¿Eres Quinn Fabray?
Había pasado una semana desde que Rachel habló por última vez con Quinn al teléfono. Siete días con sus seis noches en los que la cantante no había podido casi pegar ojo. ¿Por qué había tenido que colgarle de esa manera? ¿Por qué no dejarla que se explicara? No lo sabía. La rabia que le causaba el que se estuviese rumoreando sobre su vida privada le podía mucho más que el amor hacia Quinn.
El caso es que no había podido dormir y no sabía exactamente por qué. Ella tenía todo lo que deseaba en la vida, con tan sólo chasquear los dedos, pero se había dado cuenta de que, durante los días en los que compartió habitación con Quinn, su vida se había convertido en un auténtico paraíso.
Y todo volvía a comenzar. Las comeduras de cabeza, las noches sin dormir y los muchos cafés que debían obligarle a estar en pie mientras que su vida profesional tenía que seguir.
La oficina de Santana estaba instalada en un edificio prestigioso de Los Ángeles, en la sexta planta con vistas al mar. La enorme sala estaba amueblada con una mesa de cristal y un par de sillas de piel frente al lujoso sillón sobre el que trabajaba Santana. Un par de plantas naturales y unos cuadros de arte moderno decoraban la habitación, junto a todos los premios que había conseguido desde que era representante de grandes artistas. Y allí estaba Rachel, en la oficina de su mánager, intentando salir adelante después de todo lo sucedido.
-No sé qué más hacer… Estoy cansada ya de tanta tontería y tanto paripé-se dejó caer sobre el sillón de la oficina de Santana.
-Rachel, por favor, no empecemos. Solo tienes que aguantar un poquito más-rodeó la mesa de cristal y posó su trasero en ella, junto a su amiga y representada.
-No, Santana. Estoy muy harta de todo. Tienes que convocar una rueda de prensa pronto.
-¿Qué insinúas, Rachel?
-Tengo que dejar las cosas claras. No me apetece seguir mintiendo sobre mi vida.
-¿Vas a romper con Brody oficialmente?
-Sí, lo haremos juntos. Lo hemos estado hablando y es mejor que la prensa sepa que lo dejamos por mutuo acuerdo. Así, ya no habrá más rumores ni desengaños. Estoy muy cansada-resopló mientras giraba el sillón y desviaba su mirada hacia el ventanal.
-¿Has dormido algo estos días?
-¿Por qué lo preguntas?
-Rachel, pareces un muerto viviente. Y tus ojeras no ayudan mucho.
-He pasado una mala semana.
-¿Ha sido por Quinn?-Rachel no contestó. -¿Me equivoco?
-No, no te equivocas…-atinó a contestar finalmente. -He tenido miles de pesadillas en las que todas la perdía de alguna forma y todo por culpa de esa estúpida niñata con la que me acosté hace un par de años.
-Sabías dónde te metías. Te lo dije, y no me gusta decir esa frase… pero te la mereces.
-¿Tan difícil es encontrar el amor verdadero?-volvió a girar el sillón hacia su amiga.
-El amor viene solo, no tienes que estar esperándolo.
-Pues eso digo, que tiene que venir cuando menos puedes atenderlo. ¡La vida es una mierda!
-¡Joder, Rachel! ¡Cómo estamos! De verdad…
-Necesito un descanso. No puedo más, San.
-Pero… pero si acabas de volver de tus vacaciones. No puedes pedirme un descanso cuando la gira está a punto de comenzar-se levantó de su improvisado asiento muy alterada.
-Siento que no voy a poder estar a la altura. No con este nudo que tengo en el estómago y sintiendo ganas de llorar a cada paso que doy.
-Sí que te ha dado fuerte con la rubita… Mira, Rachel, si quieres la invito a venir a la presentación de la gira. Os veis, os achucháis un ratillo… Tú te desfogas y me prometes que estarás al pie del cañón.
-¿De verdad no te importa?-cuestionó con los ojos vidriosos.
-Rachel, yo quiero lo mejor para ti. Si tan importante es esa chica… No seré yo quien me oponga. Además, ¿no dices que Brody quiere terminar con lo vuestro?
-Bueno, ha sido un mutuo acuerdo. A él también le ha gustado la idea de no tener que esconderse con Dyson.
-Pues ya está. Va a ser arriesgado hacerlo antes de lanzar el nuevo álbum, pero si él está de acuerdo… No hay más que decir.
-¿Así? ¿Tan fácil? ¿Sin reprimendas?
-Rachel, cielo, tú vales mucho y sabes de sobra que no necesitas ir de la mano de ningún figurín como Brody para que la gente te idolatre-caminó lentamente hacia la morena. -Ya te aman por quien eres, no tienes que demostrar nada más.
-Y esa conclusión… llega así de repente a tu cabeza… Así sin más.
-En realidad ha sido Brittany la que me ha estado presionando para cambiar de idea.
-¿Britt?
-Sí, cuando tuve que interceptar aquellas fotos tuyas con Quinn, ella estaba en casa conmigo y me dijo que se te veía muy feliz. Más que nunca. Y eso me dio qué pensar…
-Vaya…
-Y, bueno, no quiero que pienses que has perdido mi apoyo.
-Ya lo sé, tonta-se levantó para abrazar a su amiga.
-Y lo dicho, si quieres la invito para que venga pasado mañana a la presentación de la gira.
-Eso estaría muy bien.
-¿Entonces? ¿Cómo lo hacemos? ¿La llamas? ¿La llamo? ¿Le envío las invitaciones y los billetes por correo urgente? Tú mandas.
-Déjame probar a mi primero.
Rachel buscó su teléfono móvil y no dudó en teclear el número de Quinn y esperar a que la chica le contestase. Comenzó a escuchar los pitidos que la alertaban de que la llamada aún estaba en el aire y, de pronto, el sonido se volvió más rápido e incesante.
-No responde. Creo… creo que me ha colgado.
-¿La has vuelto a llamar después del incidente?-cuestionó con ambas cejas elevadas.
-No, no he tenido tiempo… ¿Debería haberlo hecho?
-¡Dios, Rachel! Eres un completo desastre para las relaciones amorosas. De verdad… ¿a quién se le ocurre? Estás que te mueres por esa chica y la descuidas… Te recuerdo que las adolescentes que tanto te gustan suelen guardar rencor por estas cosas; son mucho más vivas que las chicas de nuestra edad y se toman todo a pecho.
-¡Qué idiota!
-Sí, ¡qué idiota eres! Trae ese número.
Santana le quitó el teléfono de las manos y tecleo el número que aparecía en pantalla en su móvil. Tres tonos de llamada y allí se encontraba la rubia contestando.
-¿Hola? ¿Quién es?
-Hola. ¿Hablo con Quinn…-echó un vistazo rápido a su amiga y la indujo con la mano a que le dijese rápidamente el apellido de la chica.
-Fabray, Quinn Fabray-susurró Rachel muy bajito.
-¿Hola?-volvió a exclamar Quinn.
-Hola, perdona. ¿Eres Quinn Fabray?
-Sí, soy yo. ¿Quién me llama?
-Soy… verás… Soy Santana López.
-¿Santana López?-cuestionó con el ceño fruncido.
-Sí, Santana López, la representante de Rachel Berry.
-¿Qué… qué quiere?
-Puedes tutearme, por favor. Verás… Tengo aquí un par de invitaciones para la presentación de la gira de Rachel Berry en Los Ángeles y me preguntaba cómo podría hacértelas llegar.
-¿Cómo? Espera… ¿Has dicho invitaciones para el inicio de gira? ¿En Los Ángeles? –Quinn atosigaba a preguntas sin entender nada.
-Necesito saberlo con certeza para poder sacar los billetes de avión a tiempo.
-Perdona, Santana, pero no entiendo nada.
-¡Pásamela!-exclamó Rachel tirando del teléfono de su amiga al escuchar la última afirmación de la rubia.
-¿Rachel? ¿Estás ahí?
-¿Quinn? Por favor, quiero hablar contigo.
-Déjame Rachel, esto es cosa mía. Por favor…-Santana señaló la puerta para que la chica la dejase hablar con tranquilidad. -¿Quinn? Perdona, ¿sigues ahí?
-Sí, si… Claro que sigo aquí. ¿Esa era Rachel? ¿Mi Rachel?
-Esto… sí, pero como por lo visto no quieres hablar con ella… será mejor que conversemos entre nosotras.
-Está bien… dime.
-Lo que te comentaba antes de la interrupción. Rachel ha tenido la amabilidad de invitarte a ti y a un acompañante para su inicio de gira, aquí, en Los Ángeles. No te preocupes, todos los gastos correrían a cargo de ella. Yo misma me encargaré de que así sea.
-Lo siento, Santana. No puedo aceptarlo.
-¿Cómo? Pensé que querrías pasar tiempo con Rachel. Tú Rachel…
-Sí, si todo eso está muy bien y me apetece mogollón ir a verla… Pero, verás, mi madre no creo que me deje volar hasta Los Ángeles para ir de concierto. No sé si me entiendes.
-¿Podría hablar con tus padres? ¿Están en casa?
-En este momento no.
-Quizá yo pueda convencerla…
-No estoy muy segura de ello.
-Bueno, vamos a hacer una cosa. Déjame el número de teléfono de tus padres y yo los llamo más tarde. Hago la reserva de ese vuelo y te envío el localizador para que puedas imprimirlo en casa. Las invitaciones te las haré llegar al hotel cuando estés aquí.
-No sé qué decir…
-¿Gracias?-rio simpática la latina.
-¿Y si mi madre no me deja ir al concierto?
-Si tu madre no te deja venir, que no va a ser el caso, yo cancelo todo. No te preocupes.
-Ok, entonces vale.
-¿Vienes? ¡Oh! ¡Eso es fantástico, Quinn! Ya sabes que puedes traer a tu amiga, si así lo deseas…
En ese momento, tras escuchar la última afirmación de su mánager, Rachel atravesó nuevamente la puerta del despacho de su amiga y se acercó a ella.
-Quiero hablar con ella. Por favor, dile que lo necesito-le comentó muy bajito.
-Quinn, Rachel se pregunta si podrías hablar con ella un momento.
-¿Qué?
-Que Rachel está impaciente por hablar contigo… ¿Le paso el teléfono?
-Está bien…
Santana sonrió a su amiga y le pasó el teléfono delicadamente. Antes de nada, le guiñó un ojo y le señalizó la puerta dejándole entrever que iba a regalarle una completa privacidad para que terminase aquella llamada.
-¿Quinn?
-Hola Rachel.
-¿Qué… qué tal estás?
-Pues me alegro de que me lo preguntes después de siete días…
-Lo siento, no he tenido tiempo de hacerlo antes. Y cuando me he decidido, para invitarte al inicio de gira, me has colgado.
-He hecho lo mismo que tú hiciste conmigo las últimas veces que te he llamado.
-Lo siento, de veras. Estaba… No sé, necesitaba mi espacio.
-Estoy bien, gracias-espetó volviendo al tema anterior.
-Me alegro entonces.
-¿Y tú? ¿Cómo estás?-cuestionó la rubia.
-Pues no muy bien… Me encuentro un poco sola desde que te dejé en Lima.
-Para haberme echado tanto de menos, ni siquiera te has dignado a mandarme un mísero mensaje.
-¿Y tú? ¿Por qué no lo hiciste tú?
-Te he llamado mil veces.
-Algunas de las llamadas no te las he podido coger por motivos profesionales, Quinn. No tengo un horario definido y es complicado sacar tiempo para todo.
-Haberme escrito tú, que eras la que se enfadó por mi comentario.
-No, no estoy enfadada. Sólo me molestó porque no me comentaste aquello antes. Si así hubiese sido, habríamos tenido más precaución en salir a la calle.
-Hablando de precauciones… ¿Sabes algo de Ashley?
-No, ¿por qué?
-Me dio un mensaje para ti la semana pasada. Me dijo que la llamases urgentemente si no querías que saliesen a la luz algunas fotos nuestras sobre tu estancia aquí. Y, bueno, también tenía un video de nuestra despedida en el aeropuerto…
-Demasiado tarde. Ya me he enterado de que Santana ha tenido que filtrar algunas informaciones que se estaban colando hasta en televisión. ¿Me entiendes ahora cuando te dije que no podía salir a la calle? ¡Es un asco!
-Lo sé, no es agradable para mí. No tiene que serlo para ti tampoco… Por cierto, la muy zorra le ha sacado dinero a mi madre.
-¿Quién? ¿Ashley?
-Sí, le ha contado todo y no he tenido más remedio que confesarle que me gustan las chicas. Aunque parece habérselo tomado demasiado bien.
-Eso es una gran noticia, pequeña.
-No, se lo ha tomado bastante bien hasta la parte en la que entras tú. No te quiere ver cerca de mí.
-¿Y tu padre qué dice de todo esto?
-Mi padre estaría encantado de tenerte en la familia. Eso no lo dudes-rio.
-Al menos le caigo bien a él-se contagió de la risa.
-Sí, él te admira tanto como yo.
-¿Y bien? ¿Vendrás a Los Ángeles?
-Todo depende de mi madre…
-Entonces está un poco complicado, ¿no?
-Un poco, sí… Intentaré que mi padre medie en el tema.
-Me parece perfecto. Tengo ganas de verte.
-Y yo, Rachel. Tengo muchas ganas de ti.
-No más que yo…
-Eso nunca lo sabrás.
-Quinn, tengo que irme. Me están esperando-se despidió viendo cómo Santana entraba de nuevo al despacho acompañada por algunos miembros de la banda.
-Vale, gracias por llamar. Y por la invitación. Haré todo lo que pueda, te lo prometo.
-Gracias, preciosa. Espero verte pronto.
-Un beso.
-Un beso amor.
