Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos, esperando que les guste. La historia es de Sharon Kendrick.
Capítulo 12
-No vamos a cocinar todas las noches -dijo Edward de repente una mañana.
-¿Quieres decir que anoche fue un desastre? Él negó con la cabeza. La cena que habían compartido en la terraza bajo las estrellas había sido casi perfecta. Casi. La compañía de Bella había sido entretenida y estimulante y, como el sexo estaba fuera de juego, toda la atención se había concentrado en la conversación, lo que era nuevo para él.
Normalmente Edward sólo hablaba con una mujer si estaba haciendo negocios con ella, si estaba coqueteando, si se trataba de la esposa de algún amigo o si había que charlar algo con ella antes de llevarla a la cama. No hablaba con las mujeres por el puro placer de la conversación, pero con Bella había tenido que hacerlo, y se había dado cuenta de por qué ella había tenido tanto éxito en su trabajo. La había convencido para que hablara de su profesión, algo a lo que ella siempre se sentía reacia.
Por primera vez había comprendido que trabajar en televisión no era fácil, y que la verdadera habilidad consistía en hacer que lo pareciera. No todo el mundo podía hacer una entrevista mientras los miembros del estudio le daban órdenes a través de un auricular.
-¿Alguna vez querrás volver a trabajar? -le había preguntado.
¿En Italia? ¿Con un bebé? No lo sabía.
-Ya veremos -había contestado ella.
Edward la miró. Bella observaba los movimientos del bebé en su vientre.
-No, Bella, no fue un desastre.
La palabra apropiada habría sido locura. Era una locura que tuvieran que separarse y dormir en camas separadas. El embarazo le daba a Bella una belleza especial. Era como un melocotón maduro y jugoso. Quería acostarse con ella. Pero no hacer el amor. Le habría gustado abrazarla y acariciarle el cabello, recorrerle con la punta de los dedos la curva del vientre.
-Es que tu libertad... y la mía, se verá limitada por el bebé.
-Sólo quedan algunas semanas -apuntó ella con serenidad.
-¡Exacto! Debemos aprovechar el tiempo, hacer turismo.
-Supongo que sí -murmuró Bella. Tal vez deberían salir más, así no sería tan difícil estar cerca de él pero no lo suficientemente cerca de él, deseando que la besara y que la acariciara.
Edward le enseñó una parte diferente de Roma. La llevó a los lugares secretos de su infancia.
-En realidad no estamos haciendo turismo, ¿verdad? -le preguntó mientras entraban en un jardín escondido-. Ningún turista encontraría estos sitios.
-Pero esta es la verdadera Roma. Para los romanos.
Bella sintió un pinchazo de aislamiento. Su bebé crecería y conocería esa Roma secreta con una profundidad que ella ya no lograría.
-¿Bella? ¿Qué ocurre?
Quería decirle que estaba asustada del futuro, pero tenía que enfrentarse a sus propios miedos.
-Nada -dijo suavemente.
Cenaron con Patricio, el mejor amigo de Edward, y Livvy, su mujer. Tenían un niño de la misma edad que Kesi y Bella se sintió más cómoda al saber que no todos los amigos de Edward eran solteros. Empezó a relajarse.
Una noche estrellada, cuando volvían a casa después de tomar café y pastelitos, Bella se detuvo de repente, sintiendo un intenso espasmo en su vientre.
-¡Ay!
Edward la agarró del brazo.
-¿Qué ocurre?
-No es nada. Han debido de ser los dulces... Oh, Edward... ¡Edward... me duele!
-¡Madre de Dio! ¡Te dije que deberíamos tomar un taxi! -levantó la mano e inmediatamente apareció un taxi, como si hubiera estado esperando la señal.
El italiano de Bella era prácticamente nulo, pero comprendió la palabra «ospedale».
-Edward, ¡no voy a ir al hospital!
-Sí, cara. ¡Claro que vas a ir!
-No. Y además, aún quedan dos semanas. ¡Quiero ir a casa!
Edward se sintió furioso por la cabezonería de Bella, pero la furia desapareció al oír que Bella había dicho «casa».
-Muy bien, iremos a casa. Pero llamaré al médico y él decidirá.
-¡Es una pérdida de tiempo!
Pero Bella estaba equivocada. No era una falsa alarma y el bebé estaba en camino.
Todo se desarrolló a un ritmo frenético, y Bella sentía pinchazos de dolor que empezaban a ser insoportables.
-¡Quiero la epidural! -gritó mientras la llevaban a la sala de partos en una silla de ruedas.
Pero era demasiado tarde para la epidural, y la comadrona le estaba diciendo algo que no entendía.
-Spinga, signora. ¡Spinga, ora!
-¡Edward! ¡Estoy asustada! ¿Qué dice?
-Dice que empujes, cara. Y no debes asustarte. Confía en mí, estoy aquí contigo.
-¡Oh! ¡Ay!
Ella le apretó la mano y le clavó las uñas en la carne, pero Edward no se dio cuenta.
-Lo estás haciendo bien -la tranquilizó-. Muy bien-. Le dijo algo en italiano a la matrona, que empezó a hablar lentamente en inglés.
-Un empujón más, signora. Uno más. Respire profundo y...
-¡Ahora, cara! -exclamó Edward mientras veía que algo en el rostro de Bella empezaba a cambiar-. ¡Ahora!
Bella le soltó la mano y echó la cabeza hacia atrás, gritando. Edward se movió justo a tiempo para ver nacer a su hijo.
-Aquí está su bebé -dijo la matrona mientras agarraba al bebé con destreza.
Él lo miró. Tenía una cabecita cobriza y húmeda y un cuerpo largo. El tiempo pareció detenerse mientras la matrona cortaba el cordón y limpiaba la pequeña naricita.
Bella intentó incorporarse y miró a la matrona como si nada más existiera en todo el planeta. Durante un largo instante se hizo el silencio, y después el bebé abrió los pulmones, comenzó a llorar y a Bella se le llenaron los ojos de lágrimas.
-¡Tienen un hijo, signore, signora! -exclamó mientras lo envolvía en una manta y lo ponía sobre el pecho de Bella.
Edward se dio la vuelta. Sentía un nudo en la garganta, pero en ese momento Bella necesitaba fuerza, no debilidad. Respiró profundamente e intentó mantener la calma.
La había visto sufrir, la había oído llorar y había visto el miedo en su rostro cuando los espasmos habían hecho que el bebé saliera. Por primera vez en su vida se había sentido impotente, pero no le sorprendía, porque lo que acababa de ver era un milagro.
Un auténtico milagro.
Bella miró al bebé alegremente mientras lo amamantaba y buscó a Edward con la mirada, pero él estaba mirando por la ventana. Lo necesitaba, pero sus necesidades ya no eran importantes. Y de repente nada más pareció importar. Había aparecido la maternidad.
Observó a la pequeña criatura atentamente.
-Hola, cariño -dijo suavemente-. Hola, Anthony. Anthony Patricio -el nombre que habían elegido le sentaba a la perfección, tal vez porque todo en él era perfecto.
Edward, aún inquieto, se dio la vuelta y observó la imagen de los dos. Bella parecía una Virgen, pensó, y con el bebé formaba un círculo mágico, excluyendo a todos los demás.
¿No decían a veces los hombres que se sentían excluidos cuando nacía un bebé?
Se sintió ligeramente avergonzado por el egoísmo de sus pensamientos. Bella había dado a luz a un hermoso bebé. Su hijo. Le dio un vuelco el corazón.
Bella vio que la observaba y se sintió tímida, sin saber cómo manejar esas grandes emociones.
-¿Te gustaría... te gustaría tomarlo en brazos? -le preguntó.
-¿Ya no tiene hambre?
La matrona se rió.
-¡Un niño de su tamaño siempre tendrá hambre! Agárrelo, signore, ¡que sepa quién es su padre!
Edward siempre había tomado en brazos a su sobrino con confianza, pero eso era completamente diferente. Se inclinó y Bella se lo dio con cuidado.
Ella los observó, emocionada al ver a ese hombre fuerte y poderoso subyugado por el bebé.
Edward miró a la criatura y su hijo abrió los ojos y lo miró. En ese momento el corazón y el alma de Edward se conectaron.
-Moriría por él -dijo sin darse cuenta de que había hablado en voz alta-. Mi pequeño Anthony Patricio.
Bella se recostó en las almohadas, dándose cuenta por primera vez de la importancia de lo que había pasado. Una parte de ella siempre había pensado que, si no funcionaba, podían divorciarse y ella volvería a Inglaterra. Pero en ese momento supo que eso nunca ocurriría. El orgullo que hizo sonreír a Edward se lo dijo. Había dicho que moriría por él, y también lucharía por él, Bella lo sabía. Ya podía ser una prisión de oro o un matrimonio de conveniencia, pero ella tendría que dar lo mejor de sí misma, porque se iba a quedar.
Cerró los ojos. Estaba cansada.
Seis días después, se llevaron a Anthony a casa, y Bella vio que Edward había estado ocupado en el apartamento. Había flores por todas partes, rosas, lirios y tulipanes. La habitación del bebé, pintada de amarillo, estaba llena de globos, y había un montón de tarjetas de felicitación y de regalos exquisitamente envueltos en papel azul y dorado y azul y plateado. Era como si una estrella de Hollywood les fuera a visitar y Bella se sintió un poco abrumada.
Pero Bella no pudo dejar de pensar, durante el camino a casa, que era un piso de soltero, y se estremeció al pensar en las paredes inmaculadas y el cristal, intentando relacionarlo con un niño pequeño.
Edward dejó el capazo sobre una mesita de café y sonrió al bebé tiernamente antes de mirar a Bella.
-Duerme bien -dijo en voz baja-. Eso es porque lo alimentas bien, Bella.
Bella se ruborizó y se dio la vuelta, sintiendo timidez. Pero Edward había asistido al nacimiento de su hijo, la había visto desnuda, vulnerable e indefensa.
Edward se dio cuenta de que Bella evitaba mirarlo y entornó los ojos. Muy bien. Si ella quería distancia, eso era lo que iba a tener.
-Tienes hambre? -le preguntó.
Bella asintió con la cabeza.
-Pero antes me gustaría darme un baño.
-Está bien -respondió fríamente-. Siéntate, yo te lo prepararé.
Lo había ofendido, pero Bella no sabía cómo. -No, de verdad...
-Bella, siéntate. Has hecho mucho esfuerzo.
Bella se sentó mirando a Anthony, que dormía plácidamente, y escuchando el rumor del agua en el baño.
-Ya está listo.
Bella levantó la vista y miró a Edward. Siempre era difícil ajustarse a la nueva situación de padre y madre, pero la distancia que había entre ellos los convertía en unos, extraños. Y Bella no sabía cómo acortar esa distancia, ni si era posible hacerlo.
Se levantó despacio y le dirigió una mirada ansiosa al bebé.
-¿Lo vigilarás?
Los ojos de Edward se endurecieron. ¿Qué pensaba que iba a hacer? ¿Salir a dar un paseo y dejar al niño solo?
-Claro -dijo duramente.
Bella no recordaba haberlo visto nunca tan nervioso. Tal vez fuera por el nacimiento del bebé. Eso también afectaba a los hombres. Bella no debía olvidarlo.
Pero el baño la hizo sentirse mucho mejor. Se miró el vientre, cubierto por la espuma, que estaba increíblemente plano. Desde luego, no estaba tan plano como antes, pero no estaba mal. La matrona le había dicho que era una de esas mujeres afortunadas que recuperarían su figura en un mes, y Bella esperaba que así fuera. Había comido de forma saludable durante todo el embarazo y no quería abandonarse, tanto por ella misma como por las mujeres sofisticadas del círculo de amigos de Edward.
¿Y también por Edward? ¿No quería también tener buen aspecto por él? Vació la bañera y salió del baño. Luego se miró en el espejo. ¿Qué ocurriría? ¿Intentaría Edward hacerla realmente su mujer ya que no estaba embarazada? Esa noche no, eso era seguro.
Pero, ¿y en los días siguientes?
Se puso unos pantalones de terciopelo y una camisa de seda azul que realzaba el color de sus ojos. Se secó el cabello con el secador y se quedó mirándose en el espejo, satisfecha con su imagen.
Cuando salió del baño, vio que Edward había puesto la mesa, que además estaba iluminada con velas. Había preparado ensalada y pasta y también había un plato con higos y melocotones. Y una botella de champán enfriándose.
Nerviosa, Bella se sentó.
-Esto tiene... muy buen aspecto -dijo débilmente.
Le echó una mirada nerviosa al champán y Edward se dio cuenta. ¿Acaso pensaba que él quería emborracharla para que bajara la guardia? Se le endurecieron los rasgos mientras servía el champán en las copas y le daba una a Bella.
-¿Por qué vamos a brindar? -preguntó Bella. ¿Por el amor?, pensó irónicamente. ¿Por la felicidad?
-Por nuestro hijo. Por Anthony.
Por supuesto.
-Por Anthony -levantó la copa para que chocara con la de Edward y pensó que nunca había oído un sonido más frío.
-¿Te sientes bien al volver a casa?
Bella bebió un sorbo y miró a su alrededor, preguntándose si alguna vez podría sentirse «en casa» Recordó con nostalgia el glorioso fin de semana que había pasado en el piso, cuando sólo había importado el placer del momento.
Se preguntó cuántas mujeres se habrían sentado allí mismo, bebiendo champán antes de acostarse con Edward y hacer el amor durante toda la noche. Pero ella se retiraría a su habitación de color melocotón y Edward dormiría en otro cuarto. ¡Y la mayor ironía era que ella era su mujer!
-Me siento bien al salir del hospital -dijo prudentemente.
-Vaya, no está mal.
-No quería decir eso.
-No te preocupes, Bella. Es normal que te sientas extraña.
Frustrada, bebió otro sorbo de champán. Estaba frío, seco y delicioso, pero sabía que era peligroso beber con el estómago vacío. El alcohol le hacía perder las inhibiciones, así que dejó la copa y empezó a comer.
Deseó que él no se quedara mirándola de esa manera, como si fuera un espécimen extraño. Pero tal vez lo fuera, y Edward no estaba seguro de cómo tratar a la mujer que le había dado un hijo y que era su esposa, pero sólo de nombre. No podía culparlo.
-¿Cuándo tienes que volver al trabajo? -le preguntó.
-Cuando yo quiera. Antes quiero asegurarme de que estás feliz y cómoda.
Feliz y cómoda. Si él supiera. Se preguntó qué le había pasado a la Bella que podía charlar y tomarle el pelo sin problemas.
-Eres muy dulce.
A Edward las mujeres lo habían descrito de muchas maneras, pero nunca le habían dicho que fuera dulce. Con algo de impaciencia, se levantó de la mesa y sacó algo del bolsillo trasero de sus vaqueros. Era una cajita delgada de piel azul, y la dejó en la mesa frente a Bella.
A Bella empezó a latirle el corazón a toda velocidad. Todo el mundo sabía lo que había en cajitas como esa.
-¿Qué es?
-¿Por qué no lo abres y lo ves?
Abrió la caja y ahogó un pequeño grito de incredulidad al ver una pulsera que brillaba sobre el terciopelo azul. Tenía una banda de diamantes irisados y brillantes, cada uno tan grande como una uña. La observó y después miró a Edward con horror.
-Edward, no puedo aceptar esto.
-Claro que puedes. Eres mi mujer y me has dado un hermoso hijo. Deja que te la ponga.
Se inclinó para abrochar el cierre alrededor de la muñeca y Bella cerró los ojos mientras los dedos de Edward le rozaban la piel. «Maldita pulsera», pensó. «Tírala y acaríciame de verdad».
Pero él no lo hizo. Se apartó un poco y el círculo de joyas brilló como si fuera un trofeo. Bella miró la pulsera. Le habría costado una fortuna, y seguramente había mujeres que habrían matado por ella, pero Bella no era una de ellas.
-Es muy bonita -dijo diligentemente.
El bebé se quejó y Edward casi pareció aliviado.
-Te lo traeré.
Ella lo contempló mientras iba hacia el capazo. Observó sus hombros, las piernas largas y poderosas y el cabello cobrizo y rizado en la nuca. Los vaqueros le moldearon el trasero cuando se inclinó para agarrar al bebé y Bella se estremeció al sentir una oleada de deseo. Antes tampoco había sido inmune a él, pero había estado preocupada por el futuro bebé y por adaptarse a la nueva ciudad.
Sin embargo en ese momento... lo único que quería era acariciarlo, volver a descubrir los rasgos de su rostro con la punta de los dedos y recorrer la piel sedosa de su cuerpo.
Tragó saliva y lo miró con ojos suplicantes cuando él le puso el bebé en los brazos.
-No deberías mimarme tanto. De verdad, Edward.
-Pero me gusta hacerlo -contestó. Y eso simplificaba las cosas, porque pensaba en ella como una mujer que aún no se había recuperado del embarazo, en vez de pensar que eran un hombre y una mujer viviendo juntos.
Sus miradas se encontraron durante unos segundos llenos de confusión y Bella sintió que la tensión se esparcía por toda la habitación, como si fuera electricidad.
¿Iban a ignorarlo o a aguantarlo? ¿Y desaparecería solo o se haría más fuerte?
-Edward...
El bebé se movió nerviosamente y Edward supo que tenía que alejarse antes de hacer todo lo que se había jurado que no iba a hacer.
-Aliméntalo -dijo secamente. No necesitó ver que los ojos de Bella se oscurecían para saber que la había herido.
Hola yo de nuevo con esta historia que cada vez se acerca mas al final y este Edward que mete la pata una y otra vez, pero que les vamos a hacer.
Como agregado a quienes esperan actualizacion de "Seras mia" aun no tengo respuesta, pero les digo que ya actualizare, les dare una mejor explicacion en esa historia.
De ante mano mil gracias por sus comentarios, alertas y favoritos.
Besos Ana Lau
Pd. Lo siento no se que pasa pero con esta historia no es la primera vez que me pasa este error, lo siento de verdad,espero que ya no se vuelva a repetir.
