La magia es infinita cuando el amor es la razón.
Extra POV Edward
Capitulo 11.
Agonía.
Estaba devastado.
Los pies me sostenían por inercia.
Me dolía hasta el alma verla allí, hermosísima, vestida de blanco, en frente del altar.
Diablos… Ella lo era todo para mí, y ahora, la estaba perdiendo por tercera vez.
Tenía la certeza que ella me amaba, me lo gritaron sus ojos en cuanto me vió plantado aquí, al entrar, hace tan sólo unos minutos atrás.
Y en cuanto a mi sentir, para que decir... sencillamente la adoraba, ella se había transformado en mi vida entera. Lo supe, la primera vez que la rocé para ayudarle a bajarse del coche de mi hermana, el día en que Alice la trajo por primera vez a nuestra nueva casa. Sus ojos me atraparon en ése momento, para nunca más dejarme ir. Fue cómo volver a casa, sólo que a una casa que nunca había visto, pero que, conocía muy bien y fue entonces, que me enamoré.
Fue como…magia. Una magia que sólo se daba con ella.
Y ahora, sin ella, nada en mi interior tenía sentido. Mi vida estaba completamente vacía, y a pesar, de tener a mi familia cerca, y de tener lo que muchos llamaban "una esposa" yo no la consideraba cómo tal y me hacía sentir cada vez peor.
Que gran ironía, ni siquiera habíamos consumado el matrimonio, por decisión mía. Sinceramente pienso que ésa fue la mejor decisión que pude tomar, porque aún me sentía traicionando a Bella, tan sólo, estando al lado de Tanya.
Mi esposa, nunca estuvo de acuerdo con tener un matrimonio de apariencias, incluso se me había insinuado con bastante insistencia los primeros días luego del enlace pero nunca había conseguido su objetivo.
No hubo luna de miel y teníamos habitaciones separadas. Extrañamente ella no se opuso a esto después de haber insistido tanto en querer acostarse conmigo durante el primer mes de casados. Por fuera, y para todos, ella era mi abnegada esposa y supuestamente nuestro matrimonio era estable.
Tanya, por su parte, era todo lo feliz que una recién casada podía llegar a ser, que podía decir sí aún se estaba acostumbrando a su nueva posición social, a los beneficios y al dinero que mi padre le había asignado por pertenecer a la familia.
Pero en la intimidad, ella, no era más, que una completa desconocida, que cargaba un hijo mío en el vientre.
Quizás dentro de un tiempo, sólo podré pensar e intentar contentarme con recordar que alguna vez, mi vida fue maravillosa y perfecta junto a la mujer que amé con el alma.
Que hubiera dado yo, por ser, el afortunado novio de esta boda, y que fuera Bella, la que estuviera embarazada de mí. Eso realmente me hubiera hecho el hombre más feliz de todo el planeta.
No sé cuanto tiempo más podía aguantar y tampoco sabía cuánto podría sobrevivir sin ella a mi lado.
Mis ojos estaban rojos de tanto llorar por las noches. Si, esa era la única forma que había encontrado para desahogarme en el mundo, en que, desgraciadamente, me hallaba inmerso.
Mi único apoyo fueron mi madre y Emmett, ya que, siempre estuvieron allí para darme un abrazo y una palabra de aliento.
Nunca podré dejar de agradecerle a mi hermano, ya que, gracias a él y a su locura, haya sido capaz de ayudarme tanto, yendo por Bella, a su casa, de madrugada, un par de días antes de la graduación, haya trepado por su ventana cómo un ladrón, le haya convencido de verme con decirle que sí ella no quería hablar, tan sólo me escuchara porque sí no hacía, sería la responsable de un posible suicidio.
Mi hermano la trajo a mí, sin avisar y nos dejó a solas en casa, porque también, él se había encargado de sacar a mi familia y a Tanya esa noche.
Flash Back.
Esa noche dejé que sólo la luna brillara iluminando mi habitación, ya que, mi angustia volvía a hacer acto de presencia, desmoronándome nuevamente, realzando todos los signos físicos de la miseria en la que me encontraba.
Estaba de pie junto al ventanal cuando sentí unos muy poco sutiles pasos y un repique a mi puerta. Ni siquiera me di vuelta para saber de quien se trataba. Lo tenía claro.
-Te he dicho mil veces que prefiero estar sólo, Emmett- Le pedí con voz quebrada.
Sentí que la puerta se abrió completamente, contra de mi voluntad.
-Sé que prefieres sumergirte en el dolor a solas pero creo que deberías atender al amor de tu vida cómo realmente se lo merece ¿No lo crees así Bells?
El silencio se dejo sentir una vez más.
-Te lo dije-Emmett continuó hablándole a la nada- Te dije que mi querido hermanito estaba peor que tú.
Emmett no podía jugar con algo así. Era demasiado cruel.
Mi cabeza se giró de inmediato para encararlo y fue entonces, cuando la vi parada a su lado.
Mi cuerpo se congeló.
-Bella…-Le dije con voz rasposa.
Aquel, no era un producto de mi imaginación. Rogué al cielo que no lo fuera.
-Seré tu carruaje para cuando necesites Bells-Le dijo Emmett a Bella retirándose.
Y cuando cerraba la puerta añadió:
-No se preocupen por nada, por mí, mucho menos, no hay nadie en casa y estaré en el coche. Nadie los molestará. Tienen mi palabra.
Ninguno de los dos dijo nada.
Después de éste gesto bien podría levantarle a mi hermano un altar. Luego de unos segundos, Emmett, se alejó, dudando un poco, mientras yo, no era capaz de reaccionar. Simplemente estaba parado allí, sin saber que hacer o que decir. No me había imaginado tener la oportunidad de poder explicar.
Nuestras miradas volvieron a conectarse cómo lo hacían antes. Me sentí vivo otra vez y por sí fuera poco, no hubo más dolor.
Ella fue quien se acercó lentamente hasta quedar frente a mí. Recorriendo mi rostro con sus ojos. Y cómo sí no lo pudo evitar tampoco, sus manos se fueron directo a mis mejillas, secando la humedad de mis lágrimas con una delicadeza infinita.
-Dime que no es un sueño-Le pedí-Estás aquí.
-Estoy aquí-Respondió murmurando.
Cerré los ojos y no pude evitar disfrutar de éste instante.
En mi cara, de pronto, se formó una ligera y genuina sonrisa, mis pulmones se llenaron de su perfume nuevamente y después de tanto tiempo, me refugié en su calor.
La amaba, más que a nada.
Al volver a abrir los ojos, observé que Bella hacía lo mismo que yo. Fue grato saber que ella me necesitaba tanto como lo hacía yo.
Me sentí hipnotizado por ella y mis manos de inmediato cobraron vida propia, reconociendo la suavidad de su rostro, disfrutando de cada roce y acercándonos cada vez más.
No me pude contener más y la besé. La besé con desesperación, ansias y pasión, la pasión que una vez creí que había perdido y que ella despertó con tan sólo un gesto.
Me respondió como sí su vida y la mía dependieran de ello. Su cuerpo reaccionó como el mío, y de pronto, de un momento a otro, literalmente, perdimos el control.
Bella, ahora me había devuelto la vida.
No importaba nada más que amarnos en ese instante. Así que, así lo hicimos.
Fue tan profundo como nuestra primera vez. No hubo palabras, sólo caricias, besos, gemidos y más besos. A medida que nos fuimos desnudando mutuamente noté lo delgada que estaba. Me sentí responsable de aquello y era otra cosa que debía compensarle.
No sé cómo pasó pero de pronto estábamos recostados en la cama besándonos con impaciencia.
Mi Bella se había desconectado y entregado por completo a esta locura.
Mi boca, cómo pudo, recorrió su cuerpo, grabando otra vez mi nombre en su piel, mientras ella y sus manos, me llevaban a la gloria.
El deseo desmesurado por poseerla afloró cuando percibí que ella estaba lista para recibirme y sin esperar más, me adentré en ella y la hice mía nuevamente con frenesí.
Esto era el cielo. Mi cielo personal.
Éste acto de amor era lo único que ambos necesitábamos.
-Bella yo te amo...-Solté cunando nos recuperamos del éxtasis y cuando aún no me salía de ella-Te amo, te amo, te amo, sólo a ti.
Ella contuvo el aliento.
-Debías saberlo. Saber que eres la única para mí.
-Alice me dijo que entre Tanya y tú nunca ha habido ningún tipo de relación- Señaló mientras volvíamos a ser dos seres individuales.
-Nunca-Reafirmé-Y aunque no sea la disculpa debida déjame contarte lo que recuerdo de ese día.
-No quiero saberlo-Rebatió incorporándose y cubriéndose con la sabana.
Hice casi lo mismo y me vestí con sólo mi ropa interior.
-¡Por favor!-Le rogué mientras ella comenzaba a vestirse-Es importante para mí. Necesito desahogarme. Contarte lo que verdaderamente ocurrió.
No esperé a que se negara y comencé.
-Esa tarde me dirigía a tu casa. Habíamos quedado en eso ¿Recuerdas?
-Te espere toda la noche-Dijo mientras se terminaba de poner el brasier.
-El automóvil de Tanya estaba varado en mitad de la carretera.
Suspiré.
-Maldita la hora en que decidí ayudarla. No pude lograr mucho con el coche-Señalé- Y además estaba comenzando a llover, por lo que creí mejor, llevarla a su casa.
Bella oía atenta mientras se ponía la blusa.
Me pregunté sí realmente iba a creer la verdad.
-En su casa no se encontraban sus hermanas, lo cual me pareció un poco raro. Estábamos mojados. Recuerdo que ella me ofreció cambiar mi ropa por una muda seca y yo acepté. Luego, pensé en llamarte y en ese momento me dio a beber algo caliente y después de eso todo se vuelve confuso.
-¿No crees que ella haya sido capaz de obligarte con fármacos a estar con ella?
-Lo creo, de otra manera no lo hubiera conseguido.
-Esa es una acusación muy grave.
-Lo sé pero no tengo pruebas. Cuando me desperté al siguiente día no sabía donde me encontraba, tenía un horrible dolor de cabeza y no recordaba nada.
Bella no dijo nada.
-Te juro que todo el resto es pura coincidencia.
-Y por supuesto, ella contaba con ventaja. Aprovechó sus cartas y nos separó-Concluyó ella misma.
-Sé que es muy difícil de aceptar pero es importante que me creas- Le dije acercandome a ella.
-Dame tiempo, ahora tengo que irme.
-Prométeme que hablaremos después de la graduación.
-Te lo prometo-Sonrió y sello con un beso que me devolvió la vida por algunas horas.
Fin de Flash Back.
Nadie nunca se entero de ése encuentro. Sólo nosotros tres.
Después vino el maldito episodio de la graduación, mi matrimonio con Tanya y cómo sí no fuera suficiente, ahora pasaba esto.
Se veía tan preciosa que sin quererlo opacaba a todas a su alrededor y ni siquiera por el hecho de ser la novia.
La ceremonia había comenzado y yo todavía no entendía porqué ella había tomado ésta decisión ya que el matrimonio nunca fue una prioridad para ella.
Debía reconocer que de un tiempo a esta parte las cosas habían cambiado tanto que yo no merecía ningún tipo de consideración o explicación de su parte sobre sus actos. Isabella Swan era libre de hacer lo que quisiera con su vida y yo no tenía ningún derecho a interferir en sus decisiones después de todo el daño que le hice a ella.
Cómo diablos me iba a oponer diciendo que parasen esta ceremonia alegando que ella era mía, que era mi mujer, que ella me amaba a mí y no a él, y que, por esa razón éste matrimonio no se podía realizar.
Pero yo era el esclavo de mi gran error. Estar arrepentido o adolorido, era poco decir, comparado a cómo realmente me sentía.
Suspiré pesadamente.
Era una verdadera tortura estar aquí.
En realidad no. Había una cosa peor. Porque la tortura mayor, la padecí, el mismo instante en que supe por labios de Alice que Bella se casaba con Black, sin darme más razones. Juro que me quise morir en ése mismo instante. La muerte sería mejor que estar viviendo en éste infierno que yo mismo me había construido por mis irresponsabilidades.
Las palabras del ministro eran categóricas y ya no quería estar aquí.
Estaba terriblemente equivocado al pensar que iba a poder resistir ver como la mujer que amaba con el alma, unía su vida a otro hombre, que en primer lugar, no era yo, y en segundo, que, más encima, ése tipo estaba enamorado de ella y era su mejor amigo, Jacob Black.
¿Por qué se casaba con él?
Yo estaba seguro que Jacob ocultaba algo y ella también pero en todo éste tiempo, yo no había logrado descubrirlo.
Ahora, era demasiado tarde.
Por eso y después de todo, que más daba tener la nobleza de pedirle a él por ella. Finalmente yo lo había reconocido, tardé días en aceptarlo. Jacob Black, había ganado. Por eso no me importó humillarme en frente suyo y rogarle encarecidamente que la protegiera y amara como yo no pude hacerlo.
Estaba a punto de dar un paso atrás, alejarme y cómo un cobarde salir huyendo. Sabía que mis padres y mis hermanos lo entenderían. Después de todo, creo que la sorpresa se las había dado yo al minuto de unirme a ellos para venir aquí y observar la boda. He de reconocer que sólo había venido por dos razones. La primera era verla a ella por última vez antes de macharme a New Hampshire, y la segunda, porque todavía guardaba la esperanza de que ella por algún milagro no llegara y me salvara de esta condena.
Nunca en mi vida me había sentido tan desolado.
Cuando decidí moverme oí algunos murmullos, me giré y vi a Jasper venir absolutamente serio caminando rápido por la mitad del pasillo con un hombre que se me hacía familiar pero la verdad no recordaba de donde.
Jacob se giró, lo vio y suspiró aliviado y se volvió al ministro y le hizo detenerse.
-Un momento reverendo- Pidió él-Esta ceremonia debe detenerse momentáneamente.
La sorpresa inundó el lugar, que apropósito, se quedó en silencio y paralizado, al igual que estaba mi corazón.
Vieron que Jake no era tan malo.
Ahora es su minuto de desenmascarar a Tanya y decir la verdad. ¿Cómo reaccionaran Edward y Bella?
Espero que les haya gustado el capi.
Besos.
