Otro día caminando a los rayos del sol por la extensa ruta, aún me encontraba lejos de la próxima ciudad, casi no había arboles por lo que no lógicamente tampoco había sombra y me hacía mucho calor, para mi suerte un Poke-Bus, de esos que se recorrían de punta a punta la región me paso por el lado, sin importarme lo cansado que estaba agarre a mi Riolu de la mano y corrí hasta alcanzar el vehículo. Cuando entre note que había muy pocas personas y por costumbre me estaba por sentar en un asiento de adelante pero fue entonces que vi a alguien que me levantaba el brazo y me hacía señas, era el chico del Linoone, como olvidar su cara regordeta, me acerque a él y empezamos a hablar

-¿Ey como estas? Ven siéntate aquí- me dijo sacando sus cosas del asiento de al lado de él

-Bien un poco cansado, ¿qué haces por aquí? – le pregunte sorprendido por su amabilidad y con algo de desconfianza

-Descuida, no estoy enfadado por haber perdido- me respondió instantáneamente como si hubiera leído mi mente – Siendo sincero, el otro día me comporte como un imbécil, en realidad no soy así- levanto la mirada y agrego – Me llamo Tobías, y voy a Ciudad Paleo-

-Mucho gusto, yo soy Marco-

-Déjame adivinar también vas a Ciudad Paleo-

-Sí, es algo obvio ¿no?-

Pasamos el recorrido hablando, en realidad era un buen chico, lo del otro día me explico que estaba emocionado pues había sido su primera vez luchando también y fanfarroneo un poco por tener un pokemon evolucionado, Linoone, que le había regalado su padre.

Al llegar, éramos los únicos en bajarnos, caminamos hacia el centro pokemon y para nuestra sorpresa no había nadie, tampoco habíamos visto gente por la calle, descansamos un rato en el sillón del centro, y ya con energías renovadas salimos a la Ciudad a dar una vuelta

-Bienvenidos seguidores de Mainard padre de Arceus y nuestro protector, hoy estamos reunidos aquí para…- Escuchamos una voz que hablaba por micrófono, venía desde el parque de la ciudad

-Vamos a escuchar- me dijo Tobías, lo seguí y nos acercamos hacia el lugar, estaba todo el mundo reunido ahí, ahora tenía sentido todo

- Vamos a orar por el todopoderoso Mainard amo y señor, líder, creador de Arceus y nuestro protector incondicional-todos parecían hipnotizados con lo que decía el hombre parado delante de la gente

Nos quedamos escuchando todo la ceremonia, duro una media hora.

-Vaya locos- solté sin más –No sé ni quién es ese Mainard-

-Hay que respetar todas las religiones y ser tolerantes- Tobías parecía mi voz interior dándome consejos

-Bueno hasta aquí llegamos el día de hoy mis creyentes, Mainard los protege de todo…- hizo una pausa – Adiós, y recuerden votar por mí en las próximas elecciones, Tristan Quinto por presidente!- al escuchar esto me quede de piedra, esto ya no era una simple ceremonia religiosa, se estaba promocionando políticamente

-¡Si Maestre!- grito todo la multitud aclamando al personaje

-Tristan Quinto, claro! Ya me parecía haberlo visto en otro lado, es el candidato a presidente, que mal hacer propaganda política en un acto religioso- le dije un poco bajo a Tobías

-¿Qué, dices que hagamos algo al respecto?- él me miro como con intriga, pues recién nos estábamos conociendo y no él sabía cómo eran mis reacciones

-No, olvídalo, yo no juego a ser el héroe, de esos ya hay muchos- le dije mientras me alejaba de la multitud, mi comentario había sonado un poco cobarde y desinteresado, es que yo era un poco cobarde y desinteresado.

Ya nos estábamos yendo de la ciudad cuando alguien me llamo desde atrás, me di vuelta y me lleve una grata sorpresa.

-¡Hola Sr Magaldi! ¿Qué está haciendo por aquí?- le pregunte dándole un apretón de manos y una palmada en la espalda como era costumbre entre nosotros

-Marco que alegría me da verte, y tu amigo ¿quién es?- dijo mirando a mi regordete compañero

-Me llamo Tobías, mucho gusto-

-Un gusto, soy Arturo Magaldi, pero dime señor Magaldi- lo miró serio pero en segundos empezó a reírse –Bueno Marco, que suerte que te encuentro, necesito que me hagas un favor-

-Dígame en que puedo ayudarle-

-Necesito darte esto, es un Charmander, me está causando muchos problemas, casi incendia mi casa, creo que necesita salir a conocer el mundo, y que mejor compañero que Marco pensé-

-No lo sé, usted me conoce no soy mucho de los pokemon- le conteste, me sentía raro, por un lado lo quería y por otro pensaba en que era otra responsabilidad y que no podría con ello-

-Acéptalo, Marco, después te vas a arrepentir- Otra vez Tobías me hablo como si fuera mi consciencia, pero tenía razón, después me voy a preguntar ¿Qué hubiera pasado si?

-Está bien, me lo quedo- tome la pokeball de la mano de Magaldi y la mire fijamente

-Gracias Marco te debo una, me tengo que ir a Pueblo Melba de inmediato, a por cierto te manda saludos mi hija, bueno de hecho no para de hablar de ti todo el día-

-Aah, ¿sí?- me rasque el pelo, se notaba que estaba nervioso, la hija del Sr Magaldi, Clara, era mi mejor amiga y no me había despedido de ella, quizás nunca más la vuelva a ver

-Bueno como sea, me tengo que ir ahora mismo, cuídense chicos- dijo el Sr mientras se iba en dirección contraria a la nuestra

-No es justo, ya tienes 2 pokemon, voy a tener que atrapar otro- Tobías me agarro del cuello y ya en las afueras de la ciudad estábamos buscando un compañero para él.

-Uff mira como me dejaste la remera-

-Lo siento es que estaba apurado-

-Ya, ya la próxima vez solo pídeme que me apure- le dije mientras me acomodaba mi sombrero y la remera – Ey mira ese de allí, es perfecto para ti- le señale un Pichu

-¿Por qué lo dices? Bueno da igual, lo voy a capturar!- libero a Linoone y lo mando a luchar-Linoone golpe cabeza!- El pichu esquivo y le lanzo un pequeño impactrueno que no hizo mucho daño

-Te va a ganar un Pichu salvaje? Jaja- me burle pero con cariño

-Ya veras, lo voy a capturar como sea, Linoone arañazo!- pero el pichu volvió a esquivar y se escapaba corriendo

-Solo lánzale una pokeball, a lo mejor lo atrapas sin pelear- le grite viendo que perdía la oportunidad

Dicho y hecho, el pichu no pudo salir de la esfera con la que había sido capturado.

Después de eso, Tobías tenía que seguir el mismo camino que yo así que decidimos ir juntos nuevamente, ya me estaba acostumbrando a su presencia.