¡HOLA, HOLA, HOLA! Aquí estoy... he regresado. Pido mil disculpas por la demora. Saben que no me gusta tardar tanto en actualizar los fics, pero la vida real a veces te obliga a alejarte del mundo de SPN y los distintos empeños y obligaciones no te permiten hacer lo que tienes ganas de hacer. En fin, aquí he concluido con el capi 8. Ha sido más largo, les juro que me he esforzado para estirarlo lo más que he podido... (2451 palabras!). Pero hasta allí llegó lo que quería contar. A partir del capi 9 se abre otra parte de la historia, se empiezan a develar misterios y a solucionar algunos problemas... Sólo les pido paciencia... ¡GRACIAS! (por esperarme y por dejar tan lindos reviews que me han mejorado la semana).-

CAPÍTULO 8. "LOS HERMANOS SEAN UNIDOS…"

Pero las cosas nunca salían como los Winchester las planificaban. Y esta vez no iba a ser la excepción. Bobby –que era el único que no había sido proscrito del pueblo- optó por regresar allá para tratar de obtener más información acerca de la historia que Sam había relatado y si le era posible, trataría de entrevistar a alguna amiga cercana de Tamara, ya que era imprescindible averiguar la causa de su muerte. Los chicos Winchester, por su parte, irían al pueblo vecino, en donde el forense había realizado las autopsias y en donde estaban sus informes, esperando ser visto por los agentes del FBI Lukes y Jones. En cuanto Bobby se alejó, el diálogo entre los hermanos se volvió nulo. Cero. Nada de nada. Dean seguía ensimismado y molesto. Sam continuaba preocupado y también se lo notaba molesto. El mayor optó por limpiar las armas, como acostumbraba hacerlo cuando necesitaba concentrarse en algo y pensar. Y Sam, luego de dar una rápida ojeada a la portátil, con un comentario "no logro reducir la lista de entes sospechosos, Dean, vamos a tener que comenzar a descartar algunos" comenzó a calzarse el traje que lo caracterizaba como agente de la ley. Con una mueca de fastidio, Dean hizo lo propio. Cuando estuvieron listos, fue Sam el que cogió las llaves del Impala, listo para conducir hasta su destino, pero al acercarse al vehículo un fuerte mareo lo obligó a apoyarse en el mismo y respirar profundamente, tratando de recuperar el control de su cuerpo. Trató de evitar que su hermano notara lo que le sucedía, pero fue inútil. Años cuidándolo habían despertado en el mayor un fuerte instinto protector que hizo que en un instante estuviera al lado de Sam, tratando de saber lo que ocurría con él.

- ¿Qué te pasa, Sam? ¿Qué tienes? –en su voz se traslucía la angustia y la preocupación, prueba del amor que sentía por ese muchacho al que había criado. A pesar de todo, seguía queriéndolo como ese día en que Mary lo puso en sus brazos pidiéndole que lo cuidara y lo protegiera.

- Nada. No me pasa nada. ¿Por qué no dejas de preocuparte tanto por mí y empiezas a hacerlo por ti mismo? – le respondió Sam con voz fría y mirada dura.

- ¿Pero qué...? ¿Qué…? –Dean trató de hilvanar una frase pero lo que había oído era demasiado duro para ser verdad. ¿Su hermanito rechazando su ayuda? ¿Su hermano mirándolo fríamente, con una mirada carente de todo sentimiento? -¿pero qué diablos te pasa, Sam? Si hay alguien que debería estar molesto ese soy yo. Y en cambio me preocupo por tu salud y me rechazas de esa manera…ese no eres tú, Sammy.

Sam rodó los ojos con fastidio pero le respondió: - No tengo nada, no tienes por qué preocuparte por mí, hermano. Pero deberías empezar a pensar más en tu vida, en tu futuro. Ya te lo dije una vez y te lo repito, ¿vas a seguir haciendo esto toda tu vida? ¿No te enoja tener que seguir el camino que nos marcó papá? ¿Nunca quieres cambiar, hacer algo distinto, no se… tener una familia, por ejemplo?

Dean sonrió con benevolencia. Ahora sí sentía que quien hablaba era el bueno de Sam. Su hermano el sensible. El que siempre se preocupaba por el futuro. Por su bienestar. Y gracias a Dios que era así. Era quien lo mantenía humano. A pesar de que a veces parecía una niña con todo ese sentimentalismo, ese era el Sammy que él reconocía y amaba.

- ¿Todavía sigues pensando en tener una familia, Sam? ¿No has aprendido lo que nos sucede a los cazadores que nos atrevemos a pensar siquiera en una relación estable? Claro que me gustaría, pero lo tomo como lo que es, un maravilloso sueño inalcanzable. Al menos para nosotros. Nuestras cartas están echadas, hermanito. Y en cuanto a ti, no estás bien. No me mientas. No puedes ni sabes hacerlo. Ese mareo que has tenido es porque tienes fiebre. Desde anoche que te ha subido la temperatura y no has hecho nada para mejorarte. Te tomas ahora mismo unas aspirinas y apenas lleguemos al pueblo nos aseguraremos de que inicies una toma de antibióticos. Esa herida tuya que has creído coser tan bien, te está dando problemas ¿o no, Sammy?

Sam abrió la boca para hablar y la volvió a cerrar. Tuvo que hacer un nuevo esfuerzo hasta que pudo hablar. Tal era su asombro. ¿Cómo diablos había sabido todo eso Dean? "A él no puedo ocultarle nada" – pensó preocupado. "Estoy seguro de que sabe todo pero ha preferido no hablar, al menos por ahora" "¿Hasta cuándo mantendrá su boca cerrada?" – se preguntó Sam mientras miraba a Dean con una mezcla de desconfianza e incredulidad.

- ¿Cómo lo sabes? – fue la primera cosa que salió de la boca del menor, cuando logró articular palabra.

- Mmmfff. Tú no aprendes, ¿verdad? Anoche luego de que te dormiste comenzaste a temblar, tanto que te quejabas dormido. Así que me despertaste. Por la forma en que dormías, supe que tenías frío. Me acerqué para ponerte una frazada más y accidentalmente te toqué y así fue como supe que habías empezado a tener fiebre. Y te estuve vigilando todo el día. Has estado dolorido. Te has tocado la herida del pecho muchas veces, porque te está molestando bastante. ¿Me equivoco? –remató triunfante el mayor, con un brillo travieso en la mirada.

- No, no te equivocas – respondió Sam, en cierta forma feliz de haber recuperado a su hermano, de haberlo sacado de esa mudez pesada y triste que lo invadía y que a él le hacía tanto daño, ya que no estaba acostumbrado a verlo así. – Pero no es nada, no te preocupes. Haré lo que dices y en unos días estaré como nuevo. Ahora sube al automóvil que nos esperan unos forenses para darnos los informes, agente Jones.

- ¿Y tú crees que voy a dejarte conducir a mi bebé en ese estado? Realmente me asombras, Samuel Winchester. Dame esas llaves antes de que te patee el trasero – le respondió Dean rápidamente.

El viaje se hizo muy corto y antes de que pudieran darse cuenta estaban presentándose como agentes del FBI y habían obtenido el informe de la autopsia del cuerpo de Tamara, la joven vendedora de cactus. Lo que allí hallaron los llenó de más interrogantes y de un profundo desconcierto.

- Así que, dime ¿en definitiva cuál fue la causa de la muerte de esa pobre chica? – preguntó Dean mientras conducían de regreso a su precario refugio.

- Bueno, es extraño pero según el forense, murió a dentelladas…

- ¿A qué, Sammy? ¿estás loco, hermano? ¿La mordieron hasta matarla? – un asombrado Dean casi pierde el control del Impala mientras interrogaba a su hermano.

- Es lo que dice el informe. Fue mordida por una animal bastante grande, a juzgar por la medida de los dientes. Y no es un vampiro, te lo aseguro. Recibió tantas mordeduras que murió desangrada, en medio de terribles sufrimientos, claro – terminó Sam arrepintiéndose en el acto de lo que había dicho.

- Es mi culpa, Sam. Yo provoqué la ira de ese ser, por eso la mató. Porque aceptó hablar conmigo. Fue la única que nos contó algo de lo que sucedía en el pueblo. – el sentimiento de culpa agobiaba al rubio, que a pesar de tratar de ocultarlo, no lo lograba ni remotamente, su mirada se había ensombrecido y los ojos verdes le brillaban llenos de lágrimas que pugnaban por salir.

- No te tortures. No lo sabemos a ciencia cierta. Vamos a reunirnos con Bobby. Veremos qué fue lo que averiguó y trataremos de sacar más conclusiones.

Los hermanos concluyeron el viaje en silencio. El sentimiento de culpa se había instalado en el alma del mayor de los Wichester e iba a ser muy difícil que dejara de sentirse mal por algo que en definitiva no había hecho, pero que luego de las muertes de Jo y Ellen había surgido en él con mucha más fuerza: la idea de que todo lo que estaba aconteciendo era su culpa. Exclusivamente su culpa. Sam siguió callado el resto del viaje y al llegar a su improvisado refugio aceptó dócilmente la medicina que su hermano le obligó a tomar y sin decir más se acostó en su cama, agradecido de tener a alguien que lo cuidara.

Cuando Bobby llegó, era ya casi medianoche y los chicos dormían profundamente. Ni siquiera lo oyeron entrar, cosa que sorprendió al veterano cazador. Muchas cosas podían suceder, pero que Dean Winchester –que tenía el sueño livianísimo- no lo oyera llegar no era buena señal. Lo sacudió unos instantes, hasta que la conciencia penetró en el obnubilado cerebro del rubio.

- Hola, Bobby. Lo siento, no te oí llegar. Me tomé un analgésico. Mis costillas me están matando – dijo frotándose los ojos.

- Pues agradece que era sólo yo, sino se podían transformar en dos víctimas fáciles de cualquier ser, natural o sobrenatural. Tu hermano aún duerme como un bendito.

- Está con fiebre, Bobby. Se le ha infectado la herida del pecho. Por eso duerme tan profundamente. – mientras lo decía, Dean se había acercado a la cama del menor y con un leve sacudón lo despertó.

- Mientras ustedes dormían como ángeles, he visto el informe que trajeron del forense y la verdad es que no entiendo lo que sucede en este pueblo. Sujetos que mueren ahogados en un lugar donde no hay agua, un padre que da misa y que nadie ve y ahora una pobre chica que muere a dentelladas. Y si a eso le sumamos las mutilaciones de ganado caprino y ovino… pues, no sé qué diablos tenemos.

- ¿Mutilaciones de ganado? ¿Cuándo han empezado? – preguntó Sam sentándose en el borde de la cama mientras era sostenido por la mano firme y segura de su hermano.

- Hace unos días. Y los informes que he podido recoger en la biblioteca indican que ha habido otros episodios antes.

- Déjame adivinar, Bobby. ¿Hace treinta y cinco años o cada treinta y cinco años? – arriesgó Dean seguro de la respuesta que oiría.

- No, las mutilaciones de ganado coinciden con la época de viento sur. Y adivinen qué. Se han producido siempre martes o jueves.

- Viento sur, martes o jueves ¿qué clase de bicho trabaja así? –preguntó Sam extrañado.

- Los demonios no hacen este tipo de cosas, pero tampoco los espectros contra los que estamos acostumbrados a luchar – le respondió Dean rascándose la cabeza con asombro.

- Tamara murió un martes…así que…

- Así que eso nos coloca justo en el día jueves que está por comenzar en unos instantes, genios –les respondió Bobby poniéndose en alerta. –Tomen sus armas y vamos a ver si enfrentamos a ese ser. Antes de que otro inocente muera.

- ¿Estás bien como para venir con nosotros, Sammy? –preguntó Dean con preocupación.

- Claro, hermano, no soy una nenaza, como cierta persona que se queja de sus costillas fracturadas. – la ironía trataba de ocultar la preocupación que el menor sentía por el estado de ánimo depresivo que mostraba su hermano y que le hacía presagiar algo bastante malo. – Además a quien ese ser quiere es a ti, no a mí, recuérdalo.

- Eso es verdad, Dean. No sé si es seguro que vengas con nosotros. Tal vez sea más adecuado que te acerques a la iglesia del pueblo, a ver si logras captar algo –le sugirió Bobby.

- Olvídenlo. Voy con ustedes. Esa cosa es peligrosa y ustedes van a necesitar de mi ayuda.

Los tres cazadores salieron del refugio y al subir a los vehículos divisaron a lo lejos la destartalada camioneta de la vidente que les había advertido del peligro que corrían allí. La mujer parecía vigilarlos. Los hombres ignoraron su presencia y se dirigieron a la cueva en donde habían tenido el encuentro con el ser sobrenatural. Unos kilómetros antes de llegar, un fuerte viento sur se desató causando una baja de la temperatura, tan considerable que aún hombres fuertes como ellos lo notaron. Junto con el viento les llegó un lamento lejano, una especie de llanto de niño o de mujer que iba aumentando en intensidad a medida que se acercaba. Luego la vieron. Un animal de fuego. Arrojaba fuego por los ojos, por la boca y por los ijares. Bobby y los Winchester sacaron sus armas y se plantaron lo mejor que pudieron, dispuestos a dar pelea. El animal pareció verlos pero los ignoró. Dando horribles gritos se alejó velozmente del lugar, arrastrando una cadena que agregaba horror a la dantesca escena que habían presenciado los cazadores.

- Va hacia el pueblo – dijo Dean con desesperación. –Va a atacar a otro inocente, debemos detenerlo – en su voz se notaba la angustia que rodeaba su alma.

- Yo iré a la casa de la amante del donjuán, la que teme ser la próxima víctima –propuso Bobby.

- Y yo iré a la iglesia, ese ser va a pasar por allí. Algo lo ata a ese lugar –las palabras de Sam denotaban su decisión.

- Voy contigo, hermano. No te voy a dejar solo. Puede ser peligroso –le respondió Dean también seguro de lo que había decidido.

Sam hizo una mueca pero no intentó detenerlo. Sabía que era inútil. Juntos emprendieron la marcha hacia la iglesia del pueblo. Cuando llegaron allí, el silencio que rodeaba el lugar era tan profundo que denotaba la presencia de algo sobrenatural. Éste no se hizo esperar. En unos segundos, una bella mujer de larga cabellera negra, traslúcida ropa que dejaba entrever las redondeces armónicas de su cuerpo y palidez tan profunda como la de una muerta se les había acercado, haciendo caso omiso de la actitud defensiva y a la vez amenazante de los hermanos. De sus ojos brotaba un extraño resplandor.

- Tú no eres como los demás. Tú no perteneces a este lugar. No puedo dañarte. Pero no permitiré que te interpongas en mis designios –le dijo la aparición a Sam.

- ¿Qué quieres? ¿Cuáles son tus designios? –preguntó Sam haciéndole un gesto a Dean que estaba a punto de atacar al espectro.

- No te los puedo decir. Pero tú no serás una víctima más. Tú me ayudarás a cumplir mi cometido. Y si te niegas, él morirá –dijo la aparición señalando a Dean que la miraba enfurecido.

Y un segundo después, a la velocidad de la luz el ser se acercó al mayor de los Winchester y tocándolo levemente hizo que cayera desvanecido al instante. Luego, el ser y Sam desaparecieron en una especie de nube de gran brillo con un trueno ensordecedor.