ella a pesar de sus rabietas. —no podemos viajar en un maldito autobús. Tenemos una valija de veinte kilos que no nos dejaran guardar en el baúl, así que tendremos que subirla con nosotras. —Argumentó la pelirroja, señalando la valija con el dedo índice. — Los autobuses siempre se descomponen y si compramos boletos de último minuto, no iremos sentadas juntas, estoy segura. Y no sé vos, pero a mí no me gusta nada que me miren los senos mientras viajo en una lata de sardinas por cinco horas y media. Sin mencionar, claro, que si no hay boletos de avión, dudo mucho que haya de autobús.
—De acuerdo —Acepté yo, sabiendo que discutiendo no llegaríamos a nada. —. ¿Tenés otra idea para volver a Jump City hoy? Si es así, la escucho con atención.
Kori lanzó un hondo suspiro y se cruzó de brazos mientras giraba para darme la espalda. Desde que habíamos discutido sobre nuestras nociones del matrimonio, teníamos una relación mucho más tensa, tanto de su parte como de la mía. Ella había dejado de ser tan considerada conmigo y yo ya no le tenía la misma paciencia que antes; pero aun así debíamos mantener la calma: todavía vivíamos juntas y pretendíamos seguir haciéndolo. Y claro está, nos queríamos.
— Llamaré a Dick —Se limitó a decir Kori luego de despotricar al aire una vez más.
Asentí con la cabeza sin decir nada más. Era todo lo que la pelirroja hacía cuando no sabía qué dirección tomar: llamar a Dick. No es que Kori fuera dependiente de él — ya han observado con sus propios ojos que su tía se las ingenia muy bien para subsistir por su cuenta sin necesidad del tío — pero siempre que necesitaba un poco de orientación o ingenio, recurría a Dick sin pudor alguno. Y en aquellos momentos, donde habíamos dejado de contar con nosotras mismas, al menos en algún mínimo sentido, llamaba a Dick más que nunca.
A veces tenía la sospecha de que le hablaba de mí, pero luego recordaba que Dick no estaba al tanto sobre las preferencias de Kori respecto al matrimonio. De hecho, el tío no se enteró de las intenciones de Kori sobre la institución hasta que le propuso matrimonio por primera vez y ella lo rechazó. Cinco veces más. Pero ya llegaremos a ello.
Vi a Kori alejarse de mí para hablar con Dick fuera del ruido del aeropuerto y me senté en mi valija a esperar que volviera. Poco me importaba lo que el moreno tuviera que acotar respecto a los medios de transporte que podíamos usar para volver a Jump City aquella noche de invierno, estaba más sumida en lo que le había pasado a Tara. Enterarse en vísperas de Navidad que su ex — quien también era el único chico que realmente le había importado — ya estaba haciendo su vida felizmente con otra mujer, no podía ser algo bueno. Mucho menos cuando nos había propuesto salir para año nuevo y nosotras habíamos rechazado la invitación. Sabía que Tara era complicada, que disfrutaba de ser el centro de atención porque necesitaba más atención que la que se atrevía a reclamar, ya que nunca se la habían dado en su vida. Sabía que eran cosas que ella tenía que resolver sola y que por mucho que le hiciéramos saber cuánto la apreciábamos, nunca lograríamos calmar el dolor que ella tenía dentro de sí.
Me acomodé en la valija que oficiaba de asiento y me pregunté si estaba bien rechazar la invitación de nuestra amiga. Me cuestioné si era válido dejarla sola en Año Nuevo sólo para estar con quienes queríamos, siendo que nosotras éramos eso para Tara y luego recordé esa frase que leí en algún libro alguna vez "No podés poner a los demás sobre tu felicidad y creer que eso es amor". La gente pasaba delante de mí sin detenerse y de nuevo me sentí abrumada por la velocidad y lo insignificante que era todo, tal como había sentido cuando el papá de Abby había muerto.
Giré mi cabeza y estiré mi cuello, intentando divisar a Kori entrar por alguna de las puertas, con una respuesta a todos los interrogantes que se habían sembrado en mi cabeza y con la oculta esperanza de que la alianza que conformáramos para resolverla, terminara por solucionar el problema que ninguna de las dos quería aceptar que teníamos.
—Dick dice que no habrá vuelos hasta el primero de Enero —Anunció la pelirroja de zopetón, apareciendo de la nada. La noticia me cayó como un balde de agua fría y sentí un nudo en el estómago.
— ¿Qué? ¿Cómo lo sabe? — Kori se encogió de hombros.
— Frank le dijo.
— ¿Y Frank como sabe?
— Ese es tu territorio, amiga —Contestó Kori sonriéndome levemente, tendiéndome su celular para que yo llamara para verificar la información. Puse los ojos en blanco, esos dos eran culo y calzón. ¿Tanto les costaba transmitirse el uno al otro las fuentes de la información?
— Anders, sé que sos vos. Si esta es otra broma por teléfono te juro que… —Fueron las palabras que la cantarina voz de mi novio soltó del otro lado. Kori, quien estaba parada lo suficientemente cerca como para oír lo que Frank me decía, soltó una risa por lo bajo y yo volví a rodar los ojos.
— Soy Luna.
— No te creo ni mierda que sos Luna.
— En la tercera gaveta de tu habitación en tu departamento de Nueva York hay un bóxer con un estampado del increíble Hulk y otro de Los Jóvenes Titanes. Son tus dos mayores recuerdos de la infancia y aunque no te entran los conservás porque uno te lo regaló tu abuelo y el otro te lo regaló Dick. — Dije monótonamente, sin alterar el tono de mi voz en cada palabra, como quien da una respuesta estando conectado a un detector de mentiras.
Silencio del otro lado.
— ¿Cuál me regaló Dick y cuál mi abuelo? —Suspiré exhausta mientras Kori me observaba divertida, incapaz de contener tu risa. Le hice una seña con mi mano, indicándole que la mataría luego de cortar el teléfono.
— Tu abuelo amaba Marvel así que él te regaló a Hulk. Y Dick admira mucho a Robin y te regaló el de Los Jóvenes Titanes. ¿Podemos terminar con esta estupidez de una maldita vez? —Pedí, cansada de la situación mientras Kori reía sin parar, abrazándose el estómago.
— Una última pregunta que sólo Luna sabría…
Lo que le respondí en aquel momento es algo irreproducible, niños. Por mi salud y por su salud mental. Solo me limitaré a decir que mi respuesta hizo que a su padre le quedara claro que era yo la que estaba al teléfono, desde el celular de Kori.
— ¿Entendiste o te envío un fax? —Le espeté, completamente impaciente.
— Okey, sos Luna… —Suspiró Frank, por fin rindiéndose. — ¿Qué pasa, bebé? Dick acaba de cortar con Kori.
Odiaba que me dijera "bebé". Me parecía un modismo de lo más obsoleto y estúpido y que, encima de todo, incitaba la pedofilia. Frank, por supuesto, sabía que yo odiaba que me dijera así, y no perdía oportunidad de llamarme de esa manera para molestarme. "Qué linda te ves cabreada" solía decir cuando yo explotaba y terminaba la pelea dándome un beso. El puto merodeador sabía causar estragos, pero también sabía bien cómo limpiar el desastre.
— Lo que pasa, bebé — Dije yo, haciendo especial énfasis en la última palabra. — es que le dijiste a Dick que no habría aerolíneas hasta el primero de Enero.
— Eso es cierto.
— ¿Cómo sabés?
— Garfield me llamó porque Rachel se fue para allá porque tenía que hacer unas compras de año nuevo y de paso pasó a ver cómo estaba Abby y llegó al aeropuerto y tuvo el mismo problema que ustedes, bellezas. —Explicó mi novio con tranquilidad. — Así que, como Garfield es un inútil, no supo ni siquiera como guiar a Rachel por teléfono para que comprara el maldito boleto, por eso terminé explicándole yo. — Prosiguió. — Y cuando ella llegó a la boletería, tuvo el mismo problema que ustedes. Preguntó al respecto y le dieron esta respuesta.
— ¿Cuándo fue eso?
— Hoy por la mañana. — Contestó Frank tranquilamente. —No te avisé nada porque asumí que ustedes ya estaban de vuelta, a fin de cuentas era pagar y volver, ¿no es así?
— Sí, pero la maldita oficina estaba cerrada —Le expliqué yo, hablando entre dientes. No podía creer que tuviéramos tanta mala suerte. Estábamos a tres días de Año Nuevo, la noche más familiar del maldito año, sin chance alguna de volver con nuestras familias.
Y entonces… Mi mente se iluminó con una extraña idea.
— Tengo que cortar, luego te llamo.
— ¿Qué van a hacer?
— Cuando lo sepa, te aviso. —Y corté sin más miramientos. Alcé la mirada para encontrarme con una Kori expectante, que extendía su brazo para que yo le devolviera su celular.
— ¿Y?
— Kori… ¿Crees que exista la posibilidad de que Tara haya planeado todo esto?
La pelirroja me miró, con los ojos muy abiertos, sin esforzarse por ocultar su sorpresa.
— ¿Qué?
— Las cinco estamos en la ciudad. Tara quiere que pasemos año nuevo juntas… ¿No te parecen demasiadas coincidencias? — Kori meditó mis palabras mientras asentía con un gesto de la cabeza. — Sin mencionar que ninguna puede volver a Jump City. Eso es todavía más extraño.
— Luna, sé que Tara es capaz de cualquier cosa y que sus influencias no tienen límite aparente para nuestras mentes sin demasiado poder adquisitivo — Comenzó Kori luego de terminar con sus cavilaciones. — pero esto me parece demasiado, inclusive para ella.
— ¿Lo es, Kori? ¿Lo es? —Indagué yo alzando una ceja, aún sentada desde la valija. Kori soltó una risa, divertida ante mi gesto.
— Ay Ertorbrack, si no te cuido más en una de esas tu novio te va a contagiar su estupidez. —Soltó la pelirroja como quien lo quiere la cosa, y dicho esto me tendió una mano para que me levantara. — Vámonos. Llamaré a Rachel para que pase por casa. ¿No te dijo Frank donde se quedaba?
— Debe estar en el departamento de Garfield, no creo que haya querido molestar a Abby. —Supuse yo.
— Entonces va a alegrarse mucho por mi llamada —Completó la pelirroja, tomando la valija para arrastrarla una vez que yo estuve de pie. Comenzamos a caminar para salir del aeropuerto, mientras Kori se llevaba de nuevo su celular al oído. — ¿Rachel?
— ¿Kori? ¿Sos vos? —Indagó nuestra amiga del otro lado, mientras Kori me hacía un gesto para que me acercara más a ella y así escuchara la conversación.
— ¿Quién más podría ser?
— A esta altura del partido, con la suerte que vengo teniendo, pensé que serías mi suegra… —Confesó Rachel. No pude evitar reír ante el comentario. — ¿Esa es Luna?
— Sí, estamos en el Aeropuerto. Ya nos hemos llevado el disgusto de los aviones, no te molestes en explicármelo. Estamos volviendo al departamento — Explicó la pelirroja. Ya habíamos llegado a la acera y estábamos luchando por parar un taxi para largarnos de allí. No fue hasta el quinto que nos pasó de largo que conseguimos frenar uno. — ¿Qué te parece si venís a casa en … —La pelirroja se interrumpió para mirar su reloj de pulsera, mientras el chofer se bajaba para guardar la valija en el baúl del coche. — media hora? Creo que Tara tiene una propuesta que hacernos. — Kori se mantuvo en silencio, escuchando algo que yo no pude oír porque estábamos lejos y sonrió. — Genial. Nos vemos entonces, también te quiero. — Y colgó el teléfono para indicarle al taxista a dónde ir, con una sonrisa en los labios.
El coche se movía rápidamente, quizá más rápido que el que nos había traído hasta ese lugar, mientras nosotras veíamos a los miles de neoyorkinos desorientados por la falta de boletos, desaparecer de nuestra vista. Entonces Kori interrumpió el silencio tomando su celular por última vez para realizar una llamada final.
— ¿Tara? ¿Estás en casa…? Qué bueno. —Habló nuestra líder mientras me dirigía una mirada cómplice. —Escucha, no sé qué influencias tenés con los pilotos de aviones o las aerolíneas… Pero Rachel, Luna y yo estamos en Nueva York porque no hay como volver a Jump City… Sí, estamos yendo a casa. Okey, nos vemos en veinte. —Y colgó. Volvió a mirarme con complicidad, buscando respuestas en mis ojos que obviamente yo no le supe dar.
— ¿Sonaba sorprendida? —Pregunté yo, sabiendo que no era garantía de nada puesto que Tara era muy buena actriz. Kori asintió con un gesto de la cabeza.
—Dime, Luna, ¿Crees que todo pasa por algo? —Indagó la pelirroja, sin miramientos. Intenté encontrarle un doble sentido a la pregunta, porque no conseguía distinguir a qué venía.
— ¿A qué te referís?
— Ya sabés… Eso de cruzarte gente por algún propósito en tu vida o que te pase algo malo por un bien mayor… — Explicó brevemente la ex porrista, gesticulando un poco con las manos. — ¿Crees que todo pasa por algo? ¿O sólo son casualidades?
Me debatí unos segundos, meditando lo que mi amiga acababa de decirme. Me di el lujo de tardar en responder, desviando mi mirada por la ventana, sabiendo que Kori aguardaba mi respuesta de manera expectante. Y entonces, cuando estuve segura, me volví a mi amiga para sonreírle mientras decía:
— No existen las casualidades.
Ademas del interrogatorio planteado arriba, sumaré un par de preguntas más...
1)¿Se esperaban este rollo a la hora de volver de Nueva York?
2)¿Qué les pareció la reacción de Tara ante la muerte del padre de Abby? ¿Y la de Dick?
3)¿Esperaban que Benjamín se emparejara con otra muchacha tan "rápido"?
4)¿Creen que Abby aceptará salir con las chicas?
5) ¿Ustedes qué creen? ¿Casualidad o Destino?
6) ¿Por qué carajos ya nadie deja reviews? xDD
Las quiero, perdonen la tardanza. El próximo es de mis favoritos :)
Coockie
