Bésame
Quinn y Kitty ya habían abandonado el restaurante y se disponían a comer en un puesto ambulante en una de las calles más cercanas a los locales de fiesta. Al final tendrían que conformarse con cenar una hamburguesa y una pequeña bolsa de patatas fritas.
-Ya me dirás, Quinn, por qué hemos tenido que salir huyendo del local.
-Kit, por favor… Vale ya de presionarme, ¿ok?
-He pasado una vergüenza horrorosa al salir del baño.
-No será para tanto tía.
-¿Qué no? Al principio parecía que había entrado a robar al sitio o algo. El chico de la puerta me acompañaba, y digo acompañaba por ser un poco suave, hasta la puerta del local sin decirme ni media palabra.
-Espero que no formaras un escándalo; me gustaría volver algún día.
-Bueno, después ha venido Rachel a hablar conmigo y ha pedido al muchacho que me dejase hablar con ella antes de "obligarme" a marchar.
-Ya. Y Rachel es tu nueva heroína ahora.
-No, Rachel al menos me ha explicado que estabais enfadadas, hablando, y que has salido corriendo sin decir nada.
-Miente. Le he dejado claro que no quiero saber nada de ella… Si necesita más explicaciones que lo hubiese pensado antes de invitarme a su habitación de hotel.
-Bien, ya está. No voy a comentarte nada más.
Las chicas tomaban asiento en un banco cercano, situado en un pequeño jardín improvisado entre medias de dos filas de edificios. El silencio volvió a invadir el lugar y ambas comían sus respectivas hamburguesas sin decir nada.
-Quinn.
-¿Qué quieres ahora, Kit?-soltó malhumorada.
-Nada.
-Dime-se giró para volverse de cara a su amiga, ésta vez un poco más calmada.
-Es solo que pensaba que… Esto… Cómo decírtelo… ¿No crees que el gesto que ha tenido la diva contigo ha sido bastante humano?
-Qué quieres decir con eso.
-Digo que se ha rebajado hasta el punto de ser ella quien te haya pedido perdón.
-Es que ella es la culpable de todo.
-Bueno, Quinn, tú saliste corriendo… Algo de culpa también tienes, ¿no?
-¿Empezamos de nuevo?
-Lo siento, no quise molestarte. Solamente quiero que estés segura de lo que estás haciendo.
-Estoy muy segura. De todas formas, lo nuestro no llegaría a ninguna parte-soltó un poco apenada. –Me saca cuántos… ¿6 años? Es una locura pensar que quisiera estar con alguien más joven que ella.
-Eso nunca lo sabes. A mí me da que ella realmente está enamorada de ti… No sé, lo percibo.
-Aunque eso fuese cierto… Lo siento, lo nuestro no puede ser. No podría soportar la presión.
Y en ese instante, se escuchó, tras sus espaldas, el pequeño movimiento de unos arbustos cercanos.
-¿Crees que puede ser alguien?-cuestionó la rubia.
-Lo mismo es un animal. No tenemos de qué preocuparnos…
Pero no era en realidad lo que allí atrás estaba sucediendo. Alguien las espiaba desde muy cerca y había escuchado toda la conversación que las amigas habían tenido en la intimidad de aquel cálido jardín.
-Bueno, ¿preparada?
-Nací preparada para eso, Kitty.
-Pues a qué esperamos… ¿Columbus?
-Columbus está bien.
Kitty condujo el vehículo de su padre hasta la cercana ciudad de Columbus donde les esperaba una buena noche, que aún no acababa ni de empezar. Al principio les costó encontrar un sitio de aparcamiento donde poder dejar el coche y que fuese una zona un tanto segura… Aquel barrio donde habían encontrado la plaza de aparcamiento dejaba mucho que desear.
-¿Crees que encontraremos el coche a la vuelta? ¡Esto parece una pocilga Kit!
-Tranquila, no es la primera vez que aparco aquí. Además, la zona está bastante cerca de los pubs; todo el mundo viene a estacionar su coche aquí.
-Tú mandas. ¿A dónde vamos?
-Al calentito.
-¿Al qué?
-Calentito. Así se llama el local.
-¿Calentito? ¿Qué clase de nombre es ese para ponerle a un local?-preguntó una desconcertada Quinn. -No me fío ni un pelo de ti.
-Confía en mí; es un lugar seguro. Y lleno de bolleras, créeme que te encantará.
Quinn se resignó y siguió caminando junto a su amiga destino al local donde ésta había indicado que irían de fiesta. El local no era muy grande, con paredes de color granate y decoradas con cuadros estrambóticos que armonizaban el lugar. Una bandera gay colgaba del techo, formando parte de la decoración temática. Y mucha gente. Quinn creía no poder respirar de lo abarrotado que se encontraba el lugar.
-Kitty, aquí hay muchos más chicos que chicas-susurró al oído de su amiga.
-Es en esta parte, pero verás…
Caminaron un poco hacia la derecha, subieron un par de escalones y echaron un vistazo general al local.
-¿Ves? No todo son hombres. Mira aquél grupo de chicas guapas que nos miran…
-No nos están mirando… Están… ¿has visto eso?
-Sí, es divertido, ¿verdad?
-¿Dónde coño me has traído Kit? ¡Este local es un poco raro!
-Quinn, por favor, que eso lo hacen porque son amigas. No te preocupes, nadie te va a lamer la cara de esa forma. Yo no dejaré que eso ocurra.
-Ya, como si eso me consolase…
-Hola chicas. Sois nuevas por aquí, ¿verdad?-les saludó una muchacha bajita y rubia. Soy Dani, la DJ del local-tendió la mano a Quinn para presentarse.
-Hola Dani, soy Kitty, pero puedes llamarme Kit. Todos mis amigos lo hacen –guiñó un ojo a la chica y le cogió la mano para estrechársela.
-¿Y tú bonita? ¿Cómo te llamas?-preguntó la DJ a Quinn.
Pero Quinn seguía inmóvil. No sabía cómo comportarse. ¿Acaso aquella chica estaba flirteando con ella? ¿Qué es lo que quería exactamente de ellas? Quinn no entendía el por qué y se colapsó. Un codazo de Kitty la hizo salir de sus pensamientos.
-Perdona, ¿qué dijiste?-se ruborizó.
-Soy Dani. Y tú eres…
-Quinn, soy Quinn-se acercó a la chica para darle dos besos.
-¿Habéis venido por la fiesta?-preguntó la DJ.
-No, hemos venido a conocer gente-contestó Kitty.
-Entonces estáis en el lugar adecuado. Venid, os invito a una copa.
Quinn miró a Kitty con la cara desencajada. ¿Aceptar una copa de una desconocida? ¿Estaban locas? ¿Qué le estaba pasando a Kitty? No daba crédito con todo lo que estaba sucediendo esa noche, pero había algo que la hizo cambiar de pensamiento. Dani. Esa chica, tan amable, parecía ser muy simpática y muy guapa también.
-¿Quinn? ¿Vienes?-preguntó Dani mirándola directamente a los ojos.
Quizá eran aquellos tatuajes, que Dani tenía en ambos brazos, lo que a Quinn no le terminaba de convencer. Tatuajes tribales y algunos relacionados con el mundo de la música.
-Ehmm... Sí, ya voy –sonrió a la muchacha.
Y nuevamente volvía a fijarse en su sonrisa. ¿Se estaba volviendo loca? ¿O se estaba activando su sentido más lésbico? No lo sabía. Aún no podía contestar a todas aquellas preguntas.
-¿Y bien? ¿De dónde sois chicas?
-De Lima-contesto Kitty mientras miraba aún de reojo a su amiga.
-¡De Lima! ¿Y habéis venido hasta aquí para salir un rato?
-En realidad hemos venido a hacer amigos para ver si Quinn encuentra a alguien, ya sabes.
Quinn se sonrojaba y pegaba un nuevo trago a la copa que Dani le había entregado minutos antes.
-No creo que tenga ningún problema en encontrar a alguien. Es muy guapa.
Quinn sonreía tímida y medio percibía lo que su amiga estaba conversando con aquella chica. La música estaba realmente alta y no podía parar de mirar hacia todos lados del local.
-Yo tengo un rato antes de volver a subir a pinchar. Si queréis os puedo presentar a gente.
-Te lo agradecería mucho Dani, pero… creo que voy a ir un momento al baño. ¿Dónde está?
-Al fondo a la derecha; aunque siempre hay una cola enorme.
-No te preocupes, cuídame a Quinn.
Y Quinn se quedó a solas con la DJ. Dani se acercó un poco más a ella y le tendió una nueva copa. Recogió la vacía, la dejó en la barra y comenzó a bailar al ritmo de Rihanna.
-¿Te gusta bailar, Quinn?-le preguntó a la oreja.
-No sé hacerlo muy bien, pero ésta canción me encanta…
-Ven, baila conmigo.
Dani le tendió su mano nuevamente y se llevó a la rubia hacia la pista de baile. Allí, comenzó a bailar a Quinn de una manera bastante sensual. La rubia no podía dejar de mirar a la disc-jockey, que seguía coqueteando con ella a través de su baile y la mirada.
-Vamos, anímate.
La rubia adolescente terminó su copa de un trago y posó el vaso en un altavoz cercano. Se acercó a Dani y comenzó a bailar con ella. Kitty, desde el lateral del local sonreía al ver cómo su amiga se había desatado mientras ella hacía tiempo con otras chicas jugando una partida al futbolín. Después de todo, Kitty había realizado aquella magistral jugada para que su amiga se acercase aún más a la bonita DJ.
-Eres muy guapa, Quinn. No tendrías que estar buscando a nadie por estos lugares… Podrían hacerte daño.
-¿Por qué?
-Hay mucha perra mala por estos locales, ¿no lo sabías?
-No. Kitty fue la que me convenció para venir; yo nunca he pisado estos sitios.
-Pues debes de tener cuidado.
-¿Quién dice que ellas no deben tener cuidado conmigo? Yo también puedo ser muy mala.
-¿Ah si? ¿Tú? ¿Con esa cara angelical? ¡No me lo creo!
Y Quinn terminó con aquella disputa rápidamente. Se acercó a Dani y la besó en los labios.
-Eres muy valiente…
-Ya te lo dije. Yo también puedo ser mala-sonreía para sí misma de gozo tras cerciorarse de que era totalmente real lo que acababa de hacer.
-Pero no sabes lo malas que podemos llegar a ser las demás.
Fue entonces Dani la que se acercó a Quinn para besarla. Fue un beso más intenso, en el que sus lenguas estuvieron luchando por varios minutos.
-Dani, tienes que subir-interrumpió la camarera el gran momento de las chicas.
-Lo siento, Quinn, tengo que trabajar. ¿Me esperarás?
-Tenlo por seguro.
En ese instante, Quinn se dirigía hacia el baño para buscar a su amiga Kitty, pero ésta no se encontraba en la cola del mismo. Aun así, le entraron ganas de hacer pipí y se quedó esperando su turno; cuando éste había llegado, entró en el habitáculo y alguien se coló tras ella y se situó en la puerta impidiendo que Quinn pudiese salir.
-¿Qué coño haces tú aquí? ¿Acaso me estás siguiendo? –Quinn preguntó amenazante.
-Quinn, por favor… Déjame que te lo explique.
-No tienes nada que explicarme, Rachel.
-¿Qué hacías besándote con esta?-le recriminó la morena.
-¿Acaso no puedo hacerlo? Creo que soy libre de liarme con quien quiera.
Rachel no supo qué decir.
-Espera… ¿me estabas espiando?
-No. Bueno… os he seguido desde que salisteis del restaurante.
-¿Y se puede saber para qué?
-Quería llegar hasta ti, de nuevo, para que hablásemos.
-Ya te dije que no tengo nada que hablar contigo-se dio la vuelta y llegó hasta el urinario para hacer sus necesidades. Además, me meo.
-Tranquila, me doy la vuelta.
Rachel miró hacia la puerta y esperó a que la rubia tirase por segunda vez de la cadena y así asegurarse de que estaba todo bien y podía darse la vuelta.
-Quinn, he tenido que mover cielo y tierra por ti. No sabes lo que me juego habiendo dejado a Brody sólo en el restaurante y, bueno, sin contar que me encuentro en este local –rodó sus ojos.
-No tenías por qué venir hasta aquí.
-¿Por qué no haces un poco de caso a Kitty? ¿No te das cuenta de que todo esto lo hago por ti?
-Rachel…
-¿Qué?
-¿Podemos hablar de esto en otro sitio? Me da un poco de grima seguir en el baño.
-¿Me prometes que no te vas a escapar?
-Invítame a una copa y me lo pienso.
-¡Estás borracha!
-¿Yo? No… controlo bastante bien.
-¿Cuántas copas llevas?
-No sé… ¿Cuatro? ¿Cinco? He perdido la cuenta –se rio.
-¡Dios! Mira cómo estás… Tú no eres así, Quinn…-cogió a la chica por las muñecas.
-Tú no me conoces, no sabes cómo soy.
-Esta vez tienes razón. Entonces déjame conocerte un poco más.
-No sé, Rachel…-se soltó del agarre.
-Te juro que Brody tan solo es cosa de la promoción que me tiene preparada mi representante.
-¿Y cuánto durará? ¿Eternamente?
-No, tan solo un par de meses.
-Rachel…
-¿Qué Quinn?
-Bésame.
