Adam

Adam no podía explicar el dolor que sentía en su brazo. Mayor era el daño psicológico que había enfrentado. Había rechazado la influencia de Nix. Había utilizado toda su fuerza de voluntad para dirigir su propia arma lejos de Serena. Pero Nix no perdonaba la debilidad. Su propia arma se desvió hacia sí mismo.

Sacó su cuchillo de su herida. La sangre cayó hasta el lago. Nix, ya fuera del cuerpo de Adam, sonrió. Las aguas se volvieron turbias y oscuras. Se arremolinaron en torno a la fuente y empezaron a ascender formando una enorme figura. Nix se esfumó y apareció al lado de Nathaniel que ya había derrotado a Eris.

-En cuanto las aguas formen un nuevo cuerpo- dijo Nix- ustedes se consumirán en su interior.

No había salvación pensó Adam. Corrió hacia Serena. Se abrazaron. Nix no dejaría que Nathaniel los salvara. Morirían allí dentro, juntos.

De repente, en un destello rápido, ambos aparecieron en los lomos del Grifo de Serena y Beauty. Los animales habían desobedecido a Nathaniel y los habían salvado. Volaron hasta la playa y Adam descendió de un salto. Atravesó con su katar a Nix que, tomada por sorpresa, se desintegró. Con ella, se fueron sus hijos y toda la oscuridad alrededor.

Los tres amigos se abrazaron. Serena pasó su mano por el brazo de Adam y la herida cicatrizó al instante.

-¿Cómo…?- exclamó Adam.

-Poderes de Apolo, supongo- contestó ella.

Adam la tomó en sus brazos y la besó. Nathaniel miró distraídamente a su yegua, Beauty.

-Conmovedor- dijo una cavernosa voz a sus espaldas.

La figura ya se había consolidado alrededor de la fuente. Las aguas del Lago de la Luna habían sido completamente drenadas y ahora formaban parte de su enorme de un color azul intenso, como el cielo. Sus ojos celestes brillaban. En su mano, enmpuñaba un hacha alargada. Movió una mano y una armadura cubrió su cuerpo.

-Gracias, Adam- dijo- Tu sangre y las mágicas aguas de esta fuente me han devuelto la vida.

-Tú… tú- Adam se sentía muy culpable, estaba consternado- ¿Qué eres? ¿Qué haces aquí?

-Creí que ya me habían reconocido- dijo el gigante- Soy Urano, señor de los cielos. Soy La Deidad Olvidada del panteón titánico. Mi hijo Cronos y mi esposa Gea conspiraron contra mí y ahora ellos han sido vencidos por un grupo de semidioses. Yo no cometeré los mismos errores.

Se río. Su carcajada era grave y fría.

-En cuanto a qué hago aquí…-prosiguió- En realidad no estoy aquí. Sólo soy una personificación de mi verdadero aspecto. Todavía no he recobrado todo mi poder pero creo que es suficiente para vencerlos.

Con una sorprendente agilidad, saltó hacia donde estaban Adam y sus amigos. Atacó con su hacha y por poco no parte a la mitad a Nathaniel.

Los semidioses y sus animales se dispersaron. Nathaniel se subió a Beauty y golpeaba a Urano con su cetro. Serena montó a su grifo y volaba a su alrededor lanzando distintas flechas. Adam hizo lo más sensato. Se paró al lado del pie izquierdo y comenzó a apuñalar el dedo índice del titán, sin mucho resultado. Urano parecía no recibir daño. Se dirigió pesadamente hacia el galeón español que, tras varios siglos bajo el agua, empezaba a pudrirse.

-No podemos dejar que destruya el barco- dijo Serena mientras disparaba una flecha especial y un montón de algas rodeaban los pies de Urano.

Adam miró el cuerpo de Urano. En el centro, en lugar de su corazón, una roca de la fuente emanaba más agua que mantenía el cuerpo de Urano.

-Nathaniel- lo llamó Adam- Tengo un plan.

El chico descendió y recogió a su amigo. Juntos volaron en la pegaso y se posaron en el mastil del barco.

Madre- rezó Adam- Por favor, necesito tu ayuda. Haz que mi katar pueda atravesar la piel de Urano

El arma comenzó a brillar en un hermoso… rosa. Adam no se quejó. Nathaniel y él volaron hasta el pecho de Urano. Serena, mientras, lo distrajo con una flecha de ceguera que lo dejó momentáneamente ciego. Los chicos saltaron. Adam hundió su puñal hasta el fondo y abrió una grieta de agua. Urano gritó. Nathaniel se envolvió en un escudo de luz dorada y entró al cuerpo del titán. Nadó lentamente hasta la piedra angular de la fuente y la golpeó con su cetro con todas su fuerza. La piedra voló fuera de Urano y aterrizó en el lago. El titán comenzó a desmoronarse.

-Esto… Esto no termina, semidioses- decía mientras perdía líquido- Cuando reúna mi ejército destruiré al Campamento Mestizo y al Campamento Júpiter. Triunfaré donde mi familia fracasó.

El titán desapareció. El grifo y Beauty rescataron a Adam y a Nathaniel y todos juntos volaron hasta la playa. Se tumbaron en la arena jadeando.

-Los campamentos corren peligro- Adam rompió el silencio- ¡Hay que avisarles!

-Colega- gruñó Nathaniel- Déjame respirar.

Serena se paró.

-Ha sido alucinante, ¿verdad? Pero ahora tenemos que registrar el barco.

Los chicos protestaron, ella rió.

Buscaron y buscaron cosas valiosas en el barco pero, además de mucho oro que no se atrevieron a tocar, no encontraron nada importante. Estaban por rendirse cuando, en la bodega, encontraron una botella con un papel dentro. El papel estaba viejo ya y se deshizo en cuanto terminaron de leer su contenido:

Un campamento arderá

al cielo y la tierra el tiempo los olvidará

seis semidioses el mundo salvarán o lo condenarán

la familia y el honor los ejércitos lideran,

griegos y romanos unidos prevalecen,

un pacto de sangre sella un destino

-¿Saben qué es esto?- preguntó Serena- Es una profecía sobre Urano. Aquí está la clave para detenerlo.

-Por eso Urano quería destruir el barco- dijo Adam y luego añadió- Esto… ¿nosotros somos tres de los seis semidioses?

-Hay que regresar al Campamento- decidió Nathaniel- Quirón y Rachel sabrán lo que significa esto.

Adam asintió. Ellos contestarían sus dudas.

Mientras se preparaban para volar a casa, Adam no pudo evitar sentir una gran culpa en su interior. Después de todo, su sangre corría ahora por las venas de Urano.