Disclaimer:Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos, esperando que les guste. La historia es de Sharon Kendrick.
Capítulo 10
Edward entró en la sala de las ecografías y lo primero que vio fueron los focos.
Frunció el ceño y entrecerró los ojos para acostumbrarlos a la luz, pero su disgusto aumentó cuando vio el resto de la habitación.
Bella estaba tumbada en una camilla y una técnico con bata blanca le estaba extendiendo algo parecido a gelatina en el vientre. En una esquina, una mujer bastante joven hablaba animadamente con un hombre que llevaba una cámara.
Todos lo miraron, la mujer le sonrió y, antes de que Bella pudiera detenerla, dijo:
-Lo siento, pero estamos grabando.
Hubo un silencio tenso.
-¿Y qué es exactamente lo que están grabando? -preguntó Edward.
-Estamos haciendo un documental para un programa de televisión, y ya hay mucha gente aquí dentro. Así que, si no le importa marcharse...
-Yo no me voy a ir a ninguna parte, pero me temo que ustedes sí. Salgan.
-¿Cómo dice?
-No van a grabar la ecografía de Bella. Y ahora, ¿van a marcharse o tengo que agarrar yo las cámaras y sacarlas fuera?
La mujer miró a Bella.
-¿Bella?
Sorprendentemente, Bella no se sentía mortificada, indignada ni furiosa con Edward.
Grabar la ecografía le había parecido una gran idea, pero en ese momento le resultaba algo indiscreto. Nunca se había alegrado tanto de ver a alguien en su vida.
-¿Quién es este hombre, Bella?
-Es...
-Soy el padre del bebé -interrumpió Edward-. Y quiero ver la ecografía en privado.
Había algo en su cara y en el tono de voz que evitó que lo desafiaran.
Murmurando protestas, el personal de televisión recogió el equipo y se marchó.
Edward necesitó unos segundos para recobrar la compostura y miró a la técnico de la bata blanca, que parecía desconcertada.
-¡Y yo que pensaba que iba a salir en televisión! -bromeó.
Edward lanzó una mirada a Bella que pretendía decir «Ya hablaremos luego», y ella se sintió como una niña que había sido llamada a la presencia del director de la escuela.
Pero Edward olvidó su furia cuando la técnico comenzó a mover el escáner sobre el vientre de Bella.
-Allá vamos. Dos brazos y dos piernas... perfecto. Y aquí está el corazón. ¿Ven cómo late? ¡Miren! -dijo como si no hubiera hecho lo mismo mil veces antes-. ¡El niño se está chupando el pulgar!
-¿El niño? -preguntó Edward.
-¡Oh, lo siento! Siempre hablamos como si fuera un niño, pero es por costumbre.
¿Quieren saber cuál es el sexo de su bebé?
Bella y Edward levantaron la vista al mismo tiempo.
-No -dijeron a la vez mientras sus ojos se encontraban.
Pero cuando la técnico le quitó la gelatina y le dijo a Bella que podía vestirse, ella se sintió algo intranquila. Edward estaba serio y parecía descontento. Alargó la mano hacia los pantalones.
-Será mejor que me vista.
-Te esperaré fuera -contestó él.
Mientras se ponía la ropa Bella se dijo que no iba a dejar que Edward la intimidara.
No tenía derecho a decirle cómo debía llevar su vida. Suspiró mientras se ponía los pantalones con dificultad. Las cosas habían ido demasiado bien. Edward se había portado como un ángel acudiendo a todas las citas médicas, tomando un montón de aviones.
Pero Edward viajaba mucho. Bella lo sabía porque se lo había dicho en una de las frecuentes llamadas que él hacía para preguntarle cómo estaba.
Bella había empezado a esperar las llamadas con impaciencia. En cierta forma era más fácil hablar con él por teléfono, así no tenía que mirarlo a la cara ni enfrentarse a su proximidad y al hecho de que sus sentimientos por él no habían cambiado.
Bueno, en realidad sí que lo habían hecho. La atracción que sentía por él no, pero al conocerlo mejor se había dado cuenta de lo que siempre había temido, de lo que había pensado cuando lo vio en la fiesta de Jasper y Alice. Que era «el único hombre». Pero eso no tenía ningún sentido. Se encontraba en una calle de una sola dirección y no debía meter se en ella.
Edward la estaba esperando en recepción y estaba muy serio.
-¿Has traído el coche? Ella sintió con la cabeza. -Dame las llaves.
Se las dio y se preguntó si se estaba convirtiendo en una de esas mujeres a quienes les gusta que las dominen.
Edward no dijo ni una sola palabra cuando entraron en el coche, y seguía en silencio cuando se dirigieron a Hamble.
-Ahora no, Bella. Estoy intentando concentrarme en la carretera y si tenemos esa conversación no voy a poder conducir -esperó hasta que llegaron a la casa de Bella, y entonces dio rienda suelta a su enfado-. ¿Vas a explicarme de qué iba todo eso?
Ella se sentó en un sofá y lo miró desafiante. -Era para el programa.
-Sí, eso ya lo sé.
-Querían grabar la ecografía, eso es todo.
-¿Eso es todo?
-No veo cuál es el problema. Edward se rió despectivamente.
-¿No ves qué problema hay en que la mitad del país vea tu vientre desnudo?
-No es la mitad del país -comenzó a decir ella, pero se detuvo cuando vio la cara de Edward-. Se supone que ayuda a que las mujeres vean lo fácil que es -dijo con tono apaciguador.
-¿Y el parto? ¿Vas a dejar que un equipo de hombres lo grabe para que los telespectadores puedan ver lo «fácil» que es?
-¡Por supuesto que no!
-¿Estás segura?
-Sí -en realidad, esa idea había surgido en una de las reuniones de producción, pero Bella la había descartado.
-Supongo que crees que estoy muy chapado a la antigua.
-Bastante.
-No quiero que los telespectadores vean lo que es un momento privado. Debería ser solamente para la madre y para el padre, Bella... para nosotros.
Pero no había ningún «nosotros». Abrumada por una repentina nostalgia de lo que podría haber sido, Bella cerró los ojos.
Él la miró y comenzó a sentir de nuevo una oleada de furia. ¿Qué demonios había estado haciendo ahí tumbada dejando que la grabaran mientras llevaba a su hijo en el vientre? ¿Cómo había permitido él que eso ocurriera?
-Voy a preparar té -dijo Edward bruscamente.
Ella lo oyó haciendo ruido en la cocina y, cuando regresó con una bandeja, tenía el ceño fruncido.
-¿Y por qué te has hecho una ecografía a estas alturas?
Ella se encogió de hombros.
-Pura rutina.
-¿Segura?
Asintió con la cabeza.
Edward se sentó, le tomó la mano y empezó a acariciarla pensativamente. Bella abrió los ojos. Era un gesto muy pequeño, pero a ella le pareció enorme.
Necesitaba contacto humano y sentirse reconfortada. Sus ojos se encontraron y ella deseó que la abrazara y acariciara, pero Edward no lo hizo.
-¿Durante cuánto tiempo más tienes ese contrato?
Bella tragó saliva con dificultad. «No dejes de acariciarme», pensó.
_Termina el día tres.
-Eso es la semana que viene -ella asintió con la cabeza-. ¿Y después?
-Después tengo permiso por maternidad. Buscaré otras opciones cuando... cuando tenga el bebé.
-Bella. ¿Estás contenta con lo que haces?
-¿Quieres decir con el programa?
-Me refiero a tu vida. ¿Cómo ves el futuro, cara mia?
Hacía mucho tiempo que no la llamaba así, y Bella sintió ganas de llorar por lo que podía haber sido y por lo que no era.
-Es como si me hubiera subido en un tiovivo y no me pudiera bajar –admitió lentamente, sin importarle si parecía vulnerable. Realmente se sentía vulnerable.
Quería apoyarse en Edward, sólo un momento, fingir que él siempre estaría ahí para ella -. La verdad es que no he pensado mucho en el futuro. Pero ahora... -su voz se apagó.
-¿Ahora?
-Me doy cuenta de que lo tengo que hacer, pero no sé nada más. ¡Oh, Edward! –para su horror comenzó a llorar. Se mordió el labio e intentó contenerse, pero no pudo.
Una expresión de dolor cruzó el rostro de Edward. ¿Había sido él el causante de eso? La abrazó y comenzó a acariciarle el cabello.
-Shh. No llores, Bella. No llores, cara mia. Todo va a salir bien, te lo prometo.
Bella había hundido el rostro en su cuello, podía oler su masculinidad y sentir su calidez. Sus brazos eran fuertes y protectores. En ellos, nada podía herirla. Se separó de él enjugándose las lágrimas con el dorso de la mano.
-Lo siento.
-No hay nada que sentir -¿Qué pensaría si le dijera que una parte de él quería verla así, débil?-. ¿Qué ocurriría si les dijeras que no quieres volver a trabajar, al menos en un futuro inmediato?
-Probablemente sería el fin de mi carrera.
-Sí, tu carrera. Tu maldita carrera. ¿Qué va a pasar cuando nazca el bebé, Bella? ¿Quién va a cuidar de nuestro hijo o de nuestra hija cuando ese coche te lleve al estudio cada día?
Ella lo miró.
-No lo sé -susurró-. Ni siquiera sé cuánto me importa mi carrera. Supongo que piensas que es una confesión vergonzosa.
Era lo mejor que él le había oído en mucho tiempo, pero era lo suficientemente inteligente como para no decírselo.
-¿Por qué iba a serlo?
-Supongo que mi trabajo me define.
-Ningún trabajo debería definir a una persona. Y no has contestado a mi pregunta. ¿Qué va a pasar cuando nazca el bebé?
-No puedo elegir. Tengo que trabajar.
-Ese es tu error, Bella, sí que puedes elegir. Puedes venir a Italia conmigo. Como mi mujer.
Hubo un largo silencio.
-No lo dices en serio.
-Yo siempre hablo en serio. Pero, créeme, no te lo voy a pedir otra vez.
Ella se reclinó en el sillón.
-¿Por qué?
-¿La verdad? Me gustaría que el bebé naciera en Italia, y quiero verlo crecer.
Al menos no le había mentido, no le había dicho que la quería y que no podía vivir sin ella.
-¿Crees que esa es una buena razón para casarse? -preguntó ella con la voz temblorosa.
-No se me ocurre ninguna mejor. ¿Qué alternativas hay? Que críes al bebé aquí, sola -se le oscurecieron los ojos-. O tal vez no sola. Piensa lo que quieras de mí, Bella, pero pensar que otro hombre pueda criar a mi hijo me pone malo.
Ella asintió con la cabeza. Sí, lo comprendía. No podría soportar la idea de que Edward se casara con otra mujer y de tener que ver que su hijo pasaba temporadas con ellos, fines de semana, vacaciones, y algunas Navidades. Otra mujer sería la madrastra de su hijo.
Pensó en lo que le estaba ofreciendo.
-Es mucho más que un matrimonio -dijo Bella-. Es una nueva vida en otro país.
-¡Una aventura! Un país hermoso y una ciudad hermosa -los ojos de Edward brillaron y su voz de suavizó-. Podría hacer que te enamoraras fácilmente de mi ciudad, Bella.
Ella no lo dudó. Había conseguido que se enamorara de él sin proponérselo. Pero Edward era un hombre apasionado, y había una parte del matrimonio de la que no había hablado, la que lo volvería todo del revés, incluidas sus vidas.
-Cuando hablas de... matrimonio...
-Tienes miedo de que empiece a exigir mis «derechos»?
-¿Lo vas a hacer?
-No te voy a pedir nada, Bella -respondió suavemente-, si es eso lo que te preocupa.
¿Podía ser más complicado de lo que ya era?, pensó Bella. Edward no había mostrado ningún signo de querer hacer el amor con ella desde que le dijo que estaba embarazada. Al principio lo había atribuido a su enfado, pero después tampoco se acercó a ella, y eso podía significar que físicamente no la encontraba atractiva.
A veces lo sorprendía mirándola ávidamente y pensaba que tal vez sí la deseara.
Pero acababa de decir que no le iba a pedir nada. ¿Significaba eso que esperaba que ella diera el primer paso? ¿Y cómo podría ella, una mujer embarazada nada atractiva, hacer un movimiento que él podría rechazar? O tal vez el no pediría nada porque simplemente no quería nada.
Pero ella lo amaba, estaba esperando su bebé y él le había pedido que se casaran.
¿Por qué no aceptar? ¿Qué era lo que la retenía? ¿Un trabajo que había empezado a perder importancia comparado con la importancia de traer al mundo una nueva vida?
Bella sonrió.
-¿En qué tipo de boda habías pensado?
Hola mis niñas mil disculpas por el retraso, pero apenas voy llegando a la casa desde el viernes y no he podido actualizar, espero que les haya gustado.
Que bueno que Edward pudo ver la ecografía de su bebe o no?
Nota: No se cuantas de ustedes lean "Serás mía" les tengo dos noticias una buena y otra mala, la buena es que ya esta el capitulo y esta en manos de mi beta... la mala es que Bella Alexandra tiene problemas con el internet y se le ha facilitado el hecho de enviarme el capitulo, ahora no quiero subir el capitulo sin vetear porque se me hace una falta de respeto a su trabajo, espero que ya nos tardemos en poder actualizar. Les pido mil disculpas de verdad pero eso ya se sale de mis manos y gracias por su comprensión.
Besos Ana Lau
