Disclaimer:Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos, esperando que les guste. La historia es de Sharon Kendrick.
Capítulo 7
Bella estiró el edredón y echó un vistazo al dormitorio. Edward se iba a quedar unos días y ella sintió la necesidad de preparar la bienvenida. La ropa de cama estaba limpia, había flores frescas por toda la casa y velas perfumadas listas para ser encendidas.
Se dejó caer en la cama y arrugó el edredón, pero no le importó. En realidad no le importaba nada, sólo que su vida estaba a punto de cambiar drásticamente.
Miró el reloj con desgana. Edward no tardaría en llegar y ella debía calmarse.
Tendría que decírselo, y sería mejor que lo hiciera pronto. ¿Cómo podría mirarlo a los ojos y pretender que no había cambiado nada?
Era un secreto tan grande que parecía haberse apropiado de toda su vida. Casi había esperado que la gente en el trabajo la detuviera en el pasillo y le diera la enhorabuena, porque le parecía que era evidente que estaba embarazada. Pero, si la gente lo supiera, raramente le daría la enhorabuena, ¿no? Se había quedado embarazada de repente y no tenía un compañero sentimental estable. Pero no había ninguna razón por la que no pudiera disfrutar de su vida y de la de su hijo aunque, al menos al principio, no era una noticia para celebrar con una botella de champán.
¿Cómo se lo iba a decir a Edward? ¿Debería decírselo directamente o esperar el momento apropiado? Pero si ese momento existía desaparecería rápidamente, porque ella podía predecir cuál sería su reacción. Se iba a poner furioso al descubrir que iba a ser el padre del hijo de una mujer que era «casi una extraña».
Oyó que un coche se acercaba, que una puerta se cerraba y el murmullo de algunas palabras. Apartando la cortina, vio a Edward pagar al taxista.
Ya había llegado. Bella debería haberse sentido emocionada, pero sus únicas emociones eran miedo y terror.
Edward levantó la vista hacia la casa y entornó los ojos. ¿Había estado Bella allí arriba, mirándolo? Si era así, ¿por qué no había apartado la cortina para saludarlo?
Las facciones se le endurecieron. Bella había estado tensa por teléfono, con la voz que ponía una mujer si te olvidabas de su cumpleaños. ¿Estaría enfadada?
Llamó a la puerta y pensó en el cuerpo esbelto y firme de Bella, sintiendo inmediatamente una oleada de deseo. Si estaba enfadada, él la besaría hasta que se le pasara y la haría suspirar de placer durante dos días enteros. ¿Y después? Se encogió de hombros ligeramente.
La puerta se abrió y Bella le dedicó una de sus mejores sonrisas.
-¡Edward! -dijo abrazándolo.
Él sonrió contra su cabello y dejó su bolsa en el suelo. Mucho mejor.
-¿Me has echado de menos, cara mia?
-¿Echarte de menos? -preguntó Bella mientras se decía que debía actuar con normalidad-. Soy una mujer muy ocupada, Edward Cullen. ¡No tengo tiempo para echar de menos a nadie!
Bella no hacía de Edward el centro de su universo. Era una mujer con su propia vida.
Perfecto. Pero no le gustó. Quería que le dijera que lo había añorado, quería romper su fría armadura de sofisticación. Se dio cuenta de que quería conquistarla. Le gustaba conquistar a sus mujeres, y cuando lo había hecho seguía adelante.
-Entra. ¿Qué te gustaría hacer primero? Puedo hacer algo de té y después podríamos dar un paseo junto al mar... -pero el beso de Edward la interrumpió, un beso que la dejó helada-. ¡Edward! Cualquiera diría que has venido pensando solo en una cosa -bromeó, aunque seguía sintiendo miedo.
-¿No quieres llevarme arriba y hacer el amor? ¿Quieres té?
-¿Tú no? ¡Has estado todo el día viajando! Ven, prepararé la tetera –dijo mientras se dirigía a la cocina.
Él la siguió irritado. ¿Qué clase de bienvenida era esa? ¿Pensaba Bella que había estado volando todo el día para meterse en una cocina y tomar té?
-Una mujer italiana nunca trataría así a su amante.
Lentamente, Bella se dio la vuelta.
-Entonces sugiero que te busques una amante italiana, en vez de una inglesa.
-Dime, ¿saludas a todos tus hombres de esa manera tan fría?
Lo dijo como si ella tuviera un montón de amantes, y de repente se sintió mareada y el mareo le recordó su gran secreto. Se dio cuenta de que su intuición había sido correcta: no habría ningún momento «apropiado» para decírselo. Esperar habría sido mantener el engaño, y ni siquiera podía pensar en hacer el amor.
-Siéntate, Edward -dijo bruscamente.
Edward entrecerró los ojos. Algo no cuadraba. Desde que llegó había tenido el presentimiento de que algo no iba bien, pero lo había atribuido a los nervios, aunque no había habido nervios durante aquel delicioso fin de semana en Roma. Agarró una silla en silencio y se sentó.
Bella terminó de preparar el té. Sabía que ninguno de los dos se lo iba a tomar, pero tenía la necesidad de mantenerse activa. ¿Y él por qué no decía nada? ¿Por qué no le preguntaba qué iba mal de forma que ella pudiera soltárselo, en vez de tener que decirlo fríamente?
-Estoy embarazada.
Durante un instante, Edward creyó que estaba soñando, o en medio de una pesadilla.
-Date la vuelta y mírame -dijo en voz baja-. Y dilo otra vez.
Bella respiró profundamente y se giró para mirarlo. Había esperado ver enfado, furia e incredulidad, pero no vio nada de eso. Sus ojos eran fríos como el hielo y su rostro parecía el de un extraño, aunque en realidad era eso precisamente.
-Estoy embarazada.
Edward le miró el vientre, como si quisiera comprobarlo por sí mismo. Asintió con la cabeza.
-Por eso no querías hacer el amor.
La tranquilidad de su voz actuó en Bella como un bálsamo y se sintió un poco más cómoda. Era un hombre inteligente y perspicaz y sabía que no conseguiría nada enfadándose.
-Eso es. Pensé que sería inapropiado, dadas las circunstancias.
Edward se rió despectivamente.
-¿Inapropiado? ¿Para quién? ¿Para ti, para tu bebé o para el tonto que lo ha engendrado?
Sí, Edward estaba enfadado, pero era una furia desdeñosa, aún más mortífera que un enfado fuerte y furioso. Ella lo miró sin terminar de comprenderlo.
-Edward...
-¿Estabas ya embarazada cuando te acostaste conmigo? -se rió amargamente, incapaz de creer que había sido engañado y que la había perseguido como un adolescente-. ¿Esto no te complica las cosas? ¡Supongo que el padre no te ofrecerá ayuda si descubre que te has estado acostando con otro! Bueno, no te preocupes, cara. ¡No seré yo quien se lo diga! Me llevaré el secreto a la tumba. Y espero no volver a fijarme en ti mientras viva.
Atónita, Bella vio que se levantaba. Era como si lo viera todo a cámara lenta y ella hubiera perdido la capacidad de hablar. Cuando Edward casi había llegado a la puerta Bella consiguió decir:
-Pero tú... ¡Tú eres el padre, Edward!
Se hizo un pesado silencio y Edward se quedó helado, como si de repente se hubiera convertido en una estatua.
_¿Qué?
Esa única palabra fue como una amenaza, como si la desafiara a decirlo de nuevo.
-Tú eres el padre.
Se dio la vuelta y se rió.
-¡No soy el padre!
Ella pensó en la vida que llevaba en su interior, creada por accidente y ahora negada por su padre biológico, y comenzó a sentirse furiosa. Levantó la cabeza con orgullo.
-Puedo asegurarte que lo eres.
-Demuéstralo.
Le lanzó una mirada fulminante.
-No tengo intención de «demostrarlo». Además, no necesito ninguna prueba. Lo sé.
-¿Cómo?
-¡Porque hacía dos años que no me acostaba con ningún hombre!
-¿Esperas que me crea eso?
-¡No espero nada! Te lo estoy diciendo porque creo que tienes derecho a saberlo, ¡aunque ojala no te lo hubiera dicho!
Él estaba asintiendo con la cabeza, como si se le hubiera ocurrido una solución.
-Por supuesto -dijo-. Por supuesto.
Bella respiró profundamente, diciéndose que debía mantener la calma, por su propio bien y por el del bebé. Edward se había asustado al principio. ¿Quién no lo haría?
Lo miró esperanzada.
-Por supuesto, ¿qué?
-Ahora lo entiendo.
-¿De verdad?
-Claro, ahora lo recuerdo. Aquella noche en Londres, cuando me dijiste que querías tener hijos. Eres una mujer de carrera, ¿no, Edward? Tienes un trabajo exigente.
Así que, ¿quién necesita un hombre a su lado? Lo único que querías era un bebé. Un bebé de diseño. Hoy en día, las mujeres lo hacen cada dos por tres. ¿Y quién mejor para engendrar a tu bebé que uno de los hombres más ricos de Italia? Muy inteligente, cara -la miró como si fuera un ser de otro planeta-. Pero quiero saber cómo lo hiciste.
Tal vez arañaste deliberadamente el preservativo con tus bonitas uñas rosas cuando me lo estabas poniendo. Un plan muy ingenioso.
-Vete -dijo ella-. ¡Vete antes de que llame a la policía!
Pero Edward no se movió.
-¿Cuánto quieres? Una buena cantidad de dinero. ¿Es eso lo que habías planeado?
-echó un vistazo a la cocina con una sonrisa desdeñosa-. Supongo que ganas bastante dinero, ¿no, Bella? Pero mi riqueza está fuera de tu alcance. Con mi dinero podrías permitirte lo que realmente quieres: la mejor niñera, una casa más grande, un coche de lujo, vacaciones... ¿No es así, cara?
-¡No vuelvas a llamarme así! Te doy una última oportunidad para que te vayas, Edward, ¡y si no lo haces llamaré a la policía! -exclamó cerrando fuertemente los puños.
Edward también estaba a punto de perder los nervios y supo que tenía que marcharse. Pero ella estaba embarazada de su hijo, y aunque el método que había usado era totalmente imperdonable, ya estaba hecho.
-Me voy -dijo fríamente.
- ¡Y no vuelvas! ¡No quiero verte nunca más!
Edward sacó un billetero del bolsillo de la chaqueta y por un momento ella creyó que le iba a arrojar algo de dinero. Pero sacó una tarjeta y la dejó sobre la mesa.
-Esta es la dirección de mi abogado. Le diré que te pondrás en contacto con él.
Y con esas palabras insultantes resonándole en los oídos, Bella escuchó con incredulidad sus pisadas en el pasillo y la puerta cerrarse a sus espaldas. Pero cuando se hubo ido se sintió algo mejor.
Su reacción había sido peor de lo que Bella había imaginado, pero al menos ya había pasado. Seguramente ya nada podía ser tan malo como lo que acababa de pasar.
Pero entonces recordó la furia de Edward y las lágrimas se le agolparon en los ojos. No tenía ningún sentido pensar en él, se había terminado.
Sintió un ruido en el estómago, y sintió hambre por primera vez desde que supo que estaba embarazada. «Tienes un bebé que alimentar, Bella Swan», se dijo mientras abría la puerta del frigorífico.
Yo de nuevo esta es su recompensa por mi tardanza que espero con esto este perdonado.
Espero ansiosa sus rr y agradezco sus favoritos y alertas.
Besos Ana Lau
