Bueno, aquí les traigo el prometido capi 11 de mi fic… espero me puedan perdonar por la demora, para compensarlos he escrito un capi mega largo (6 hojas de Word), cosa que es extraña en mí. Se vienen nuevos problemas para los Winchester, hay nuevos personajes y todo se comienza ¿a aclarar? Mmmmmm, no sé. Leánlo por ustedes mismos. Y Feliz año nuevoooooo!
CAPÍTULO 11. ECOS DEL PASADO.
Estaba decidido. Sería Sam quien se enfrentara a los seres sobrenaturales. Pero Bobby y Dean lo acompañarían, listos para actuar ante el menor signo de que algo no estaba saliendo como debía. Era miércoles por la mañana, había que esperar hasta el día siguiente para iniciar la búsqueda, así que los cazadores se concentraron en otro pequeño problema: hallar más pistas acerca del sacerdote fantasma que seguía empeñado en dar misa en la pequeña iglesia del pueblo. Bobby y Sam se perdieron en la biblioteca pública, tratando de hallar lo que no hallaron la vez anterior, mientras el mayor de los hermanos se dirigió en primer lugar a un pequeño bar al que no había entrado jamás. Al entrar pudo ver en la penumbra del lugar a una joven que bebía solitaria y melancólica. Su instinto de predador combinado con el de cazador le dijo que esa chica era la indicada. Aún no sabía para qué, pero lo era. Así que se dirigió hacia la mesa que ocupaba la joven.
- ¡Hola! ¿Te molestaría si me siento un minuto contigo? Soy nuevo aquí y no tengo muchos conocidos, así que la verdad es que me siento solo…- dijo Dean poniendo su mejor cara de conquistador, sonrisa de medio lado, actitud ganadora…
- Si, no hay problema. Siéntate. Sólo que no sé si seré buena compañía- le respondió la castaña perpleja ante la actitud de él.
- ¿Y por qué crees que no serás buena compañía? Te invito un trago y me lo cuentas ¿vale?
- Está bien- asintió la chica dubitativamente.
Pocos minutos después, habiendo ya entrado en confianza, la chica, cuyo nombre era Liz, le comentó que había llegado al pueblo unos días atrás en busca de una herencia que le dejara un tío suyo, don Pedro de Mendizábal, muerto hacía casi un año.
- Sé que debería haber venido antes, pero mi vida en Los Ángeles es un verdadero caos, entre el trabajo, mi novio y mi madre, pues… no he podido hacerlo antes. Pero hace unos días sentí la necesidad de terminar todos los asuntos inconclusos de mi vida, por fin dejé a mi novio y me vine hacia aquí. ¿Quién sabe? Tal vez pueda iniciar una vida aquí…-dijo la chica ilusionada.
- Supongo que tu novio era un idiota. ¿Por eso lo has dejado?-preguntó Dean sin poder evitar que su bocaza se abriera más de la cuenta.
- Mejor no hablamos de ello. ¿Vale?
- Vale. ¿Y ya sabes qué te ha dejado tu tío? –preguntó Dean intentando cambiar de tema.
- No, aún no. Su vieja ama de llaves me ha guardado todo y tengo que pasar a recogerlo, pero por alguna razón, me he quedado aquí, sin saber muy bien porqué.
-Bueno, yo soy tu razón. Te has quedado aquí para esperarme. Tenías que conocerme, preciosa-le dijo Dean con su típica sonrisa.
- Aunque no creo que esa sea la razón, igual creo que has llegado en un buen momento para mí. ¿Me acompañas a la casa del ama de llaves del tío Pete?-le preguntó Liz sonriendo ingenuamente.
-No hay problema, linda. Vamos-fue la rápida respuesta del mayor de los Winchester.
Sam y Bobby llevaban más de dos horas de investigación en la biblioteca del pueblo cuando una joven de anteojos, con el aspecto típico de intelectual, se aproximó a ellos y les dijo:
-Lamento interrumpirlos, soy la bibliotecaria del turno tarde y mi compañera me ha comentado que están buscando archivos religiosos. No creo que aquí puedan hallar nada de lo que buscan. Pero el ayuntamiento tiene un pequeño archivo de la época que les interesa, precisamente porque están por abrir un museo de arte religioso. Les sugiero que se dirijan allí.
Bobby y Sam se miraron y no perdieron un segundo. Agradecieron rápidamente a la joven y casi tropezando uno con otro salieron de la biblioteca. Para cuando llegaron al ayuntamiento, éste estaba cerrado y tuvieron que acudir a todos sus trucos de cazadores para lograr que un joven guardia se dejara sobornar y les permitiera el paso. Finalmente, lograron acceder al archivo, que se hallaba en un sótano húmedo y oscuro. Varias horas después, seguían avanzando a tientas en la oscuridad, no lograban hallar ninguna pista, nada que insinuara siquiera la presencia de ese sacerdote en el pueblo.
Los gestos de Sam sacaron a Bobby de su ensimismamiento y se aproximó al joven Winchester de un salto. Sam señalaba con un dedo la hoja de un libro bastante deteriorado. Era un acta labrada por autoridades eclesiásticas de la época. En ella se hacía mención al sacerdote Pedro de Mendizábal, quien fuera muerto a manos de Juan de Toledo en una rencilla callejera. El asesino había pagado con su vida y su familia había caído en desgracia. La hija mayor había muerto pocos días después y la menor y su madre desaparecieron para siempre del pueblo.
-Bueno, así que finalmente, se confirma la historia que te robaste de la biblioteca, Sam-le dijo Bobby asintiendo.
Sam hizo otro gesto de asentimiento y con firme determinación siguieron buscando más pistas que los llevaran al motivo por el que el sacerdote había vuelto.
Las horas fueron pasando sin ningún otro hallazgo para los cazadores, hasta que esta vez, fue Bobby quien con gran perplejidad halló algo que atrajo su atención.
- Oye esto, Sam. Según este documento, un hacendado llamado Pedro de Mendizábal tuvo graves problemas de muerte de ganado en su rancho, allá por 1880. No se supo jamás porqué se produjeron esas muertes, pero algunos testigos afirmaron que vieron a un extraño ser de aspecto demoníaco atacar al ganado al anochecer.
Con asombro en su mirada, Sam abrió su portátil y allí escribió: "Creo que no es casualidad que el hacendado se llame Pedro de Mendizábal, ¿no crees, Bobby?
- Claro que no es casualidad, pero ¿qué sucedió allí? ¿La novia del cura no había muerto con su hijo en el vientre? ¿O es que acaso no murió?-Bobby preguntaba casi para sí mismo mientras se mesaba la barba.
Sam tipió rápidamente en su portátil: "¿Y si tuvo un hijo con otra mujer antes de morir?
- Puede ser, tu hipótesis o la mía son posibles. Tenemos que averiguar quién murió en realidad. Busquemos en el archivo del cementerio, a ver si localizamos las tumbas de esa época.
Sam asintió, cerrando su portátil y poniéndose en camino junto al anciano cazador.
Unos minutos después de haber salido del bar, Dean y su joven amiga Liz se aproximaban a una destartalada cabaña de madera, al oeste del pueblo.
Al detener el vehículo y descender Dean reconoció inmediatamente el vehículo desvencijado que ya había visto unos días atrás.
Y una anciana de edad indefinida, rostro ajado como el pergamino y ojos profundos e incisivos como los de un águila y que hablaba en inglés con gran dificultad, con fuerte acento español, salió a recibirlos.
- ¿Usted?-fue lo único que atinó a articular el Winchester.
- ¿Se conocen?-preguntó Liz estupefacta.
- Es una larga historia- respondieron a coro la anciana y Dean mirándose con desconfianza y recelo.
-¡Por fin has venido, querida! ¡No te imaginas lo que he deseado verte! Desde que murió tu tío esto no ha sido igual. Pasa, por favor, pasa.
Liz y Dean se adelantaron e ingresaron a la humilde vivienda. Todo estaba envuelto en penumbras y un humo acre invadía el ambiente.
La anciana se inclinó, abrió un viejo arcón y le entregó lo que parecía ser un documento notarial. En efecto, pocos minutos después los jóvenes pudieron constatar que se trataba de un documento por el cual el difunto tío de Liz le dejaba en herencia todas sus tierras, que consistían en más de 700 hectáreas de buena tierra ganadera. En el documento decía además que esas tierras habían estado en la familia de Mendizábal desde hacía más de 140 años, y le pedía a su única sobrina que las conservara haciendo crecer la fortuna de la familia. Liz estaba estupefacta. En unos segundos había pasado de ignota empleada administrativa a hacendada con todas las de la ley. Se abrazó con la anciana, luego con Dean y cuando, pasada la emoción, se puso de pie para marcharse, la mujer le alcanzó un pequeño envoltorio y con tono solemne le dijo: este libro es más importante que todos los bienes materiales que te ha dejado tu difunto tío, que en paz descanse, por favor léelo, reflexiona y entiende quién eres.
La joven lo tomó con un gesto de asentimiento y subió al Impala, en donde Dean ya la esperaba.
-¿Qué es ese libro, Liz?-preguntó el cazador con curiosidad.
-No lo sé pero vamos a detenernos a tomar algo y lo averiguamos ¿qué te parece?
- Acepto la propuesta-le respondió Dean sonriendo seductoramente.
Unos minutos después, sentados ya a la mesa de un bar, abrieron el envoltorio para hallarse con un libro mohoso y manuscrito "Historia de la familia de Mendizábal" se titulaba.
-Uf, un libro de genealogía… odio estas cosas-dijo Liz con un gesto de fastidio y arrojó de lado el libro.
El instinto de cazador del Winchester le decía que allí podía haber algo que le interesara a él, así que lo tomó, pidiendo permiso con su mirada a la chica, que asintió inmediatamente, dando un distraído sorbo a su bebida.
Dean lo leyó rápidamente, saltándose páginas enteras, deteniéndose en otras. Los ojos dilatados del asombro, gestos de incredulidad cruzaban por su bello rostro.
- Liz, ¿te molestaría que le mostrara este libro a mi hermano? Él es genealogista y adora todos estos documentos antiguos- trató de parecer desinteresado.
-Sí, sí. La verdad no me interesa para nada lo que pueda estar asentado en ese libro. Llévatelo, es más, quédatelo si quieres- le respondió la chica con sinceridad.
- Está bien, lo tomaré pero sólo por unos días. Para que mi hermano lo lea. Te pido sólo una cosa, Liz: No salgas sola de tu cuarto. Espera un día más para hacer efectiva tu herencia. ¿Puedes hacer eso por mí, Liz?- la preocupación se hacía claramente visible en los ojos de Dean Winchester
Tal vez eso fue lo que vio la chica. Así que asintió sin más.
Unas horas más tarde los Winchester junto a Bobby se reunían para compartir unas cervezas heladas en la vieja cabaña que les servía de refugio. Sam y Bobby le comentaron a Dean sus hallazgos y descubrimientos mientras el rubio los miraba complaciente, bebiendo largos tragos de su bebida.
- ¿Así que ustedes dicen haber hallado al descendiente muerto del sacerdote?-preguntó Dean abriendo los ojos en un gesto de asombro.
- Sí, Dean. El cura ese ha tenido un hijo, no sabemos si con la novia muerta o con otra mujer, ese es el problema- le respondió Bobby cándidamente.
-Bueno, para eso es que estoy yo, el hermano más listo.
Gesto de fastidio por parte de Sam, mirada de extrañeza por parte de Bobby.
-¿Y qué puedes saber tú que no hayamos averiguado nosotros?-le preguntó Bobby.
- Precisamente. Han buscado en el lugar equivocado. He estado con la heredera de Pedro de Mendizábal.
- ¿Con la qué? ¿Está viva?- preguntó Bobby adelantándose a lo que Sam tipiaba furiosamente en su portátil. Ambos hombres miraban con extrañeza e incredulidad al mayor de los Winchester.
- Si, está viva y está muy buena, por cierto. Me la encontré y me pidió que la acompañe a recibir su herencia. Y además me dio esto-contestó Dean arrojando a las manos de su hermano el viejo libro.
- No dejas de sorprenderme, Dean Winchester- fue la respuesta de Bobby.
Sam le dio una ojeada al libro, ávidamente, recorriendo con las páginas. Luego levantó la vista y tipió: "Así que esta era la respuesta."
Dean tomó el libro de manos de su hermano y saltando de página en página fue comentando a sus amigos lo que había podido inferir de la lectura.
- ¿Recuerdan que la leyenda hablaba de la hermana celosa? ¿La que denunció a su padre que su hermana se estaba viendo con el cura del pueblo? Pues bien, no estaba celosa porque sí. Ella había sido primero la amante del sacerdote. Y con él había engendrado un niño, Pedro de Mendizábal, que fue anotado en un pueblo vecino, para evitar el escándalo. Fue criado por un ama de llaves pagada por la familia de ella y cuando se produjo la tragedia la madre y la hermana de los Toledo no desaparecieron, simplemente se trasladaron a otro pueblo, se fueron a vivir con el pequeño. Luego de ese pequeño, hubo una larga lista de niños llamados Pedro de Mendizábal, hasta llegar al tío de Liz, que murió sin hijos, pero una hermana suya sí tuvo una hija: Elizabeth, por eso mi amiga es heredera de toda la fortuna de los Mendizábal, que por cierto incluye los antiguos bienes de los Toledo.
- Bien, así que sabemos la historia del cura. Ahora necesitamos saber por qué ha vuelto- reflexionó Bobby.
- Buen punto, Bobby- le respondió Dean.
Sam asintió, conforme.
¿Y? ¿Qué les parece? Si quieren ver el careto de Dean al enfrentarse al Almamula, tienen que seguir leyendo, y si le dan botón de review... mejor aún!
