Disclaimer:Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos, esperando que les guste. La historia es de Sharon Kendrick.
Cap. 2
La gente pensaba que trabajar en televisión tenía mucho glamour, pero no era cierto. Levantarse a las tres y media nunca era fácil y esa mañana fue incluso peor, porque soplaba un aire helado.
Bella se duchó, se tomó un café fuerte y cuando llegó el coche para llevarla al estudio se sentó en la parte de atrás con los periódicos, como siempre, pero ese día no pudo concentrarse en las noticias.
Había tenido una noche muy inquieta pensando en Edward Cullen. Se había colado en sus sueños, y había visto sus ojos brillantes burlándose de ella, atormentándola y haciéndole sentir que había perdido una oportunidad al irse de la fiesta tan pronto.
Pero los sueños eran caprichosos, y lo único que Edward había hecho había sido despertar algo en su subconsciente, un deseo de adolescente olvidado. Y los sueños se olvidaban pronto, no eran reales. Tampoco lo era el cosquilleo que sentía en el estómago al pensar en Edward. Intentó quitárselo de la cabeza, pero no lo consiguió.
Deseó haberle preguntado a Jasper cuánto tiempo se iba a quedar Edward, aunque seguramente sería una visita rápida, porque su vida no estaba allí. Su vida estaba en Italia, en un país diferente y desconocido, igual que él.
El programa matinal estuvo compuesto de las noticias usuales, incluyendo un perro que se suponía que podía ladrar siguiendo el ritmo del himno nacional. Pero el pobre animal se negó a obedecer, se encogió de miedo y vomitó en una esquina del estudio. Johnny, el otro presentador, armó un verdadero escándalo, y Bella se sintió aliviada al terminar el programa.
El coche la dejó en su casa justo después de las once. Subió al piso de arriba, se quitó el pesado maquillaje del estudio, se desnudó y se dio una ducha larga y caliente, se secó el pelo y lo peinó con una trenza.
Volviéndose a sentir humana de nuevo, se puso unos vaqueros negros y un suéter gris oscuro y salió hacia la casa de Jasper y Alice, parándose para comprar unos lápices y un libro de colorear para Kesi.
Cuando llamó al timbre, Alice salió a recibirla. Estaba totalmente excitada, como si la fiesta estuviera a punto de empezar, en vez de haber sido la noche anterior.
-¡Bella! ¡Estás espléndida!
-No es verdad. No estoy maquillada y llevo unos vaqueros viejos.
-¡Pero esta mañana estuviste sorprendente en televisión!
-Eso fue la magia de la maquilladora. ¿Viste al perro?
-¡Pobre animal! Jasper lo ha grabado. Ha salido con Kesi, pero volverán enseguida.
-¿Y cómo está mi encantadora ahijada? -preguntó Bella mientras entraban en el salón-. Creí que... -pero se detuvo al ver a Edward Cullen sentado en un sofá y leyendo un periódico.
Él levantó la vista y sus ojos verdes brillaron con algo que Bella no pudo identificar, algo que le hizo sentirse precavida y excitada al mismo tiempo. Se preguntó si Edward miraba de la misma manera a todas las mujeres y si las desconcertaba tanto. Probablemente. Bella sintió un cosquilleo en la nuca.
-Pensamos que podríamos invitar a Edward también -sonrió Alice.
Edward se levantó, dándose cuenta de que Bella lo miraba con recelo.
-¿Te importa que me cuele en tu comida?
¿Qué podía decir, que le importaba? Tampoco sería del todo cierto...
-Claro que no -dijo con calma.
Alice frunció el ceño, como si sintiera que estaba ocurriendo algo que no acababa de comprender.
-¿Os puedo ofrecer una bebida? Ha sobrado un montón de champán.
Bella estuvo a punto de pedir algo más suave, pero no lo hizo. Ella, que siempre estaba cómoda en las reuniones sociales, de repente se sintió perdida.
-Me encantaría.
-¿Edward?
-Por favor -pero Edward no estaba escuchando a su anfitriona. Quería estar a solas con Bella, destruir la armadura que ella había empezado a forjar desde que entró en el salón.
Se levantó con la gracia de una pantera negra y, cuando se dirigió a ella, Bella pensó que en él había algo de depredador. ¿Y cómo se enfrentaban los animales vulnerables a los depredadores? No huían, se enfrentaban a ellos. Pero seguramente no pensaban lo mismo que ella, que ese depredador, si realmente lo era, estaba para comérselo.
Él también llevaba vaqueros, y la tela desteñida se le pegaba a los muslos, mientras que el suéter blanco resaltaba su piel bronceada y sus ojos verdes.
Tenía el cabello ligeramente despeinado, y cuando sonrió Bella fue consciente de que, una década atrás, cuando se sintió atraída por él, no había tenido ningún conocimiento de los hombres y del poder que tenían sobre las mujeres. Pero en ese momento tenía la suficiente experiencia como para saber que había pocos hombres del calibre de Edward.
Bella le devolvió la sonrisa.
-Entonces, ¿llegaste a tiempo al trabajo? -preguntó él.
-Sí.
-Pero no has dormido.
Bella abrió más los ojos, imaginando por un instante que él había sido testigo de su noche inquieta.
-Sí que he dormido -negó automáticamente.
-Mentirosa -murmuró, y sin previo aviso alargó una mano para tocar la delicada piel bajo sus ojos-. Esto te delata, tienes ojeras.
La invasión de su espacio personal fue inesperada e inapropiada, pero ese contacto hizo que Bella se estremeciera. Quería preguntarle a qué demonios estaba jugando, pero estaba hipnotizada y adormecida por el acento italiano. Se sintió como una débil gatita enfrentada a la fuerza de un león.
-No llevo maquillaje -dijo como si eso lo explicara todo.
-Ya lo sé -su cara limpia también lo intrigaba. Debía de sentirse muy segura para no llevar maquillaje, y esa seguridad era una poderosa arma sexual-. Yo tampoco he dormido, por si te sirve de consuelo.
-¿Debería interesarme?
-Tal vez, porque ha sido por la misma razón.
Ella intentó calmarse. «Imagina que es uno de esos hombres que te acosan», pensó. «Uno de esos hombres aburridos que se sienten atraídos por ti porque te cuelas cada mañana en sus casas».
-¿El colchón tenía bultos? -sugirió Bella-. ¿O tuviste una indigestión después de tanta comida de la fiesta?
Él se rió.
-No.
-Tal vez la causa de tu falta de sueño fue más agradable. La rubia con la que hablabas estaba muy atenta, a lo mejor te mantuvo despierto.
-¿Y eso te pone celosa?
Bella lo miró con el pulso acelerado. Sí, estaba celosa.
-No seas ridículo.
-He dormido solo.
-No sabes cuánto lo siento.
-¿De verdad? -preguntó arrastrando las palabras.
-¿Sueles preguntar a la gente que no conoces sobres sus secretos más íntimos?
-Te he hecho una pregunta muy clara. Al contrario que tú, que solamente lo has insinuado.
-No me interesa lo más mínimo con quién duermas, ¡y no pienso contarte lo que hago yo! -contestó enfadada justo cuando Alice entraba en la habitación con una botella de champán y cuatro copas. -¡Vaya! ¿Debería irme y volver más tarde? Edward agarró la botella y empezó a descorcharla. -Bella y yo acabamos de descubrir que a los dos nos gusta ir al grano, ¿verdad, Bella?
¿Qué podía decir? ¿Qué explicación podía darle a su amiga de la conversación que estaban teniendo? Ninguna.
-Bueno, eso es lo que ella hace para ganarse la vida -dijo Alice.
Él sirvió el champán y le dio una copa a cada una.
-¿Y qué es lo que hace exactamente?
-¡Adivínalo! -contestó Alice con picardía.
-¿Abogada?
Muy a su pesar, Bella se sintió halagada. Ser abogada implicaba ser inteligente y elocuente. Pero odiaba hablar de su trabajo, a veces sentía que la gente no la veía como persona, sino como lo que representaba. Eso había hecho que Bella desconfiara de los hombres y de sus motivos, preguntándose si estaban interesados por lo que ella hacía o por lo que realmente era.
-No. Trabajo en televisión -dijo sin rodeos. -Bella es una de las presentadoras de ¡Levántate!, un programa que se emite de lunes a viernes de seis a nueve –confesó Alice con orgullo-. La tengo en vídeo, ¿quieres verla?
-Oh, Alice, por favor, no lo hagas.
Edward notó la súplica en su voz y entornó los ojos. Eso explicaba por qué la gente la miraba tanto en la fiesta. ¿Explicaría también porqué estaba a la defensiva? Sacudió la cabeza.
-Bella se aburriría. Déjalo.
Normalmente Bella odiaba verse, sobre todo cuando estaba rodeada de amigos, porque la hacía sentirse diferente y ella sólo quería ser como todo el mundo. Pero el hecho de que Edward no estuviera interesado en verla la decepcionó.
El ruido de la puerta principal al cerrarse y los pasitos de Kesi fueron como una bendición. Bella dejó su copa y se volvió para recibir a un torbellino de energía con rizos rubios. La abrazó cariñosamente.
-¡Bella! -gritó la pequeña.
-Hola, cariño. ¿Cómo está mi chica favorita?
-Me he hecho daño en la rodilla.
-¿De verdad? -Bella se sentó en el sofá con Kesi en su regazo-. Enséñamelo.
-Aquí -Kesi señaló un punto microscópico en la pierna mientras Jasper entraba sonriendo en el salón.
-¿Champán? -murmuró-. Edward, tienes que venir más a menudo, ¡así Alice abrirá más botellas!
-¡Es que sobró mucho de anoche! -protestó su mujer.
-Qué generosa -dijo Edward, y todos rieron.
-Me muero de hambre -afirmó Jasper-. ¡Correr detrás de los niños pequeños abre el apetito!
-Y Bella está levantada desde las tres y media-comentó Alice.
Edward levantó la vista.
-Cuando dijiste que te levantabas pronto, no pensé que fuera tanto. Todavía es de noche. Te tiene que limitar mucho. Socialmente, quiero decir.
-Oh, Bella es una mujer de carrera -dijo Jasper-. ¡No se preocuparía por una minucia como esa!
-¿Se me permite hablar por mí misma? -dijo Bella mientras jugueteaba con uno de los rizos de la niña-. Odio la expresión «mujer de carrera». Implica ambición y excluir todo lo demás. Por lo que a mí respecta, simplemente tengo un empleo que me hace trabajar a horas intempestivas.
-¿Cómo una enfermera? -preguntó Edward con los ojos brillantes.
-Mmm. O una granjera.
Se miraron compartiendo esa broma privada, y Bella se sintió insegura.
Alice parpadeó.
-Vamos a lavarnos las manos antes de comer, tesoro -le dijo a Kesi.
Kesi se abrazó a Bella.
-¡Quiero estar con ella!
Eso le dio a Bella la excusa perfecta para separarse unos momentos de Edward.
-¿Quieres que vaya yo también? Te lavaremos la rodilla y te pondremos una tirita. ¿Qué te parece?
Kesi asintió con la cabeza y le pasó a Bella sus bracitos regordetes alrededor del cuello mientras ella se la llevaba fuera del salón, consciente de la mirada de Edward.
Cuando regresó habían puesto la mesa junto a una de las ventanas que daba al mar, Edward estaba hablando con Jasper y casi no la miró cuando ella sentó a la niña en su sitio. Por supuesto, eso hizo que Bella se interesara aún más en él.
Bella se sentó y miró a Alice, que enarcaba las cejas mirándola en silencio.
«Comeré y no tendré que verlo de nuevo», pensó Bella. Mientras tanto, sólo tendría que tratarlo como a cualquier otra persona.
Pero la mayor parte de la comida estuvo hablando con Kesi, a quien quería desesperadamente, casi posesivamente. Cuando le preguntaron si quería ser su madrina había sido como un regalo, y Bella había aceptado la responsabilidad con gran alegría. Había muchas mujeres en su profesión que no tenían hijos, y Bella era consciente de que ese también podía ser su caso. Con su ahijada podía tener lo mejor de un hijo, pero sin ataduras.
Acababa de darle a Kesi una aceituna cuando levantó la vista y descubrió que Edward la estaba observando. Supo que no podría escudarse en la niña durante toda la comida.
-¿Dónde estás viviendo ahora, Edward?
El la miró esbozando una sonrisa. Bella casi no había comido nada, y él tampoco.
Ella había estado jugando con la niña ignorándolo, y Edward no estaba acostumbrado a eso. Se preguntó si ella sabría lo atrayente que era ver a una mujer a la que le gustaban los niños de verdad. Pero tal vez estaba pensando en estereotipos y se sorprendió al ver a esa mujer inglesa fría y sofisticada mostrarse tan expresiva y cariñosa. Apartó su plato.
-Vivo en Roma... pero también tengo una casita en la playa.
-¿Para navegar?
-Cuando puedo. Pero me temo que estos días no es posible.
-¿Por qué no? Jasper dijo que eras un excelente marinero.
Edward no lo negó. Navegar había sido su pasión durante una buena temporada, pero las pasiones tendían a dominar la vida de uno, y su atractivo iba desapareciendo.
-Por las presiones del trabajo, lo de siempre.
-¿En qué trabajas?
-Adivina -murmuró él.
-Yo diría que eres un rico hombre de negocios.
-Casi -posó la mirada en los labios de Bella, deseando poder introducir la punta de la lengua entre ellos-. Soy banquero.
-Oh.
-Aburrido, ¿eh?
-Supongo que para ti no, si no, no lo harías.
-¡Edward! -protestó Alice-. ¡Tienes que hacerte valer! -se inclinó hacia Bella desde el otro lado de la mesa sonriendo-. Edward no es un banquero normal y corriente, ¡es el dueño del banco!
Bella se sintió mareada. ¿Tenía un banco? Eso no lo ponía a la altura de los ricos, sino a la de los muy ricos. ¡Y ella que había pensado que tal vez a Edward le impresionaría su trabajo en los medios de comunicación!
Sabía que la estaba mirando y que quería ver cuál era su reacción. La gente reaccionaría de forma diferente con él, igual que hacían con ella... pero a una escala mucho mayor, por supuesto. Frente a las cámaras Bella había aprendido a no reaccionar, y eso le fue muy útil en ese momento.
-No sabía que las personas pudieran tener bancos -dijo interesada-. ¿No es raro?
-Es poco frecuente -corrigió él-. No exactamente raro.
-Tiene que ser muy emocionante... Tener tanto poder, quiero decir.
Él la miró a los ojos.
-Excita a las mujeres, sí.
Bella no reaccionó.
-No me refería a eso.
Edward pasó un dedo por el borde de su copa.
-Es como todo lo demás, tiene cosas excitantes y cosas aburridas. La vida es igual para todo el mundo, tanto si eres el dueño del banco como si te dedicas a limpiarlo.
-¡Lo dudo!
Sus ojos verdes brillaron.
-Es cierto -dijo él suavemente-. Todos comemos, dormimos, jugamos y hacemos el amor, ¿no?
Bella intentó no ruborizarse. ¡Sólo a un italiano se le ocurriría hablar de hacer el amor comiendo con una familia respetable!
-La verdad es que eso da que pensar -dijo ella-. ¿Cuánto tiempo te vas a quedar?
Eso era interesante. ¿Por qué se había ablandado? ¿Porque él había mencionado el sexo o porque tenía poder?
-Todavía no lo he decidido -sus ojos eran pura provocación-. ¿Por qué lo preguntas? ¿Vas a ofrecerte a enseñarme el lugar?
-¡Por supuesto que no! Ya conoces Hamble, ¿no? Estaba pensando en que tal vez te gustaría venir al estudio una mañana. Estoy segura de que a los espectadores les encantará saber cómo es la vida de un banquero.
Así que lo estaba invitando al programa, como si fuera una estrella de segunda.
-Creo que no -dijo fríamente.
Lo había ofendido cuando sólo había querido distanciarse de él, y de pronto Bella supo que tenía que salir de ahí. Edward no vivía allí. Era el dueño de un banco, por el amor de Dios, y era irresistiblemente atractivo. No era un objetivo alcanzable.
-Es una pena -murmuró Bella-. Pero si cambias de opinión, avísame -echó su silla hacia atrás-. Alice, Jasper... gracias por la comida. Kesi, ¿me das un beso y un abrazo? -abrazó a su ahijada y respiró profundamente-. Entonces adiós, Edward.
Él se levantó y le tomó una mano, mirándola a los ojos mientras le rozaba los dedos con los labios.
A Bella le dio un vuelco el corazón. Era el gesto más romántico que había experimentado y se preguntó si se estaba burlando de ella, con esa despedida distinguida y pasada de moda. Pero no pudo evitar reaccionar, y deseó no haberse despedido, deseó haberse quedado y... y después, ¿qué? «Sólo está de paso», se recordó mientras se marchaba, esperando que el arrepentimiento no se reflejara en su sonrisa.
-Adiós a todos -dijo algo vacilante.
Hola soy yo de nuevo agradecida de la buena aceptaciónde esta adaptación así que todos sus comentarios son mas que bien recibidos y nos veremos hasta la próxima.
Pd. En cuando a los díasde actualización serán los días viernes o sábados según mi disponibilidad de tiempo, claro si es que esto no les causa ninguna molestia estoy abierta a dudas, opiniones, comentarios y de mas :D
Besos Ana Lau
