Capítulo 13
Los cipreses verdes se recortaban contra el cielo azul y los antiguos muros de piedra pasaban rápidamente desdibujados. Bella se reclinó en su asiento y miró el paisaje.
-Todos los caminos llevan a Roma -dijo en tono soñador.
Edward sonrió satisfecho. ¿Cuándo se había producido el cambio y cuándo había empezado él a darse cuenta? La había visto florecer y abrirse como una rosa, y había descubierto que, al igual que una flor necesitaba tiempo para abrirse, también se necesitaba tiempo para cambiar. Para un hombre que estaba acostumbrado a chasquear los dedos y conseguir cualquier cosa, eso había sido una gran lección.
-Y todos los caminos llevan fuera de Roma, claro -murmuró Edward-. ¡Y ahí es precisamente donde nos dirigimos!
-¡Ajá! -Bella se giró para mirar a Anthony, que dormía plácidamente en su sillita.
Llevaba un trajecito de marinero de algodón blanco con anclas bordadas. No era lo que Bella habría elegido, pero pronto había descubierto que a los italianos les encantaba vestir elegantemente a sus bebés. Había comprado el trajecito para asistir a la fiesta en la casa de campo de Patricio y Livvy.
-Tiene un aspecto tan dulce, ¿verdad?
-Es cierto -contestó él indulgentemente-. Abastanza buon mangiare.
-¿Qué significa? -Intenta traducirlo.
Bella frunció el ceño. No llevaba mucho tiempo con las clases de italiano, pero había hecho grandes progresos.
-«Buon» significa bueno. Y creo que «mangiare» es comer.
-Significa que «está para comérselo» -sonrió y se encogió de hombros-. ¿Ves?
¡No puedo enseñarte nada, Bella!
Pero Bella estaba segura de que había muchas cosas que él podría enseñarle, y no estaba pensando precisamente en el idioma. Edward y ella habían conseguido vivir en una armonía relativa pero, ¿tenía que considerarlo como un éxito o como un fracaso? ¿Cómo podían convivir siendo amigos y padres y dejando un hueco en su comunicación? ¿Por cuánto tiempo podrían seguir así?
Con el rabillo del ojo, miró a Edward, que estaba soltando improperios en italiano a una cabra parada en medio de la carretera. Era increíblemente atractivo. Odiaba el aire acondicionado de los coches, así que había dejado su ventanilla medio abierta y la brisa cálida le despeinaba el cabello cobrizo. Se había arremangado la camisa, dejando al aire los fuertes brazos cubiertos de un ligero vello dorado, y los vaqueros desteñidos acentuaban sus muslos largos y musculosos.
Era un hombre apasionado y de sangre caliente, Bella lo sabía. Ya habían pasado seis semanas desde el nacimiento de Anthony y aún no se había acercado a ella.
¿Durante cuánto tiempo podría seguir siendo célibe? Por otra parte, ¿no debería ella decir algo? ¿Vivía con miedo a ser rechazada o era algo aún más profundo? Sabía que durante mucho tiempo había pretendido que sólo era sexo, pero la realidad era que lo amaba, y lo único que quería era que Edward también la amara. Pero eso era pedir demasiado.
Edward se volvió hacia ella y sonrió.
-¿Te apetece comer?
Ella cambió de postura en su asiento, temiendo que Edward pudiera leerle los pensamientos y tentada de decirle que detuviera el coche y que la abrazara.
-Mmm. Patricio me gusta. Y Livvy. En realidad me gustan todos tus amigos.
-Ahora también son tus amigos.
-Sí -pero Bella sabía que la aceptaban como mujer de Edward, y le aterraba pensar que más tarde o más temprano alguien podía descubrir la verdadera situación. Y entonces, ¿qué?
Edward disminuyó la velocidad y tomó un camino que llevaba a la casa de campo.
Había gallinas junto a la puerta de un granero y Bella pudo oír el canto de un gallo.
Edward apagó el motor y observó a Bella mientras ésta se desabrochaba el cinturón.
Llevaba un atuendo muy sencillo, una falda blanca vaquera y una camiseta de color verde jade, pero aun así a Edward le pareció muy sexy. Sin embargo, sospechaba que si llevara puesto un saco él seguiría pensando lo mismo.
-Has recuperado tu figura, cara -dijo despacio- La ropa que llevas te sienta muy bien.
Bella se preguntó por qué había hecho ese comentario, si era simplemente un halago o lo había hecho para que se sintiera incómoda durante toda la comida. ¿A qué estaba jugando?
-¿El qué? ¿Estos trapos viejos? -bromeó-. Bueno, ¿vas a sacar a tu hijo o lo hago yo?
Los ojos de Edward, verdes y aterciopelados, brillaron.
-¿Quieres pelear conmigo para ver quién gana? -la desafió.
Bella puso una mano temblorosa en el tirador de la puerta. ¿Se estaba insinuando o era simplemente la imaginación de Bella?
-Puedes llevarlo tú -contestó rápidamente.
Todos los invitados ya habían llegado y estaban reunidos bajo una cubierta de parras. Los adultos estaban sentados a una larga mesa de madera, mientras que varios niños correteaban por la terraza. Todo era idílico y perfecto.
-¡Qué tranquilidad! -exclamó Bella.
Edward la miró y asintió con la cabeza.
-¿Es como te imaginabas que era Italia?
Bella giró la cabeza para mirarlo.
-Algo así -admitió. Pero ya les estaban dando la bienvenida y no pudieron decir nada más.
Bella sonrió ampliamente, aunque no pudo quedarse con todas las caras a la vez.
Pero ahí estaba Patricio, y Livvy se estaba levantando para ir a su encuentro.
-¡Bella! ¡Edward! ¡Y Anthony!
Inmediatamente todos se acercaron y empezaron a hacerle carantoñas al bebé.
Bella se dio cuenta de que habían cambiado rápidamente el italiano por el inglés. Aunque estaba estudiando mucho y sabía que no podría conseguir fluidez con el idioma de la noche a la mañana, a veces se desesperaba pensando que nunca conseguiría hablar con la misma facilidad con que lo hacían Edward y sus amigos. Pero tendría que hacerlo.
No quería ser una madre que no terminaba de adaptarse porque no se había molestado en integrarse. O tener hijos que hablaban un idioma que le resultaba desconocido.
-Bella, siéntate y bebe algo -dijo Livvy-. Hay algunas personas a quienes no conoces. Voy a presentarte.
Bella aceptó una copa de vino blanco y comenzó a masticar una almendra salada mientras le presentaban a gente con nombres increíblemente románticos: Claudio y Rosa, Caterina y Giacomo, Allessandro y Raimonda.
Una de las mujeres era extremadamente hermosa y destacaba entre las demás.
Se llamaba Tanya, era más joven que el resto y la acompañaba un hombre a quien Bella tampoco había visto antes.
-¿Quién es esa mujer? -preguntó a Edward en voz baja mientras situaba a Anthony en una sombra.
Edward miró vagamente hacia ella.
-Se llama Tanya, y el hombre que está con ella es uno de los directores de cine más famosos de Italia. Tanya es actriz.
Sí, parecía una actriz, pensó Bella. Tenía ese aire de superioridad y confianza en sí misma de todas las actrices que Bella había conocido. Pero, ¿Quién no lo tendría con un aspecto como el suyo? Su cabello de color dorado estaba recogido en una trenza que caía casi hasta la cintura, la cintura más pequeña que Bella había visto en su vida. Llevaba un sencillo vestido de color gris que se adaptaba a su cuerpo, de manera que todo el mundo podía admirar la perfección de sus curvas.
Bella se sirvió algo de ensalada y fiambres y comenzó a hablar algo de italiano con Patricio, que se rió y bromeó con ella. Bebió un sorbo de vino y observó a su marido, que le estaba dando un balón a uno de los niños.
-Edward es un futbolista frustrado -dijo Patricio. En ese momento Edward levantó la vista, se encontró con la mirada de Bella y ella sintió que se derretía.
No sólo era un futbolista frustrado, sino que también era un amante frustrado, pensó Bella. Y ella también. Lo deseaba desesperadamente. Alguien tenía que poner fin a esa locura y bien podía ser ella.
¿Qué podía ser lo peor que le ocurriera? ¿Verse rechazada? No, eso no pasaría.
Se había dado cuenta de cómo la miraba Edward algunas veces. Todavía la deseaba.
Entonces, ¿de qué tenía miedo? ¿De que su amor por él siguiera creciendo y nunca fuera correspondido? Si era eso, ¿no estaba siendo muy egoísta?
En cualquier caso, no iba a seguir escondiéndose. Iba a enfrentarse a ello, sin importarle el resultado ni lo doloroso que pudiera ser.
Livy sacó un pastel de chocolate. Tanto los hombres como las mujeres lo alabaron y solamente Tanya lo rechazó.
-Vamos, prueba un poco -la tentó Livvy, pero Tanya negó con la cabeza.
-Tengo que ponerme ropa muy pequeña -dijo encogiéndose de hombros-. ¡Así es como me gano la vida!
Bella había leído en algún lugar que a los hombres les gustaba ver comer a las mujeres. De alguna manera se relacionaba el sexo con el hambre y se decía que, si una mujer disfrutaba de su comida, también disfrutaría de su cuerpo. «Si yo fuera Tanya, habría aceptado un trozo y habría jugueteado con él», pensó Bella. Pero recordó que no estaba en disposición de darle consejos a nadie.
-¿Quién quiere venir a ver mi nuevo caballo? -preguntó Patricio.
-¡Vete y llévate a todos los hombres, que las mujeres nos quedaremos aquí hablando de vosotros! -contestó Livy.
-¡Pero ya sabemos lo maravillosos que somos! -fanfarroneó su marido, y cuando ella le lanzó una cereza, él la agarró al vuelo, se la puso entre los labios y la mordió sin separar la vista de los labios de Livvy. Lamió la fruta y después lanzó el hueso al suelo.
Bella tuvo que apartar la mirada. Hacía mucho tiempo que no había sentido tanta intimidad con un hombre, y además su relación sexual había sido tan breve e intensa, que nunca habían llegado a ese estado de sentirse cómodos en la intimidad. Sintió nostalgia al ver que Edward se marchaba y de repente quiso que la comida terminara.
-Ya no quiero más vino, gracias -no estaba acostumbrada al alcohol y con el calor del día se sentía algo adormecida.
Pero en ese momento Anthony se despertó, empezó a llorar y Bella fue corriendo a tomarlo en brazos. El pequeño estaba bañado en sudor, a pesar de la sombra. Lo besó en la cabeza.
-¿Puedo pasar dentro para darle de comer y cambiarlo? La casa está más fresca.
-Claro -Livvy sonrió-. Te diré dónde puedes hacerlo.
Livvy la condujo a una habitación muy fresca, donde amamantó a Anthony y le cambió la ropa, maravillándose de la perfección de los piececitos mientras le pasaba los dedos por la planta.
Bella estaba a punto de salir para unirse a los demás cuando apareció Tanya.
-¡Hola! -dijo Bella sonriendo-. ¿También hace demasiado calor para ti?
Tanya sonrió y negó con la cabeza mientras se pasaba una mano por la mejilla.
-El sol no me hace nada. Supongo que estoy acostumbrada -Bella esperaba que Tanya le pidiera tomar al bebé en brazos, pero en lugar de eso la actriz la observó atentamente-. Eres inglesa, ¿no?
Bella no sentía buenas vibraciones, pero sabía que podía manejar a mujeres como Tanya, lo había hecho muchas veces en el estudio.
-Es evidente, ¿no? -se rió amablemente, pero Tanya se mantuvo seria.
-¿Sabes? No eres lo que todos esperábamos... la clase de mujer con la que pensábamos que Edward se casaría.
A Bella comenzó a acelerársele el pulso. De repente se sintió insegura.
-Creo que también él se sorprendió -contestó, aunque sabía que era un argumento deshonesto.
-Estabas embarazada, ¿verdad? -preguntó descaradamente.
-Sí.
Tanya asintió con la cabeza.
-Ese método no habría funcionado con muchos hombres, pero Edward fue la elección perfecta. Es demasiado tradicional como para dejar que un hijo suyo nazca fuera del matrimonio.
-Creo que eso no es asunto tuyo -contestó Bella apretando a Anthony contra su cuerpo y concentrándose en el aroma del bebé, en vez de en la malicia que había en los ojos de la actriz.
Pero Tanya no tenía intención de callarse.
-Para ser sincera, yo también pensé en intentarlo. Pero dejé que fuera demasiado tarde, y para entonces tú ya habías aparecido.
-¿De qué estás hablando?
Tanya sonrió, como si estuviera disfrutando enormemente.
-¿No sabías que yo fui la amante de Edward?
La primera reacción de Bella fue sentir náuseas, pero logró recomponerse. Era normal que Edward hubiera tenido montones de amantes, tan hermosas como Tanya.
-No, no lo sabía.
-De hecho, esta fue la última fotografía que nos tomaron juntos –dijo introduciendo los dedos en el bolso y sacando un recorte de periódico-. ¿Quieres verla?
No, Bella no quería verla, pero no quería dar la imagen de una persona insegura. Se encogió de hombros.
-¿Por qué no?
Como Bella tenía al bebé en brazos, Tanya le puso la fotografía en frente y Bella pudo oler su fragancia almizclada.
-¡Aquí está!
Si se hubiera tratado de cualquier otra pareja, habría sido una fotografía sin importancia, pero eran Edward y Tanya. Edward tenía los ojos entrecerrados y Bella conocía esa mirada: estaba irritado. Pero Tanya estaba dando lo mejor de sí misma, mostrando una sonrisa encantadora que dejaba ver sus perfectos dientes blancos.
Entonces vio la fecha y el corazón le dio un vuelco.
Era el día... el día siguiente al cumpleaños de Alice, cuando Edward había ido a su casa y ella se había negado a hacer el amor con él. ¡Cielo santo, debió de haber salido corriendo para caer en brazos de Tanya!
Se sintió agradecida de estar agarrando a Anthony, porque de otra manera no sabía cuál podría haber sido su reacción. Pero consiguió sonreír.
-Hacéis una pareja estupenda.
No era la reacción que Tanya había esperado. Volvió a guardar el recorte en el bolso.
-Sí -contestó-. Eso decía todo el mundo -suspiró-. Fue una noche maravillosa. Pero en realidad toda la relación fue maravillosa.
Bella consiguió aguantar el resto de la tarde, pero sólo lo logró evitando la mirada de Edward. Jugó con los niños y charló animadamente con los adultos, asegurándose de que él no se acercara a hablar con ella y de tener siempre una sonrisa en los labios.
En el coche también pudo mantener la farsa. No quería tener una escena cuando Edward conducía, y mucho menos con su hijo sentado en la parte de atrás. Edward frunció el ceño.
-¿Estás bien?
Bella cerró los ojos.
-Sí. Demasiado sol y demasiado vino, supongo.
-Entonces duérmete -murmuró.
¿Por qué Patricio había invitado a Tanya? La actriz no había hecho más que seguir a Edward con la mirada y Bella había sentido pena por el hombre que la acompañaba.
Bella no se durmió. Edward era un hombre muy apasionado y a Bella le sorprendía que reprimiera toda su sensualidad. Aunque tal vez no lo hiciera. Tal vez, cuando iba a comprar o al banco se encontraba con una jovencita tan hermosa como Tanya, una mujer dispuesta a darle lo que su esposa no le ofrecía.
Una vez en el apartamento, bañó a Anthony, lo cambió y lo amamantó después de rechazar la ayuda que Edward le ofrecía. Él la observó, sabiendo que algo no iba bien.
Esperó hasta que Bella acostó al bebé y después la miró a la cara, donde se reflejaba la furia.
-¿Me vas a contar cuál es el problema?
-Creo que es evidente.
-¡No pienso resolver ningún acertijo, Bella!
-Muy bien -lo miró a los ojos, deseando que él no viera la desesperación en su mirada-. Yo soy el problema.
Él no reaccionó.
-Continúa.
Entonces todo salió a la luz: el dolor, la nostalgia y la sensación de que ella sólo estaba allí porque de alguna manera lo había atrapado. Que se había dado cuenta de que el amor que sentía por él no era correspondido, y que así nunca podría ser feliz.
-¡Te acostaste con Tanya el mismo día que no quise hacer el amor contigo! –lo acusó-. ¿Qué pasó, Edward? ¿Estabas tan caliente que tuviste que hacerlo con alguien, con cualquiera? ¿Tanto que tuviste que hacerlo con ella?
Hola soy yo de nuevo y espero que les haya gustado el capitulo que por cierto es el penúltimocapitulo antes del epilogo.
Nos leemos el próximo viernes.
Besos Ana Lau
