Hyatt Regency Columbus

Quinn miraba incesante aquella nota que Rachel Berry le había entregado el día anterior. Lo hacía una y otra vez mientras el autobús ya iba avanzando por una de las calles más céntricas de Columbus.

"Hyatt Regency Columbus

350 North High Street, Columbus, OH 43215

Te espero."

-Rachel, espero que aún sigas ahí…-se dijo para sí misma.

Sí, el día de la firma de discos tuvo que volver a casa para no levantar sospechas con su padre, pero supo cómo salir nuevamente por la puerta, al día siguiente, sin ser interrogada: Mercedes Jones. Su compañera de trabajo escolar se iba a convertir, a partir de aquel momento, en su mayor aliada para escapar de casa y no mentir a sus padres. En realidad no es que fuese a decirles verdaderamente a dónde iba o qué iba a hacer… sino que simplemente se limitaría a no decir toda la verdad. Y así había sucedido, pues su padre creía que Quinn se encontraba en casa de Mercedes terminando el dichoso trabajo que tanto tiempo les había llevado el día anterior.

El caso es que era un precioso sábado de un caluroso mes de mayo. Un sábado cualquiera en el que Quinn hubiese estado gastando su tiempo en música o cualquier otra tontería. Lo verdaderamente importante, es que nunca iba a poder olvidar todo lo que sucedió aquel inesperado 29 de mayo.

-Señorita, ésta es la última parada. Tiene que bajarse- le indicó amablemente el conductor.

-¿Cómo?-preguntó mientras se quitaba los auriculares. –¿Éste autobús no llega hasta la High Street?

-No, señorita, ese es el autobús número 6 y va usted montada sobre el número 8. Lo siento.

-¿No hay ninguna otra combinación desde ésta parada? No sé, quizá haya algún otro autobús que me lleve hasta High Street…

-Me temo que no. Va a tener que ir caminando hasta allí.

-Está bien, perdone. Creí haber cogido el correcto.

Quinn caminaba por el vehículo y lo atravesaba mientras volvía a colocarse sus auriculares y subía, nuevamente, la música a todo volumen. El conductor la miraba impasible, pero preocupado a la vez pues parecía ser tan sólo una niña y no sabía si iba a ser seguro para ella caminar por aquellas calles completamente sola.

-Perdone de nuevo, señorita –tocó el hombro de la muchacha para que le prestase atención. –Yo voy a dejar el autobús en el garaje local y desde ahí cogeré mi coche…

-¿Y? ¿Crees que me importa? –soltó Quinn levantando ambas cejas y volviendo a colocarse un auricular.

-Lo decía por si quiere venir conmigo y la dejo en South High Street. Me pilla de paso hacia casa.

-No, gracias. Ya voy caminando…

El hombre no insistió más, pues la adolescente se había vuelto a colocar su música y volvía a ignorarlo mientras se bajaba del vehículo y se alejaba de la parada.

-Bien, veamos a cuánto queda desde aquí el dichoso hotel…

La rubia adolescente abrió la aplicación de mapas de su teléfono y buscó la dirección exacta a la que tenía que ir.

-¿Una hora caminando? ¡Esto es increíble! ¡Rachel, por qué no me darías tu número de teléfono! Todo sería mucho más fácil…

Resoplaba y caminaba a la vez que ojeaba de vez en cuando el mapa en la pantalla de su teléfono. Un puntito azul avanzaba sobre el callejero en la dirección correcta, pero se encontraba bastante lejano del objetivo final. Y así lo estuvo haciendo durante cuarenta y cinco minutos, hasta llegar al sur de la High Street.

-Perdone, ¿queda muy lejos de aquí el hotel Hyatt?-preguntó a una señora que paseaba a su perro.

-No mucho, pero vas a tener que caminar por un buen rato en esta dirección-la mujer le señaló el camino que debía tomar para llegar hasta el hotel.

-Gracias.

Quinn, completamente desesperada, miró en su bolso para saber de cuánto dinero disponía. No podía caminar más, pues los zapatos nuevos le habían hecho heridas en la planta del pie.

-No creo que con esto me llegue para coger un taxi… Lo tomaré un poco más arriba-se convenció a sí misma mientras volvía a dejar el dinero en su bolso.

Y siguió caminando unos diez minutos más. En realidad, el camino se le estaba haciendo mucho más largo de lo que aquél conductor de autobús le había comentado… Ahora se arrepentía de no haberse subido con él en su estúpido coche y haber llegado muchísimo antes.

-Taxi-levantó su mano completamente agotada.

Un taxi que pasaba por su lado se detuvo para llevarla hasta su dirección.

-Al 350 de la North High Street.

-¿Va al hotel Hyatt?-preguntó el conductor.

-Ehm… sí. ¿Hay algún problema?

-No, pero no puedo dejarla en la puerta. Se ha armado un escándalo con una cantante famosa y está todo lleno de paparazzi.

-¿En serio?-preguntó completamente aliviada al saber que Rachel seguía ahí hospedada.

-Sí, una tal Rachel Berry… Igual usted la conocerá, al parecer es más famosa de lo que yo me imaginaba… Si lo llego a saber antes, le hubiese pedido un autógrafo para mis hijas.

-¿La ha visto? ¿Ha estado con ella?-frunció su ceño.

-La llevé al hotel desde el aeropuerto. Parece ser un poco prepotente, hasta me pidió que no fumase. ¡En mi propio coche!

-Bueno, eso me resulta un poco extraño…

-¿Por qué? ¿Tú la conoces?-el conductor la tuteó.

-Ehm…esto…no, claro que no. Sólo la conozco de oídas y por lo que sé parece una tía bastante maja.

-Eso es porque los jóvenes de ahora os miráis con buenos ojos.

-Quizá pueda ser eso-sonrió para sí misma mientras volvía su vista hacia la ventanilla.

El taxista realizó una pequeña maniobra y, segundos más tarde, detuvo el vehículo en un lado de la calzada.

-El hotel está justo enfrente. Espero que tengas una buena estancia en Columbus.

-Gracias, pero sólo vengo de paso…

-¿No vienes de turismo?-preguntó el hombre volviendo su cuerpo hacia la parte trasera del coche.

-No, si soy de aquí al lado... Soy de Lima.

-¿De Lima?

-Sí.

-Tengo una buena clienta que viene muy a menudo y es de allí. Una tal… Judy… Judy Fabray, creo. Debe de ser una mujer importante, igual la conoces.

-¿Fabray? No, no me suena de nada… Quizá sea demasiado importante y por eso no he tenido la suerte de conocerla-explicó mientras bajaba del coche y se posicionaba junto a la ventanilla del conductor.

-Bueno, una pena… Suerte con tu visita.

-¿Cuánto le debo?

-Por favor, trátame de tú. Y no me debes nada… Suerte con Rachel Berry-guiñó un ojo a la adolescente y arrancó el taxi.

-Gra...Gracias.

Quinn se sonrojó en aquél momento. No supo por qué aquél señor del taxi había podido descubrir que le gustaba la cantante, pero segundos después entendió el por qué: llevaba una foto de Rachel como fondo de pantalla en su teléfono móvil.

-¡Qué estúpida soy! Debió haber visto el fondo de pantalla.

Y enseguida pudo observar de cerca aquello que le había comentado el taxista: el montón de paparazzi que había acampados en la puerta del hotel. Paparazzi y muchos fans.

-Perdonar, ¿venís a ver a Rachel Berry?-preguntó a un grupo de chicas que se encontraban esperando en el lugar.

-Bueno, en parte sí. Gracias a ella nos hemos enterado de que Brody Weston está aquí. Es a él a quien estamos esperando.

-¿Has dicho Brody Weston?-preguntó un tanto desconcertada.

-Sí, su novio, ya sabes.

Y no tuvo que escuchar nada más de la explicación que aquella chica le estaba dando. Su mundo se vino encima. Brody Weston, el tío guapo que se rumoreaba que estaba con Rachel, estaba allí… con ella; estaba con ella en aquel hotel.

Y cuando sus lágrimas amenazaron con salir… allí estaban los dos, agarrados de la mano y sonriendo ante las cámaras que les estaban esperando. Los flashes se repetían incesantemente sin dejar paso a la pareja.

-No me lo puedo creer… Pero qué coño…

La rubia adolescente seguía asombrada. Su corazón se había acelerado y la respiración se le entrecortaba. No daba crédito a lo que seguía viendo en ese momento: Brody se abalanzó sobre Rachel para dejarle un dulce beso en los labios. Beso que sentenció el final de los rumores entre la pareja; beso que ningún medio quedó sin registrar.

Quinn, ya estaba completamente rota. No necesitaba saber nada más, ni siquiera ver nada de lo que seguía ocurriendo, pero sí que pudo sacar fuerzas de donde no tenía para gritar a la cantante y que ésta se percatase de su presencia.

-¡Que te jodan Rachel! ¡Que te jodan!

En ese momento, la chica rompió a llorar y todo el mundo se apartó de su lado, dejándola completamente sola ante la atenta mirada de los medios que esperaban la reacción de la cantante.

-Rachel, ¿conoces a esa chica?-preguntó Brody en voz casi inaudible.

-Es la chica de la que te hablé.

-¿La que venía anoche al hotel?-volvió a cuestionar el chico.

-Sí, la misma. ¡Joder Quinn! ¿Por qué ahora? Justo cuando están todos los medios delante…

-¿Quieres que vaya a decirle algo? No sé… podría decirle que venga más tarde.

-¿Estás loco? ¡No te puedes acercar a ella ahora!

-Sólo pretendía ayudar, Rachel.

-No, esto es cosa mía. ¿Puedes entretener a la prensa mientras, por favor?

Rachel comenzó a caminar hacia Quinn. Los fans, que se encontraban por delante de la rubia adolescente, obligaban a la cantante a detenerse continuamente. Pero cuando la morena por fin se decidió a llegar hasta la rubia, la chica comenzó a correr. Estaba destrozada, con el corazón en un puño y llorando desconsolada. Ni quería ver a Rachel, ni quería sus explicaciones… Sólo le apetecía volver a casa y encerrarse en su habitación.

-¡Rachel! ¡Rachel! Aquí, por favor…-gritaba uno de los periodistas.

Rachel miraba a ambos lados sin saber qué hacer. Si corría tras Quinn iba a dar de qué hablar y no era eso lo que necesitaba en ese momento. Si volvía hacia la prensa, estaba segura que la iban a inundar de preguntas por aquello.

Y así fue. Nada más llegar junto a Brody, un periodista fue el primero en romper el hielo en lo que sería una larga batalla de preguntas.

-¿Conoces a esa chica? ¿Es alguna de tus fans? ¿Por qué te ha mandado al carajo, Rachel? Contestanos.

La morena respiró profundamente por unos segundos y sacó la fuerza necesaria para poder responder a toda la marea de periodistas que se agolpaban de nuevo junto a ellos para registrar una exclusiva.

-Para comenzar, me gustaría pedirles que no emitiesen las imágenes. Es una chica menor de edad y ya saben que eso es ilegal sin el consentimiento de los padres… Y bien, sí, se trata de una fan… Una de las mejores que tengo y no sé qué ha podido pasar-explicó con nervios.

-¿Crees que ha sido por Brody? ¿Ha sido él quien ha producido esa reacción de la chica?-preguntó otro de los periodistas.

-No creo que Brody sea el causante de este incidente. Mis fans saben que el señor Weston es mi novio desde hace ya bastante tiempo y lo respetan. Respetan nuestra relación así como lo respetan a él.

-Entonces, ¿cuál crees que ha podido ser la causa?-se interesó nuevamente el primer periodista que ansiaba una buena respuesta.

-No creo que eso sea cosa de su incumbencia.

-¿Por qué no has salido tras ella? ¿Es así como Rachel Berry trata a los fans?

-No he salido tras ella por respeto a su intimidad. Y esto es un hecho aislado, no pueden generalizar que es así como trato a todos mis fans porque todos saben que los trato lo mejor que puedo.

-Rachel, ya basta. No tienes por qué seguir contestando-Brody la agarró de la mano y la sacó del corrillo en el que se había visto envuelta.

-No, no tengo más ganas de seguir con este juego.

El chico soltó la mano de su supuesta novia, se acercó a los medios y esperó a que todos le prestasen atención.

-La señorita Berry no va a hacer más declaraciones al respecto. Gracias por venir. Ahora, déjennos seguir con nuestro viaje de descanso.