Konnichiwa! Aquí os traigo el tercer capítulo, algo más corto que los demás. Siento no haberlo subido antes, no me funcionaba muy bien el ordenador. Aviso de que puede que a partir de ahora tarde más en subir los capítulos, pues apenas llevo terminados hasta el 5 y un capítulo sexto en proceso =S. Intentaré no demorarme mucho, pero aviso que puede que tarde más de lo que suelo normalmente. Sorry =S.

Y muchas gracias (merci beaucoup) a ShihoShVG por su review (^^ me alegra que te guste el fic). Y también a Lady Paper (¡acabo de darme cuenta, lo siento nnU).

Sin más dilación, aquí os dejo el tercer capítulo.


Cap. 3: Mejores amigos.

-¿Qué tal todo por tu casa? –preguntó Shiho.

Ella y Mamoru se encontraban en el parque Algodón, en los columpios. Eran las únicas personas allí. El Sol, que ya se ocultaba por el horizonte, bañaba el solitario parque con su luz, de un cálido naranja.

-Igual -musitó Mamoru, impulsándose un poco hacia atrás.

-¿Siguen discutiendo?

Mamoru asintió en silencio, haciendo la gomilla que sujetaba su melena se deslizara un poco más hacia abajo. Un mechón rubio, bañado por la luz anaranjada, se liberó y cayó con suavidad hasta recostarse sobre la camiseta verde hierba del chico. Él, sin embargo, no hizo nada por devolverlo a su lugar.

-Y cada vez más –añadió tras un rato en silencio- Y él cada vez parece más enfadado. Y ella sigue sin hacer nada, diciéndome que es normal. Pero yo sé que no.

Los dos niños se quedaron en silencio otro buen rato, aunque a Mamoru le pareció la mejor opción. A él le dolía ese tema, y Shiho lo sabía. Por eso, el silencio para él era como si Shiho le dijera: "A mí también me parece mal, y no me gusta. Siento lo mismo que tú. Por eso no voy a preguntarte más". El silencio era la mejor respuesta en esos momentos, ciertamente. Era como si sus corazones estuvieran conectados, de modo que compartían sentimientos, por lo que no había por qué hablar.

-Y… ¿qué tal todo por tu casa? –preguntó finalmente Mamoru, tras mucho rato callado.

-Bien –respondió su amiga. La luz solar acentuaba los destellos rojizos de su pelo- Mi hermana está en época de exámenes, así que yo preparo a veces la comida, porque a ella no le da siempre tiempo.

-¡Pero si sólo tienes 7 años! –exclamó Mamoru, parando el columpio- ¿Y ya sabes cocinar?

-Unas poquitas cosas –respondió Shiho, orgullosa pero humilde- Es fácil, mi hermana me enseñó. Podría enseñarte, tú y yo tenemos la misma edad.

-Pero tú eres más lista –apuntó el pequeño, haciendo que su amiga se sonrojara. Volvió a impulsarse hacia atrás- Aunque me gustaría aprender, así podría ayudar a mi mamá –añadió.

-¿Te acuerdas de la primera vez que tu madre te llevó a mi casa a jugar? –preguntó Shiho de improviso- Cuando aún teníamos tres años –añadió.

-Sí, me acuerdo –respondió finalmente su amigo- Ella decía que quería conocer a tus padres, porque aún no sabía… bueno, que ellos murieron cuando tú eras un bebé.

-Akemi dice que nuestra madre era muy lista –comentó la pequeña- Y que nuestro papá también era muy listo.

-Eran científicos –apuntó Mamoru- De los más famosos que ha habido en la Organización.

-Yo aún no sé muy bien en qué trabajaban, pero dice mi hermana que de mayor la Organización me obligará a terminar su trabajo.

-Dice mi mamá que la Organización es mala –comentó Mamoru- Que son gente mala.

-Tu padre es de la Organización –apuntó Shiho- Y también tu mamá.

-Pero mi mamá no es mala –defendió el pequeño a su madre- Por eso la tratan mal, y la persiguen y eso.

-Tú… ¿crees que serás de la Organización de mayor? –preguntó Shiho, algo temerosa.

-Supongo que me obligarán –respondió únicamente él- Pero yo seré bueno.

-Pero te harán hacer cosas malas.

-Pero yo seré bueno.

-Pero, si eres bueno, ellos te harán cosas malas, como a tu mamá.

-Igualmente, yo seré bueno –respondió, encogiéndose de hombros. Paró su columpio y se colocó bien el mechón que reposaba sobre su pecho- ¿Acaso tú vas a ser mala?

-¡No! –exclamó Shiho, indignada, parando su columpio también- ¡Por supuesto que no!

-Pero te harán completar el trabajo de tus padres. Y a lo mejor ese trabajo es para algo malo –repuso.

-Pues a lo mejor a ti te hacen que trabajes en lo que trabaja tu padre –atacó Shiho, pero al momento se arrepintió algo por haber mencionado al padre de su amigo.

-Él es muy malo. Es el Diablo en persona –Shiho se quedó en silencio, acostumbrada a la relación de odio que tenía Mamoru con su padre- En el trabajo, al parecer, se dedica a matar a personas, y a hacerles cosas malas. Mi mamá simplemente es científica.

-¿Y si te hacen trabajar en lo que trabaja tu padre?

Mamoru miró a su amiga directamente a los ojos. Shiho notó cómo, a pesar de la oscuridad que se cernía sobre el parque, los ojos verdes de su amigo brillaban y refulgían como dos brillantes esmeraldas.

-Yo seré bueno –contestó con voz seria- Jamás me pareceré a un hombre tan malo como él.

Shiho se quedó en silencio, totalmente quieta. Los dos se quedaron callados mientras la oscuridad devoraba el parque y las farolas se encendían una a una. Tras mucho rato, un pitido interrumpió el silencio. Shiho alzó su muñeca, revelando un reloj digital. Pulsó un botón y el sonido paró.

-Uy, ya son las ocho y media –comentó. Se bajó del columpio- Me tengo que ir ya.

-Vale –Mamoru se bajó también del columpio- Nos vemos mañana en el cole.

-¡Hasta mañana! –exclamó, y comenzó a alejarse. Sin embargo, cuando apenas había dado cuatro pasos, se dio la vuelta y miró a su amigo a los ojos- ¿Sabes?, contigo siento que puedo hablar sin usar palabras. ¿No es de locos?

-Yo siento lo mismo –confesó el niño, algo ruborizado- Hasta mañana.

-¡Hasta mañana, Mamo-chan!

Tras despedirse por última vez, la pequeña Shiho salió corriendo del parque. En cuanto la niña hubo desaparecido tras una esquina, Mamoru se dio la vuelta y se marchó a su casa.