Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos, esperando que les guste. La historia es de Sharon Kendrick.

Capítulo 3

Bella se sintió aliviada cuando el aire frío le golpeó las acaloradas mejillas. Tenía el pulso acelerado y el estómago revuelto, aunque tal vez era porque casi no había comido.

Pero en el fondo sabía que lo que sentía era una reacción física a Edward, como lo que sentiría cualquier otra mujer ante un hombre como él, especialmente si había estado flirteando con ella. Bella no tenía mucha experiencia, pero no era estúpida.

De camino a su casa oyó el crujido de los mástiles y pensó que estaban desnudos sin las velas. Bella había conocido a otros hombres, pero nunca a uno como Edward. Los italianos sexys y ricos no abundaban en las calles de Hamble. Ni siquiera en el estudio de televisión.

Iría a casa y se mantendría ocupada con algo que requiriera esfuerzo físico. Su madre siempre decía que el trabajo duro no dejaba sitio a los pensamientos neuróticos.

Se puso su ropa más vieja: unos pantalones de color caqui manchados de pintura y una camiseta desteñida que decía «¡Hola, marinero!». Después se puso unos guantes de goma de color rosa, llenó un cubo de agua caliente con jabón y se puso de rodillas para fregar las baldosas de la cocina.

Acababa de empezar a limpiar cuando sonó el timbre de la puerta. No le gustaban las visitas inesperadas. Quería tener su propio espacio y guardaba su intimidad celosamente. Una de las razones por las que nunca se había ido del pueblecito era porque allí todo el mundo la conocía como Bella. Era cierto que la televisión local no estaba al mismo nivel que la nacional, pero era consciente de que cuando su cara salía en televisión la gente tenía un extraño sentido de propiedad, como si en realidad la conocieran.

Abrió la puerta y sintió que la boca se le quedaba seca. Ahí estaba Edward, con las manos en los bolsillos de los vaqueros, haciendo que la tela se pegara a sus muslos musculosos.

-Edward. Qué sorpresa.

-¿De verdad?

La pregunta la desconcertó y señaló su ropa vieja y manchada.

-Bueno, no me habría vestido así si esperara a alguien.

Los ojos verdes de Edward se detuvieron en el mensaje de la camiseta.

-Y yo que pensaba que te habías puesto eso especialmente para mí -murmuró.

-Pero ya no navegas, ¿no? Además, en la tienda no quedaban camisetas que dijeran « ¡Hola,-banquero!».

Él se rió, aunque no había esperado hacerlo. Tenía el cuerpo tenso y empezaba a sentirse como un joven sin experiencia, excitado por una mujer ante la que no se podía enfrentar. Pero cuando ella se había ido de la casa había dejado un gran vacío.

-¿Vas a invitarme a entrar? -preguntó suavemente.

-¿Para?

-Para tomar un café.

Los dos sabían que no era precisamente café lo que Edward quería. El ligero rubor de sus pómulos aristocráticos lo delataba, igual que el brillo de sus ojos. Bella podría decir que estaba ocupada, y era verdad. O que necesitaba darse un baño, que también era verdad. Entonces, ¿qué haría él?

-Tengo que darme un baño.

-¿Ahora mismo?

-Evidentemente, ahora mismo no. Él la miró con curiosidad.

-¿Qué estabas haciendo?

-Fregaba el suelo de la cocina -contestó y pudo ver que la curiosidad de Edward se convertía en asombro.

-¿El suelo de la cocina? -repitió incrédulo.

-Por supuesto. La gente lo hace, ¿no lo sabías?

-¿No tienes una asistenta?

-Una asistenta sí, pero no una criada a tiempo completo. Y siempre me ha gustado el trabajo físico, me ayuda a concentrarme.

La mención del trabajo físico renovó la excitación de Edward, que se dio cuenta de que Bella Swan no iba a ser una mujer fácil. Decidió cambiar de estrategia.

-Entonces... ¿cenarás conmigo esta noche?

Bella abrió la boca para decir «Sólo si estoy en la cama a las nueve» pero, sintiendo la tensión que había entre los dos, lo pensó mejor. ¿Y por qué tenía que rechazarlo? ¿Había dejado que su trabajo la dominara tanto como para negarse a cualquier placer?

-Cenar es un poco complicado por las horas en las que trabajo y, como acabamos de comer, supongo que no tendremos mucha hambre -abrió un poco más la puerta, diciéndose que sólo lo hacía porque una vez él fue amable con ella. Pero, ¿por qué no admitirlo? No quería que se fuera-. Así que será mejor que entres y te prepararé un café.

La invitación lo pilló por sorpresa, aunque empezó a darse cuenta con incredulidad de que ella había rechazado su invitación para cenar.

Los ojos de Bella brillaron con una advertencia.

-Pero no tengo mucho tiempo.

-Échame cuando quieras -contestó él con la arrogancia de alguien a quien nunca habían echado de ningún sitio. Edward cerró la puerta con cierta sensación de triunfo, aunque no recordaba haber tenido que luchar tanto para conseguir una taza de café-. Estas casas no se hicieron para gente alta -comentó mientras la seguía por el pasillo hasta la cocina.

-¡Por eso vive aquí una mujer de altura media! Y antes la gente era más baja.

La cocina estaba ordenada y olía a limpio. Había un aparador lleno de piezas de porcelana china y un jarrón con crisantemos sobre la mesa. Desde la cristalera se podía ver el mar, que ese día estaba gris y un poco revuelto.

-Me encanta Hamble -dijo él suavemente.

-Es increíble, ¿verdad? La vista siempre es diferente, porque el mar nunca es el mismo. ¿Cómo te sientes al volver aquí?

Edward contempló el mar, recordando cuando entró por primera vez en ese puerto inglés. Era joven y libre, sin responsabilidades. Había sido una sensación embriagadora.

-Te hace darte cuenta de lo valioso que es el tiempo, de lo rápido que pasa. Esta casa es... dulce -dijo buscando el adjetivo adecuado y cambiando de tema.

Bella sonrió.

-Gracias. Es la antigua casita del guardacostas. Siempre he vivido aquí.

-No era lo que esperaba.

-¿Y qué esperabas? -preguntó mientras preparaba la cafetera.

-Algo moderno. Elegante. No esto -y ella tampoco era lo que él esperaba. Edward no debía tener el pulso tan acelerado. Intentó calmarse diciéndose que le gustaban las mujeres finas elegantes, no con prendas enormes llenas de pintura, pero sólo podía pensar en el cuerpo esbelto que se escondía debajo de esos pantalones y en la fascinación que sintió al ver las uñas de los pies pintadas de rosa.

Bella preparó el café en silencio, pensando que Edward llenaba toda la habitación con su presencia, y que nunca se había sentido tan incómoda con un hombre. Tal vez, inconscientemente, no podía pasar de adolescente a mujer madura. Tal vez, en lo que se refería a Edward, estaba atrapada en el tiempo. El corazón le latía tan fuerte que se preguntó si él podría escucharlo.

-¿Cómo te gusta el café?

-Solo.

Bella se dio la vuelta y lo miró. Estaba apoyado contra la encimera, observándola, y había algo en sus ojos que le hizo sentir vértigo.

-¿Y? -preguntó con un tono de voz muy diferente al suyo propio.

Él sonrió.

-¿Por qué estoy aquí?

-Bueno, sí.

Edward la miró de arriba abajo.

-No he podido controlarme -dijo encogiéndose de hombros.

Bella lo miró recordándose que no se comportaba así con los hombres. Trabajaba con ellos, y algunos eran muy atractivos. Pero había algo diferente en Edward, algo poderoso e impenetrable. Emanaba sensualidad y hacía que ella se sintiera vulnerable.

Una parte de ella se estaba arrepintiendo de haberlo invitado a entrar, pero otra parte, la más salvaje, deseaba llevarlo al piso de arriba y hacer el amor con él, aunque fuera una sola vez. Eso era lo que él deseaba, y Bella lo sabía. Pero la vida no era así, y ella tampoco.

-Explícate, Edward -pidió suavemente.

Sólo había una forma de hacerlo y no era con palabras. Se acercó a ella y vio que Bella lo permitía, mientras lo miraba con una mezcla de incredulidad y excitación, como si no pudiera creer lo que él estaba a punto de hacer. Pero ella no hizo nada para detenerlo, y él no pudo detenerse. Le acarició la mejilla con las puntas de los dedos lentamente, como si se estuviera aprendiendo sus rasgos.

Bella se estremeció y Edward la abrazó, respirando sobre su rostro y manteniendo los labios junto a los suyos.

-¿Qué crees que estás haciendo? -preguntó Bella sin aliento.

-Estoy a punto de besarte -respondió suavemente-. Creo que puedes darte cuenta, ¿no, cara?

-No debes hacerlo.

-¿Por qué no?

-Porque... ¡porque es inapropiado! ¡Casi no nos conocemos!

-¿Nunca has besado a un hombre que es casi un extraño? -murmuró-. ¿No crees que hay algo loco y maravilloso en eso?

«Casi un extraño». En esa expresión había algo que intimidaba, y Bella intentó concentrarse en ello, pero sólo sentía el calor violento del cuerpo de Edward, un calor que le hacía abandonar cualquier pensamiento racional. Puso una mano en el pecho de Edward.

-Eso no tiene nada que ver. Y además, ¿cómo sabes que no tengo novio?

Él se rió en voz baja.

-No lo tienes -trazó la forma de sus labios con un dedo-. Y si lo tienes no significa nada para ti, porque me deseas, cara.

Fue una afirmación implacable, casi cruel, pero era cierto. Lo deseaba. Edward leyó la invitación en sus ojos y la besó con urgencia en los labios. Cuando ella los separó, Edward sintió que el deseo lo invadía, atravesándolo como un cuchillo.

Bella suspiró y Edward sonrió contra su boca, mientras ella le ponía las manos en los hombros y le clavaba las uñas al sentir que las rodillas le empezaban a fallar. Sus alientos se mezclaron y el cuerpo de Bella se derritió contra el de Edward cuando él la apretó aún más.

Ella luchó por controlarse, por recuperar la lucidez.

-Esto es una locura. ¡Yo no hago este tipo de cosas!

-Acabas de hacerlo -observó con arrogancia-. Y quieres hacerlo otra vez -sí, quería hacerlo otra vez. Se preguntó si sería tan autoritario en la cama y el brillo luminoso de sus ojos verdes le dijo que sí. ¿Pero sabría dar al igual que tomar?-. Lo deseas.

Era una afirmación, no una pregunta, y ella no contestó, sólo presionó las caderas contra las suyas y sintió que el cuerpo de -Edward se endurecía.

-¡Signore doce in nel cielo! -gimió él. No pudo recordar cuándo fue la última vez que se sintió así, pero no quiso saber por qué lo sentía ni por qué con esa mujer. Se frotó contra ella deliberadamente, para que pudiera sentir su erección.

El deseo explotó en el interior de Bella y la arrastró. Hundió los dedos en el cabello de Edward mientras la besaba en los labios y en el cuello, transportándola a otro mundo, donde sólo importaba el momento.

-¡Edward!

Fue un grito entrecortado. Una súplica. Una oración. Edward había pensado que ella intentaría resistirse, pero en vez de eso le sorprendió el entusiasmo de Bella. Con un gran esfuerzo separó los labios de los de ella, ávido por tener más.

Le tomó el rostro con las dos manos, mirándola con ojos ardientes.

-¿Tu cama? -preguntó-. Llévame a ella... ahora.

¡Dios santo! A Bella le hervía la sangre, y se sentía fuerte y débil al mismo tiempo, abrumada por un deseo que hacía desaparecer cualquier cosa que no fuera la necesidad de tener a Edward junto a ella, lo más cerca que un hombre y una mujer podían estar.

Pero no estaba bien. No podía ser. ¿Cómo la veía él? ¿Cómo a una de esas mujeres que se dejaban llevar por el deseo carnal? Y lo más importante, ¿cómo se sentía ella al hacerlo?

Con gran esfuerzo se separó de la tentación de sus brazos.

-No. Para. De verdad, no puedo.

Él se quedó quieto con los ojos entrecerrados y conteniendo la respiración.

-¿Qué?

-No debería haberlo hecho. Lo siento, Edward, me dejé llevar -el rostro de Edward parecía de piedra, y Bella supo que no podía culparlo. Lo había animado y después lo había dejado esperando, frustrado.

-Sí que lo hiciste.

-Es... algo imposible, ¿no crees?

-¿Imposible?

Ella se encogió de hombros.

-Claro que es imposible... Tú vives en Roma, y yo en Inglaterra.

Edward se rió burlonamente.

-Creí que íbamos a pasar la tarde en la cama, no que nos fuéramos a comprometer para siempre.

Ella lo miró.

-¡Qué oportunista!

-Sólo un tonto no aprovecharía la oportunidad cuando se le presenta.

Y sólo una tonta dejaría que se quedara en su casa después de esa afirmación.

-Será mejor que te vayas -dijo ella en voz baja

-Eso creo -tenía los ojos encendidos, brillantes como el fuego-. Pero deja que te dé un consejo para el futuro, cara. ¿No crees que no es muy inteligente llevar a un hombre hasta ese punto y después cambiar de opinión repentinamente? No todos lo van a aceptar tan bien como yo.

Ella lo miró con incredulidad.

-¿Qué estás diciendo, que no tengo derecho a cambiar de opinión? ¿Que «no» a veces significa «sí»?

-Eso no es lo que he dicho. Quiero decir que muchos hombres habrían intentado convencerte.

-¡Pues no lo habrían conseguido!

-¿De verdad? -sus ojos verdes se burlaron de ella, desafiándola-. Creo que te estás engañando, Bella. Los dos sabemos que, si hubiera seguido besándote, te habrías sometido irremediablemente.

-¿Sometido? -preguntó sin poder creer lo que había oído-. ¿Sometido? ¿En qué siglo crees que vives? Esas palabras implican desigualdad, pero cuando yo hago el amor con un hombre no me someto, y él tampoco. Hay igualdad y todo es suave, delicado...

Él se rió.

-¡Parece que estás hablando de tejer un suéter!

A Bella se le encendieron las mejillas y comprendió inmediatamente lo que había detrás de esas palabras. Con él no sería dulce y delicado.

-Vete. Vete, por favor.

-Ya me voy -dijo con un tono en el que se reflejaba la tensión-. Pero algo como esto no puede terminar así. Hasta la vista, cara.

Ella lo vio marcharse sintiéndose tremendamente arrepentida. Su cuerpo estaba tenso como una estatua mientras escuchaba sus pisadas en el pasillo. Pero cuando oyó que cerraba la puerta detrás de él no se sintió aliviada, sino que deseó darle una patada a la pared.

Hola soy yo de nuevo esperando que el cap haya sido de su agrado, les tengo una mala noticia y una buena. La mala es que me quede sin compu. La bueno tengo una en mi trabajo jajajaja asi que me dare el tiempo de actualizar en el trabajo, por lo que los dias de actualización sera los dias viernes sin falta (eso espero), me pedian que actualizara mas seguido pero la verdad es que se me complica.

Ademas si hay alguien que tambien esta leyendo "Seras mia" que quede claro que no la voy a dejar abandonada ya esta el capitulo en revision con mi adorable Beta por lo que espero que la semana que sigue ya actualice. En recomenza si la neurona creativa copera en una hora mas o menos estare subiendo un OS rating M por si gustan revisarlo tambien :D

Bueno no las aburro mas con mi bla, bla, bla saben que estare ansiosa por sus rr, alertas y favoritos. Hasta el viernes,

Besos Ana Lau

Pd: No se que fue lo que paso y ahora lo vi con el móvil, mil disculpas para quienes vieron el error de capitulo espero que no vuelva a ocurrir.