Holaaaa! lamento profundamente mi tardanza en actualizar... Los que me siguen habitualmente saben que no es mi costumbre demorarme más que unos pocos días entre capítulo y capítulo, pero la verdad es que perdí mi inspiración y no la podía hallar con nada, absolutamente con nada... He aquí lo que brotó de mi cabeza luego de tantos días de no escribir, de no poder escribir. Aclaro que la historia la tengo diagramada desde el principio, pero no he escrito todos los capis, lo cual voy haciendo día a día. Y aunque no lo merezco, aunque sé que tienen razón de estar enojados conmigo, les pido un comentario chiquitito... un review que me diga que aún están ahí, interesados en mi historia...


CAPÍTULO 9: REUNIÓN SOBRENATURAL

Cuando Dean despertó, lo primero que vio fue un rostro barbado que lo observaba con curiosidad. La cabeza le dolía como nunca lo había hecho en toda su vida. Y le era imposible fijar la vista por más de un par de segundos. Lo primero que pudo preguntar cuando logró emitir palabra, fue: -¿Dónde está Sammy? Y mientras esperaba la respuesta del anciano cazador, la náusea comenzó a ganarle terreno. No oyó la respuesta que le dio Bobby, ya que sus oídos zumbaban terriblemente y la negrura de la inconsciencia lo alcanzó pocos segundos después.

La segunda vez que despertó, lo hizo en la cama que ocupaba en la cabañita que les había servido de refugio luego de la muerte de Tamara, otra vez, lo primero que vio fue el rostro de Bobby, que lo miraba ceñudo, mientras se mesaba la barba.

- Bobby, ¿qué ha pasado? ¿Dónde está Sam?

- ¿Estás bien chico? – preguntó Bobby concentrándose en el rostro del mayor de los Winchester.

- Si, sup-supongo que sí. ¿Cuánto tiempo he dormido? ¿Una hora?

- Mmmmm, no. Llevas durmiendo casi tres días, hijo.- la voz de Bobby sonaba pausada, calma y tenía un dejo de preocupación. Dean no logró identificar ese tono, a pesar de los años que hacía que conocía al cazador. Pero algo más comenzó a abrirse paso desesperadamente desde el fondo de la consciencia del mayor de los Winchester y esto ocupó toda su atención.

- ¿Dónde está Sam, Bobby? ¿Qué no me estás diciendo? –casi gritó Dean.

- Cálmate, por favor. Si te callas y me escuchas, te lo diré, hijo.

- ¿Decirme qué, Bobby? ¿Qué pasa con Sam? –la angustia le atenazaba la voz al Winchester.

- Bueno chico, mira Sam ha desaparecido...

- ¿Cómo que ha desaparecido? ¿Qué quieres decir? –le retrucó el rubio con rabia y desesperación en la voz.

- Cuando llegué a la iglesia, te encontré desvanecido allí, en el medio de la calle. Nadie había visto nada, como es costumbre en este pueblo y lo único que pude hacer es traerte hasta aquí para que te recuperaras. Estás débil aún porque ese espectro te absorbió toda tu fuerza vital cuando te tocó. Y aparentemente, en ese momento se llevó a Sam también. Lo he buscado por todas partes, hijo, te lo juro, pero no he podido dar con él.

Dean no tardó más de un minuto en incorporarse y resistiendo la fuerte náusea que le sobrevino al moverse, se puso de pie, dispuesto a salir a buscar a su hermano de inmediato. Fue la mano de Bobby la que lo sujetó para impedir que cayese al suelo y para obligarlo a sentarse nuevamente.

- Chico, no estás en condiciones de buscar a nadie. A Sam se lo llevó el espíritu que contactó con ustedes en la iglesia, Dean. Lo he buscado por todas partes, pero parece habérselo tragado la tierra.

- Eso no es posible, Bobby. La gente no desaparece así como así, tenemos que hallarlo. ¿En el pueblo sucedió algo más en estos días que estuve "ausente"?

- No que yo sepa…es como si ese espíritu se hubiera retirado con su botín, o sea tu hermano.

- ¿Qué carajos? ¿Qué mierda se cree esa hija de puta? Mi hermano no es acompañante de ningún espíritu insatisfecho.

- No sabemos para qué se lo ha llevado, Dean Tal vez hay algo de Sam que no sabemos aún…

- Yo sé todo, pero todo, acerca de mi hermano ¿has entendido? –chispas de furia brotaban de los ojos del mayor de los Winchester; era como si Bobby hubiera tocado un nervio muy expuesto del joven cazador. Tardó varios minutos en calmarse y en volver a respirar normalmente.

- Está bien, Dean cálmate. No quise decir que Sam te oculte algo. Sólo que tal vez aún no descubrimos algo de toda esta historia del apocalipsis…

Bobby no terminó la frase. Lo interrumpieron la cara de furia con que lo seguía mirando el pecoso y el rumor ya conocido del motor del vehículo de la anciana visionaria que les había advertido unos días atrás. Ambos cazadores salieron a recibirla.

- ¡Se los advertí! Les dije que se alejaran del pueblo. Ahora las cosas han empeorado y tu amigo está perdido ¿no es verdad? ¿Es que no comprenden que todo se ha ido al diablo? Nada es como solía ser – la vieja lo decía entre sollozos, demostrando la sinceridad de sus palabras.

- Primero que todo, sus advertencias no nos gustan, señora y segundo, Sam no es ningún amigo, es mi hermano – aclaró Dean presa de la furia, con fuego en su mirada.

Bobby se adelantó, miró con reprobación al joven cazador, que retrocedió intimidado por la mirada del experimentado cazador que trató de calmar a la mujer pasándole un brazo por sus hombros e invitándola a entrar a la pequeña cabaña, invitación que la mujer no rechazó. Entró, mansa y dócil como un cordero, se sentó y aceptó el pañuelo que Bobby le ofrecía, mientras Dean la miraba con gesto de fastidio, alerta, como si ella fuera el enemigo.

- Mire, señora, va a tener que ser más explícita. Nuestro amigo se ha perdido, no lo podemos hallar y no tenemos ninguna pista, así que le agradeceríamos si colaborara con nosotros –las palabras salieron amables y dulces de la boca del anciano cazador.

- Eso lo sé, pero es poco lo que puedo hacer por ustedes. Se han metido en el centro de un huracán y esa es su responsabilidad. No entiendo bien qué sucede pero últimamente los fantasmas y los seres sobrenaturales no actúan como siempre, es como si se hubieran vuelto locos, como si no respetaran los códigos preestablecidos entre su mundo y el nuestro. Antes, aparecían cada cierto tiempo, no ocurrían grandes cosas y se iban…ahora, ahora no lo sé. Es como si algo grande se aproximara…

La mujer calló, pensativa. Bobby y Dean intercambiaron miradas suspicaces. Habían comprendido por dónde venían los acontecimientos. Unos instantes más tarde la visionaria partió en su destartalado camión y los hombres se quedaron allí, reflexionando acerca de sus palabras y acerca de lo que podrían hacer.

- Creo que iré a buscar a Sam. No puedo quedarme aquí de brazos cruzados…-fueron las palabras que salieron de la boca de Dean.

- Yo haré lo mismo, pero no sólo voy a buscarlo. Voy a regresar a la iglesia, de alguna manera debe haber registro del sacerdote ese que estaba enamorado de la jovencita. Tal vez obtengamos alguna pista extra. Cuídate, hijo.

Y con esas palabras, Bobby partió en su camioneta hacia el pueblo. Dean siguió organizando unos minutos más las armas y la tentación lo venció: la portátil de Sam estaba allí, lista para ser vista, como si esperara por él. Tras unos instantes de duda, la encendió y entró a la carpeta que hacía unos días había hallado por casualidad. Esta vez, leyó detenidamente, con asombro primero, con incredulidad después. Estaba seguro de haber leído una cosa distinta, pero… Sam no podría, no… no sería capaz. "Conozco a ese chico" fueron las palabras que le vinieron a la mente mientras tomaba nota mental de lo que veía. "Me he enojado inútilmente con él. Soy un bruto. Si el pobre lo único que ha hecho es tratar de entender nuestras circunstancias, nuestra desgracia…"

En una hoja de Word, constaban varios nombres, algunos conocidos, otros no tanto, y al lado de cada uno de ellos, el estado en que se encontraban:

Samuel Campbell fallecido

Deanna Campbell fallecida

Jacob Campbell fallecido

Gwen Campbell fallecida

Cristian Campbell fallecido

Eduard Campbell fallecido

Erin Wallace fallecida

Robert Campbell fallecido

"Hubiera jurado que había dos o tres vivos hace unos días…En fin, necesita tanto de una familia, que cree que cualquier Campbell que ande por allí es pariente nuestro y todavía no es capaz de entender que hemos perdido a todos, absolutamente a toda nuestra familia. Sólo quedamos él y yo. Cuando lo halle, tendré una larga charla con él, de esas sentimentales que tanto le gustan. Debe entender que no existe esperanza para nuestra familia. Los demonios han acabado con todos."

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Mientras tanto, en la iglesia, Bobby luchaba con los archivos de la parroquia, en donde parecía haberse borrado toda huella del sacerdote y su paso por Marshall Creek. Las hojas aparecían arrancadas, y no logró rastrear absolutamente nada hasta que casi cincuenta años después de ocurrido el hecho, en un pequeño libro de constancias bautismales, halló casi sin quererlo, una anotación marginal de lo más extraña: "Hoy ha regresado el padre Pedro. Como siempre tan puntual. Cada treinta y cinco años, la edad que tenía al morir, se ha presentado a dar misa espantando a las almas que a esa hora habían buscado refugio y consolación en la iglesia." Eso fue lo único que logró hallar Bobby. Por más ahínco que puso, no pudo localizar ninguna otra referencia al Padre Pedro. Así que decidió regresar con Dean para comentarle sus hallazgos. Pero éste no estaba en la cabaña. Aparentemente aún no había regresado de su excursión de búsqueda. Se entretuvo leyendo el libro que Sam había robado de la biblioteca pública y halló varios detalles particularmente interesantes, que les comentaría a los hermanos, apenas pudiera reunirse con ellos.

Dean llevaba más de tres horas recorriendo las colinas cercanas al pueblo, el cansancio de la caminata y el dolor en sus costillas habían hecho mella en él y caminaba más lentamente que de costumbre. Y seguía sin hallar nada. Ni un rastro que le indicara dónde podía estar Sam. La desesperación comenzaba a ganar terreno en su estado de ánimo cuando notó algo extraño en el aire. Una especie de llanto de niño pequeño se oía en la lejanía, el aire se enrareció, como si una súbita ola de calor se hubiera colado en el viento que soplaba en ese momento. Y de pronto lo vio: el animal de fuego que se aproximaba lo miraba enfurecido. Las cadenas que cargaba hacían un horrible ruido y al avanzar el animal se las pisaba, provocándose gran dolor, por lo que sus gritos se intensificaban. Dean no pensó en huir. Él jamás lo haría. Enfrentó el peligro como lo hace un Winchester, pero estaba desarmado. Ni siquiera traía agua bendita. El animal comenzó a bufar arrojando fuego por boca y nariz. Y se aproximó demasiado. Al rubio no le quedaba otra alternativa más que huir. Y entonces lo vio acercarse: Sam herido, ensangrentado, débil, tambaleante se dirigía hacia él. El animal de fuego también lo vio y cambió la dirección de su ataque. Dean trató de interponerse pero fue hecho a un lado por el fuerte brazo de su hermano. Bastó un gesto de su mano para que el animal se calmara y se retiró bufando su odio. La mirada de Sam se desvió unos instantes hacia una colina cercana, en donde una silueta pequeña se recortaba contra la luz del sol, su hermano siguió la dirección de la mirada del castaño pero no logró ver nada. Sólo atinó a correr hacia Sam que en ese momento caía desvanecido al suelo…

- ¡Sam! ¡Noooo!