You are mine
Rachel no había podido descansar durante las dos noches que la rubia había compartido cama con ella. La buena sensación que le causaba tener a Quinn, durmiendo entre sus brazos, podía mucho más que el quedarse dormida. Se levantó de la cama, anduvo hasta el sofá del salón y cogió el teléfono para pedir un buen desayuno.
-Por favor, soy Rachel Berry, de la suite con piscina. Me gustaría que me trajesen un desayuno completo para dos personas; como el de ayer, por favor.
-¿Desea que lo subamos a la habitación?
-Sería muy amable por su parte.
-De acuerdo. En unos minutos se lo haremos llegar, señorita Berry.
Medio sonámbula, se acercó hacia una guitarra, que el día anterior dejó apoyada sobre el escritorio, y la llevó consigo junto a una libreta que yacía sobre la mesa.
-No puedo creer que un par de noches con Quinn me hayan dado una canción. Es increíble.
La morena tachaba algunos renglones de aquella canción, que estaba componiendo la última vez, y los reescribió. Al parecer, las noches en vela habían dado un nuevo rumbo a aquella letra que llevaba atascada, durante más de un mes, en la vida de la cantante.
"You're mine, for life
And I'll be by your side
We are entwined
You're mine, for life
Hold me until we go, oh yes, and you will love
I'm yours, you're mine
I'm yours, you're mine"
Aquel trozo de la nueva letra comenzaba a resonar en la cabeza de Rachel, mientras la acompañaba con unos acordes a la guitarra. Sin hacer mucho ruido, consiguió darle forma a la canción y terminar aquello que hacía meses había empezado y que no pudo terminar por falta de inspiración.
-Rachel, ¿qué haces con la guitarra a estas horas?
Quinn se incorporaba en el sofá, junto a la morena, y sonreía mientras la cantante seguía tocando los acordes que había escogido para la canción.
-No sabía que componías-se acercó para dejar un suave beso en los labios a la cantante y señalar el papel que tenía junto a la guitarra.
Rachel, nerviosa, sonrió y dejó de tocar el instrumento.
-Siempre me ha gustado componer, pero nunca he terminado de hacerlo por miedo a saber qué opinarán de mis letras. No sé, supongo que me he acomodado siendo intérprete y nada más.
-Pues no sonaba nada mal.
-¿Quieres que te la cante? La he terminado gracias a ti.
Quinn, sonrojada, asintió con la cabeza y esperó a que Rachel comenzase a acariciar las cuerdas de la guitarra para hacerla sonar. Un pequeño punteo para la introducción y arrancó con su voz.
La rubia no pudo despegar ojo de la cantante y supo esperar a que ésta terminase con los últimos acordes que avecinaban el final de la canción. Esta vez había sido especial, nada que ver con las improvisadas canciones con las que Rachel la había deleitado el día anterior.
-Es preciosa.
-Como tú-sonrío tímida.
-¿Por qué dices que la has terminado gracias a mí?
-Porque la tenía escrita desde hacía unas semanas, pero no me terminaba de convencer. Anoche lo vi claro y he cambiado algunos renglones esta mañana, ¿ves? –dejó que la rubia mirase el papel con los tachones.
-Ajá. Me gusta que hayas podido terminar bien la canción. ¿La incluirás en el nuevo disco?
-Aún no lo sé. Estoy mirando con Santana el poder incluir algo escrito por mí… pero, como te comenté antes, no me atrevo a hacerlo y que no guste.
-Seguro que si las otras canciones son tan buenas como ésta, nos gustarán.
El sonido de apertura del ascensor las interrumpió y ambas giraron su mirada hacia la entrada de la habitación. Un botones subía el desayuno en un carrito, que dejó en la parte que correspondía a la cocina y se marchó por donde había venido.
-Espera, ten esto-Rachel se levantó para dejarle una propina.
-Gracias señorita Berry.
-¿Desayunamos?-se incorporó la morena mientras dejaba nuevamente la guitarra en el mismo lugar donde se la había encontrado.
-Estaría bien porque estoy hambrienta.
-Lo sé, por eso he pedido lo mismo que ayer.
-¿Lo mismo? ¡Pero fue demasiado, Rachel!
-Tranquila, si no quieres todo… no lo comas. No te voy a obligar. Pero tampoco te voy a dejar con hambre, ¿no crees?
-A mí me vale con que satisfagas otro tipo de hambre-soltó la rubia mientras se acercaba nuevamente a Rachel y la agarraba por la cintura.
-Pues para ser la primera mujer con la que has estado, parece que le has cogido el gustillo a eso de hacer el amor, ¿no crees?-reía y besaba a una sonrojada rubia.
-Desayunemos.
Quinn se acercaba al carrito del desayuno y comenzó a sacar platos para posarlos sobre la mesa. Rachel tomaba asiento en una de las sillas y esperaba a que la chica pusiera todo sobre la mesa.
-¿Y bien? ¿Qué quieres hacer hoy?
-Lo que tú digas estará bien-contestó Quinn.
-Yo tengo que ir a Lima esta tarde para zanjar un tema personal.
-Voy contigo, entonces.
-Sí, cielo, pero… verás, Brody también tiene que venir.
-¿Por qué?-frunció su ceño.-Ya voy yo contigo.
-Es que el tema personal también va con él.
-¿Qué es lo que pasa, Rachel?
-Nada.
-¿Es por la chica rubia con la que hablabais en el restaurante la otra noche?
-¿Cómo…
-Esa chica no es de fiar-la interrumpió mientras se metía en la boca un trozo de tortita con sirope de chocolate.
-¿La conoces?
-De vista.
-Es Ashley, la amiga de Lima de la que te hablé alguna vez.
-¿Esa es tu amiga? Entonces no quiero saber quién es tu enemigo…
-En serio, ¿qué sabes de ella?
-Forma parte de un grupito de chicas guay en el instituto. Le dicen las divinas porque son así muy pijas y tontas.
-¿Conoces a sus amigas?
-Claro. Además, tienen una líder. Una tal Alison. Creo que es la que maneja todo el cotarro.
-¿Alison? Sigue contándome, por favor…
-No, cuéntame tú primero qué problemas personales tienes con esa.
-A ver, Quinn… Esa chica, cómo decírtelo… Esa chica ha sido presidenta de mi club de fans oficial y… bueno, que ella y yo hemos estado saliendo durante un tiempo. Pero hace mucho tiempo de eso…
-¿Ashley y tú?-fruncía aún más su ceño sin entender nada.
-Sí, Ashley y yo.
-Si dices que fue hace mucho tiempo de eso… ¿Qué problema hay ahora con ello?
-Está un poco obsesionada conmigo. No sé… creo que no ha pasado página y eso la está llevando a una extrema locura.
-Esas chicas están para encerrarlas en un psiquiátrico. Ya lo decía yo…
-Bueno, eso no es de mi incumbencia. El caso es que ha fotografiado a Brody con su novio Dyson y está chantajeándonos con sacar las fotos a la luz.
-¿Y cuál es el problema?
-Pues que se supone que Brody y yo estamos juntos, Quinn.
-Ya, pero… eso se acabará en algún momento, ¿no? No vais a estar fingiendo todo el tiempo… ¡Qué más da que salgan esas fotos a la luz!
-Si rompo el contrato que tengo con Brody quizá no pueda sacar mi nuevo disco, Quinn. Ese es el verdadero problema, que Brody me avala en el mundo musical y, sin él, aún estoy jodida.
-Yo no creo que eso sea del todo cierto. Tú vendes por como tú cantas, no porque estés con él.
-Hay una cierta parte de la promoción que sin él no se haría. Y, bueno, aunque quiero terminar con esto… Aún me queda un mes que aguantar, ¿sabes? No puedo romper el contrato cuando me apetece.
-Bueno, y qué hay con esa tal Ashley… Dale dinero, no sé… ¿Qué busca exactamente?
-A mí.
-¿A ti?-levantó sus cejas sorprendida mientras se atragantaba con el zumo de naranja.
-Sí. Dice que o está conmigo o nadie me tendrá. Y piensa vender nuestra historia en platós, vamos… que me quiere joder antes de sacar el nuevo álbum.
-Esa tía está completamente loca. ¿Por qué saliste con ella?
-No lo sé, no me preguntes porque verdaderamente no sé qué coño le vi a esa niñata.
-Un poco de respeto que yo tengo su misma edad.
-Pero tú no estás loca…
-Bien, si vas a Lima a resolver tu pequeño "problemilla", yo puedo pasarme por casa y así ver cómo están por allí las cosas…
-Vale, después voy a recogerte. ¿Te parece?
-Vale.
Un par de horas después de aquella conversación con la adolescente, Rachel ya se encontraba con Brody golpeando con fuerza la puerta de la casa de Ashley.
-¿Estás segura de que estará en casa?-preguntó el chico nervioso.
-No lo sé, pero habrá que intentarlo.
Segundos más tarde, la madre de la muchacha abría la puerta de la vivienda.
-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles?
-¿Está Ashley en casa?
-No, ha salido a casa de una amiga. ¿Necesitan algo?
-Soy Rachel Berry, la cantante. No sé si usted me habrá reconocido…
-Sí, ya sé que es usted Rachel Berry, pero… ¿qué quiere de mi hija?
-Necesito hablar con ella. Es algo personal.
-Pues no creo que vuelva en todo el día. Está en casa de su amiga Alison e iban a ir de compras esta tarde… ¿Puedo ayudarles yo?
-Lo siento, no puede. Tenemos que hablar con ella.
-De acuerdo, le diré que han venido.
-Gracias señora, es usted muy amable.
-De nada, le diré a Ashley que la llame-dijo esto último a Rachel.
Brody se percató cómo la señora miraba de arriba hacia abajo a Rachel mientras ésta salía del porche de la casa.
-Esa mujer me da mal rollo.
-Si solo fuese ella la que da mal rollo… La hija no se queda atrás.
-Bueno, ¿qué hacemos?
-Yo tengo un asunto pendiente con Quinn. ¿Te importa?
-Claro que no, pero a Santana no le va a gustar nada que no estemos dando exclusivas…
-¡Brody!
-Vale, vale… ¿Dónde vas entonces?
-A casa de Quinn.
-¿Por dónde queda?
-No tengo ni idea… Tendré que poner el GPS.
-Ok, entonces llévame a la parada de taxis. Cogeré uno a Columbus, no te preocupes por mí.
-Gracias Brody.
-De nada-soltó sonriente.
Rachel se acercaba a la parada de taxis más cercana para dejar al chico y marcó en el GPS la dirección que Quinn le había dado para ir a recogerla. Cogió su teléfono móvil y envió un mensaje de texto que le decía que ya iba a por ella. Mensaje que la rubia no vio hasta el momento en el que su madre gritó desde la puerta.
-¿Perdone? ¿Está Quinn en casa?
-¡Mi hija no va a ir con usted a ninguna parte!
-¡Mamá!-Quinn bajaba por las escaleras completamente alterada.
-¡Qué hace ésta zorra en mi casa!-gritó Judy enfurecida.
-Por favor, mamá, déjala pasar.
-No, Quinn. Dime qué hace ella en esta casa. ¿Cómo sabe dónde vives? ¿Por qué te conoce? ¿Por qué ha venido ella a buscarte?
-Mamá, es la amiga de la que te hablé.
-Ella no es tu amiga. ¡Es una famosa!
-¿Qué carajos pasa aquí…?-el señor Fabray acudía a la zona donde se estaban produciendo los gritos y se quedaba helado al ver a la famosa cantante en la puerta de su casa.-Hija, ¿es ella la cantante que te gusta?
-Sí, papá. Es Rachel Berry.
-¿Rachel Berry? ¿La misma Rachel Berry de las canciones de mi Quinn? Pase, está usted en su casa señorita-apartó a su mujer del marcó de la puerta.
-Gracias señor Fabray, un placer conocerle-le tendió la mano para saludarlo.
-Russell… ¡no!-se soltó de los brazos de su marido.
-Por favor Judy, compórtate… Es una invitada de nuestra hija. Pase, pase… Rachel, por favor.
-No, si en realidad venía a recoger a su hija.
La señora Fabray miró a su marido para desaprobar aquella idea tan descabellada, pero Russel le puso la mano sobre la boca para que no soltase ni media palabra.
-Quinn, no hagas esperar a la señorita Berry. Anda, hija, ve a por tus cosas.
-Gracias papá.
Quinn recogía su bolso y daba un beso a su padre en la mejilla. Miró a su madre con superioridad y agarró a Rachel del brazo para salir de allí lo antes posible.
-Hasta luego cariño, pásatelo bien.
-¡Gracias!
Y siguió caminando más rápido para impedir que su madre soltase una palabra.
-Qué simpática es tu madre…
-¿Verdad? Te ha recibido con el mejor de sus saludos…
-Pues si ese es su mejor saludo, no quiero saber cómo será el malo. Menos mal que tu padre te dejó venir.
-Pero voy a tener que volver esta noche a dormir a casa.
-No importa.
-Gracias Rachel.
-¿Por qué?
-Gracias por hacerme tan feliz.
