Visita inesperada
Un viernes de un maravilloso y caluroso mes de Mayo. Quinn seguía sin recibir noticias sobre Rachel. No mucho, nada que estuviese fuera de alcance de cualquiera que estuviese pendiente de los medios de comunicación. Nuevamente vagueaba por su habitación, con auriculares en la orejas, mientras seguía chateando abiertamente con sus amigas.
Aquel viernes era completamente diferente a cualquier otro que pudiese precederle. Quinn, y Kitty, habían organizado una quedada para conocer a otras personas del mundillo Rachel Berry. Estaban entusiasmadas y, sobre todo, tenían la esperanza de conocer más gente con la que compartir sus vivencias.
Solo había un problema: Ashley. Aquella muchacha de ojos claros y melena rubia, pertenecía al club de fans y, como buena presidenta, se dejaría caer por allí para ver qué tal iba la cosa.
-Hola Quinn. ¿Qué tal ha ido la mañana? No te he visto por el insti.
-Buenas tardes Kit-la saludaba con dos besos en la mejilla. –Esta mañana he tenido horas de tareas extra en clase y he salido poco al exterior.
-Ya veo… ¡menudas pintas!
-¡Hey! ¿Qué pasa con mis pintas?-se echó un vistazo a la ropa que llevaba puesta en ese momento.
-Quinn, hija, que vamos a conocer gente nueva… No te digo que te vistas como la reina, pero algo más… ¿decente? No sé si es esa la palabra…
-¿Qué dices? Si voy normal.
La verdad es que Quinn tenía razón y su amiga no tenía por qué discutirle sobre ese tema. Se había colocado unos tejanos de color oscuro con una camiseta, básica, de color blanco. Nada que pudiese estar fuera de lugar en un momento como aquél.
-Bueno, yo te lo decía por si encontrabas a alguien que te gustase… Ya sabes… para olvidarte de quien tú y yo sabemos.
-No quiero olvidarme de ella, ¿vale? Ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Y sólo estamos pasando por una mala racha. Cuando nos volvamos a ver, ya verás cómo tengo razón.
-Quinn, no seas inocente… Rachel no te va a estar esperando. ¡Ni siquiera te ha llamado! No se ha dignado ni a escribirte un mísero mensaje. Deberías pasar página.
-No tenemos nada que discutir sobre el tema.
-Ya empezamos… Bueno, haz lo que quieras. Es tu vida.
-Lo sé, por eso mismo voy a ir a esa quedada con éstos maravillosos tejanos y ésta camiseta. No veo qué hay de malo en eso.
-Nada, déjalo… Mira, por ahí viene Mercedes.
-¿Qué pasa chicas?-saludaba la chica de color a sus amigas con un gran abrazo. -¿Preparadas para la reunión?
-A Quinn mejor ni le hables.
-¿Por qué?-frunció su ceño mirando hacia la rubia intentando conseguir una explicación.
-Ella sabrá. Según dice voy mal vestida para la ocasión…-se encogió de hombros inocente.
-Es verdad que podrías haber elegido otra vestimenta, pero tú eres así. No veo qué hay de malo en que te conozcan tal y como eres.
-¿Lo ves? Yo gano, me voy así –prosiguió su camino dejando a sus amigas atrás.
Y sin nada más que decir, las chicas siguieron a la adolescente hasta el lugar donde habían quedado con el resto de los fans de Rachel Berry. El local dejaba mucho que desear, era un bar de Lima que las chicas ni siquiera habían pisado en su vida; eso sí, solía ser un bar frecuentado para tomar café y meriendas.
Quinn, Kitty y Mercedes fueron las primeras en llegar. Tomaron asiento en la mesa reservada, que pacientemente se había prestado a reservar una chica del club. Una vez tomado asiento, pidieron un café y esperaron la llegada del resto.
-¡Hola! Soy Susan. ¿Sois las chicas del club de Rachel Berry?
-Sí, somos nosotras. Soy Kitty, ésta es Quinn y esa es Mercedes-dijo señalando a cada una de sus amigas.
-Encantada, chicas. Un placer conocer gente de este mundillo-sonrió y se acercó a saludar con dos besos en la mejilla.
-Igualmente, Susan-saludó educadamente Quinn.
-Un placer-Mercedes no se quedó atrás.
-Mi amiga Kate estará a punto de llegar… Me dijo que también tenía ganas de conoceros. Hasta el momento sólo hemos conocido a Ashley, la presidenta.
-Ah…que conoces a Ashley… ¡Genial!-exclamó con ironía Quinn.
-Toma asiento, esperaremos al resto.
Al cabo de un par de horas, todos los integrantes del club de fans charlaban animadamente en el local sin ningún imprevisto hasta el momento.
-Pues lo que os decía, la verdad es que Rachel se ha portado genial conmigo cada vez que la he esperado en los hoteles y todo eso… Es de admirar, la verdad-comentaba una de las chicas.
-Sí, tienes toda la razón, Megan-asintió un chico moreno de ojos azules. –Con nosotros también ha sido siempre súper simpática.
-¿Cómo pensáis que va a ser el nuevo disco?-se atrevió a preguntar Kate.
-Yo no espero mucho, la verdad. Seguro que será igual de comercial que hasta ahora-Thomas, un chico rubio de ojos marrones, habló por primera vez.
-Pues yo no lo creo. Pienso que igual nos puede sorprender con alguna canción totalmente escrita por ella… Se le da bastante bien componer.
Error. Un terrible error acababa de cometer Quinn al afirmar aquella última frase.
-¿Cómo sabes tú eso? ¿Acaso la conoces en persona?-Susan preguntó curiosa.
-¡Mierda, Quinn! ¡Cómo dices esas cosas! Se van a enterar…-renegó Kitty al oído de la rubia.
-No, claro que no la conozco… Más de lo que la conocéis vosotros, quiero decir… Esto… Es que creo haber visto alguna entrevista en la que se comentaba algo de la composición de los temas para el nuevo disco y… Bueno, y eso… que estaba preparando cosas y puede sorprendernos…
-No creo que hayas podido escuchar tal cosa en una entrevista. No me he perdido ninguna desde que sacó su primer disco…-Susan arremetía aún más contra la rubia.
-Chicas, bueno… ¿Qué más da? Que sea un buen disco, con buenas canciones y ya está. ¿Qué más da si las compone ella o no…? Al menos es lo que pienso yo-Mercedes intentaba destensar la situación.
-¡Hey, Quinn! Mira quién viene por ahí…-Kitty le dio un codazo a la rubia para que se percatase de la presencia de la chica que acababa de llegar. -¡Dani! ¡Ven con nosotras!
-¿Dani?-Quinn desvió la mirada hacia la señal de su amiga y pudo localizar a la DJ que ya se acercaba hacia ellas.
Dani, muy sonriente, se acercaba hacia Kitty para dejarle un par de besos a modo de saludo. Con un rápido gesto, se quitó las gafas de sol y volvió a sonreír mientras se acercaba a saludar a Quinn, que no daba crédito a lo que estaba sucediendo.
-Hola preciosa-se acercó y dejó un suave beso en los labios de Quinn.
Y la adolescente no supo qué decir ni qué hacer, simplemente sonrió tímidamente y miró a su alrededor mientras los demás esperaban expectantes a que alguien presentase a la chica nueva.
-Ella es Dani, una vieja amiga…-fue Kitty la que presentó a la muchacha.
-Hola, ¿qué hay?-la DJ saludó al resto con su mano y una amplia sonrisa. –Daros por besados todos.
Los demás asintieron con la cabeza y algunos hasta saludaron a la chica con la mano, muy sonrientes también.
-¿Qué haces por aquí?-Quinn le preguntaba sin entender absolutamente nada.
-He venido a por ti, guapa. ¿No lo recuerdas?–se sentó sobre las piernas de la rubia. –Habíamos quedado esta tarde… Al menos eso es lo que me dijo Kitty.
Y entonces Quinn empezó a comprenderlo todo, desde la insistencia que tuvo su amiga en que se colocase una ropa más adecuada para la ocasión… hasta el por qué no le había sorprendido en absoluto verla por allí, en Lima.
-Lo siento Dani, no me acordé. ¡Qué estúpida!-exclamó esto último mirando de reojo a su amiga y matándola con la mirada.
-Bien, ya podéis ir a donde quisiera que tuvieseis planeado ir… Nosotras seguimos aquí con la tertulia, ¿verdad Mercedes?
-Como ella quiera… Ya tendrá que ponerme al día sobre todo esto-Mercedes tampoco entendía nada en absoluto.
-Bien, entonces… ¿qué hacemos?-preguntó la DJ a Quinn.
-Lo que tú quieras, preciosa.
Preciosa. Un preciosa que le salió del alma con todas las letras. Un preciosa que estaría retumbándole en la cabeza durante mucho tiempo… Un preciosa que dio esperanzas a Dani para llevarla a cenar y sorprenderla.
-¿Qué te parece el lugar? ¿Es de tu agrado, Quinn?
-Digamos que… que nunca he venido a un sitio como éste.
El local donde Dani había llevado a Quinn era un restaurante americano típico de los años 70, con sus paredes pintadas de rosa y verde manzana. Unas sillas rojas de la época y decoraciones típicas de aquellos años. Lo que más llamó la atención a Quinn, fue la plateada gramola que accionaban los propios comensales escogiendo canciones de la época. "Hopelessly Devoted to you" de la película "Grease" fue la elegida por la disc-jockey, que comenzaría a sonar en cuanto terminase la canción que se escuchaba en ese momento.
-Ya me dijo Kitty que te encontraste indispuesta con la hamburguesa de la otra noche… Espero que ésta no te siente tan mal como para tener que salir corriendo de nuevo-bromeó simpática.
-Tranquila, hoy al menos estamos cenando en un restaurante-siguió la broma sonriendo.
-Quinn, no quiero que vengas conmigo a cenar si no es lo que te apetece… No quiero forzarte a hacer algo que no quieras.
-Tranquila, no pasa nada.
-Sé que estuvo mal incitarte a beber tanto la otra noche, pero pensé que quizás tendrías un buen fondo… No sé, tampoco te quejaste.
-No pasa nada, de verdad-dijo esto último mientras volvía a ojear la carta.
-¿Saben ya lo que van a tomar?-acudió la camarera a la mesa para tomar nota.
-Sí, por favor, para mí una hamburguesa con queso y bacon.
-¿Con patatas fritas o asadas?
-Fritas.
-¿De beber qué le pongo?
-Una pink lemonade, por favor.
-¿Y usted? ¿Qué desea?-giró la mirada hacia Quinn para que ésta pidiese.
-Para mí lo mismo, gracias.
-Está bien, en unos minutos les traigo el pedido.
-Gracias-agradeció Dani.
La camarera se marchaba, dejándolas completamente a solas de nuevo. La canción que Dani había pedido comenzaba a sonar en ese instante.
-¡Qué bien! ¡Es la canción que he elegido!-exclamó alegre.
-¿Por qué tanta alegría?-cuestionó la rubia con una ceja levantada.
-Nunca consigo que pongan la que yo pido… Parece que eres mi talismán de la buena suerte…-sonrió tímida.
-Me alegro de que así sea…
-Lo que iba diciéndote Quinn. Que eres una chica muy guapa, sé que podrías tener a cualquier chica junto a ti… pero me gustaría conocerte un poco más. No sé… ¿Qué opinas? Dejemos a un lado lo que ocurrió la otra noche… Puedo ir más despacio si así lo deseas.
-Dani, no te ofendas, pero no me encuentro con ganas de empezar nada con nadie en este momento. No es por ti, es por mí.
-Ya…Bueno, no pasa nada-la contestación de Quinn no le había convencido en absoluto.
-Así que te gusta la película "Grease". Todo un clásico del cine musical…
-Adoro la música, si no conociese "Grease" estaría cometiendo el mayor delito de toda mi vida.
-A mí también me gusta la historia. Chica inocente que se enamora del chico rebelde… Un amor de verano que crees que será pasajero, pero que luego está más presente de lo que te imaginas… Y las consecuencias finales de esa historia loca de amor.
-¿Te gustan las chicas rebeldes?
-Puede…-sonrió pícara.
-Entonces no lo tengo todo perdido…
-Puede que no.
Dani sonrió para sí misma y se sonrojó. Aquella última frase que había salido por la boca de Quinn no había estado tan mal. Al parecer, no quería tener nada con nadie ahora mismo, pero tampoco le cerraba las puertas del todo y eso le gustaba. Le encantaba todo de la rubia hasta que sonó un teléfono móvil y sacó a ambas de sus pensamientos.
-Lo siento, tengo que cogerlo. Es mi madre-se disculpó Quinn mientras pulsaba la tecla verde del dispositivo móvil.
-Tranquila, no pasa nada.
-¿Mamá? ¿Qué ocurre? Ajá… ¿Qué? No, no puede ser… ¿Qué estás diciendo?
Siguió en silencio escuchando lo que su madre tenía que contarle mientras miraba un poco apurada a la disc-jockey.
-No mamá… ¿No puede esperar? Estoy cenando con… con una amiga. ¿Qué? No, no es con Kitty. No, Mercedes tampoco… Mamá… ¿Qué más te da? ¿Puedo cenar tranquila aunque sea por una vez?
Nuevamente Quinn seguía escuchando mientras Dani no podía recibir ninguna información más que lo que la rubia hablaba de vez en cuando.
-Ok mamá, no tardo. En cuanto cene voy para casa, te lo prometo.
Quinn colgó el aparato y volvió a meterlo en su bolso. Miró con mucho apuro a su acompañante e intentó disculparse de nuevo.
-Lo siento, era mi madre. Se pone muy pesada a veces…
-No te preocupes. ¿Está todo bien? ¿Quieres que te lleve de vuelta a casa?
-Sí y no. Vamos a terminar de cenar esas hamburguesas tan famosas que tienen que dejarme completamente enganchada. Y, después, ya se verá-sonrió mientras colocaba el bolso nuevamente sobre la silla de al lado.
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DiLea
