Nathaniel
Antes de aventurarse en la espesa selva, Nathaniel se comunicó, a través de un mensaje Iris, con el Campamento. En el baño de un restaurante, reflejó la escasa luz que allí había a través de el agua que salía de la canilla y formó un arcoiris. Lanzó un dracma de oro al arcoiris y recitó:
-Oh, Iris, diosa del arcoiris, muéstrame el Campamento Mestizo.
El arcoiris tembló y mostró la escalinata de la Casa Grande. Rachel Elizabeth Dare, el Oráculo, se peinaba su largo cabello rojo con un peine azul. Nathaniel se aclaró la garganta y la chica se dio vuelta.
-Oh- dijo- Hola, Nathaniel. ¿Cómo están? ¿Va todo bien por allí?
Nathaniel le contó todo. Su sueño sobre la fuente, Ganímedes, Morgan, Erecteo, Serena y Adam, todo. Rachel escuchó en silencio.
-Y ahora estamos por entrar en la selva y enfrentarnos a un peligro desconocido- concluyó.
-Mmm- Rachel dudó- Por lo que me cuentas, se enfrentan a dos enemigos muy poderosos. Una diosa usará la fuente el día de hoy para renacer a su señor y...
-Espera- la interrumpió Nathaniel- ¿Cómo sabes que será el día de hoy?
Rachel rió.
-Hoy es 21 de diciembre, Nate. Es el solsticio de invierno. El día mas oscuro del año. Es el día perfecto para los monstruo y lo hechizos oscuros. Si esa diosa va a usar la fuente, lo hará hoy.
Nathaniel pensó en el poco tiempo que les quedaba.
-¿Tienes alguna idea de qué diosa se trata?- preguntó.
-Por lo que me has dicho, puede tratarse de Nix, la diosa de la noche. Es un rival peligroso te lo aseguro.
-¿Y su amo?
-No lo sé pero hablaré con Quirón.
-Hazlo.
-Me encargaré de que se entere. Buena suerte.
La imagen se disolvió. Nathaniel salió del baño y encontró a sus amigos teniendo un momento privado. Carraspeó y ellos se soltaron, sobresaltados.
-He hablado con Rachel- anunció- Y me ha orientado un poco. Tendremos que encontrar esa fuente antes de que el sol se oculte.
Sus amigos pusieron cara de preocupación pero se levantaron, listos para la lucha.
-Vamos- Nathaniel intentó sonreir- Será divertido.
Cuando eres un semidiós y vuelas hacia un vórtice de oscuridad de un kilómetro de radio en la selva de Florida, la diversión no es el objetivo. Ni siquiera tuvieron que volar por horas para buscar la fuente.
Descendieron de sus monturas justo en el inicio del vórtice y las ataron a un árbol.
-No quiero acciones heroicas- les dijo Nathaniel- No nos vengan a buscar.
Miró a sus amigos. Serena sacó su arco y un carcaj lleno. Adam, su cuchillo religioso. Ambos lo miraron expectantes. Nathaniel se dio cuenta que esperaban sus órdenes, como si él fuera el líder. Respiró hondo y se sumergió en la oscuridad.
Lo siguiente que supo fue que su mente explotaba al ser absorbido por la noche eterna. Era como caminar en un mar de miel. Sus pies le pesaban y no podía pensar con claridad. Sintió a sus amigos cerca suyo. Se tomaron de las manos y caminaron. Un paso. Dos pasos. No pudieron avanzar más. Sus pulmones se llenaban de oscuridad. Su vida se les escapaba.
Nathaniel invocó un tenue escudo de magia alrededor suyo y de sus amigos con su cetro. Inmediatamente, se sintieron mejor.
-¿Cómo vamos a pasar esto?- preguntó Serena.
-No lo sé- le contestó Nathaniel- No creo que el escudo se mantenga en pie mucho rato si avanzamos.
Unos segundos después de decir eso, el escudo se desvaneció. La oscuridad los invadió de nuevo, esta vez con más potencia. Nathaniel sintió cómo su mente se llenaba de desesperación. Una voz reía y lo instaba a rendirse. Su madre no lo quería. Su mejor amigo le había robado a su mejor amiga. Estaban en una misión suicida que les había encargado un dios celoso. Sólo tenía que rendirse y morir allí.
No, Nathaniel- dijo otra voz, más fuerte que la primera- Eres mi campeón, mi hijo. Tú puedes salvar al mundo del caos. No dejes que los poderes de Nix corrompan tu espíritu.
Nathaniel sintió su energía renovada. Invocó un escudo y esta vez no desapareció. Sus amigos parecían haber pasado por una crisis parecida. Se miraron y sonrieron.
Avanzaron despacio, sin hablar. Atravesaron hectáreas de oscuridad. La flora y la fauna de la selva no parecían haber sido afectadas, sólamente se movían más lento.
Finalmente, llegaron al ojo del huracán. En el centro del vórtice, no había oscuridad. Nathaniel deshizo el escudo, agotado. El silencio era monumental. Casi como si fuera... intencionado.
Cayeron directamente en la trampa. Demonios alados surgieron de la oscuridad, detrás suyo, y los inmovilizaron. Uno de ellos, el que parecía el jefe, era más grande y estaba acompañado de una serpiente y un cuervo.
-Fobator- exclamó Nathaniel.
El dios descendió y se posó en un árbol cercano.
-Un placer volver a verlos, semidioses- se rió- Bienvenidos a su perdición.
Fobator los condujo por la selva alejándose de la oscuridad. Nathaniel miró a su escolta. Los demonios alados volaban muy juntos, en formación de flecha, listos para abalanzarse sobre alguno de ellos si intentaban algo. Muy juntos… Miró a sus amigos y ellos lo entendieron.
Llegaron a un río.
-Este es un afluente del Lago- explicó Fobator- Los nativos creían que este río estaba consagrado al Sol. Por eso cuando desemboca, en su final, su agua pasa a formar parte del Lago de la Luna.
-Un río del Sol…- murmuró Serena- Mi padre es el dios Sol.
-Tu padre- dijo Fobator suavemente pero con malicia- es un inútil. No tiene nada que hacer en este mundo de oscuridad.
Los ojos de Serena se abrieron con indignación y empezó a brillar. Nathaniel se alejó un paso de ella.
-No… Insultes… A mi padre- a cada palabra Serena aumentaba de brillo.
Fobator estaba aterrado.
-Tú… ¡No te atrevas!
Serena se atrevió. Liberó energía calórica que impactó de lleno a Fobator y lo deshizo en cenizas. Se desmayó, sí, pero fue genial. Mientras Adam corría a ayudarla, Nathaniel desplegó su cetro y trazó un arco en el aire. El cetro golpeó a un demonio y logró un efecto dominó. Todos los demonios cayeron. Volteó hacia sus amigos. Adam había logrado que Serena despertara dandole un poco de ambrosía.
-A correr- les dijo.
Corrieron como alma que se lleva el diablo, siguiendo el río. Cuando se detuvieron, el fin del río estaba cerca. Caminaron hacia allí.
-Chicos- dijo Serena en el camino- ¿Qué le ha pasado a la oscuridad?
Era cierto. El vórtice había desaparecido. Nathaniel no se había dado cuenta.
-¿Ustedes creen- decía Adam mientras llegaban al Lago- que hemos caído en otra trampa?
La temperatura descendió varios grados. Una fina capa de niebla cubrió la zona. La luz del Sol iluminaba tenuemente el Lago. La fuente se alzaba majestuosamente en el centro. Un galeón español brillaba en el fondo. De espaldas al lago, una mujer vestida de negro observaba la fuente. Se dio vuelta.
-Sí, mis pequeños héroes- dijo- Han caído en mi trampa.
