¿Y con Rachel Berry?

-Buenos días guapas-espetó la señora Fabray desde la cocina. –¿Cómo habéis pasado la noche?

-Bien, gracias-contestó la bajita disc-jockey mientras tomaba asiento en una de las banquetas de la isleta.

-Hola mamá. ¿Estás cocinando?-preguntó incrédula al ver a su madre con una rasera en la mano.

-Claro, cielo. Le di el día libre a Shelby. Ella también se merece tener un descanso.

Completamente raro. Muy raro, al decir la verdad. Quinn no sabía si creer que su madre estaba cocinando realmente o si verdaderamente le había dado un día libre a su asistenta. ¿Enserio? No daba crédito y estaba segura de que aquella actitud de su madre estaba vinculada a la invitada de la casa.

-Dani, cielo. ¿Qué deseas para desayunar?

-Con un par de esas tortitas, que tan bien huelen, me basta.

-¿Miel o chocolate?

-Un poco de chocolate, por favor.

-¿Y tú Quinn? ¿Un zumo y tortitas con chocolate?

-Sí, mamá. Gracias.

Judy tardó pocos segundos en preparar lo que las chicas habían solicitado para desayunar y se sentó junto a ellas en una banqueta.

-He hablado esta mañana con tu padre, Dani.

-¿Si? ¿Y qué tal?-preguntó la chica mientras llevaba a su boca el primer trozo de tortita.

-No sabía que fueses amiga de mi hija, pero ha quedado totalmente encantado al conocer la noticia. Al parecer, él también se alegra de que seáis buenas amigas-sonrió mirándolas.

-Mamá… déjalo ya, por favor. Eres una pesada.

-Quinn, hija, una no tiene todos los días la suerte de conocer a la hija de Michael. Y, la verdad, es que hemos tenido una conversación bastante agradable.

-Me alegro de que así fuese, señora Fabray.

-Llámame Judy, hija.

El silencio volvió a la mesa. Las chicas proseguían con sus propios desayunos mientras que la señora Fabray se limitaba a recoger un poco la cocina. Justo después de pasar el trapo por la encimera, no pudo contener la siguiente cuestión.

-Ya me ha comentado Michael que eres una chica bastante moderna. Al principio se sorprendió al saber que yo te había dejado dormir en casa con Quinn, hasta que le mencioné que lo harías en la habitación de invitados.

-¿Por?-se interesó Quinn.

-Pues por lo que parece… Michael no deja a Dani llevar amigas a dormir. ¿No es cierto? –cuestionó clavando la mirada en la DJ, que asentía tímida. –Pero me comentó que no tendría impedimentos si esa amiga fuese Quinn, por lo tanto… si podrás quedarte en su casa cuando quieras-sonrió nuevamente a las dos.-Siempre que me avises primero, claro.

-Gra… gracias mamá-no supo qué decir.

-Y bueno… ya os dejo hacer vuestras cosas. Quinn, cuando se marche Dani no tardes en venir a hablar conmigo. Tenemos cosas importantes en el tintero.

-Sí, no te preocupes. Dani tiene que marcharse temprano que hoy sí trabaja, ¿no es así?

La DJ volvía a asentir tras el comentario de la rubia y apuró sus últimos trozos de tortita para poder hablar.

-Anoche me tomé un respiro para poder hablar con Quinn. No se preocupe, señora Fabray, que enseguida le dejo a su hija toda para usted.

-No tengas prisa, cielo. Estás en tu casa.

Y, con estas últimas palabras, Judy salió de la cocina dejando a las chicas completamente a solas. Dani miraba a Quinn, mientras ésta terminaba su desayuno, y sonreía dulcemente.

-¿Qué?-sonrió también Quinn. –Deja de mirarme así, me vas a desgastar.

-Estoy mirándote para no olvidar tu rostro. Es tan… perfecto.

-¡No seas tonta!-golpeó con gracia el brazo de su amiga.

-No es una tontería; es la verdad, Quinn.

-No empieces otra vez, Dani…

-Está bien… Ya me callo… Tu madre no parece estar muy molesta, ¿no?

-Estoy completamente sorprendida con su actitud. Enserio, nunca se había comportado de ésta manera.

-Será mi encanto natural…-rio divertida.

-O la sangre de la que procedes…-siguió el juego a la muchacha.

-Bueno, sea como sea, me alegra de que me deje acercarme a ti. Sé que para tu madre no va a ser fácil tenerme cerca, pero no parece llevarlo tan mal.

-Eso espero.

-¿Algún problema, Quinn? ¿Hay algo que te moleste?-comentó la DJ repentinamente.

-No sé… Tanta simpatía en mi madre no es nada normal. Me temo que todo lo hace por alguna intención que desconozco. Y eso no me gusta.

-Tranquila, no va a hacerte daño mientras yo esté cerca.

-¿Qué habrá hablado con tu padre? ¿Siguen teniendo tanta confianza?

-Ni idea, yo ni siquiera sabía que se conociesen. Pero me encanta ver que se llevan bien y que nos van a dejar vernos con regularidad. ¿No te gusta la idea?

-No me gusta la idea de saber que mi madre intenta tramar algo. Por el resto… estoy encantada de compartir tiempo contigo.

-Pásate esta noche por el "Calen" y te invito a una copa. También puede venir Kit.

-No sé si mi madre me dejará salir… No voy a tener tan buena suerte.

-Pues escápate. Te estaré esperando, ¿ok?-le guiñó un ojo mientras se levantaba de su asiento.

-¿Te marchas ya?-cuestionó Quinn mientras se limpiaba la boca con una servilleta.

-Sí, preciosa. He de marcharme ya si quiero seguir con vida.

-¿Y eso?-frunció su ceño. –Tu padre sabe que sigues aquí.

-Lo sé, Quinn. Pero mi madre me está esperando para ir de compras… Se lo prometí ayer.

-¡Ouch! Lo siento, no debí insistirte anoche…

-Shhh… No digas nada, por favor-comentó poniendo su dedo índice sobre la boca de la chica. -Ha sido increíble dormir contigo.

Y lentamente, Dani se acercó a la rubia para dejarle un beso en los labios. Un beso que dejó completamente ida a Quinn, pero que no rechazó en ningún momento.

-Gracias por todo. Te espero.

-Intentaré hacer lo que pueda, guapa.

-¡Nos vemos!

-¡Espera! Te acompaño hasta la puerta…

Y nada más salir la DJ por la puerta de entrada, Quinn cerró la misma y se quedó suspirando tras ella. Lo había vuelto a hacer; la había vuelto a besar y ella se había dejado. ¿Qué le estaba pasando? ¿Realmente quería algo más con Dani? ¿Qué estaría haciendo Rachel en ese momento? Y su madre la sacó de sus pensamientos.

-Quinn, tenemos que hablar. ¡Ya!

-Voy mamá.

La adolescente acudió hasta el salón donde su madre descansaba sobre el sofá y tomó asiento frente a ella, en uno de los sillones de piel.

-Cuéntame. ¿Qué tal con Dani?-comenzó con su particular interrogatorio.

-¿Qué tal de qué?

-¿Os lleváis bien?

-Sí, claro. Ya lo has visto.

-¿Por qué no ha dormido en la habitación de invitados?-cuestionó elevando su entrecejo.

-¿Cómo…?

-Lo sé, Quinn-la interrumpió. –Lo sé todo.

-¿Qué es todo para ti?

-Pues que le gustan las chicas y que no ha dormido en la habitación que le correspondía. ¿Se puede saber por qué?

-Nos quedamos dormidas viendo una película y no nos dimos cuenta.

-Ya… ¿Te gusta?

-¿¡QUÉ!? ¿Por qué preguntas eso?-se levantó de su asiento nerviosa.

-Siéntate, te he hecho una pregunta. Es muy sencillo… ¿te gusta o no?

-No lo sé.

-¿No lo sabes? ¿Cómo que no lo sabes, hija?

-No lo sé, mamá. Dame un poco de tiempo-hizo un silencio que ella misma rompió nuevamente. -Necesito aclarar mis ideas.

-Pero te gustan las chicas… ¿no es cierto?

-Sí, así es…-contestó tímida y con la voz cortada mientras tomaba asiento nuevamente.

-Está bien…

-¿Está bien? ¿Sólo vas a decir eso? ¿No vas a gritar? ¿No vas a pegarme? –cuestionó sin creérselo demasiado.

-No, no pienso gritarte. Soy una mujer moderna y, como tal, sé llevar bien éstas cosas.

-No me lo creo… ¿Qué han hecho con mi madre y quién eres tú?

-Soy yo, mamá. Ven, siéntate aquí-señalizó con su palma de la mano un lugar cercano a ella. –¿Esto es pasajero o para siempre?

-¿Por qué me preguntas eso?

-Necesito saber si es algo que haces por experimentar… o, por el contrario, si lo haces porque realmente sientes atracción por tu mismo sexo.

-Creo que ya no tengo dudas al respecto.

-Bien. ¿Y Dani qué tal? ¿Sería una buena candidata para ser tu novia?

-¿Por qué tanto interés en Dani?-arrugó su ceño mientras tomaba asiento junto a su madre.

-No sé… Has sido tú la que la has invitado a esta casa. Y también has sido tú la que ha dormido con ella… Creo que debo saber si es algo más que una amiga.

-Ya te he dicho que no lo es.

-¿Y el beso de despedida?-sonrió.

-¿Nos… nos viste?

-Quinn, no soy ciega. ¡Lo habéis hecho en la puerta de mi casa!

-¡Ups! No sé, se acercó y me lo dio. La verdad es que me ha dejado un poco confusa.

-Pues por mí no hay problema. Sal con ella, conócela, diviértete… pero nada de escándalos públicos, ni de cosas raras en casa. ¿De acuerdo?-Quinn asintió.-Tienes un hermano pequeño y no debe saber según qué cosas.

-Tranquila, mi hermano no va a ver nada porque entre ella y yo no hay nada-sentenció mientras se volvía a levantar.

-¿Y con Rachel Berry? ¿Con ella hay algo más que una amistad?

Y a Quinn se le vino al mundo encima con aquellas dos preguntas. Si la conversación que estaba teniendo con su madre era completamente surrealista, más lo era el hecho de que le estuviese preguntando por Rachel Berry. Su Rachel.

-Dime, Quinn… ¿Tienes algo más con esa cantante?

La rubia se giró hacia su madre y volvió a tomar asiento junto a ella. Suspiró un par de veces, se tomó un tiempo y, entonces, logró espetar alguna palabra.

-Mamá… ¿Qué sabes de eso?

-Este es el tema tan importante del que te quería hablar…-acarició el hombro de su hija.

-Ah, ¿no era lo de Dani?

-No, este es más importante. Verás… una muchacha, rubita de ojos claros, vino el otro día a casa buscándome. Puesto que yo no estaba, Shelby le cogió el recado y la llamé para quedar con ella. No sabía quién era, ni qué quería hasta que llegué a nuestra citación.

-Espera… ¿Has dicho una muchacha rubia?-se descolocó por completo. -¿Ashley? ¿Qué te ha dicho esa hija de perra?

-¡Quinn! ¡Esa boca, por favor!

-Perdón, mamá. ¿Qué te ha contado esa chica?

-Más que decirme, me mostró unas fotografías en las que mi hija salía agarrada a la famosa cantante del momento. En otras cenando, paseando, conversando… Y un vídeo en el que te besabas con aquella cantante.

-No puede ser…

-Sí que lo es y, bueno, al principio creí que fuese algún tipo de montaje o algo pero cuanta más información me daba, más real se volvía. Y aparte, pues yo sabía que Rachel Berry había venido a buscarte a casa… Más claro no podía estar.

-¿Y qué ha pasado?

-Pues el primer problema que me planteé fue el siguiente: ¿Por qué mi hija no me ha dicho nada sobre su sexualidad? Quizá porque no confía demasiado en mí… Y eso me dolió, Quinn. Me dolió y mucho.

-Mamá…

-No me interrumpas, por favor. Y después me planteé otra cuestión: ¿Por qué esa cantante famosa que tanto odio? ¿Por qué no podía ser con cualquier otra persona del mundo? Mira, Quinn, que seas lesbiana me cuesta aceptarlo, pero que tu novia sea una celebridad… no termino de procesarlo. No sé si me entiendes.

-Pues no, no entiendo nada.

-Quinn, con quién quieras salir me da igual, pero eso de que se entere todo el mundo… no lo veo. No me gustaría que te conociesen por ser "la novia de"-entrecomilló con sus manos al decir esto último. Me gustaría más que te conociesen por ser quien eres. Además, ¿quién me asegura a mí que esa tipeja no está jugando contigo?

-Rachel es un amor. Si le hubieses dado la oportunidad de conocerte, lo habrías sabido.

-Bueno, el caso es que he tenido que pagarle a esa muchacha miles de dólares para que esa información no saliera a la luz. Y pensé: ¿Por qué a mí y no a esa estúpida cantante?

-A Rachel también la está chantajeando… No debiste darle nada, mamá.

-¿A ella también?

-Sí, esa chica no es de fiar y sólo va tratando de conseguir dinero a costa de Rachel. Mamá, deberías habérmelo consultado antes…

-¿Cómo iba a saber yo eso? ¡Si ni siquiera sabía que era tu novia! Solo estaba protegiéndote.

-Mamá, Rachel no es mi novia.

-¿Y el beso?

-Surgió, nada más…

-Entonces… ¿no hay nada entre tú y esa cantante?

-Existe algo entre ella y yo, pero Rachel ya ni siquiera me habla.

-La hija de Michael es un buen partido. Deberías empezar a salir con ella.

-Tú no puedes mandar en mi corazón. Yo quiero a Rachel.

-Pero Rachel ya no está… Ella te ha dejado tirada. Piénsalo.

Y la señora Fabray dejó un tierno beso sobre la cabeza de su hija y se marchó, sin más, dejando a Quinn más preocupada que nunca.


Sólo voy a decir dos cosas.

Lo primero: aprende a escribir.

Lo segundo: aprende MÁS FUERTE.

PD: Gracias a todas las que no habéis tirado aún la toalla...

PD2: En mi N/A anterior metí un gran "gambazo" diciendo que Quinn tenía 16 y no 17, tal y como venía en el prólogo... Esto ha sucedido debido a un lapsus mental momentáneo, ya que era la edad originaria que iba a tener el personaje. Acepto la corrección de la lectora que me lo apuntó y le doy miles de gracias.