Epílogo
La tarde era soleada y corría una ligera brisa que despeinaba el cabello de las dos mujeres mientras veían a los niños jugar. -Oh, Bella -suspiró Alice-. Esto es precioso.
Bella miró a su alrededor intentando verlo todo con los ojos de su amiga y recordando su alegría cuando Edward la llevó allí por primera vez.
La casa en Viale Monte Pincio estaba en las montañas, fuera de Roma, a sólo una hora y media en coche de la ciudad, pero parecía otro mundo. Al jardín se entraba a través de una enorme puerta de hierro y había muchos pinos, arbustos y árboles frutales. Tenían grosellas, frambuesas, limones y cerezas.
-Sí. Es precioso.
En la hierba, entre las margaritas, Kesi jugaba con Anthony. Edward y Jasper habían ido a buscar unas bebidas y Bella y Alice se quedaron mirando a los niños, escuchando el zumbido de las abejas y el canto de los pájaros.
-Pareces muy feliz -observó Alice.
-Es que lo soy. Me siento como si hubiera llegado a casa.
Edward y ella habían llegado a la conclusión de que el apartamento no era el mejor lugar para un bebé, y habían comprado una casa en la ciudad, pero cada vez iban más a menudo a ese refugio rural. Por primera vez en su vida Edward se estaba tornando tiempo para oler las rosas. Y el café. Y estaba demostrando que era un padre ejemplar.
-¿Y Edward no echa de menos el apartamento?
-En absoluto. De hecho, fue él quien sacó el tema de la mudanza. Hablamos de ello y decidimos que, aunque era encantador, no era realmente una casa familiar.
Alice se incorporó con dificultad, porque estaba embarazada de nuevo y además estaba reclinada en una tumbona.
-¿Quieres decir que vais a tener otro bebé? -preguntó emocionada.
Bella se rió.
-No. Todavía no -Edward y ella adoraban a su hijo pero sabían que otro embarazo significaría un gran cambio, ¡y ya habían tenido bastantes cambios de momento!
Estaban disfrutando de sus vidas, de su hijo y de su amor.
-¿Y tú no echas de menos el trabajo?
-Ni un poco. Edward tiene amigos en la televisión y, ahora que mi italiano es aceptable, podría encontrar trabajo otra vez, tal vez en edición o producción. ¡Grazie, il mio uomo piccolo! -le dijo a Anthony, que le había dejado una margarita en el regazo-. Pero no quiero. Edward pasa mucho tiempo conmigo y... bueno, me encanta la maternidad. Adoro ser la esposa de Edward. ¿Qué más podría pedir?
-¿Ni siquiera una bebida, il mio angelo? -dijo una voz aterciopelada a sus espaldas.
Ella le sonrió.
-Bueno, tal vez una bebida sí.
Jasper se dejó caer en una tumbona y Edward puso la bandeja en el suelo antes de sentarse en la hierba, apoyando la cabeza en las rodillas de Bella, y ella le alborotó el cabello.
-Este lugar parece estar muy lejos de Hamble -comentó Alice con voz somnolienta.
-Muy lejos de cualquier sitio. Es tan tranquilo -dijo su marido ahogando un bostezo-. Tengo que decir que sois muy afortunados.
Edward miró a Bella y sus ojos se encontraron. Sí, tenían mucha suerte de poder comprarse casas en Italia, pero sobre todo eran afortunados porque se habían conocido. No importaba dónde vivieran... podrían hacer de cualquier sitio su hogar mientras estuvieran juntos.
Los dos habían descubierto que una relación no tenía que tener un principio perfecto para conseguir un final perfecto.
Hola mil disculpas por el retraso.
Espero que les haya gustado esta historia solo me queda agradecerles a todas por su apoyo durante todo este tiempo, ademas de que me han alegrado el día con todos sus rr, alertas y favoritos porque aunque no les conteste lo rr, créanmeque los leo uno por uno y los espero con demasiadas ansias.
No crean que se libran de mi personita porque hay mas proyectos que estan por subirse y la culminacion de otra de mis historias.
Mil gracias por todo y nos leemos hasta la próxima
Besos Ana Lau
