¡Hola! He concluido la 2º parte del capítulo 6º. Y tal como prometí, hoy miércoles la subo para que puedan saber cómo sigue esta historia. Muchas gracias por sus coments tan inspiradores, Yohko, sammynanci, lunaroja, samdeanlover, Chiyo Asakura. Trataré de postear el próximo capi el día sábado, así no prolongo la intriga y van sabiendo lo que hay tras el espíritu vengativo y tras el archivo de Sammy.

En este capi no hay mucho hurt…. Salvo que el sufrimiento y mal humor de Dean puedan ser considerados hurt psicológico…queda a vuestro criterio verlo así o no. En el próximo capi, hay más hurt!Sam (así que sammynanci, vas a estar de parabienes!). Y falta la gran explosión espiritual de Dean luego de todo lo que viene…. Muahahahaha Ya hablé demasiado… a leer!

- Vaya, estáis destruidos los dos. Os dejo solos un par de días y un simple espíritu casi acaba con vosotros – fue el comentario de Bobby apenas entró a la habitación que los hermanos rentaban.

- No es tan así, Bobby. Ese cabrón nos está resultando más difícil de cazar de lo que imaginábamos. Es muy fuerte – le respondió Dean incorporándose un poco en la cama con un gesto de dolor en el rostro.

- ¿Y por qué creéis que os envié aquí, idiotas? Si esto fuera una simple misión de salar y quemar, lo habría hecho yo mismo o habría enviado a algún novato. Pero esto es algo más complejo.

- ¿Por qué no nos lo dijiste, Bobby? – le reprochó Sam.

- Ustedes dos necesitan nuevos desafíos para mantenerse en forma, y me pareció que esto era lo adecuado – mintió el viejo cazador lanzando una mirada cómplice a Sam, quien comprendió rápidamente las intenciones del hombre.

- Hasta ahora lo que sabemos es que no es una dama de blanco como suponíamos, que sus intenciones son bastante oscuras, y está la cuestión de los años…- Dean no alcanzó a terminar la frase.

- ¿Qué años? – inquirió Bobby.

- Pues verás, -comenzó Sam – aparentemente los ataques se producen cada treinta y cinco años, con excepción de los de ahora, que han surgido luego de sólo quince años. Es como si el espíritu se hubiera adelantado en el tiempo.

- ¿Y estáis seguros que os enfrentáis a un espíritu furioso o vengativo? – preguntó inteligentemente el hombre mayor.

- Pues no sé qué más podría ser…. –concluyó Dean pensativo.

- Mira, Dean he leído cientos de leyendas hispánicas que podrían explicar los ataques, los ciclos, la forma de morir de las víctimas. No puedo decidirme aún por ninguna.

- ¿Habéis entrevistado a todos los familiares de las víctimas? –preguntó sabiamente Bobby.

- Hemos entrevistado a la amiga de Ana, la mujer muerta. Pero los otros no nos han permitido hablar con ellos –respondió Dean adelantándose a su hermano.

- Bien, genio. Eso es lo que voy a hacer. Hablar con la gente, pero en su mismo idioma. Ustedes son extranjeros en esta tierra. Por eso no han querido contarles nada. Vuelvo en un rato – y acto seguido Bobby salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

Los hermanos se quedaron mirándose, con escepticismo en sus rostros porque estaban convencidos de que los parroquianos iban a tratar a Bobby del mismo modo que lo habían hecho con ellos. Dean miró fijamente a Sam durante unos instantes y luego cambió la dirección de su mirada, sin decir palabra y siguió manteniendo el silencio que lo acompañaba desde que esa mañana había despertado. Sam, por su parte, miró interrogativamente al mayor y luego, viendo el desinterés o la indiferencia que éste mostraba, optó por no preguntar lo que le sucedía, ya que creía imaginarlo.

Dos horas después, Bobby entró sonriente a la habitación de los muchachos.

- Bien, idiotas. Les dije que no sabían hacer preguntas. Oigan esto: el tipo que murió golpeado, pateado por animales o algo similar ¿lo recuerdan?

- Claro, Bobby, claro que lo recordamos…

- Pues, ¿sabían que el sujeto era el donjuán del pueblo? Ha dejado a su viuda y además de ella, tres amantes se disputan el derecho a ser considerada "la única".

- Vaya sujeto…lograr eso en un pueblo como este, es toda una hazaña – dijo Dean lanzando un silbido de admiración.

- Lo dices porque desde que llegamos ni una mujer te ha mirado –le retrucó Sam divertido.

- Lo que interesa de esta historia es que el sujeto en cuestión fue atacado por esa cosa cuando regresaba de la casa de una de sus amantes. La chica está aterrorizada, porque está convencida de que "eso" va a volver por ella, para llevársela al infierno.

- En este pueblo todos creen que van a ir al Infierno- le respondió el rubio con un dejo de amargura en su voz.

- Pero en este caso, tienen buenos motivos para creerlo, Dean. Según su religión, ellos han estado pecando y eso se paga. Al parecer algunos pobladores de Marshall Creek han relajado sus costumbres de modo excesivo y ahora están pagándolo – le respondió Bobby que comenzaba a trazar un gráfico en su cuaderno.

- Y de las otras dos muertes ¿has averiguado algo? –preguntó Sam interesándose.

- Mmmmmmm. Sí. Esos dos han muerto decididamente lejos del pueblo, en las afueras, mientras tenían sexo.

- ¿Qué? ¿Quieres decir que ellos… ellos? – preguntó Dean con ojos de asombro.

- Ellos estaban… juntos? ¿Cómo juntos- juntos? completó interrogativo Sam.

- Vaya chicos, ustedes deben estar oxidándose. ¿No han averiguado nada de esto? ¿Qué han estado haciendo? ¿Peleándose? Parecen dos adolescentes. El informe de la policía local es bastante explícito y completo. Todo está allí.

Sam y Dean se miraron con frustración. Verse ridiculizados por el anciano cazador era una de las cosas que ninguno de los dos soportaba. Y descubrir que Bobby en dos horas había descubierto más que ellos en dos días los ponía en una situación para nada cómoda.

- ¿Entonces estamos frente a un espíritu que odia el sexo? Preguntó Dean abriendo sus ojos verdes.

- O estamos frente a alguien que fue despechado en su vida terrenal y está buscando venganza, o está tratando de encontrar a su amante para acabar con él. –le contestó Sam mirando su portátil.

- Y los treinta y cinco años ¿es la edad en que murió el fantasma o la edad que tenía su amante cuando murió?

- Vaya, chicos, ahora sí parece que están pensando como cazadores experimentados. Hasta hace unos minutos no parecían ser los hijos de John Winchester. Si hasta estaba pensando en darles a beber agua bendita… -dijo Bobby cogiendo su gorra y encaminándose hacia la puerta. –Voy a la morgue de la ciudad vecina. Allí están los cuerpos depositados. Veré qué encuentro. Ustedes dos, genios, vayan a la biblioteca y no salgan de allí hasta que encuentren las respuestas a todas las preguntas que nos hemos planteado.

Y habiendo dicho así, Bobby salió de la habitación y unos segundos después el motor de su automóvil se oía cada vez más lejano, a causa de la distancia. Los hermanos, por su parte se prepararon para cumplir su parte del trabajo. Una vez en la biblioteca, el trabajo se hizo arduo y pesado. Los minutos se transformaron en horas, las horas en más horas y nada parecía surgir. Sam estaba absorto en la lectura de un libro pequeño y ajado. De pronto, se oyeron fuertes murmullos provenientes del exterior del edificio, seguidos de sollozos que aumentaban de intensidad. Los muchachos salieron rápidamente del edificio para encontrarse cara a cara con el padre de la joven vendedora de cactus, que los miraba de manera acusadora:

- Ustedes dos han traído la desgracia a este pueblo. Todo a causa de su desvergüenza y desfachatez. Han causado la muerte de mi Tamara. ¡Ustedes la incitaron al pecado! ¡Váyanse de este pueblo o acabaremos con ustedes!

- ¡Sí! ¡Sí! ¡Fuera de aquí! ¡Extraños, no sois bienvenidos en Marshall Creek! – el coro de voces airadas se hacía más y más fuerte cada vez, así que los Winchester optaron por retirarse prudentemente. Una vez en el hotel, llamaron a Bobby y decidieron reunirse con éste en las afueras del pueblo, cerca de la cueva donde al parecer residía el espíritu vengativo.

Dean se había quedado más callado aún de lo que lo estaba a la mañana, cosa que empezaba a preocupar a Sam, así que optó por la táctica de insistir hasta obtener respuestas de su hermano, aunque eso significara que éste le gruñera.

- ¿Qué te pasa hermano? ¿Por qué no me hablas?

- ¿Qué quieres que te conteste? ¿Acaso tengo algo que decir? Déjame en paz, Sam.

- Dean, siempre haces lo mismo. No hablas, te quedas callado, guardándote todo lo que sientes hasta que te haces daño a ti mismo. ¿Cuándo vas a aprender a confiar en mí? ¡Soy tu hermano!

- ¿Confiar en ti, Sam? ¿De qué hablas? Claro, como tú no guardas ningún secreto… - sacudió la cabeza con amargura. – Y quieres que te confiese que me siento como la mierda porque otra persona ha muerto por mi culpa. Vaya. Si hasta se está haciendo costumbre que suceda así. ¡Otra inocente ha muerto por culpa mía! – el rubio lo miraba con su verdes ojos velados por una fina capa de lágrimas que pugnaban por salir. – Supongo que ya tienes tu verdad, hermano, así que déjame en paz.

Sam no le respondió. Se quedó allí tratando de entender qué había provocado esa reacción en Dean. ¿Por qué le había echado en cara el no poder confiar en él? ¿Qué secreto guardaba él que Dean no supiera? Y de pronto su rostro se ensombreció. Recordó un archivo que guardaba en su portátil y que debería haber eliminado hacía ya bastante tiempo. O al menos debería haberlo puesto a buen resguardo de miradas indiscretas. Ahora estaba bien jodido. Si Dean había leído eso, podía comprender que estuviera tan cabreado. Vaya. Con razón lo estaba. Debía hallar una salida. Y rápido.