Hola gente! Aquí les traigo el capítulo 7 de esta historia. Debo agradecer los reviews que me dejaron, aunque desafortunadamente no fueron tantos como en otros capis (por favor…¿me dejan algunos esta vez¿ digo… como para inspirarme más rápido con el 8º) En fin, en este capi sólo habrá investigación, aclaración de algunos puntos oscuros y nuevos interrogantes para nuestros hermanos favoritos. Digamos que es un capi de transición… Disfrútenlo y nos leemos prontito!
CAPÍTULO 7. REVELACIONES Y CONSECUENCIAS
Para cuando Bobby los alcanzó, las noticias habían corrido como reguero de pólvora en el pequeño pueblo de Marshall Creek, así que el experimentado cazador sabía perfectamente lo que había sucedido con la joven Tamara, como se llamaba la vendedora de cactus. Según había oído en la gasolinera en donde se había detenido a reabastecer de combustible su vehículo, la chica había sido atacada esa madrugada, casi al amanecer. El terrible ruido de cadenas arrastrándose se había oído en todo el pueblo. Aunque nadie había salido a ver de qué se trataba. Desde que esta aparición rondaba por el pueblo, ninguna persona se atrevía a asomarse fuera hasta que el sol estuviera bien alto en el cielo. Pero Tamara había tenido una discusión con su padre, no se sabía aún los motivos, y luego de eso salió rumbo al centro del pueblo y jamás volvió. La hallaron unas jóvenes que se dirigían a su trabajo en una escuela de la zona. Hasta allí lo que Bobby había logrado averiguar mientras cargaba gasolina. Los chicos Winchester, mientras tanto esperaban en una pequeña cabaña abandonada en las afueras del pueblo. El tiempo se les había hecho largo, por la angustia de la espera y porque ésta no podía ser matizada con las conversaciones de hermanos que solían tener. Dean seguía malhumorado y dolorido. Sam también estaba golpeado y aunque no quería decir nada, sospechaba que la herida del pecho, que había tenido que suturarse él mismo, había comenzado a infectarse y eso le estaba provocando fiebre. Así que pasaron las horas en absoluto silencio. Cuando Sam observó que Dean se había dormido, aprovechó para utilizar su portátil y "corregir" algunas cosas en el archivo que sospechaba era la causa del mal humor del mayor. Por ahora, era lo único que podía hacer, y rezar porque Dean admitiera sus explicaciones sin agregar más desconfianza a su ya deteriorada relación. Se llenó de nostalgia recordando épocas en las que ambos confiaban ciegamente en el otro, en que no había secretos entre ellos y que podían sentir que el otro lo apoyaba por completo, al ciento por ciento en cualquier circunstancia. Y volvió a lamentar haber sido tan descuidado. Sus cavilaciones fueron interrumpidas por el conocido ruido del motor del vehículo de Bobby. Se apresuró a salir fuera de la cabaña para hablar con el veterano cazador antes de que su hermano despertara. Pero esto no fue posible, para cuando Bobby detuvo el motor, Dean estaba allí, al lado de Sam, listo para oír las novedades que pudiera traer el recién llegado.
- ¿Y bien, Bobby? –preguntó inquieto el menor.
- Pues me temo que ustedes dos han sido declarados personas no gratas en el pueblo. Será muy difícil que puedan volver a poner un pie allí, sin recibir un par de perdigonazos en vuestros estúpidos culos.
- No entiendo, Bobby. ¿Qué diablos fue lo que hicimos para que nos odien tanto? –inquirió Dean con incredulidad.
Bobby hizo un gesto de impaciencia. Y luego sacudió su cabeza con resignación. Tomó aire y se dispuso a explicar calmadamente lo que había observado. A veces los Winchester acababan con su paciencia, aunque se preciaba de tener mucha…
- Ya se los dije ayer, pero voy a repetírselos por última vez. Esta gente es muy tradicionalista, son muy supersticiosos, y además se conocen demasiado bien entre ellos. No les gustan los forasteros que llegan a husmear en sus asuntos. Ya tienen demasiado con esa aparición que los persigue matando a sus hermanos, hijos, maridos o amantes como para tener que lidiar con dos sujetos que no paran de hacer preguntas, de entrometerse en sus vidas y para colmo, la única persona que se atrevió a responderles y a ayudarlos, está muerta. ¿Comprenden ahora porqué tienen deseos de lincharlos, idiotas? – el anciano se acarició la barba mientras estudiaba los rostros de sus dos colegas. Esperaba que ahora sí, por fin hubieran entendido la realidad de Marshall Creek.
- ¡Pero no es nuestra culpa que Tamara esté muerta! –se atrevió a protestar Dean al tiempo que recibía una mirada fulminante del menor, que se esforzaba por comprender lo que Bobby les trataba de transmitir.
- Está bien, Bobby. Ya lo tenemos, ¿no es verdad, hermano? – preguntó Sam volviendo a mirar inquisitivamente al mayor que se hacía el desentendido.
- Sí, sí. No soy idiota. Ya he entendido. Y creo que en vez de seguir discutiendo nuestros sentimientos como si fuéramos nenazas, deberíamos ponernos a buscar algo más acerca del patrón que sigue esa cosa, para tratar de predecir dónde atacará la próxima vez.
- Yo he encontrado algo. ¿Recuerdas ese libro pequeño que leía en la biblioteca? – preguntó Sam mientras extraía el dichoso librito de su campera.
- Vaya, hermano, sí que te he enseñado bien –contestó Dean mirando a Bobby con una mezcla de orgullo y paternalismo en su voz.
- El libro es un pequeño compendio de historias escritas por una mujer que vivió en estas tierras en el siglo XVIII. Pueden aparecer como cuentos fantásticos para el ojo inexperto, pero para nosotros, está claro como el agua: está contando una historia que involucra a un ser sobrenatural. Refiere la historia de un sacerdote católico, uno de los primeros en asentarse aquí, que se enamoró de la hija mayor de una familia muy poderosa de la zona, dueños de prácticamente todo el pueblo, y cuyo amor fue creciendo en secreto. Relata que los amantes se encontraban en la sacristía de la iglesia, luego de que el sacerdote celebrara misa, para tener sus fogosos encuentros. Esta historia duró varios años, hasta que la joven descubrió que estaba embarazada. Desesperada, desafió a su padre, que le había prohibido salir de su cuarto y se dirigió en plena noche a contarle a su amado lo que le sucedía. El sacerdote la recibió lleno de temor pero a pesar de ello, rápidamente optaron por huir del pueblo. Mientras hacían los preparativos, fueron sorprendidos por el padre de la joven, que había sido advertido por la hermana menor de la joven, que en secreto envidiaba el amor de su hermana y del religioso. No hubo tiempo de nada, el terrateniente decapitó de un solo golpe de su espada al hombre de sotana, cuya cabeza rodó por el piso, y la joven presa de un ataque de nervios, fue regresada a su casa, en donde murió luego de varios días de terrible agonía y delirio.
- Vaya historia, Sam – dijo Dean lanzando un silbido de admiración.
- Creo que eso explica muchas cosas, ¿no? Hasta el sacerdote fantasma dando misa – exclamó Bobby quitándose la gorra con gesto pensativo.
- Eso creo, Bobby. Parece que el espíritu de la joven ronda aún por el pueblo en busca de su amado. Y de paso, si halla personas en su misma situación o parecida, acaba con ellas – caviló Sam. – O tal vez es el espíritu del sacerdote…
- ¿Un espíritu desesperado y vengativo a la vez? O dos espíritus desesperados – preguntó Dean con un gesto de duda. – Mira que no habíamos visto nada igual antes de esto…
- Pues sí, es verdad que no es muy común, pero la explicación de Sam tiene sentido – le respondió Bobby seguro de sí mismo. – Imagínate, acaban con su amado de una manera terrible y brutal, luego no se puede reponer de esa impresión y se muere en medio de gran sufrimiento, llevándose consigo al hijo de ambos. Yo estaría furioso. Y querría vengarme acabando con todos los que hicieran algo parecido.
- Así que el fantasma se carga al donjuán del pueblo, para castigarlo por su atrevimiento de desafiar las normas establecidas. Y luego se carga a la pareja de novios por el mismo motivo – supuso Sam.
- Y a la joven que murió cerca de la iglesia la mata como murió su amante, pero castigándola por su lujuria. ¡Vaya! – repuso Dean comiendo una dona que había traído Bobby del pueblo.
- ¿Y Tamara, por qué está muerta? ¿Qué tiene ella que ver en esto? Por lo que sabemos, ella no tenía un amante oculto ni estaba desafiando ninguna norma establecida – preguntó con aire ausente Sam.
Ninguno de los dos hombres pudo dar una respuesta satisfactoria a esas preguntas. Pero quedó implícito que lo siguiente que iban a hacer era hallarles contestación a las mismas. Las causas de la muerte de la joven vendedora de cactus iban a permitirles comprender el patrón que seguía el ser misterioso para elegir a sus víctimas.
- ¿Y por qué quiere acabar conmigo ese espíritu hijo de puta? –preguntó Dean con aire inocente.
- ¿Lo escuchaste? –preguntó Sam sorprendido. - ¿A ti qué te parece, donjuán?
- ¿De qué hablan chicos? – preguntó Bobby alzando la vista del cuaderno en donde escribía algo.
- Cuando nos enfrentamos al espíritu en la cueva, luego de que Dean cayó desvanecido por el golpe que recibió, el espíritu me habló y me indicó que podía acabar con mi hermano de una sola vez. Y que a él sí que tenía motivos para destruirlo. Supongo que es por lo que imagino - contestó Sam dubitativo.
- ¿Así que ustedes par de idiotas olvidaron decirme que Dean está en primer lugar en la lista de posibles víctimas del fantasma? – el viejo había perdido definitivamente la paciencia de la que se había armado.
- No creo que sea para tanto, Bobby. Sólo que no puede matar a Sam porque no tiene ninguna chica aún y ha decidido torturarme a mí, como siempre lo hacen estos bichos –le respondió el mayor de los hermanos.
- ¿No ha podido tocar a Sam? –el cazador seguía sorprendiéndose de lo que oía. -¿Y no se han preguntado el motivo de eso? –siguió preguntando con asombro.
Ambos negaron con la cabeza y cavilaron durante unos instantes. Luego siguieron preguntándose cosas que los pudiese llevar a la resolución del misterio.
- Y en cuanto a la edad ¿hay alguna referencia numérica en tu libro, Sam? – preguntó el mayor inquisitivamente.
- Mmmmmm, a ver, sip. La historia transcurre durante 1835. Eso es lo único que parece encajar en el patrón. No hay datos acerca de la edad de los protagonistas.
- Sí, es verdad, eso parece coincidir con lo que hemos estado viendo – contestó Bobby.
- Sólo el hecho de que el año de la historia es 1835, pero no sabemos si el primer episodio se produjo en 1870, como debería, o cuándo sucedió. Recuerda que se quemaron los archivos –agregó Dean pensativo.
La conversación se interrumpió a causa del ruido del motor de un viejo vehículo que se aproximaba a la destartalada cabaña en donde se habían reunido los cazadores. Los tres hombres salieron a recibir al visitante, esperando lo peor. Pero resultó ser una anciana de edad indefinida, rostro ajado como el pergamino y ojos profundos e incisivos como los de un águila. La mujer hablaba en inglés con gran dificultad, con fuerte acento español, pero logró hacerse entender claramente.
- Vengo a advertirles. ¡Váyanse de este pueblo! ¡Está maldito! ¿Es que no han visto suficiente ya? –su tono era de angustia y profunda ira.
- Lo siento, señora. No acostumbramos irnos y dejar sucesos como estos sin resolver. Somos profesionales – respondió Dean impulsivamente. Sam lo miró de reojo con fastidio, dándole a entender que su respuesta no había sido la más diplomática, dadas las circunstancias.
- Lo siento, señora, lo que mi hermano quiso decir es que…-Sam fue interrumpido bruscamente por Bobby que había optado por ignorar la presencia de los dos hermanos, y se había puesto a hablar con la mujer.
- Entonces, señora ¿Por qué cree usted que debemos irnos? –fue la primera pregunta que hizo Bobby.
- ¿Es que no lo comprenden? Aquí esos muchachos corren peligro –dijo señalando a los Winchester.
- ¿Por qué iban a correr peligro? Ellos, al igual que yo, somos profesionales, sabemos a lo que nos enfrentamos y créanos, nada de lo que nos pueda decir nos espantaría. No puede imaginar lo que hemos visto a lo largo de nuestras vidas –Bobby concluyó su comentario con una especie de orgullo paternal.
La mujer pareció titubear un momento, como si estuviera procesando la nueva información que le había proporcionado el veterano cazador. Luego rápidamente, miró a uno y otro lado y casi en un susurro les dijo, dirigiéndose a los hermanos.
- Miren, sé que es difícil de comprender, pero tengo visiones…tengo un don y he visto cosas, cosas horribles. Y si es verdad que son hermanos, pues cuídense mucho… Y si no lo son, ¡pues deberían cuidarse el doble!
Y con esta misteriosa frase, subió a su vehículo y arrancando el motor, se alejó en dirección contraria al pueblo. Los tres hombres se miraron sin decidirse a hablar. Ninguno tenía en realidad mucho que decir. La frase de la vidente había sido demasiado confusa ¿Por qué podía traerles dificultad el hecho de ser hermanos? Y peor aún, ¿por qué les complicaría la existencia el que no lo fueran? Era evidente que debían investigar bastante antes de enfrentarse a lo que rondaba por Marshall Creek.
