Disclaimer:Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos, esperando que les guste. La historia es de Sharon Kendrick.

Capítulo 14

La voz de Edward era fría, casi como hielo.

-¿Es esa la opinión que tienes de mí, Bella? ¿La de un hombre gobernado por sus hormonas que no puede controlar su apetito sexual? Y si ese fuera el caso, tu teoría se contradice, de lo contrario habría intentado más de una vez seducirte desde que estás aquí.

-¿Y qué otra explicación puede haber?

-Eso es lo que yo me pregunto -contestó él irónicamente.

Consciente de los celos que sentía y de que Edward no la había tocado desde mucho antes de su matrimonio, de repente empezó a comprenderlo todo. Lo había juzgado después de creer a una mujer que no conocía de nada, sin dejar que Edward se defendiera.

-Entonces, ¿no lo hiciste? -dijo con un hilo de voz, sintiendo que todo dependía de su respuesta.

Él la miró y vio el miedo y la inseguridad en sus ojos. ¿Había estado ciego a esos sentimientos antes o simplemente no había querido verlos?

-Por supuesto que no -dijo suavemente. Pero podría haberlo hecho, pensó. –Un hombre menos exigente lo habría hecho, o un hombre que no estuviera tan loco por una mujer desconocida que lo había rechazado en Inglaterra. Estaba enfadado porque no quisiste hacer el amor conmigo, y también enfadado conmigo mismo por haberme encendido tanto. No es mi estilo, Bella. Me dije a mí mismo que no significabas nada y vi a Tanya esa noche. Sospecho que avisó a los fotógrafos, porque estaban allí cuando salimos del restaurante. Pero no ocurrió nada. La dejé en su casa y me fui. Solo.

-Entonces, ¿por qué me dijo esas cosas?

-Porque me desea. Porque está celosa de ti.

-¿De mí? -dijo Bella en voz baja-. Dijo que habíais tenido una relación maravillosa.

-Tuvimos una pequeña aventura. Eso es todo.

-La nuestra también debería haber sido así, ¿no?

Edward la miró, consciente de lo importante que podía ser su respuesta y sabiendo que la verdad podía herir, pero no por eso había que evitarla.

-¿Quién sabe? Nadie puede adivinar el futuro ni cambiar el pasado. Las cosas pasaron así. Tuvimos un bebé...

-Y nos casamos -terminó ella-. Tuvimos una farsa de matrimonio.

-¿Es eso lo que crees que es?

-Bueno, ¿no lo es?

-No es el matrimonio que quiero que sea –dijo con cuidado.

-¿Quieres decir que quieres que empecemos a tener sexo?

Edward se rió.

-¿Estás intentando escandalizarme, cara? ¿O tal vez quieres hacerme enfadar? ¿Quieres enfurecerme para que te bese, te desnude y te haga el amor? -vio que Bella se ruborizaba e inmediatamente Edward sintió una intensa oleada de deseo-. Oh. Así que eso es lo que quieres.

-Edward -dijo Bella humedeciéndose los labios-. Sí. Eso es lo que quiero. ¿Tú no?

Edward tuvo que resistirse con todas sus fuerzas para no hacer precisamente lo que había dicho.

-¡No! ¡Yo no!

Ella lo miró dolida y confundida. Ese era el rechazo que siempre había temido, pero necesitaba saberlo. Tenía que ser madura y enfrentarse a la realidad. Contempló a Edward y le preguntó con voz temblorosa, intentando no llorar:

-Entonces, ¿qué es lo que quieres, Edward?

Edward podía hablar de ello durante horas, pero en el fondo sólo había una cosa que quería decirle.

-Tengo que decirte que te amo, Bella. Ti amo. Te quiero mucho.

Bella se mordió el labio.

-Por favor, no digas eso.

-¿Por qué? -dijo suavemente-. ¿No quieres que te ame?

-Sí -lo dijo en un susurro y él casi no lo oyó.

-Dilo otra vez, Bella.

-Sí. Sí -lo miró a los ojos-. Sí, claro que quiero que me ames como yo te amo, pero lo he deseado durante tanto tiempo que tengo miedo de que no lo digas en serio.

-Lo digo en serio. Pero todo esto es nuevo para mí, Bella. Nunca lo he dicho antes y nunca antes me había sentido así -por primera vez en su vida Edward sintió un vacío emocional que sólo ella podía llenar.

De repente todas las barreras se derrumbaron y ella sintió que la distancia entre los dos se acortaba.

-Edward. Querido. Mi dulce Edward.

Él la tomó en sus brazos, la besó en la cabeza y le levantó el rostro para mirarla a los ojos. Las lágrimas le resbalaban por las mejillas y él las enjugó con los labios.

-No llores nunca -susurró contra su piel-. Prométeme que no llorarás nunca.

Ella sacudió la cabeza.

-No puedo prometerte eso. Puede que tengamos peleas, unas horribles peleas... y puede que me hagas llorar.

-¿Y tú también me harás llorar a mí? -bromeó Edward.

-¿A ti? ¿Un hombre como tú llorando? -pero sus palabras se desvanecieron cuando vio la vulnerabilidad en los ojos de Edward. Se abrazaron fuertemente y ella se sintió abrumada por el amor que sentía-. Edward -susurró-. Oh, Edward, por favor.

Él sabía lo que Bella quería, y también lo que quería él. Había esperado demasiado tiempo y ya no podía aguantar más. Sin decir una palabra la tomó en brazos y la llevó a su dormitorio.

-Quiero verte desnuda -dijo con voz ronca. Le desabrochó la falda blanca y la dejó caer a sus pies-. Cielo dolce. He soñado contigo de esta manera durante muchas noches.

Bella sintió sus cálidas manos en las caderas y pensó que se iba a desmayar de placer.

-Lo... lo sé. Yo también he soñado lo mismo.

-Desnúdame -ordenó él mientras le quitaba las braguitas. Sus dedos le rozaron la cara interna de los muslos y Bella se estremeció.

-No... no puedo -contestó entrecortadamente-. No puedo pensar, ni respirar, ni sentir... -pero él le tomó una mano y la guió hasta su corazón.

-¿Puedes sentir esto?

Los potentes latidos de Edward. Bella apoyó la cabeza en su hombro.

-Oh, sí.

-Es por ti, cara mia -dijo con suavidad mientras le quitaba la camiseta. Le desabrochó el sujetador y sus pechos quedaron al descubierto. Edward quería tomar uno entre sus labios, lamerlo y saborearlo, pero sentía una necesidad aún mayor.

Se quitó la ropa bruscamente y, cuando los dos estuvieron desnudos, la acostó en la cama mientras le acariciaba el cabello, la miraba a los ojos y le decía cuánto la deseaba.

-Bésame.

-Te besaré hasta que me pidas que no te bese más -le prometió Edward. Se quedó mirándola, como si quisiera prolongar ese momento

-No me hagas esperar más -protestó.

Edward sintió los dedos de Bella recorriéndole la piel, como si quisiera aprenderse su cuerpo.

-Eres una glotona -dijo riéndose.

A Edward le pareció que acababa de descubrir un millón de terminaciones nerviosas en su cuerpo. Ella podía hacer que se estremeciera con un roce de sus labios. Se puso sobre Bella y le acarició la piel con la boca, hasta hacerle gritar.

Cuando la penetró ella dijo su nombre y Edward se sintió como si nunca antes hubiera hecho el amor. La gente hablaba de ello, pero él nunca había creído que fuera verdad. Pensó que era una unión completa. Después se quedaron tumbados mirando al techo y sintiéndose renovados.

-Oh, Bella -fue todo lo que él dijo.

Bella le besó el codo. Después, se puso encima de él, mientras el cabello caía sobre el rostro de Edward, haciéndole reír.

-¿Edward? -¿Mmm?

-¿Desde cuándo me quieres?

El comenzó a juguetear con uno de los mechones de Bella.

-¿Sinceramente?

-Sinceramente.

-No puedo darte un lugar ni una fecha exactos -admitió-. Creo que empecé a sentirlo poco a poco. Era como la lluvia, primero una gota, luego otra... ¡hasta que de repente me di cuenta! Ella fingió enfadarse.

-¿Así que soy como una tormenta?

-Mmm. Salvaje, fuerte y abrumadora.

-Pero, ¿sabías que yo te quería?

Edward sonrió. Le había pasado muchas veces en su vida, y al darse cuenta siempre se había asustado. Pero con Bella no se asustó porque quisiera alejarse de su amor, sino porque quería estar seguro de que él era merecedor de ese sentimiento.

-Sí, cara -dijo con suavidad-. Lo sabía.

-¿Y cuándo ibas a decirme que tú también me querías? -insistió-. ¿Cuánto habrías esperado? Si no nos hubiéramos peleado hoy, nunca lo habría sabido.

-Sí, claro que sí. Supongo que estaba esperando el momento adecuado. Pero ha ocurrido así, sin champán ni flores, sino por un malentendido sobre una mujer celosa.

Bella se acurrucó contra él.

-Pero ha servido para poner las cosas en su sitio -bostezó.

-Mmm -tomó uno de los dedos de Bella y se lo llevó a la boca-. Siempre lo hemos hecho todo al revés, cara. Al principio solamente había pasión, pero antes de darnos cuenta también había un bebé.

-Y mucho enfado -dijo ella.

-Es verdad. Pero no pudimos conocernos ni crear una amistad. Yo lo quería y tú te lo merecías... Lo necesitábamos si íbamos a compartir nuestras vidas.

Era un modo muy práctico de verlo, pero a Bella no le importó. La verdad era que tenía sentido.

-Entonces -dijo mientras se le ocurría algo brillante-. ¿Esta es nuestra luna de miel?

-Seguro que sí -contestó acariciándole el trasero.

-Y... ¿cuánto durará?

-¿Qué te parece para siempre? -preguntó mientras le cubría la boca con sus labios.

Fin


Soy yo de nuevo, mil disculpas por la tardanza pero andaba perdida en el tiempo y no me caía el veinte de que ya había pasado el viernes.

Con las que leen "Seras Mía" Espero que me tengan un poquito de paciencia porque mi adorable beta esta inmersa en el trabajo y se va donde no hay internet por lo que no me puede enviar los capítulos tan seguidos aunque cabe destacar que estamos en la recta final.

Espero que esta historia haya sido de su agrado y la próxima semana en viernes les traeré el Epilogo, pero no crean que se libran de mi porque les traeré una nueva adaptación y aquí les dejo el Sumary:


Falso Engaño

Cuando un trágico accidente reunió a Isabella Swan con Edward Cullen ella no estaba preparada para enfrentarse a la atracción que surgió instantáneamente entre ellos. Quizá por culpa de la rabia, o del dolor que ambos compartían, la cama de Edward parecía el único lugar donde podía dar rienda suelta a sus emociones. Cuando Edward comenzó a presionarla para que se casara con él, Bella sabía que no lo hacía por amor, sino por el sobrino de ambos que acababa de quedarse huérfano. Y también sabía que debía aceptar su proposición.

¿Cómo podría ser feliz junto a un hombre que no confiaba en ella?