Holaaaa! Aquí he regresado. Lamento la tardanza. Este capi – el sexto- lo dividiré en dos partes, ya que se ha hecho más largo de lo que suponía. Hoy va la primera parte y el miércoles a más tardar la segunda. Pero voy a esperar mi cuota de reviews, como hace una amiga mía, para postear. Gracias a Yohko, Chiyo y sammynanci que han escrito cosas tan lindas, sobre todo cuando estaba falta de inspiración. Y a los que no postearon comentarios, no importa, gracias por leer. ¡Son geniales!

Aquí en este capi, vamos a encontrar un poco de hurt!Dean… (si, hay más….). Luego viene más hurt!Sam y además de eso tenemos los problemas que este ser les dará….que son muchos!

Nos leemos prontito.

CAPÍTULO 6: ENFRENTANDO AL ENEMIGO

- Ahora que has terminado tu sesión de corte y confección, ¿puedes decirme dónde diablos te habías metido? – se animó a preguntar Dean, sacudiendo la cabeza para tratar de regresar al presente.

- Pues no estoy muy seguro pero creo que es una dama de blanco. Anoche luego de que te dormiste, oí cadenas arrastrándose por la calle y salí a ver de qué se trataba…

- Claro, gracias por despertarme. ¿Te acuerdas que somos un equipo? – interrumpió cabreado Dean.

Sam ignoró el comentario, haciendo un gesto de fastidio con sus ojos y prosiguió:

- como decía, oí un ruido de cadenas y cuando salí, un ser de fuego que al principio creí un poltergeist se me acercó. Lo enfrenté, y luego sentí que me desvanecía. Eso es todo lo que recuerdo. Me desperté en una especie de cueva que está en las afueras del pueblo y una mujer de largo cabello negro me miraba con furia. Trató de atacarme pero no sé porqué, no pudo hacerme daño y eso la espantó. Luego regresé aquí. Eso es todo, Dean.

- Así que la muy hija de puta elige a sus víctimas. ¿Qué, se ha enamorado del bueno de Sammy? ¿Por eso no te ha hecho daño? – Dean respondió sin poder evitar el sarcasmo en sus palabras.

- Mira, Dean no creo que sea eso y termina ya con tus bromas. Es tiempo de que vayamos a esa cueva a patearle el culo a ese ser ¿No crees?

- ¿Vamos a ir así, sin hacer una investigación previa? Eso no es típico de ti, hermano. Así es como actúo yo, tu eres más cuidadoso…

- No creo que sea necesaria ninguna investigación, Dean. Sabemos que es un fantasma. Sabemos cómo acabar con ella. Papá nos ha enseñado muy bien cómo tratar a estas mujeres fantasmas despechadas.

- Está bien, prepararemos las armas y saldremos apenas llegue Bobby.

Una vez decidida la línea de acción, los hermanos optaron por dirigirse hacia un pintoresco comedor familiar en donde servían comida típica mexicana, oportunidad que Dean había considerado óptima para probar la gastronomía de allí. Se sentaron en una pequeña mesita ubicada al fondo del salón y se entretuvieron observando la decoración del mismo hasta que la mesera les trajo la carta.

¿Qué diablos…? –fue lo que alcanzó a decir Dean sorprendido.

Sam lo miró sin entender. Y luego miró a la mesera y comprendió. La chica estaba sonrojada hasta las orejas y al sentirse observada por el menor de los Winchester salió corriendo hacia el patio. Dean hizo un ademán de seguirla pero Sam lo detuvo:

- No, Dean. Déjame hablar con ella. Tal vez ahora se sienta dispuesta a decir algo más. Por favor, hermano – insistió Sam poniendo esa cara suya a la que el mayor no sabía resistirse.

El cazador asintió, bajando la vista y dando un largo sorbo a su vaso de agua.

En el patio, amplio y luminoso, la joven vendedora de cactus lloraba en silencio. Sam se acercó y se quedó parado a su lado, sin decir una palabra. Fue la chica quien rompió el silencio.

- ¿No vas a preguntarme nada? Si estás con el otro sujeto, seguro que tú también estás investigando el asunto ese de las muertes…

- No voy a obligarte a hablar, si es a lo que te refieres. Y sí, estoy con el sujeto con el que hablaste, quien por cierto, suele tener poco tacto. Lamento el mal momento que te hizo pasar.

- Gracias, eres muy gentil. ¿Sabes? Ana era mi mejor amiga y la vi morir… ha sido horrible. Y vuestra llegada no ha hecho más que remover viejas heridas. La familia de mi amiga me culpa por su muerte, dicen que yo debería haber hecho algo por ella, intentar salvarla, no sé, pero te lo juro, no pude hacer nada. Las cosas se habían puesto raras la noche anterior. Yo estaba guardando las plantas como lo hago todas las tardes cuando vi por la ventana de la sacristía a un sacerdote dando misa. Eso en sí no es extraño, ya que suelen venir los padres de una misión cercana y dan misa. Lo raro es que la iglesia estaba cerrada. No había nadie allí para oír la misa. Y el padrecito ese, pareció darse cuenta que lo observaba por la ventana y me miró de un modo que casi me muero del susto. Salí corriendo de allí. Y fui a la casa de Ana a contarle lo que había visto. Ella era bastante incrédula y se rió de mí. Luego le dijo a su padre que iba a acompañarme a mi casa, porque yo tenía miedo de ir sola. Pero no era verdad. Sólo fue una excusa, salió conmigo pero se fue hacia el otro lado del pueblo, donde se veía con su amante. Un sujeto casado. Nunca me dijo su nombre.

- ¿Y por qué salió a escondidas? ¿Alguien le impedía ver a su amante? Ana era adulta, mayor de edad- preguntó Sam suavemente.

- Es que su familia es muy estricta con esas cosas. Su padre le decía que estaba llamando al demonio con esa idea suya de seguir con ese hombre casado. Le decía que cuando se muriera se iba a ir derechito al infierno. Ana no creía en esas cosas. Se reía de todas nuestras tradiciones. Y mira cómo ha acabado - sollozó la joven.

- ¿Y por eso te culpa su familia ahora?

- Sí. Ellos creen que se más de lo que digo. Y piensan que yo le apoyaba en su idea de seguir con su amante.

- Está bien, cálmate. Vamos a solucionar esto. Nadie más va a morir, ¿me oyes? – le dijo Sam con voz calmada.

Justo en ese momento, se acercó a la joven el mismo hombre que la había alejado de Dean, cuando éste intentaba obtener datos de la chica muerta.

- Ya se lo dije al rubio, ahora te lo digo a ti, por si no le ha quedado clarito: ¡Váyanse de aquí! ¡No anden hurgando en nuestras cosas! Y sobre todo, ¡aléjense de mi hija, ella no va a hablar con ustedes!

Sam se retiró casi sin decir palabra, apenas musitó un "lo siento" cuando pasó junto al sujeto. Llegó a la mesa en donde Dean lo esperaba ansioso. Y le pidió:

- Dean, vámonos de aquí, no somos bienvenidos.

- ¿Qué sucedió, Sammy? ¿Qué te dijeron?

- Ahora te lo explico. Anda muévete. Vamos afuera.

Una vez en el bar del hotel, y frente a sendos botellines de cerveza, Sam le contó la charla que había tenido con la vendedora de cactus y el encuentro con su padre.

- Así que con un hombre casado, ¿eh? –dijo Dean con mirada pícara.

- ¿Crees que esa haya sido la causa de la muerte de Ana? El espíritu furioso de la dama de blanco la atacó porque se estaba acostando con un hombre casado. Y quiso vengarse.

- No sé, Sam. Las damas de blanco no decapitan a sus víctimas y en general éstas son hombres, no mujeres. ¿Y el cura ese que nuestra florista dice haber visto? Esto me da mala espina. Y verás que Bobby me da la razón cuando llegue.

El debate siguió durante un tiempo más. Luego los hermanos Winchester regresaron a su habitación a preparar su pequeña incursión nocturna. Dean ayudó a Sam a cambiarse los vendajes y a desinfectarse las heridas. Lo hizo mecánicamente, con la práctica de quien lo hace a menudo. Pero su mirada estaba muy lejos. Y Sam lo notó.

- ¿Te sucede algo? –le preguntó con ojos inquisitivos.

- ¿Qué? No, no. Nada. Me duele un poco la cabeza, eso es todo – mintió el rubio.

- Dean, no creas que me puedes engañar como si tuviera cinco años. Ya no los tengo. Hace mucho tiempo que dejé de ser un niño y te conozco demasiado bien como para darme cuenta que tienes algún problema que no quieres contarme.

- No me molestes, Sam. No estoy de humor –fue la lacónica respuesta del primogénito de John.

Y el mayor se dio la vuelta en su cama y se dispuso a dormir. Sam no insistió, tomó su portátil y se puso a trabajar.

La noche llegó más rápido de lo que imaginaron y los muchachos, armados y listos emprendieron viaje hacia la cueva en donde había despertado Sam al ser secuestrado por el fantasma. No tuvieron que esperar mucho. En realidad, cuando llegaron, un extraño resplandor mortecino salía de la caverna e iluminaba la escena; ningún ser humano en sus cabales habría entrado allí, pero los hermanos se dedicaban a eso, así que no dudaron ni un instante. Cuando ingresaron, un extraño ser de fuego los miraba desde el centro de la cueva. No llegaron a tomar sus armas. Al menos Dean, no logró hacerlo. La fuerza de ese ser lo lanzó contra la pared de la caverna, golpeándolo en la cabeza y la espalda. Con un quejido, el cazador cayó desvanecido. Sam, mientras tanto había logrado sacar su arma y le disparaba balas de sal, convencido de acabar –al menos temporalmente- con el ser que había atacado a su hermano. Las balas no le hicieron daño, sólo evitaron que acabara en ese instante con Dean. El ser de fuego miró a Sam, que aprovechó para arrojarle agua bendita en gran cantidad, cosa que puso de muy mal humor al ente, pero sin causarle más que un poco de ardor.

- No te abuses, Sam Winchester. Que no pueda dañarte a ti, no impide que destruya a ese ser a quien tanto quieres – le dijo señalando al desvanecido rubio. - Y a él sí que tengo motivos para matarlo – luego de lo cual desapareció.

Unos instantes después Sam trataba de reanimar a su hermano, asegurándose primero que sus heridas no fueran de gravedad.

- Auuuch! ¿qué pasó, Sam? – preguntó Dean aún confundido por el golpe. Trató de incorporarse pero el mareo y el agudo dolor en sus costillas lo hicieron desistir de esa idea, y se dejó caer en brazos de su hermano, que lo sostenía.

- Te ha golpeado el ente, Dean. Pero no es una dama de blanco. Este es un espíritu vengativo. Y está atado a algo material, debemos averiguar quién fue en vida y a qué está encadenado. ¿te duele mucho la cabeza?

- Gracias por preguntar, Samantha. Sí, me duele mucho y estoy cabreado con ese espíritu. Voy a patearle el culo apenas me pueda levantar de aquí.

- Por ahora vas a ir derechito a la cama, a descansar. Te has roto alguna costilla y seguro que tienes una concusión. Vamos, te voy a ayudar a pararte y trataremos de regresar al hotel.

Dean asintió, y luego con la ayuda de su hermano se incorporó. Con paso inseguro, ambos regresaron lentamente por donde habían venido. Varias veces durante el trayecto, Dean estuvo a punto de desmayarse a causa del dolor. Y la náusea lo estaba matando, aunque trataba de disimular delante de Sam. Odiaba verse débil o enfermo, pero eso es muy difícil cuando tu cabeza da vueltas y vueltas sin parar. Unas cuadras antes del hotel no aguantó más. Se detuvo y Sam adivinó lo que le sucedía. Lo sostuvo mientras vaciaba su estómago. En silencio, le dio tiempo a reponerse. El esfuerzo había hecho que sus costillas se quejaran y el dolor era ahora oficialmente insoportable.

- Apenas lleguemos al hotel te daré algo para el dolor – lo tranquilizó Sam.

- Gr-gracias, Sam.

Una vez allí y luego de las curaciones del caso, el menor buscó en el botiquín de primeros auxilios un calmante fuerte, adecuado para lo que tenía el rubio, quien se lo tomó con gesto de asco. Unos instantes después, comenzó a sentirse adormilado a causa del medicamento, pero antes de dormirse le dijo a Sam:

- ¿Qué ocultas, Sammy?

- ¿De qué hablas, hermano? Yo no oculto nada…

Pero el mayor ya dormía. No lo había oído. Sam se puso a trabajar en su portátil, ahora convencido de que enfrentaban algo más que una simple dama de blanco.