¿Cámara oculta?

Una vez fuera, Quinn buscó entre su bolso el mechero para encenderse un cigarrillo. Relajada, fumaba apoyada sobre el improvisado camerino de al lado hasta que alguien carraspeó desde el interior.

-Perdona, ¿puedes darme… fuego?-preguntó Rachel mientras asomaba la cabeza por la puerta de su camerino. -¡Eres tú!-esbozó una amplia sonrisa.

-¿Ehm?-Quinn frunció su ceño mientras intentaba volver al estado normal de su ritmo cardiaco al girarse y verla.

-Sí, eres… Eres la chica del hotel y la que ha estado llorando antes.

-Eso parece-sonrió tímida.

-¿Te importa?-Rachel señalaba el mechero que yacía sobre la mano de Quinn.-Me gustaría fumarme un cigarrillo antes de que venga mi manager.

-Ten-le ofreció el paquete de tabaco y el encendedor.

-¿De verdad que no te importa? No sé, no creo que ésta sea una buena imagen de cara a mi club de fans, te puedes imaginar…-cogió un cigarrillo y lo volvió a dejar en su sitio. -¿Sabes? Creo que es mejor que no haga esto delante de ti… no es lo correcto.

-Por mí no te preocupes, que te lo fumes no va a influir negativamente en mi vida. Como ves, ya lo hago…-rio nerviosa.

-Está bien, pero guárdame el secreto-guiñó un ojo a la chica.

De repente, un silencio incómodo acechó el lugar. Rachel seguía apoyada sobre el marco de la puerta fumándose el cigarrillo y con la mirada perdida hacia el frente. Quinn, en cambio, no supo qué decir y agachó su mirada para no sentirse intimidada.

-Has estado estupenda esta noche.

-¿De verdad lo crees? Ha habido algunos fallos de sonido, pero nada que no se pueda solucionar desde la mesa de mezclas, supongo.

Rachel salió de su camerino para situarse junto a Quinn. La rubia dejó un poco de espacio a la morena para que ambas pudiesen apoyarse en un pequeño trozo de pared que quedaba libre.

-Bueno, no sé… Nosotras desde ahí abajo lo escuchamos bien. Tampoco es que sepamos mucho de sonido-rio nuevamente nerviosa y desviando su mirada hacia el suelo nuevamente.

-Gracias.

-No tienes por qué dármelas. Al contrario, debería de ser yo quien te las dé. Me ha encantado la dedicatoria.

-¿Eras…? Perdona que no recuerde tu nombre, pero han pasado miles de personas esta noche y no lo recuerdo bien…

-Es normal que no lo recuerdes-rio. Soy Quinn, Quinn Fabray.

-Encantada Quinn.

Rachel tendió su mano para que Quinn la estrechase, gesto que no tardó en llegar en cuanto la adolescente reaccionó. La cantante acarició suavemente la palma de la mano de la chica y mantuvo todo el tiempo que pudo el contacto entre ambas.

-Ahora que nos conocemos oficialmente… ¿Quieres pasar a mi camerino? No me gusta que la gente ande husmeando en mis asuntos.

-Perdona, no era mi intención.

-¡No lo decía por ti tonta!-entró nuevamente en su camerino dejando a Quinn tras ella. Lo digo por esas de ahí que te miran con envidia y celos… -realizó un gesto con la cabeza hacia la izquierda para que Quinn pudiese localizar a las chicas.

-¿A mí?-rio a carcajadas. No creo que puedan tener celos de mí…

-¿Por qué no?

-Soy un bicho raro, aunque a ti no te lo parezca en este momento.

-¿Entras o no? No tengo toda la noche…

-¿Lo dices enserio?

-Por supuesto, yo nunca bromeo.

La cara de Quinn se comenzó a desencajar, no podía digerir lo que Rachel Berry le estaba proponiendo. ¿Quería realmente entrar en el camerino de Rachel? Claro que quería, pero no sabía si era buena idea.

-En realidad estaba esperando a que mi amiga Kitty terminase de verse con Puckerman… No creo que sea buena idea si quiero que me encuentre.

-No te preocupes por… ¿Kitty? ¿Dijiste Kitty?

-Así es.

-Voy a mandar un mensaje a los chicos. En cuanto salga tu amiga de allí, me avisarán y prometo que estarás en ese mismo lugar-sonrió a Quinn señalando el lugar donde se encontraba en ese momento.

-Está bien-contestó algo avergonzada.

Una vez dentro del camerino, Quinn no sabía dónde situarse realmente pues todo el habitáculo estaba lleno de cosas que pertenecían a Rachel y no quería tocar nada que pudiese molestarla. Rachel, al verla tan incómoda, decidió ser ella quien rompiese un poco el hielo mientras enviaba ese mensaje que le había prometido.

-Puedes sentarte donde quieras-dijo a la rubia mientras guardaba su teléfono en el bolsillo y buscaba algo en una pequeña nevera.

-Es que no quiero destrozar nada, ya sabes… Está todo lleno de cosas tuyas.

-Mira, puedes coger esa chaqueta de ahí, tirármela, y sentarte en el sillón.

-¿Ese de ahí?-señaló con el dedo.

-Sí, ¿hay algún problema? Si no te sientes cómoda… yo…

-No, no… Aquí está bien–tartamudeó mientras se dejaba caer en el sillón y apoyaba la chaqueta entre sus piernas.

-Ok-rio tras ver la reacción que había tenido la chica. -¿Cuánto tiempo llevas siguiendo mi música?

-¿Tu música? Pues… desde el comienzo.

-¿Desde "Memory"?

-Ahá…

-¡Increíble!-se giró con una amplia sonrisa mientras sacaba el par de cervezas que andaba buscando.-Es genial que te guste lo que hago… De verás, me parece asombroso todo el cariño que me hacéis llegar.

-Es lo menos que podemos hacer por ti, ¿no crees? Tú nos das mucho con tu música…

-Bueno, podría discrepar en eso pero no estamos de tertulia, ¿o sí?-bromeó mientras volvía a esbozar una nueva sonrisa. -¿Quieres?-le ofreció una de las cervezas.

-Gracias-aceptó la bebida sin más.

-Y bien, ¿de dónde eres Quinn?-Rachel apoyó su trasero sobre una mesa que estaba situada justo frente a Quinn.

-De Lima, Ohio.

-¡Whow! ¡Ohio! ¿Y qué se le ha perdido a Quinn de Ohio en unos premios de música en Nueva York?

-¿Tú?-arqueó sus cejas sonriendo.

-¿Yo? No te entiendo… ¿Has venido desde Ohio sólo para verme cantar una mísera canción?

-Así es, ¿algún problema con eso? Creía que te gustaba tener fans locas de esas acosadoras…-bromeó riendo.

-¡Y me gusta! ¡Pero eres de Ohio! Espera, no serás de esas fans locas que recogen todo lo que se me cae por ahí o besan el suelo por donde piso…-siguió la broma de la rubia.

-No está tan lejos como lo pintas, si lo miras en un mapa…

-Lo sé, mi amiga Ashley vive allí. De hecho, puede que la conozcas… vivió un tiempo en Lima.

-Si conociese a todas las Ashley de Lima, creo que sería posible. Pero es que, en realidad, no tengo muchos amigos. Soy un poco antisocial-se sinceró mientras pegaba un trago a la cerveza.

-Quién lo diría… Quizá es que eres un poco tímida, ¿no? Al menos esa es la impresión que me ha dado.

-Un poco.

-¿Te puedo hacer otra pregunta? Si no quieres, no la contestes. Estás en todo tu derecho…

-Dime.

-¿Por qué lloraste antes? En el photocall…

-Si te digo la verdad, no lo sé. Sentí cosas especiales al abrazarte. Y bueno… tenerte tan cerca de mí…-volvió a emocionarse.

-¡Hey! ¡No vuelvas a hacerlo! Me haces sentir mal.

-No tienes que sentirte mal, son lágrimas de felicidad.

-Prefiero verte sonreír-dijo casi en un susurro.

-¿Cómo? No te he escuchado bien, perdona.

-Nada, que tienes que sonreír más.

-Ya lo hago.

-Pero tienes que hacerlo más a menudo. ¿Ves? Es esa sonrisa la que me gusta ver.

Quinn no dijo nada, sólo se limitó a seguir sonriendo mientras bebía de su botella de cerveza. Rachel, que empezaba a sentirse un poco más cómoda con la chica, tomó asiento a su lado.

-Tienes una sonrisa preciosa, ¿sabes?

-Tampoco es para tanto… La tuya es mucho más bonita.

-Podría enamorarme de tu sonrisa.

De nuevo otro silencio, aunque ésta vez no tan incómodo. Rachel se levantó en dirección a la pequeña nevera y volvió a sacar un par de cervezas. Se acercó, y dio a Quinn la que le pertenecía.

-Soy de las que se enamoran fácilmente de ellas-retomó la conversación por donde la había dejado. -Sin embargo, yo soy más de miradas profundas.

-Tu mirada es muy sexy.

-¿Verdaderamente te parece sexy?

-Lo es-sentenció la rubia.

Sus miradas se cruzaron durante unos segundos. Rachel tomó asiento sobre el reposabrazos del sillón en el que Quinn había tomado asiento y acarició la mejilla de la rubia.

-Eres preciosa Quinn, aunque supongo que eso ya lo sabes-sonrió coqueta.

-Tú sí que eres preciosa-evitó el contacto con los ojos de la morena. Ni siquiera sé qué hago en este lugar con una mujer como tú… Parece un sueño.

-Pues no lo es, créeme.

Rachel se acercó al oído de Quinn para susurrarle ésta última palabra. Sin pensarlo, dejó un pequeño beso en el cuello de la rubia adolescente.

-¿Eso qué ha sido Rachel?-se levantó de un salto. -¿Te estás burlando de mí o qué? ¿Te ha mandado Kitty para reírse de mí?-Quinn comenzó a mirar para todos lados, desesperadamente, en busca de alguna cámara oculta.

-Tan sólo te di un beso en el cuello… Creía que era lo que buscabas de mí…

-Espera, ¿tú querías besarme? Pero… ¿Te gusto? ¿Qué coño está pasando? ¿Eres lesbiana o qué?-se movía de un lado para otro sin entender nada. -¡Ay, Dios! ¡Mi madre! ¡Qué Rachel Berry es lesbiana y me está tirando los tejos!

Rachel, en lugar de tomárselo a mal, comenzó a reír. Ver todas las dudas que invadían a Quinn le resultó gracioso; o quizá fuese porque el alcohol de aquella cerveza ya se le estaba empezando a subir a la cabeza.

-¡Para, Quinn! ¡BASTA! No te pongas así… Ha sido un error haberte dado ese beso. Lo siento, no volverá a pasar.

-Claro que no volverá a pasar… ¡ERES RACHEL BERRY! ¿Qué cojones…?

Pero la rubia no pudo terminar de hablar, Rachel se incorporó y buscó los labios de Quinn para besarla nuevamente. No se lo pensó, la agarró por la cintura y la atrajo más hacia ella.

-Esto no está bien Rachel… Esto no está bien-decía entre beso y beso.

-¿Por qué? Te gusto, me gustas…-volvió a dejar un dulce beso en los labios de la rubia. No es nada serio.

-Por eso mismo…porque para ti sólo seré la chica que te tiraste en los premios MTV de Nueva York, pero para mí es mucho más que eso.

-Si quieres, paro.

Rachel se separó de Quinn y la dejó completamente desconcertada. La rubia no sabía cómo la cantante podía pasar de un extremo a otro sin inmutarse. La morena se colocó de espaldas a la chica y cruzó sus brazos.

-Rachel, tú me gustas… pero… pero…

-¿Pero qué Quinn? ¿Tú también piensas que soy una golfa?-se giró y preguntó malhumorada. -¿Acaso yo no tengo sentimientos? Soy una persona, una persona con sentimientos; igual que tú.

-Yo no he dicho nada de eso Rachel. No pienso que seas una golfa, ni nada por el estilo… Es sólo…

-Es sólo que tienes miedo, ¿no? Como todas las demás. Nadie quiere acercarse a la famosa Rachel Berry, porque Rachel Berry "la cantante de moda" no tiene derecho a tener pareja, ni sentimientos. Sólo soy una puta que va buscando una tía en cada esquina mientras mi discográfica se empeña en crearme relaciones de publicidad con otros cantantes de moda, famosos y que sean hombres, por supuesto-se desahogó derramando las primeras lágrimas.

-Ehh… preciosa, no digas esas cosas-Quinn se acercó a ella para cobijarla entre sus brazos y dejarle un tierno beso en la mejilla.-Nadie puede pensar eso de ti, ¿me oyes? Nadie piensa que eres una puta, ni una golfa… Eres la persona más maravillosa que he conocido en mucho tiempo. Es sólo que tú eres famosa y yo sólo soy una simple chica de Lima que ni tan siquiera ha terminado sus estudios de secundaria.

-En realidad no te gusto, lo sé-dijo Rachel entre sollozos.

-Me gustas mucho, Rachel. No te puedes imaginar cuánto me puedes llegar a gustar…

-¿De verdad?

-Te lo prometo.

-Gracias Quinn-se abrazó nuevamente a la rubia.

Quinn, un poco menos cortada y envalentonada por el alcohol de aquellas cervezas, cogió la cara de Rachel entre sus manos y posó un pequeño, pero dulce, beso en sus labios.

-Rachel, tenemos que… ¡¿RACHEL?! ¡QUÉ COJONES ESTÁS HACIENDO!-Santana irrumpía en el camerino y separaba a la diva de los brazos de la rubia.


Y por fin entraron en contacto...