¡Muchas gracias por todos los reviews que me han dejado! Y aquí les traigo el capítulo 3 de este fic que por fin está en marcha. Los chicos han sido enviados por Bobby a un pequeño pueblo en donde está pasando algo muy, muy extraño. ¿Podrán descubrir de qué se trata?
Como siempre, les recuerdo que sus comentarios hacen que mi capítulo brote más rápidamente. Así que espero con ilusión sus reviews… si no les es mucha molestia dejarlos. Gracias. A disfrutar del capi!
CAPÍTULO 3. TRAS LAS HUELLAS DEL PASADO
El Impala rugía poderosamente mientras devoraba los kilómetros que separaban a South Dakota de Texas. El silencio se había hecho pesado, denso, incómodo pero Sam no se atrevía a interrumpir el hilo de los pensamientos del mayor, que conducía concentrado, perdido en quién sabe qué reflexiones. Así que tomando su portátil se concentró él también en un archivo que le estaba dando problemas y comenzó la investigación. Dean agradeció mentalmente que su hermano no siguiera tratando de indagar en sus sentimientos ni pretendiera comportarse como nenaza –cosa que a pesar de los años y de conocer tan bien a su hermano, seguía incomodándolo- así que siguió reflexionando acerca de su vida, de lo que él consideraba su propio fracaso personal: no había sido capaz de proteger adecuadamente a su gente, a su familia, a la de sangre y a aquella conformada por los amigos, los colegas, los amores. Habían perdido a casi todas las personas que habían querido, amado o apreciado. Prácticamente no quedaba nadie con vida, salvo Bobby, claro.
Se hundió nuevamente en la tristeza mientras conducía a su amada nena y veía como en el horizonte comenzaba a hundirse el sol, regalando hermosas tonalidades de oro y naranja.
La noche llegó más pronto de lo que cualquiera de los hermanos Winchester hubiera pensado y el mayor interrumpió sus pensamientos para buscar un lugar en donde cenar y luego decidir si seguir el camino o no.
Disminuyó la marcha y estiró su mano para mover la portátil de Sam –que dormitaba- y de paso curiosear en lo que el más chico hacía.
- ¿Qué diablos haces? – casi gritó Sam cuando sintió que Dean tocaba su portátil.
- Na- nada, hermano. Cálmate. No sabía que no te gustaba compartir las porno conmigo. No voy a criticar tus extraños gustos de niña- le respondió sorprendido Dean.
- Dean, no estoy viendo porno. Es sólo que tienes que acostumbrarte a que tengo derecho a tener mi privacidad, mi propio espacio, ¿comprendes?
- Mmmmm a ver, no, no comprendo. Pero no vamos a discutir ahora por eso, Samantha. Vamos a cenar. Allí hay un restaurante que parece hecho a nuestra medida. – terminó Dean.
- Te lo repito, Dean. Estoy harto de que andes husmeando en mis cosas. Tienes que aprender a distinguir que lo mío no es nuestro…
No pudo seguir, pues el mayor se había bajado del vehículo y desde la puerta del restaurante le hacía señas para que se acercara. Resignado, Sam tomó su mochila y lo siguió.
La cena transcurrió con total normalidad, salvo por las miradas de asombro que Dean le dirigió a su hermano al comienzo de la velada. "Al menos se ha distraído lo suficiente como para dejar de sentir lástima por sí mismo."- pensó Sam aliviado.
Iban a seguir viaje, pero pidieron un cuarto en el motel cercano adonde habían cenado, ya que el cansancio había hecho mella en el mayor de los Wichester y aunque habría podido pedirle a Sam que condujera el resto del camino –o al menos hasta que él descansara lo suficiente- prefirió no hacerlo, ya que temía que su hermano pequeño no pudiera hacerlo sin cansarse también. Era inútil. Podían transcurrir años, siglos, pero Dean seguía viendo a Sam como el niño que fuera, el niño que necesitaba de él, el niño que dependía de él, por eso no podía resignarse a verlo como a un igual. Sammy sería siempre Sammy. Su pequeño niño. Su hermanito. Con un suspiro de resignación se dio vuelta en su cama dispuesto a tratar de descansar al menos por unas horas. Sam, por su parte, tomó su portátil y siguió con la investigación que tenía entre manos. Eso lo mantuvo despierto bastante tiempo. El suficiente como para ver el sueño intranquilo que estaba teniendo el mayor. Sus temores e inquietudes no lo dejaban en paz ni siquiera cuando dormía. Unos minutos más tarde, Dean se despertó sobresaltado. Probablemente una pesadilla había interrumpido su sueño. Se levantó, buscó agua y mientras bebía se encontró con la mirada interrogativa de Sam. Ambos se miraron en silencio unos minutos y luego se acostaron para seguir durmiendo. Todo estaba dicho, no había nada más que decir y los Winchester podían comprenderse perfectamente con una mirada. Llevaban años haciéndolo.
La mañana los vio llegar a Texas, más específicamente a Marshall Creek, una población muy pequeña – menos de cuatrocientos cincuenta habitantes- del noroeste de ese estado, con una gran cantidad de gente joven y humilde, la mayoría de ellos familias con niños, y con una población latina de más del 16%. El lugar destilaba tranquilidad. Demasiada tal vez. La presencia de los hermanos se hizo evidente en cuestión de segundos. En este pueblo todos se conocían. Y la presencia de un vehículo como el Impala con a bordo dos apuestos jóvenes corrió como reguero de pólvora.
Antes de comenzar la investigación, los hermanos se sentaron en un bar –que por otra parte parecía ser el único- y frente a una taza de café repasaron los datos que Bobby les había proporcionado y que por hallarse enfrascados en sus propias discusiones y problemas no habían tenido tiempo de revisar antes. Los parroquianos sentados a esa hora en el pequeño local los miraban extrañados, cuchicheaban entre ellos y sus miradas denotaban reprobación y asombro. El cantinero, por su parte, les sirvió el café que pidieron con un gesto de fastidio y con mirada curiosa se mantuvo interesado en lo que hacían los Winchester.
- Oye, Dean. Creo que estos tipos piensan que somos pareja. Me están poniendo nervioso de tanto mirarnos.- sentenció Sam con fastidio.
- Bueno, pues la culpa es tuya, Samantha. Con esa actitud de nenaza, atraes todas las miradas y la gente cree que soy tu pareja. – le respondió Dean divertido.
Ya había aprendido a no hacer caso a las miradas curiosas de la gente y también sabía ignorar convenientemente los gestos de fastidio de Sam, como el que estaba haciendo ahora, rodando los ojos con incredulidad.
- Bueno, Sam. Dime qué tienes- le dijo el mayor concentrándose en el trabajo.
- Bien, pueblo pequeño. Cuatro muertes en los últimos veinte días, todas en extrañas circunstancias, nadie quiere hablar ni colaborar con las autoridades. Se podría decir que han construido una muralla de silencio.
- Vaya, que poético, hermanito –ironizó Dean. -¿Qué más tienes?
- Pues, las víctimas eran todas personas jóvenes, tres hombres, una mujer, alrededor de veinticinco años de edad. Todos muertos por la noche, desaparecieron al anochecer y cuando aparecieron al otro día estaban muertos.
- ¿Y cómo murieron? ¿Los forenses dijeron algo interesante? – lo apremió el mayor.
- Ese es otro de los misterios. Dos de los hombres murieron ahogados pero…
- ¿pero…?
- Pero no hay ríos o arroyos, menos lagos que crucen esta región. Y en el lugar donde se encontraron los cadáveres no había piscinas ni nada que se les parezca. Además los cadáveres estaban cubiertos de polvo, lo que mezclado con el agua en que habían estado sumergidos, hizo que aparecieran totalmente enlodados.
- ¿Pero qué…? – lanzó Dean con incredulidad.
- Por otra parte, el otro hombre apareció muerto a patadas, según el forense fue como si una piara le hubiera pasado por encima. Literalmente.
- Vaya. Asombroso- Dean suspiró bajo y luego preguntó: -¿Y la mujer, Sam?
- Bueno, pues ella es un caso aparte. Ya que apareció muerta decapitada en la puerta de la iglesia. Algunos testigos que prestaron declaración aseguran que esa noche oyeron unos gritos escalofriantes salir del templo y luego vieron una especie de fuego que se movía a gran velocidad. No hay nada más. Nadie quiere hablar. Parece haber un pacto de silencio, como te dije, hermano.
- Creo que es momento de entrar en acción, Sammy.
- Sam. Es Sam- le retrucó con fastidio el aludido.
- Si, Sammy- respondió Dean totalmente ajeno a la protesta del menor- es hora de que mis encantos personales hagan hablar a alguna pollita. Verás que obtendré los datos que necesitamos en menos de lo que te imaginas.
Y así diciendo, Dean salió del bar dejando a su hermano con una sonrisa de incredulidad en el rostro. "Vaya, la capacidad de recuperación que tiene es asombrosa. O sabe disimular muy bien." pensó Sam mientras retomaba la investigación en su laptop.
Casi una hora después, un frustrado Dean Winchester entraba al bar donde Sam lo miraba divertido.
- ¿Y? ¿Qué has averiguado? –le preguntó el menor sabiendo que eso lo iba a poner de peor humor del que ya traía.
- ¿Qué te parece que he averiguado, Samantha? Pues nada. Absolutamente nada. Creí que estabas exagerando con eso del "muro de silencio" pero me he dado cuenta que es verdad. Nadie me ha querido decir nada, es más me han tratado como si tuviera la peste. Y hasta me han mirado con desprecio. Ninguna chica me ha mirado. ¿Te das cuenta lo que es eso? ¿Cómo es posible que ninguna chica me mire en este pueblo? Eso no es posible, Sam.
- Bueno, pues lamento que tu ego haya resultado tan herido, hermano. Y odio decírtelo, pero… te lo advertí- le respondió Sam con una sonrisa irónica.
La tarde había comenzado a declinar y los Winchester decidieron buscarse una habitación de hotel para pasar la noche. Al día siguiente comenzarían la investigación en serio. Por ahora, no había nada más que hacer, salvo descansar. Y los muchachos lo necesitaban. Ambos seguían agotados anímicamente, aunque cada uno evitaba demostrarlo para no preocupar al otro.
…
La tranquilidad de la noche fue interrumpida por un horrible ruido de cadenas que se arrastraban. Los hermanos se despertaron casi simultáneamente sin saber muy bien lo que sucedía. En pocos segundos ambos lo habían comprendido. El ruido de cadenas sólo podía significar una cosa: un alma en pena. Salieron de prisa pero era demasiado tarde, ya no se veía nada más y el silencio dominaba la noche pueblerina otra vez. Si alguien más había oído el siniestro ruido, no lo parecía. El pueblo entero parecía dormir.
