¿A dónde vamos?

-Rachel…

-¿Qué Quinn?

-Bésame.

La morena no dudó ni un segundo. Aquél bésame le daba paso a hacer lo que exactamente quería y que había estado pensando desde que la volvió a ver en la firma de discos. No más titubeos. Rachel se acercó a la rubia, lentamente, la cogió suavemente por la cintura y posó sus labios sobre ella. Fue un beso dulce y pequeño.

-Me encanta cuando me besas-dijo una muy receptiva Quinn.

-Y a mí me encanta besarte. Estaba deseando hacerlo desde el momento que te volví a ver.

Quinn no tardó en profundizar aún más la sucesión de besos que llegaban. Estaban desatadas, completamente idas. Rachel empujó a la rubia hacia la pared y cogió sus muñecas para que ésta quedase totalmente inmovilizada; la besó nuevamente y siguió recorriendo el cuello de la adolescente con cálidos besos.

Tras bajar por el cuello, siguió hacia el escote y logró besar la parte superior del pecho de Quinn. La rubia estaba enloquecida y comenzaba a sentirse húmeda, algo que sentía por primera vez al ser besada por otra persona.

-Shhh… No grites, nos van a oír.

Quinn no podía contenerse, pues aquellos dulces besos la estaban matando. Rachel, en cambio, seguía jugando con la muchacha y comenzó a acariciarle el abdomen por debajo de la camiseta.

-Rachel, por favor…

-¿Sí?-soltó la morena mientras terminaba de besar el abdomen de la chica.

-¡Dios! ¡Me estás matando!

La morena sonrió y siguió con su cometido; no podía dejar pasar la oportunidad de tener a Quinn tan receptiva y subió su mano hacia el pecho derecho de la rubia.

-¡Zorras! ¡Abrid la puerta!-alguien desde el exterior golpeaba fuertemente la puerta del baño mientras gritaba. –El váter está para mear, no para follar.

Rachel paralizó sus movimientos y miró a Quinn. Durante un segundo, se miraron y supieron que aquel lugar no era el idóneo para estar haciendo lo que fuese que estuviese sucediendo en ese momento. Se arreglaron un poco el pelo, la ropa… Y Rachel se mordió el labio pícaramente.

-¿Te apetece venir a mi hotel?

-Pensé que nunca me lo pedirías, pero tendrá que ser en otro momento. No puedo dejar a Kitty tirada.

-¡Guarras! ¡Lleváis ahí más de media hora!-la puerta volvía a ser aporreada mientras gritaban desde el exterior.

-¡Ya vamos!-gritó Rachel mientras abría el picaporte de la puerta. –Tú primero, preciosa.

Quinn salía del baño agarrando a Rachel por la mano y tiraba de ella para que aquellas chicas no lograran reconocer a la famosa cantante. La morena, por su parte, agachaba la mirada hacia el suelo y se cubría delicadamente la cara con el pelo y la otra mano que le quedaba libre. Movimiento innecesario, ya que la desesperada chica que golpeaba la puerta la reconoció nada más salir.

-Espera, ¿eres Rachel Berry? ¿La cantante?

Rachel no dijo nada, agachó aún más la cabeza y siguió caminando más rápido.

-¡Hey! ¡Esa que va por ahí es Rachel Berry! ¡La cantante!-dijo la muchacha impaciente mientras señalaba a la morena.

De repente, un revuelo de gente comenzó a acorralar a las chicas. No sabían por dónde tirar, ni qué hacer, pues estaban completamente rodeadas por bastante personas. Quinn, decidida, tiró de Rachel aún más fuerte y comenzó a correr hacia la puerta de salida.

-¡Sigue corriendo!-le gritó Rachel nada más salir a la puerta del local.

-¡Dios! ¡Cómo hemos sido tan estúpidas!

Ambas chicas seguían corriendo y giraron hacia la derecha en la siguiente calle que se encontraron. Allí, aminoraron su carrera y tomaron un poco de aire.

-¿Crees que los hemos despistado?-preguntó una preocupada Quinn.

-No, pero recuperemos un poco el aliento.

-¿A dónde vamos?

-A mi coche. Sígueme.

Minutos más tarde ya se encontraban subiendo al coche que Rachel había alquilado para sus vacaciones por Columbus.

-Casi nos pillan.

-Espero que nadie haya hecho fotos… ¡Santana me va a matar!

-Santana no tiene por qué enterarse…

-¡Dios mío Quinn! ¿Viste eso?-comenzó a reír a carcajada segundos más tarde.

-Esto debe subirte la adrenalina de vez en cuando, ¿no?

-¡Qué va! Normalmente no me escapo a un local de ambiente para seguir a una de mis fans-sonrió simpática.

-Una de tus fans…ya, claro.

-Quinn, sabes que tú eres especial para mí, ¿verdad?

-Sí.

-¿Y bien? ¿Dónde vamos?

-A tu hotel.

-¿Y tu amiga?

-Que se las apañe. Le dejaré un mensaje.

Rachel sonreía para sí misma y arrancaba el coche mientras ponía dirección al lujoso hotel donde estaba hospedada, pero tenía un pequeño inconveniente: Brody. El muchacho debería estar en su habitación de hotel descansando y era una parte que había olvidado por completo.

-Perdone, ¿es posible que hoy tenga la suite libre?-preguntó Rachel al chico de recepción.

-Sí, si lo desea podemos realizarle el cambio de habitación mañana.

-No, me gustaría ocuparla ahora.

-¿Y la otra habitación, señorita Berry?

-La otra habitación también. Mi chico estará descansando allí todavía.

Rachel miró un segundo a Quinn que fruncía su ceño y esperaba una explicación.

-Aquí tiene. La suite de la planta superior, con vistas a la ciudad y terraza con piscina-el chico entregaba la tarjeta a Rachel y miraba desconcertado hacia Quinn.

-Es una amiga; la que se va a hospedar en la suite-explicó dándole unos cincuenta dólares en mano. –Espero que no tenga ningún tipo de problema y que no la moleste nadie, ¿de acuerdo?

-Téngalo por seguro-sonrió el chico.

-Vamos, Quinn, te enseñaré cuál es tu habitación.

Las chicas se pusieron camino al ascensor y, una vez allí, Rachel introdujo la tarjeta en el mismo. La tarjeta sería la llave que accionaba la llegada a la suite del hotel, a la que se entraba nada más salir del ascensor.

-Rachel, no tenías por qué…

Rachel posó su dedo índice sobre los labios de la rubia y le sonrió.

-Quiero que estés cómoda y puedes quedarte aquí hasta que te apetezca.

-No… no quiero que…

-Shhhh-volvió a repetir el movimiento y posó su dedo sobre los labios de la rubia.

El ascensor llegó a la planta número treinta y tres y abrió sus puertas. Nada más entrar, se encontraba el recibidor. Un espejo enorme que decoraba la pared de la entrada, junto a un mueble donde poder dejar los abrigos, bolsos, etc.

-Ven, déjame tu abrigo.

Rachel quitaba el abrigo a Quinn y lo depositaba en la percha del mueble. Después, hacía lo mismo con el suyo.

-¿Y bien? ¿Qué te parece?

Quinn seguía sin decir absolutamente nada, fruto de los nervios que recorrían su cuerpo. La morena avanzó por el lugar y señaló hacia la izquierda. Allí una enorme barra con taburetes, separaba el salón de un inmenso frigorífico.

-Este es el mini bar, completamente equipado.

-Ajá…

Rachel se giró, siguió avanzando y señaló hacia su derecha. Un enorme sofá de siete plazas, en forma de "L", decoraba la habitación. Justo enfrente, una televisión de plasma de cuarenta y dos pulgadas y una cristalera que dejaba ver la ciudad tras ella.

-Y esto es el salón. Desde aquí hay unas impresionantes vistas de la ciudad.

Quinn se acercó hacia la cristalera y pudo comprobar que aquello que le decía Rachel era completamente cierto. La morena anduvo unos pasos más y señalaba un pequeño escritorio compuesto de una mesa y una silla.

-Y eso de ahí la zona de trabajo-dijo con una sonrisa. –Y por esas escaleras se va a la terraza…-señaló unas escaleras de caracol cercanas al escritorio. –Ahí está también la piscina. Y lo mejor de la suite…

La morena abrió unas puertas correderas que daban hacia la habitación. En el interior una gran cama de matrimonio vestía la amplia habitación decorada con diseños modernos.

-¡Guauuu! ¡Increíble Rachel! ¡Es preciosa!

-Lo sé, por eso es mi hotel favorito.

-¿Ya conocías éste hotel?

-Sí, he venido otras veces por aquí.

-Ahm…

Y el ambiente comenzó a tensarse para ambas. Rachel no sabía cómo actuar, pues ahora le daba un poco de timidez empezar por donde lo había dejado; al parecer Quinn ya estaba más que sobria. La rubia, en cambio, estaba muerta de miedo por lo que temía que iba a suceder: su primera vez.

-Bueno… ¿Qué hacemos? ¿Te apetece tomar una copa?

-Vale.

-¿Una copa de champagne?

-No suelo beber champagne, no me gusta el sabor.

-¿Cerveza entonces?

-Sí, una cerveza me vale.

-¿Coors? ¿Budweiser? ¿Lakes? O tal vez de importación… ¿Heineken? ¿Coronita?

-Una budweiser está bien.

Rachel sacaba de la gran cámara frigorífica dos cervezas de la marca preferida de Quinn y se acercaba hasta el sofá del salón.

-¿Un poco de música?

Quinn sonrió y la morena percibió aquella sonrisa como un sí. Encendió el televisor y dejó en segundo plano la música de los videoclips que se veían por el canal Mtv a aquellas horas.

-¿Enviaste el mensaje a tu amiga?

-Sí, y no me ha contestado. Debe de estar pasándoselo muy bien.

Nuevamente un silencio incómodo inundó la estancia y ambas sonrieron mientras pegaban un trago a su botella de cerveza. Y así por un par de minutos mientras que ojeaban un poco los videos de la televisión.

-Rachel…Yo… No quiero que creas que estoy aquí solo para… Ya sabes.

-No tienes que darme explicaciones, Quinn.

-Es que no quiero que pienses que quiero aprovecharme de ti o de tu fama.

-¿Por qué piensas eso?

-Por el famoso video que ha dado la vuelta al mundo.

-No sé de qué video me estás hablando…-frunció su ceño.

-Da igual, Rachel. No pasa nada. Olvídalo.

Durante unas horas las chicas siguieron bebiendo y conversando sobre sus vidas, sin dejar de hacerse arrumacos la una a la otra. Estaban conociéndose un poco más y eso a Rachel le pareció perfecto, pues tenía la sensación de que Quinn quería alargar aquel momento que ella estaba esperando; el momento de hacerla suya. Pero no quería ir tan rápido con Quinn, quería dejar que fuese la chica quien diese el primer paso. Y así fue.

-Bueno… ¿Por dónde lo habíamos dejado?

Una más que caliente Quinn se atrevió a acercarse mucho más a la morena y agarrarla del cuello para después dejarle un tierno beso en los labios. Acto que le sorprendió, pues Rachel no se lo esperaba, pero que correspondió dando paso a una guerra por saber quién besaba más a quién.

Pronto la rubia fue la que comenzó a desnudar a Rachel por la camiseta, que se asombró con la maestría con la que lo hacía, pues pensaba que para la chica iba a ser su primera vez. Y no se equivocaba. Prosiguió a besar su cuello, olía exquisito, y se embriagó aún más en su aroma, mientras seguía besándola con afán ahí mismo. La morena, no quedándose atrás, secundó con la ropa de la rubia, comenzando por la camiseta. No tardo en dejarla caer mientras sus manos se perdían entre la preciosa espalda de aquella dulce rubia.

Con el sujetador todavía puesto, Rachel besó uno de sus pezones. Lo lamió y luego le quitó el sostén para que no le estorbara. Enloqueció. Le habían gustado los senos de la rubia y ésta lo sabía, por eso sonrió triunfante.

Rachel siguió quitándole el pantalón y comenzó a besarle la zona más íntima a la rubia. La chica se estremeció y gimió. De pronto, fue Quinn quien tomó las riendas de nuevo, sin saber muy bien por qué, y comenzó a imitar cada uno de los pasos que Rachel había realizado con ella; hasta quedar completamente desnudas.

Quinn, completamente húmeda, prosiguió con las caricias en el musculoso torso de la morena y lo besó con facilidad. Llegó hasta su vientre y notó cómo la chica comenzaba a volverse completamente loca. Siguió más abajo, en su zona más íntima, y comenzó a lamerla sin saber muy bien cómo hacerlo. Sin embargo, Rachel lo disfrutó. Segundos más tarde, comenzó a juguetear con la punta de su lengua y su boca tomó el rumbo necesario para hacer enloquecer aún más a la morena. Se excitó.

Con su dedo índice, probó a introducirlo mientras seguía ahí abajo. Rachel sólo gemía y le pedía que continuase, hasta que le pidió que acelerase mucho más el ritmo y fue entonces cuando tomó su cabeza y la empezó a dirigir hacia donde realmente le gustaba.

Tras unos minutos, Rachel logró recomponerse para echarse sobre Quinn y, muy excitada, hacer lo mismo. Con su lengua húmeda, la comenzó a excitar. La pasaba por su zona más sensible, sin compasión, provocándole espasmos y una que otra mala palabra. Luego, cuando creyó haber disfrutado de ella, la posó en una posición más cómoda en el sofá y apoyó uno de sus brazos para introducir sobre la rubia dos de sus dedos.

Allí se quedó por bastante rato. Disfrutando. Haciéndole sentir la chica más feliz del mundo, hasta que se fundieron en un tierno beso y cayeron rendidas sobre el sofá de piel blanca.

-¿Qué te parece si seguimos en la cama?-preguntó Rachel entre susurros.

-Creo que me encantaría-sentenció Quinn.