Aclaro nuevamente que esta historia es Edward & Bella, solo que bajo el punto de vista de Jacob Black.
Ningún copo de nieve se siente responsable de la avalancha.
Capitulo 1.
POV Jacob.
No sé cómo las cosas se habían enredado tanto y habían llegado a éste punto ya sin retorno.
Bella y yo estábamos a punto de dar el "si, quiero" gracias a una gran mentira de Tanya Denali. Si, tal y cómo se oía, esa era la verdad. La cruda y real verdad.
Todo había resultado como se había planeado. Yo me quedaba con la chica, Tanya con el chico, luego de un tiempo ellos se irían lejos y no regresarían jamás.
Reí sin humor al recordar como todo se complicó cuando algo inesperado e inevitable ocurrió.
Ahora me sentía extremadamente culpable y simplemente por haber sido el maldito cómplice de una locura. Fui él idiota que se calló la verdad y como si fuera poco, me presté para dañar a dos personas que se amaban con el alma.
Todo comenzó cuando esa familia llegó a Forks. Primero a instalarse momentáneamente en casa de los Hale, mientras remodelaban y alistaban lo que parecía era una verdadera mansión a las afueras del pueblo.
Los Hale habían estado esperándolos durante días, incluso regresarían pronto sus hijos, Jasper y Rosalíe, a pasar sus vacaciones en casa, ya que, los dos se habían ido a estudiar a distintas universidades a comienzos de este año.
Primero llegó un matrimonio relativamente joven, él, era un médico cirujano, y ella, una restauradora de antigüedades bastante reconocida.
Días después llegó una de sus tres hijos.
Recuerdo que Jessica nos dijo que se llamaba Alice Cullen y que, al igual que nosotros, cursaba el último año de preparatoria y lo terminaría en este pueblo. En pocos días ella ya era amiga de Bella, quien, estudiaba en ése instituto, porque yo, en cambio, terminaba mis cursos en la Push. Mi hogar.
Quizás sí esa amistad no se hubiera forjado, ellos nunca se hubieran conocido y todo seguiría igual que antes.
Cuando Bella me la presentó, me pareció divertida y una persona muy especial. Bastante guapa para ser tan delgada y enana, tal vez un poco absorbente pero supuse que era porque estaba sola en un pueblo que no conocía y necesitaba aferrarse de alguien y no pudo encontrar a nadie mejor que mi querida Bells.
Nuestra vida era sencilla y sin demasiadas complicaciones.
Yo era un hijo más para Charlie y Renee, los padres de Bella. Charlie era el Jefe de Policía de Forks y Renee era una abnegada esposa y madre excepcional, a la cual, de una u otra manera, la sentía como una segunda madre desde que la mía murió.
Hacía ya varios días que no subía a Forks por estar en periodo de "exámenes finales" y no había tenido oportunidad de hablar con Bella. Cada vez que había intentado comunicarme con ella, no estaba. Según la mismísima Renee, Bella estaba siempre con la adorable Alice o en casa de ésta ya que su familia completa había llegado y por fin se estaban instalando en la nueva casa.
Nunca me dí cuenta de cuanto amaba a Bella hasta aquella tarde, en la que en vez de ir directamente a su casa, fui a nuestro refugio personal, quería esperarla allí y así darle una gran sorpresa. Sabía perfectamente que ella acudiría allí, era su costumbre desde hacía un par de años, era su lugar favorito, nuestro prado. Un apacible lugar lleno de flores silvestres y de colores para disfrutar de los últimos rayos del sol de la tarde en está época del año.
Pero él que se llevó la peor de las sorpresas, fui yo, cuando la vi allí, en el centro del prado, besándose apasionadamente con un desconocido. ¡Un desconocido!
Me quedé allí, inmóvil, mis ojos no podían dar crédito a lo que veían. Obviamente yo no sabía quien era. Por un segundo pensé que se trataba de él blandengue de Mike Newton, quien, por cierto, no era para nada una de mis personas favoritas en el mundo, desde qué, en una oportunidad se le había declarado a Bella, gracias al cielo, sin resultados positivos para él. Bueno, ni para él, ni para nadie hasta éste minuto. Bella siempre le respondía a cualquiera que intentara acercarse a ella con intenciones amorosas que no estaba interesada en tener novio todavía, pero él estúpido de Newton aún no se cansaba de perseguirla y eso me ponía de mal humor la mayoría de las veces cuando estaba con ella.
Al mirarlo bien, me di cuenta que jamás le había visto y lo peor de todo, era que yo ya estaba enfermo de celos.
Mi cuerpo se tensó completamente al experimentar esta nueva sensación absolutamente desconocida que me impulsaba a correr hacia ellos, cogerlo por la espalda y alejarlo por las malas de Bella.
Todos mis músculos querían destruirle y hacerlo desaparecer de la faz de la tierra.
Bella no supo que yo estaba allí, ya que, por mero instinto, me escondí de inmediato detrás de un árbol y los observé atentamente.
Él la tenía entre sus brazos, ella ciñéndose completamente a él, respirando el mismo aliento y con sus manos pegadas al cuerpo del otro.
¡Maldita sea! Hubiera dado cualquier cosa por estar en su lugar en estos momentos.
Ya era la hora del crepúsculo cuando por fin se apartaron y se marcharon tomados de la mano.
Se veían verdaderamente felices, mientras. por otro lado, yo me encontraba furioso y frustrado conmigo mismo por no haberme dado cuenta de estos sentimientos a los que siempre había catalogado pertenecientes a nuestra amistad.
Fue tanto tiempo el que estuve allí que había dejado las huellas de mis uñas clavadas al tronco para resistir y tratar de controlarme.
La rabia que sentía era infinita.
Por un par de días me fue fácil escapar de tener que ir a su casa y así intentar evitar averiguarlo todo pero mi padre me envió a dejarle a Charlie unos instrumentos de pesca porque los utilizaría al día siguiente, por lo que, debía ir.
Ni siquiera tuve tiempo para ordenar mis emociones. Intenté convencerme que aquello no había ocurrido, casi llegue a creerlo. Pero no.
Bella estaba saliendo con el tal Edward Cullen, el hijo medio de los Cullen, no llevaban ni dos días de conocerse y ya estaban juntos.
Cuando al fin la tuve al frente de mí me dedicó una hermosa sonrisa.
Sin duda Bella estaba radiante.
Debía reconocerlo, Isabella Swan, era sencillamente hermosa, desde pequeña había sido la mas linda de todas para mí. Aquellos ojos chocolate, su piel casi transparente, su delicada figura y su estructura delgada, sus labios suaves y esa sonrisa tan propia que no había visto en nadie más y que para mi felicidad siempre estaba dispuesta a regalarme.
Le sonreí y volví a admirar su persona ya que además de todo estaba aquella entrega, esa valentía para enfrentar el mundo y esa gran convicción en lo que creía justo, no tenía comparación.
-¡Jake!- Dijo Bella haciéndome reaccionar- Estas muy pensativo últimamente.
-Lo siento-Me disculpe.
-No te preocupes, creo que yo también ando en las nubes últimamente, ni siquiera he tenido tiempo de bajar a verte a la reserva.
- ¿Por qué?-Luego me arrepentí de preguntar.
Volvió a sonreir.
- Hay alguien a quien quiero presentarte.
Me miró con ojos expectantes.
-No tengo tiempo-Me negué- Lo siento Bella, tengo algunas cosas importantes que hacer en la Push-Traté de evadirla pero me resulto en vano cuando ella me atajo cuando su mano se posó sobre la mía.
-Jacob, espera… para mí es importante-Dijo sonrojándose.
Le devolví la mirada, a la espera de que ella clavara un puñal en el medio de mi corazón.
- Lo encontré. Es él. Estoy segura. Jake, me he enamorado- Dijo con voz tierna.
- ¿De qué hablas Bella?- Le pregunte cínicamente haciéndome el desentendido
-De Edward Cullen. Mi novio.
-¿Novio?- Repetí como tonto.
Sonrió asintiendo y tuve que escuchar sus virtudes.
Según las propias palabras que ella me dijo su encuentro con él fue mágico, ella no sabía como explicarlo, dijo que era cómo sí le conociera de siempre, que fue amor a primera vista o algo así y que esa conexión era única.
Estaba demasiado alucinada para mi gusto y se lo hice saber pero sin duda ella estaba loca por él.
Mi amiga se veía feliz, nunca le había visto así y eso que yo me jactaba de ser el único que sabía lo que ella sentía, quería o necesitaba.
Y ahora, nada. Con decir que ni siquiera al estar junto a mí la calmaba.
Ni siquiera lo conocía, lo odiaba y no confiaba para nada en él.
Estaba seguro que le haría daño.
-¿Te quedarás a cenar?-Preguntó con un brillo especial en los ojos- Tienes que conocerlo, Edward viene formalmente a conocer a mis padres- Tú eres parte de la familia, Jake, no puedes faltar.
No tuve más remedio que aceptar. A ese rostro de ángel no le podía negar nada.
A la media hora, afuera de la casa de Bella se estacionó un volvo plateado.
Por fuera él parecía todo un caballero. No entendía sinceramente que había visto Bella en él y por qué le había elegido sí estaba claro que no tenía nada en especial y no tenía nada fuera de lo común. Sólo tenía la piel más pálida que lo normal, incluso hasta más que la piel suave y albina de mi amiga, el cabello desordenado y castaño rojizo y unos ojos verdes que no perdían de vista a la chica de mis sueños.
Estaba decidido. Yo no iba a renunciar a ella por nada, ya que, estaba casi seguro que Bella sentía lo mismo por mi y no se había dado cuenta al igual que yo. Y yo debía demostrárselo, luchando por su amor, por nuestro amor.
