Adam
El sueño de Adam no fue tan interesante ni tan prometedor.
Su madre lo esperaba sentada en la fuente que ella misma había hecho explotar en Athens. Tenía un sencillo vestido rosa. Su cabello rubio le caìa sobre los hombros y sus ojos verdes brillaban a la luz de la Luna.
-Madre- dijo Adam.
-Hola, Adam- dijo Afrodita- Estás hecho todo un hombre.
Adam debió haberse ruborizado porque Afrodita sonrió.
-Y estás muy guapo… Debes enamorar a todas las chicas del campamento.
-¿Qué haces aquí, mamá?- dijo Adam con un tono demasiado duro.
-Oh, venía a consolarte- dijo Afrodita, y su expresión se entristeció como si el comentario de Adam la hubiera herido- No te sientas mal por haber revivido a Urano. Lo has hecho por amor a esa chica y eso es lo que importa. Además, has pagado mi deuda.
-¿Deuda?- preguntó Adam.
-Yo nací de los miembros de Urano arrojados al océano, de su sangre. Y tú, mi hijo, le has devuelto la vida con tu sangre. La deuda está saldada.
Afrodita perdió unos cuantos colores, envejeció y su vestido se rasgó.
-Soy la diosa más vieja del Olimpo y, es cierto, soy en teoría una titánide.
-Pero… Tú eres una diosa, no una titánide. Yo se lo he dicho a Erecteo.
-Adam, fue muy lindo como me defendiste frente a ese repulsivo de Erecteo pero no debes intentar cambiar lo que eres. Eso nunca trae felicidad. Debes ser quien tú eres.
La imagen de la diosa titiló.
-Debo irme, Adam. No podemos comunicarnos con nuestros hijos por mucho cosa más. Tu destino con esa chica es seguro pero los Hados nunca dejan que los semidioses sean felices. Encontrarán múltiples baches en su relación pero saldrán adelante. Mis hijos siempre superan sus problemas.
-Espera- dijo Adam- ¿Qué quieres decir?
Pero la diosa había desaparecido. A lo lejos oyó el grito de júbilo de Serena y se despertó.
Habían pasado una maravillosa noche juntos pero Afrodita tenía razón, su relación enfrentaría problemas. Uno de esos problemas fue un hermano de Adam. Un hijo de Afrodita. Robert "Bobby" Plank.
A la hora de comer, Adam se sentó en la mesa de su cabaña. Allí, Piper lo felicitó por su misión y él le contó su sueño. Piper le hizo un par de preguntas y contestó las de Adam mientras se servían sandwiches de tofu y palta. Se acercaron a la fogata y arrojaron parte de su comida a las brasas.
-Afrodita- dijo Adam y el humo se tornó rosa.
Cuando terminó de comer, miró hacia la mesa de Apolo, hacia Serena y la vio sonriendo hacia su mesa. Pero no le sonreía a él. Le sonreía a Robert que estaba sentado a su lado. Los celos lo invadieron de inmediato.
-¿Puedes dejar de mirar a mi chica?- lo increpó.
-Ey, el aire es libre aquí, colega- le contesto Plank.
-Puede que no estés entendiendo- dijo Adam sacando su arma- Deja de verla.
Lo siguiente que supo fue que fue lanzado con fuerza por encima de la mesa. Adam no lo había notado pero Robert era muy musculoso.
Corrieron el uno hacia el otro y se atacaron. Los puños de Plank chocaban contra la katar de Adam. Los campistas se habían arremolinado a su alrededor y contemplaban el combate. Piper, a los gritos, les pedía que pararan. Serena se adelantó y los separó. Plank tenía cortes en los brazos y Adam estaba lleno de moretones.
-¿Se puede saber qué estás haciendo?- preguntó Serena.
-Él… Él te estaba mirando- dijo Adam y al instante se dio cuenta de lo estúpido que sonaba eso.
-¿Y acaso no me puede mirar?
-No dije eso… Yo…
-¿Tú sabes al menos que él es mi compañero en la clase de arquería?
-Yo creí…- Adam se sentía más y más desconcertado.
-Eres un inmaduro y un… egocéntrico.
Ese comentario enojó a Adam. Se puso rojo de la ira.
-¿Y tú qué? Vas por la vida escuchando música marginal y leyendo autores ridículos. ¡No es más que un personaje que has creado porque crees que así serás popular!- gritó Adam.
-Wow- dijo todo el campamento.
Adam se arrepintió de inmediato. Eso era un secreto que ella le había confiado en sexto grado, luego de una noche entera hablando por facebook. Las lágrimas cayeron por el rostro de Serena. La chica se dio vuelta y corrió en dirección a su cabaña. Piper, Annabeth y Rachel lo miraron ceñudo y la siguieron. Los demás campistas de dispersaron. Plank musitó una disculpa y también se fue.
Adam se quedó solo, allí en el pabellón comedor. Se sentía estúpido. Había actuado como un niño sin pensar la situación. Se había enojado con su mejor amiga de hace años y le había dicho cosas horribles.
Le había roto el corazón. Aunque el rito de paso ya no existiera, él lo había pasado. Se sentía como todo un hijo de Afrodita y la sensación no le gustaba.
