Rolling Stone
La semana escolar había dado su comienzo nuevamente en un caluroso mes de mayo. Quinn, como cada día, se disponía a comenzar el jueves con muchas ganas y energía. Conectó su equipo de música e hizo retumbar toda la casa al ritmo de una música que ella creía única; especial. Los ritmos estaban basados en una fusión de pop y rock, algo muy extraño para quienes tan sólo habían escuchado a los clásicos. Sí, Quinn había sido una de esas chicas que se habían enamorado de los clásicos hasta que apareció ella, la gran diva.
Todo el mundo se pregunta qué es lo que tiene esa cantante de especial para mover tantas masas de fans. En un principio, a nadie le gustaba… pero ha ido emocionado y conectando a más de medio mundo con su música. Es una artista mundial, de esas que pocas veces puedes ver cantar en directo, de esas que tienes que arriesgar para poder conseguir un autógrafo. En definitiva, el mundo que rodeaba a la gran diva era una completa locura.
Y eso Quinn lo sabía. Sabía que poder ver a esa mujer era prácticamente imposible; de hecho, no veía otra forma que aquella que le proponía Kitty hacía tan sólo unos días.
Y la idea seguía rondando por su cabeza hasta que dos golpes, en la puerta de su habitación, la sacaron de su ensimismamiento.
-Quinn, baja a desayunar. Sam y yo te estamos esperando.
-Vale Shelby, dame unos segundos-contestó a la mujer mientras bajaba el volumen del aparato.
-No tardes o llegaréis tarde a clase.
-Tranquila, ya estoy arreglada.
Mentía y Shelby lo sabía. Quinn era una de esas adolescentes que se evaden en sus cosas repetidamente y Shelby, su cuidadora, lo sabía perfectamente; al igual que sabía la obsesión que había desarrollado hacia esa chica que cantaba en televisión.
-¡Hey, Quinn!-saludó su hermano sonriente.
-¿Qué pasa enano? ¿Has dormido bien?-le revoloteó el pelo con una mano mientras que con la otra cogía un vaso de zumo.
-Sí, he dormido un montón.
-¿Seguro? Porque anoche escuchaba desde mi habitación una musiquita que se parecía a esas de tus videojuegos…
-Bueno, jugué un rato… Es que por las noches es cuando más gente está conectada para hacer las misiones.
-Que no se vuelva a repetir jovencito-Shelby se giró hacia la mesa y se metió en medio de la conversación entre hermanos.
-Déjalo Shelby, si tampoco era tan tarde…
-Yo estoy aquí para cuidaros, no puedo permitir que vayáis tarde a dormir y que luego no rindáis en clase.
-No te preocupes, seguro que Sam rinde bien en el instituto hoy, ¿verdad?
-Por cierto… ¿Hoy tienes entrenamiento, Sam?
-Sí-contestó el menor de los Fabray.
-¡Buah! ¡Lo había olvidado por completo!
-¿Algún problema Quinn?-preguntó la niñera.
-No, es solo que había quedado, pero puedo cancelarlo.
-Jo, sólo tienes que llevarme a clases de baloncesto un par de días a la semana. ¿Tan difícil es de acordarse?-se quejó el niño.
-Tenía otras cosas en la cabeza, enano. Pero no te preocupes, llegaré a tiempo para llevarte a tus clases.
-No Quinn, ya lo llevo yo, ¿ok? Tú haz eso que tengas que hacer esta tarde… pero no vengas tarde a cenar.
-¿Nos vamos Sam?
-No, me lleva Shelby en el coche.
Quinn recogió su mochila y salió por la puerta de casa un tanto molesta. Odiaba que Shelby la reemplazase en aquello que ella estaba capacitada a hacer. Tan sólo tenía que hacer dos cosas con su hermano: una, acompañarlo al instituto y, dos, llevarlo a las clases de baloncesto; últimamente Shelby se estaba metiendo en su terreno, pero en el fondo no le importaba pues así tenía más tiempo para hacer otras cosas.
Nada más poner un pie en la calle, sacó su paquete de tabaco y encendió el primer cigarrillo del día. Estaba nerviosa y era la única forma de tranquilizarse. Cada día, solía pasar por delante de una tienda de esas que venden revistas y, en la cristalera, se paraba a visualizar las portadas de las más importantes. A Quinn le gustaba terminarse su cigarro observando detenidamente cada una de ellas, sobre todo las que tenían algo que ver con la música.
-Deme la Rolling Stone, The Billboard, Cosmopolitan y Marie Claire, por favor.
-Aquí tiene, ¿no quiere la Asos?
Quinn se quedó mirando al dependiente con una ceja elevada y, segundos más tarde, frunció su ceño.
-¿Perdone? ¿Por qué iba yo a querer la revista Asos?
-Bueno, teniendo en cuenta que se lleva todos los ejemplares en los que sale ella…-comentó señalando la imagen de la chica que salía en portada-. Debería saber que Asos trae también un reportaje.
-Ah, ok. Pues deme esa también-sonrió al hombre. Gracias.
Rutina que le encantaba: cigarro, comprar todas las revista donde salía su gran diva… y el café. Un café rápido mientras ojeaba por encima las fotografías que iba a utilizar para seguir adornando su habitación.
-¡Whow! Menos mal que hice caso a ese viejo cascarrabias… ¡Qué pedazo de reportaje! Tengo que llamar a Kitty para contárselo-dijo para sí misma en voz alta.
Cogió su iPhone y marcó el teléfono de su amiga, la cual tardó un segundo en contestarle.
-No sé si lo habrás visto, pero nuestra diva sale en primera plana en la revista Asos. Y qué reportaje tía…
-¿Quinn? ¿Dónde estás?
-En el bar, ¿por?
-¡Dios! ¡Ven para clase de inmediato!
-¿Qué pasa Kitty?
-El ogro está aquí, ha venido a buscarte.
-¿Qué?
-Lo que escuchas tía, me ha preguntado dónde estabas y le he contestado que estabas en una clase extraescolar fuera de las instalaciones.
-Pero… pero si se suponía que llegaba mañana…
-Quinn, me da igual lo que supongas. Ven cagando leches si no quieres que me mate con la mirada.
-Ok, voy enseguida.
La noticia, de que su madre estaba en el instituto esperándola, realmente le aterraba. ¿Qué haría su madre un jueves por Lima? Era prácticamente imposible, pero aun así, recogió todas las cosas que tenía sobre la mesa y se fue para el instituto.
-¿Mamá? ¿Qué haces aquí?
-¿Una ya no puede venir a ver cómo le va a su hija en el instituto?
-Ehm… ¿Algún problema?
-No, ninguno hija. ¿Dónde estabas?
-En una clase. Ya te lo dijo Kitty, ¿no?
-En realidad, sí que me ha comentado algo… pero es que no llegué a creerla del todo. Pensé que te habías fugado.
-¿Fugarme? No… Qué va mamá… Cómo piensas esas cosas de mí…-atinó a contestar casi tartamudeando por los nervios.
-Bueno, tengo que ir a ver a la psicóloga del centro. ¿Te espero a la salida?
-¿Has dicho a la psicóloga?
En ese momento, Quinn comenzó a sentir angustia pues creía que el motivo de la visita de su madre a la psicóloga del centro se debía a ella. Respiró profundamente, entrecerró sus ojos un par de veces y volvió a conectar su mirada a la de su madre.
-¿Qué ha pasado?
-Eso me pregunto yo… Si mi hija mayor no sabe qué es lo que está ocurriendo con su hermano siendo ella quien está estudiando con él en el mismo centro…
-¿Sam?-frunció su ceño a la misma vez que respiraba aliviada.
-Sí, creo que se ha metido en problemas.
-¿Sam en problemas? ¡Imposible, me habría enterado!
-Pues ya ves que no… Así que voy a ver qué me dicen. Entonces, ¿te veo luego o no?
-Gracias, mamá, pero prefiero volver caminando a casa.
-Como quieras hija.
Judy se acercó a su hija e hizo el amago de besarle la cabeza, acto que por supuesto Quinn evitó. No quería que la viesen junto a su madre y mucho menos, bajo ningún concepto, iba a dejar que ésta le besase la cabeza en público.
A lo lejos divisó a su amiga Kitty, la cual estaba esperándola sentada en un banco del jardín que adornaba la entrada del edificio. Si situaba a la sombra, bajo un árbol que la cobijaba de aquél caluroso día.
-Kit…
-¡Quinn!
-Dime.
-Gracias a Dios que ya llegaste. Pensé que tu madre me mataba…
-No seas dramática, por favor. Mi madre puede ser todo lo ogro que quieras, pero no sería capaz de matarte.
-Pues a mí me lo parece.
-A ti te parecen muchas cosas y solo son fantasmas.
-Por cierto, ¿cómo va el tema del plastiquito?
-Bueno… iba a ir al banco a retirar el dinero y, después, a reservar los billetes…pero, con lo de mi madre, no he tenido tiempo.
-Si quieres te acompaño y tomamos una cerveza juntas.
-Pero tendrá que ser después de las clases. Mi madre estará observando mis movimientos hasta que se vaya con Sam.
-¡Eso! ¿A qué ha venido tu madre?
-Creo que Sam está en problemas. No sé… quizá le haya pasado algo y no me he enterado. Debió de ser esta semana, mientras organizábamos todo el tema del viaje.
-Puto enano…
-¡Hey!-golpeó a la chica en el brazo. No te metas con él, ¿vale?
-Está bien… protegeremos al enano también. ¿Algo más su majestad?
-Déjate las tonterías y vamos a clase.
El día dentro del instituto había pasado muy lento para las chicas, pero ahora disfrutaban de una buena cerveza que habían adquirido en una tienda cercana con sus carnés falsos. Disfrutaban sentadas en el escalón de un portal que daba acceso a una vivienda.
-Vaya día, ¿eh? Solo tengo ganas de dormir y que pasen las horas para irnos hacia Nueva York.
-¿Sabes ya qué le vas a decir a tus padres?-preguntó Quinn nerviosa.
-Les dije que me iba con tu familia a pasar el fin de semana por ahí.
-¿Cómo puedes decirles eso? ¿Y si se encuentran tus padres y los míos? ¿Qué vamos a hacer si eso ocurre Kit?
-Quinn… tranqui, ¿vale? Tus padres no conocen a los míos o… ¿acaso no lo recuerdas? Decidimos no presentarles para poder hacer estas coartadas cuando fuésemos a los conciertos, ¿no?
-Es verdad, lo olvidé por completo.
-Así que, ahora tú sólo tienes que decir al ogro que vienes con mi familia de viaje. Ya está.
-Bien, les diré que voy contigo y tus padres a Nueva York, así el dinero que saqué de la cuenta puedo achacarlo a esos gastos.
-¿Estás tonta? ¡Nunca digas dónde vas a estar! ¡NUNCA!
-¿Por qué?
-Quinn, si le dices a tus padres que vas a Nueva York, y este fin de semana ponen la televisión, está claro que te van a pillar. Van a saber que hemos ido a verla y lo peor no es eso, lo peor será cuando veamos aparecer al tu madre allí y nos joda la escapada.
-Es cierto, qué putada.
-Ya sabes que tu madre está con la mosca detrás de la oreja siempre. No debes alimentar su curiosidad.
-Ok, Kit. Ya veré qué excusa le pongo.
-No te preocupes, a mí también me pasaba al principio. Eso de mentir no gusta a nadie, tía, pero es eso o morir de asco en casa. Tú verás…
-Te juro que como algo de esto salga mal, te haré pedacitos.
-¡Hey!-golpeó a Quinn en el brazo. No me seas tan macabra, no quiero derramar mi sangre por ahí.
-Pensé que estarías más a gusto hecha pedacitos que en tu casa-rio al ver la cara de asombro de Kitty.
-¿¡Qué!?
-Nada, déjalo. Estaba pensando en ese guitarrista de cresta que te encanta. Él sí que es siniestro… Sería capaz de hacerte pedazos y venderte para hacer picadillo de carne.
-Siniestro y guapo, no olvides esa parte-suspiró Kitty evadiéndose en sus pensamientos. Hay algo en él que me encanta… Uff es tan… ¿potente?
-No lo sé, ya sabes que yo soy más del otro bando.
-Lo sé, mejor para mí, así tendré al guitarra para mí solita. Tú quédate con el resto de lesbianas reprimidas que componen la banda.
-¿Lesbianas reprimidas dices?
-Bueno, eso se comenta… ¿no?
-Que yo sepa, la batería está saliendo con la mánager de la diva.
-¿Cómo sabes tú eso?
-Esta mañana leí una entrevista en la revista Rolling Stone y hablaban también de los componentes de la banda. Al parecer, se ha vuelto a generar una gran expectación por hallar la orientación sexual de nuestra diva… y, bueno, ella sólo se ha limitado a decir que apoya cualquier tipo de amor, sea como sea. Y, después, las mencionó a ellas y también al tipo de la cresta.
-¿Qué decía sobre él?
-Pues por lo visto es un picha brava y tiene a todo el público femenino, y heterosexual, revolucionado.
-¡No me jodas! ¿Llevas ahí esa revista?
-Sí, espera…
Quinn sacó de su mochila las revistas que había comprado por la mañana y abrió el ejemplar en el que se había publicado la entrevista. Consiguió encontrar la página y se la mostró a su amiga.
-Mira… Es aquí donde pone: "la cantante Rachel Berry desmiente los rumores sobre su supuesta homosexualidad".
Gracias por los reviews!
Espero que siga gustando la historia.
