Feliz Cumpleaños

Había llegado el día tan esperado para Quinn; el día de su cumpleaños. Era un día cualquiera pero que le daría la libertad que necesitaba para hacer y deshacer a su antojo, pues ya sería mayor de edad. Bailaba y canturreaba una de las canciones más rítmicas del último disco de Rachel Berry mientras escogía la ropa que llevaría para la fiesta, no tan sorpresa, que le había preparado su amiga. Una fiesta de la que sabía, pues ella odiaba las sorpresas y Kitty estaba al corriente de ello, de ahí que decidiera contarle sólo una parte de aquél plan.

Dieciocho años. El uno sumado al ocho más ansiado por los adolescentes cuando creen que van a salir del nido y volar siendo los propios responsables de sus actos…

Lo que Quinn no sabía era que aquél cumpleaños se iba a convertir en el mejor de toda su vida. Rachel, tras expreso deseo de Kitty, había alquilado una pequeña casita con piscina donde poder realizar, aquella tarde, la fiesta sorpresa.

Y todo iba sobre ruedas.

-¿Qué tal has dormido esta noche perra?-saludaba Kitty desde el otro lado del dispositivo móvil.

-Bien, muy bien.

-Me alegro, porque vas a tener que estar descansada para lo de esta tarde. Por cierto, ¡Felicidades!

-Gracias Kitty. No tienes que ir felicitándome cada vez que hablas conmigo; ya lo hiciste anoche a través de todas las redes sociales que se te ocurrieron.

-¡Bah! Qué tonta eres… Una no cumple la mayoría de edad todos los días. ¡Un poco más de alegría !

-Estoy contenta, de verdad.

-¿Preparada para tu fiesta? ¿Has escogido la vestimenta?

-Uff llevo horas pensando qué ponerme. No sé… Si va a venir tanta gente a mi fiesta, tendré que ir realmente guapa.

-Tú siempre vas guapa con lo que te pongas, idiota.

-Oye, no me insultes, ¿vale?

-Ok, nada de insultos. Captado nena.

-Y no me digas nena… Sabes que lo odio.

-¡Joder Quinn! ¡No se te puede decir nada!

-Está bien, al grano. ¿Qué querías?

-Saber si estabas ya arreglada para pasar a recogerte. Dentro de un par de horas comienza la barbacoa y soy la encargada de llevar, "engañada", a la cumpleañera.

-¡Es cierto!-cayó en la cuenta tras mirar el reloj. –Cómo se me ha podido hacer tan tarde… ¡Dios! No te preocupes, ya me arreglo.

-Ahora te entra la prisa… No hay quien te entienda. ¿En qué coño estabas pensando?

-En Rachel, hace un par de días que no sé nada de ella.

-¿No te ha llamado?

-No, y tampoco se ha acordado de felicitarme-comentó algo triste.

-Te prometo que se lo dije, Quinn. Llamé a Ryder para que me diese una cita y conseguí hablar con ella. Le dije que era tu cumpleaños y que era importante para ti que te felicitase… pero no entiendo por qué no lo ha hecho aún. ¡Será idiota! Esa enana no te merece, Quinn-bromeaba seriamente para que Quinn no le notase nada de lo que estaba tramando en realidad.

-Y se supone que dentro de nada es el bolo en Nueva York y tampoco me dijo si tengo que ir yo, si viene ella o qué. Es muy raro, últimamente me llamaba todas las noches.

-Quinn, pasa de ella… Ya te llamará, no te preocupes. Venga, no pierdas tiempo y vístete.

-Vale, ya voy. ¿Jeans y camiseta?

-Vístete como quieras, pero, sí, unos jeans y camiseta para ir cómoda.

-Gracias Kit, hasta ahora.

-Voy saliendo ya para tu casa.

-Ok, me doy prisa.

Quinn colgó su teléfono móvil y buscó entre su desastroso armario unos jeans que le fuesen bien con la camiseta gris, de letras blancas, que había escogido para la ocasión. No tardó mucho tiempo en vestirse y bajar a la cocina para despedirse de su hermano y de Shelby.

-¡Felicidades preciosa!-exclamó Shelby emocionada con un pastel en sus manos.

-¡Feliz cumple hermana!-Sam se sumaba a su niñera, para felicitar a su hermana, colocando las velas sobre el pastel.

-¡Oh, Dios! ¿Habéis preparado mi tarta preferida?-Quinn se acercaba emocionada a ambos para abrazarlos.

-Sí, queríamos que, al menos, tuvieses algo familiar en tu día especial-comentó la sirvienta. –Ten, llévala para casa de Kitty y la coméis allí.

-Gracias, pero no sé si es buena idea.

-Insisto.

-De acuerdo, prepárala para llevármela. ¿Qué pasa enano?-revoloteó el pelo de su hermano pequeño.

-¿No puedo ir contigo?

-No, pequeñajo. Pero no te preocupes, mañana lo celebro contigo, ¿vale?

-¿Y con Shelby?

-Con Shelby también. Te lo prometo.

-Vale-el niño se colgó del cuello de su hermana para abrazarla a la vez que sonreía.

El timbre de la casa sonaba, por tercera vez consecutiva, en ese momento. La rubia tomó el pastel en el recipiente que le había preparado Shelby y comenzó a recoger las cosas e ir hacia la puerta para recibir a su amiga.

-Hola Shelby. ¿Está Quinn?-preguntó Kitty cuando la sirvienta le abrió la puerta.

-Sí, ya está preparada. Un segundo…

La mujer dejó la puerta entreabierta y caminó hacia la cocina para avisar a la muchacha. Quinn, sin embargo, ya había comenzado a salir de la misma para llegar hasta la puerta de entrada.

-Quinn, es tu amiga.

-Lo sé, me marcho.

-Pásalo bien. Y espero que a tus amigas les guste la tarta…

-Seguro que les encanta-sonrió tras decir esto último y prosiguió su camino.

Kitty le dio dos besos y le recogió el recipiente con la tarta para dejarlo en el coche y ponerle una venda en los ojos a su amiga.

-¿Es necesario que me vendes los ojos?

-Eh… sí. ¿Por qué lo preguntas?

-No sé… Me agobia un poco.

-¡Te aguantas! Tienes que ir vendada si no quieres que me maten por haberte contado lo de la fiesta. Se supone que es una sorpresa…

-Lo sé. Gracias por avisarme, seguro que no hubiese reaccionado nada bien.

-Te conozco, por eso te lo hice saber. Ahora sólo tienes que fingir que todo es una sorpresa… Y espero que sea creíble.

-No te preocupes, llevo practicando desde ayer-rio fuertemente.

-¡Idiota! Te vas a enterar…-la amenazó mientras pensaba en la sorpresa que se iba a llevar Quinn nada más llegar a la casa de alquiler.

Kitty colocó el disco de mezclas que solían llevar a todos sitios con canciones de Rachel Berry y subió el volumen del aparato para entretener a su amiga y que no pudiese escuchar nada perteneciente al exterior. Pasados unos minutos, Quinn, muy desesperada, comenzó a ponerse nerviosa.

-¿Quién viene a la fiesta?

-Tus amigos, Quinn. No indagues más, por favor. No me hagas hablar más de la cuenta.

-¿Falta mucho? Llevamos como treinta minutos en la carretera y aún no hemos llegado a tu casa.

-¿Algún problema?

-No, pero la venda me agobia.

-Quinn… no puedes quitártela. ¿De acuerdo?

-Vale-resopló nuevamente al darse cuenta de que no tenía otra opción.

En ese momento, el teléfono de Kitty comenzó a sonar de forma incesante. La chica quería ignorar aquella llamada porque intuía que podía ser Rachel la que estaba desesperada porque ambas llegasen hasta la casa donde estaba hospedada.

-Te está sonando el teléfono.

-Lo sé, Quinn. No soy tonta…

-¿Quieres que…

-No quiero que…-la interrumpió.

-Vale, no digo nada. No te molestes, señorita.

-Quinn, por favor, ya estamos llegando.

-¿Ya? ¡Menos mal! Ya pensaba que me llevabas a Canadá.

-Idiota…-golpeó el hombro de Quinn y sonrió.

Enseguida, Kitty estacionó el vehículo en la puerta de la casa alquilada por Rachel. Era una pequeña estancia de dos plantas en la que destacaba el jardín trasero con piscina. En aquella zona sería donde se realizaría la barbacoa y donde pasarían el resto del día celebrando por Quinn.

-Vamos, ya puedes bajar…

Kitty guiaba a Quinn, que todavía llevaba los ojos completamente vendados. La llevó por el jardín delantero hasta la puerta y, justo ahí, la detuvo para llamar al timbre y que la morena saliese en su búsqueda.

-Quinn, ya puedes quitarte la venda…-comentó Kitty emocionada mientras volvía al coche a por el pastel.

-¡Ya está bien! ¡Me estaba afixi…

Y no pudo terminar de espetar aquella palabra. No pudo porque, nada más quitarse la venda, la vio. Su Rachel estaba allí, en una casa que no era la de Kitty y Rachel estaba en ella. Esto último es lo único que se le volvía a pasar por la cabeza cada vez que miraba a su alrededor y volvía nuevamente su mirada hacia la cantante.

-¡Hola Quinn! ¡Muchísimas felicidades!-sonreía la morena mientras se acercaba a ella para darle un gran abrazo.

-Rachel…-la rubia aún se encontraba en estado de shock.

-Sí, cielo, soy yo…-la morena deshizo el abrazo para acariciarle el pelo mientras la miraba profundamente a los ojos.

-Yo…-Quinn comenzó a temblar.

-Chicas, será mejor que os deje a solas-Kitty aparecía y ya desaparecía de la vista de las chicas e iba con el recipiente de la tarta sobre sus manos hacia la cocina.

-Estás… aquí…-Quinn reía sin creérselo aún.

-¿Sorpresa?-volvió a sonreír la morena mientras besaba suavemente los labios de la chica.

-No me lo creo… tú… Lo siento, Rachel. Estoy alucinando todavía.

-Pasa, anda-la morena invitaba a Quinn y la guiaba hacia el interior aferrada a sus hombros.

-Gracias, Rachel. Gracias por venir a celebrar mi cumpleaños.

-No podía perdérmelo, guapa.

-¿Cómo has planeado todo esto?-preguntó con su ceño fruncido y volviendo en sí.

-Ha sido todo idea de Kitty… Yo solo he alquilado la casa y he puesto todo lo necesario para que este cumpleaños sea el mejor de tu vida-se posicionó frente a ella y la agarró de las manos.

-Sin duda, ya lo está siendo.

Y Quinn tardó sólo unos segundos en darse cuenta de todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. Se acercó lentamente hacia Rachel y comenzó a besarla suavemente. Despacio, con calma. Experimentando cada sentimiento que se avivaba nuevamente en ella.

-Dios… Rachel… Estás completamente loca. Lo sabes, ¿no?-se tomó unos segundos más para volver a los labios de la morena.

-Lo sé, sé que estoy loca… pero no me importa, siempre y cuando tú estés cerca.

-¡Qué hija de… Kitty!

-¿Por qué? ¿No te ha gustado la sorpresa?

-Odio las sorpresas, Rachel, pero ésta ha estado demasiado bien.

-¿Y qué pasa con Kitty?

-Hace un momento estaba criticándote porque no te habías acordado de mí y mi cumpleaños. Hace un par de días que no sabía nada de ti y estaba un poco preocupada por si ya te habías olvidado de mí. Y tú estabas aquí… En Lima. Pensando en mí… ¿Perdona? Es normal que todavía no me lo crea.

-Ja,ja,ja,ja. Quinn, por favor, no pienses más en eso. Tenía los días libres antes de comenzar la gira y quería aprovecharlos a tu lado.

-¿Cuánto tiempo llevas aquí?-comenzó a caminar hacia el salón.

-Desde ayer.

-¿Por qué no me avisaste?

-Porque habría arruinado la sorpresa, ¿no crees?

-No hacía falta que me sorprendieras. Tenerte aquí ya es suficientemente importante como para querer hacer algo más por mí.

-Bueno, es una forma de mostrarte mi amor por ti. Para que te lo creas más y no me preguntes cada día si estoy segura de esto.

-Por cierto, ya he visto el revuelto que se ha formado con la rueda de prensa…

-Bfff. Fue un poco duro, pero ya está todo hecho.

Las chicas se quedaron mirando nuevamente frente a frente, con sus manos unidas y diciéndose todo sin apenas mencionar palabra.

-Chicas, ¿comenzamos con la velada?-Kitty interrumpía el bonito momento para poder seguir con todo lo planeado para el día.

Quinn comenzó a caminar aferrada al brazo de Rachel y siguió los pasos de su amiga para llegar hasta el jardín trasero. Allí, el resto de sus amigas se encontraban esperando a que la morena pudiese felicitarla de manera especial y a solas.

-¡Felicidades!-gritaron al unísono el grupo de personas que se habían unido a la celebración.

A la cumpleañera no le quedó otra opción que acercarse a cada una de ellas y comenzar a besar a todos en agradecimiento por estar acompañándola en aquel día tan especial. Cuando le tocaba el turno a Dani, Quinn volvió su mirada hacia Rachel que la miraba un tanto expectante por saber cómo iba a ser aquel momento entre las dos chicas.

-Hola Quinn. Feliz Cumpleaños.

-Gracias Dani-se acercó a la muchacha para regalarle dos besos, de agradecimiento, en la mejilla.

-Ya sé quién es la magnífica chica que te tiene completamente enamorada…-sonrió un poco nerviosa.

-Lo siento, debí decírtelo antes… pero no podía. Espero que lo entiendas.

-No, si está bien. Me alegro mucho por ti, Quinn. Rachel es una fantástica persona.

-Gracias Dani. Y gracias por venir…-se acercó para abrazarla fuertemente.

-De nada, es un placer poder acompañarte en tu día-deshizo rápido el abrazo tras observar la mirada de Rachel. –Será mejor que vuelvas con ella, no quiero que se ponga celosa…

-Rachel no es celosa. ¡No seas tonta!-golpeó con gracia el brazo de la bajita DJ.

-Quinn, por favor, ¿puedes venir?-gritaba Kitty desde la lejanía, junto a Rachel.

-Ya voy.

Y sin más, Quinn se acercaba nuevamente hacia Rachel y posaba nuevamente sus labios sobre los de ella.

-¿Celosa?

-¿Quién? ¿Yo? ¿De esa? No, qué va…

-¿Segura?-sonreía graciosa mientras intentaba poner nerviosa a Rachel.

-Tan segura desde el día en el que supe que eras mi chica.

-¿Lo soy?

-¿Tienes alguna forma mejor de llamarlo?

-No, me parece perfecto. Mi chica suena bien.

Quinn mordió su labio inferior y volvió a besar a la que, desde ahora, iba a ser su chica para siempre.