Serena
Escaparse de tu cabaña a la medianoche mientras las arpías patrullan es un desafío. Pero Serena era rápida. Esquivó y confundió a todas las arpías hasta que llegó a los campos de fresas. Adam la esperaba allí. La Luna llena iluminaba todo el Campamento.
-Hola- la saludó.
-¿Qué te trae por aquí en una noche tan hermosa?- dijo Serena con una sonrisa pícara.
-Una bellísima hija de Apolo… ¿La has visto?
-No. ¿Tú has visto a un engreído hijo de Afrodita?
-¿Soy engreído?
-¿Soy bellísima?
-Lo eres.
Adam se acercó y la besó.
Pasaron toda la noche acostados y mirando las estrellas. Intentaron comer fresas pero no estaban maduras.
-¿Demasiado cliché?- preguntó Adam.
-Sí, demasiado cliché- contestó Serena.
Se rieron.
-¿Volverás a tu casa antes de emprender la misión?- preguntó Adam.
-No lo sé… ¿Se supone que podamos hacerlo? Quiero ver a mi madre
-¿Te das cuenta que hace una semana que no volvemos a casa y nunca les hemos avisado?
-Deberíamos… Al fin y al cabo, desapareceremos un rato más para vencer a un titán malvado que quiere asesinarnos.
-Tú sí que sabes animarme.
Risas. Besos. Abrazos. Se duermen.
Serena soñó que estaba en una fábrica de chocolates. Una mujer pelirroja, vestida con un caro vestido verde y blanco sacaba unos chocolates de un horno y los probaba.
-Deliciosos- dijo.
Se dio vuelta y la bandeja se le cayó de la mano.
-¿Tú quién eres?- musitó.
-Y-yo…
-¿Una semidiosa?- aventuró la mujer.
-Sí.
-Mucho gusto, querida. Mi nombre es Evangeline Baumeister, yo también soy una semidiosa. ¿Estás aquí por alguna misión?
-Sí, intento detener a Urano con mis amigos.
Evangeline frunció el ceño.
-Disculpe, pero ¿dónde estamos?- preguntó Serena
-No lo sé, querida- la expresión de Evangeline se suavizó- El sueño es tuyo. En cuanto a dónde estamos… Estamos en mi fábrica de San Francisco. En su momento, la companía Baumeister controló el mercado del chocolate. Recibíamos encargos de los dioses todos los días y a cambio nos daban favores. Tengo entendido que el titán Urano ha renacido.
-Sí, hemos atrasado la formación de su cuerpo pero sí ha vuelto.
-Entiendo- dijo Evangeline- En mi juventud, mi hermana Rowena intentó convocar a Urano. Su esposo la había convencido de entregarle su alma. Afortunadamente, un joven semidiós la rescató y Urano volvió a las profundidades.
Su voz empezó a apagarse como si se estuviera yendo.
-Si alguna vez tienes el placer de visitar mi mansión de San Francisco -dijo- búsca el arma que ese semidiós usó para rescatar a mi hermana. Antes de morir, me la entregó a mí. Un descendiente de mi casta debe empuñarla para vencer a Urano. Buena suerte.
El sueño cambió. Ahora se encontraba sentada en una nube. Un joven completamente dorado, vestido con una túnica, preparaba un carro igual de brillante que él con caballos de fuego. A su lado, una lira y un arco con un carcaj reposaban sobre una biblioteca.
-¿Papá?- preguntó Serena.
El dios se dio vuelta.
-Oh, hola, Serena- dijo Apolo- ¿Qué te trae por aquí?
Serena no podía creer que estaba conociendo a su padre y pareciera tan sólo unos años mayor que ella.
-Emm… He tenido un sueño raro- dijo y le contó su conversación con Evangeline.
-Mmm- dijo el dios, pensativo- Ya me acuerdo, la rebelión titánica de mediados del siglo XIX. La familia Baumeister tiene un largo expediente de semidioses. Sus chocolates eran riquisimos. El poder y el contacto que tenían con los dioses pronto corrompieron a Rowena y su marido. Un semidiós la salvó y reunió a toda la familia. Años después, hubo un incidente similar. Un espíritu intentó convencer al hijo de Evangeline de entregarle la companía y el arma del héroe.
-¿Por qué el arma?- preguntó Serena.
-El Oráculo de Delfos de ese momento había predicho que ese arma acabaría con Urano la próxima vez que reviviera. Algo acerca de emendar un error. Por suerte, otro semidiós ajeno a la familia resolvió el asunto al destruir al espíritu y tomar el control de la companía.. Urano se vengó de él y al poco tiempo la empresa pasó por un mal momento hasta quedar en bancarrota.
Mientras decía eso, una estela rosada pasó volando en un carro por allí. Apolo la siguió con los ojos y luego se volteó para ver a su hija.
-Todavía quedan algunos descendientes de los Baumeister que sean semidioses. Ellos podrían saber algo sobre el arma. Ahora debo irme, hija, pero te daré un pequeño regalo..
Apolo salió disparado con su carro, anunciando un nuevo día. La luz del Sol deslumbró a Serena y le hizo perder la conciencia.
Cuando Serena abrió los ojos, el Sol ilumina todo el valle. Adam seguía a su lado pero los campos de fresas habían cambiado. Había puntos rojos y verdes por todo el prado. Las frutillas habían madurado. Se levantó y notó una mochila en su espalda. Dentro había una colección entera de los libros y cds que Serena nunca había podido comprar.
Su grito de felicidad despertó a Adam y a todo el campamento.
