Serena

Serena estaba harta de los monstruos y dioses perversos que les tendían trampas. El esfuerzo que había hecho para generar una onda de calor y deshacer a Fobator la había dejado agotada. Ahora tenía a una diosa de la noche capaz de crear vórtices de oscuridad delante suyo. El mejor día de su vida.

Nix se volvió para mirar el lago, ignorandolos completamente. Las aguas eran transparentes y la vegetación abundante. Era un ambiente pacífico.

-Hay algo que no entiendo- dijo Nathaniel, rompiendo el silencio- Yo ví en mi sueño la fuente destruida.

Nix rechazó la pregunta con un gesto.

-No fue difícil reconstruirla. ¿Sabes acaso cómo fue destruida la primera vez?

Nathaniel negó con la cabeza.

-Un caballero templario, ayudado por una pirata y un musulmán atacaron la fuente con balas de bronce celestial. Estrellaron su galeón incendiado contra la fuente y esta se hundió. Cuando mis adorados hijos la encontraron, esto era un pantano. Nosotros la reparamos y le devolvimos la vida.

-Un caballero templario…- recordó Serena- ¡Morgan!

-Ese…- dijo Nix con desprecio- He mandado a Apate y a Momo a buscarlos pero los dos son inútiles.

Serena no pudo contener la risa.

-¿Uno de tus hijos se llama Momo?

Los ojos de Nix brillaron. Agitó su mano y la oscuridad retornó a su alrededor. Varias figuras oscuras rodearon a los semidioses. Serena retrocedió y chocó contra una de esas figuras. Un hombre grande y musculoso. La mitad de su cara sonreía, la otra mitad tenía una máscara de tristeza.

-¿Te parece gracioso mi nombre?- gruñó y Serena palideció- Oh, vamos, tienes que ser valiente y mantenerte serena.

Intentó hacer una risotada malévola pero fue más una risa de un demente.

-Oh, bueno, ya sabes...- Serena estaba aterrada.

-No voy a hacerte daño, querida- dijo Momo- Mi deber es ser sarcástico, irónico y burlarme de la gente. Puedo destruirte mentalmente pero tú no te preocupes.

-¡Momo!- gritó Nix- ¿No puedes hacer nada bien?

Serena y sus amigos rieron. La oscuridad pareció descender pero aumentó en cuanto Nix los hizo callar. Serena comprendió que la felicidad podía vencer a la desesperación, así como la luz a la oscuridad.

-Bien, semidioses- dijo Nix, interrumpiendo el pensamiento de Serena- Les hemos dejado entrar en nuestro territorio por una única razón. Sabrán que estoy aquí para traer a la vida a mi señor. Las aguas de esta fuente reenergizarán su espíritu pero me hace falta algo: Sangre semidiosa. Así que, niña, si eres tan amable.

Las figuras agarraron a Serena y se la entregaron a Nix quien la tomó y voló hacia la fuente. Nathaniel intentó correr hacia ella pero Momo lo rechazo. Adam, en cambio se abrió paso entre las figuras atravesándolas con su katar como si fueran gelatina.

-Eso es- rió Nix- Ven, Adam.

Serena estaba paralizada. Nix la tenía inmovilizada y empezaba a tener frío. No entendía por qué dejaban pasar a Adam y qué quería Nix de él.

-¡Serena!- gritó el chico cuando llegó a la fuente y se dirigió a la diosa- ¡Sueltala!

-¡Oh, la soltaré!- dijo Nix y acto seguido se la arrojó a Adam quien la atrapó en el aire.

Serena recuperó la calidez al sentir el contacto con Adam. Se sentía mejor pero todavia estaba paralizada. A lo lejos, Nathaniel combatía con tres figuras distintas usando su cetro. Momo intentaba golpearlo con una maza que en la punta tenía una máscara de teatro. Una mujer rubia y muy delgada le lanzaba manzanas doradas que explotaban al hacer contacto. Un hombre, delgado también y armado hasta los dientes, se dedicaba a lanzarle cuchillos mientras se reía como un loco.

-¡Eris, Oizín, destruyanlo!- ordenó Nix.

Adam dejó a Serena en el suelo y enfrentó a Nix. Serena le pareció muy valiente y muy tonto. Atacó a la diosa pero esta se dedicó a esquivarlo y a inundarlo con ráfagas de oscuridad que poco a poco mermaban sus fuerzas. Serena intentó moverse pero seguía débil. Intentó convocar sus armas pero tampoco funcionó. Por último, intentó invocar otra ola de calor pero no resultó. El Sol ya se ocultaba y Serena sentía que su padre lo abandonaba. Se sentía inútil. Miró a sus amigos.

Nathaniel parecía a punto de sucumbir pero seguía conjurando escudos y esquivando armas y manzanas doradas. Adam hizo una maniobra muy arriesgada. Se arrojó sobre Nix dispuesta atravesarla pero la diosa se disolvió en oscuridad. La oscuridad entró por la boca de Adam. Serena gritó. Los ojos de Adam cambiaron de celeste a negros. Su piel se volvió gris. Cuando habló, su voz resonó duplicada. Habló con su voz y con la voz de Nix.

-Bien, Adam, ahora entrégale a mi amo lo que él desea. Entrégale la sangre de tu amada.

Adam dio un paso vacilante, resistiéndose al control de Nix. Pero la voluntad de la diosa era más fuerte. Adam llegó hasta donde estaba Serena y sacó su katar.

-Hermosa arma- dijo - Un arma ritual, un arma de asesinos. Un arma de traidores. Vamos, niño, acaba con ella y devuelvele la vida a mi señor.

Serena no entendía lo que Adam estaba diciendo. Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad se paró.

-¿A-adam?- titubeó.

Se acercó y lo besó. Pero sus ojos ya no eran los mismos. Él ya no era Adam. Nix lo controlaba. Se sentía impotente, su propio novio se le escapaba de su control.

A lo lejos, Nathaniel había derribado a Oizín y a Momo e intentaba devolverle las manzanas a Eris. Miró por un segundo a la fuente y su cara se crispó de dolor. Serena lo entendía. El cuerpo de Adam se rebatía entre dos personalidades.

-¡Mátala!- ordenó la voz de Nix.

-¡Serena!- sollozo la voz de Adam.

Alzó su katar y se acercó a Serena. Ella comenzó a llorar, desconsolada. No podía creer lo que veía. Adam levantó su arma y… lo hundió en su brazo.