Holaaa! Capi nuevo, año nuevo! Jajajajajaa Bien, aquí viene el capi que les interesa. Es la historia de la lucha con la Mula endemoniada, la Mulánima. ¿Cómo terminará la pelea? ¿Y los Winchester, saldrán adelante indemnes de todo esto? ¡Cuántas intrigas! Lean y sabrán. Abajo, hay un botón para los reviews… Si lo oprimen y escriben lo que piensan del capi, yo soy feliz. Gracias.
CAPÍTULO 12. EL ENEMIGO A LAS PUERTAS.
A pesar de los esfuerzos, no lograron averiguar más acerca del sacerdote fantasma y sus motivos para seguir apareciéndose en el pueblo. Pero como eran cazadores y sabían lo que hacían, convencieron a Liz de dejarlos entrar en la finca que había heredado y procedieron a quemar todo lo que creyeron se relacionaba con el religioso. Esperaban que con eso pudieran acabar con el fantasma.
El tiempo se pasó bastante rápido y cuando quisieron acordar, había llegado el día jueves, así que los cazadores se prepararon para enfrentar al Alma-mula. El plan era dejar que Sam se enfrentara a la mula más vieja junto a Bobby, que le serviría de soporte y Dean debía ir a la iglesia a esperar, ya que los viajes de la mula de fuego acababan siempre allí. Si los dos cazadores no lograban acabar con ella, sería Dean quien tuviera que enfrentarse al ser o a los seres en ese lugar. Todos se habían munido de rosarios bendecidos, cuchillos de plata y recordaban la invocación que debían hacer. Sólo faltaba iniciar la lucha.
Unos instantes antes de partir, Dean comenzó a inquietarse.
- Sam, no quiero que hagas locuras. ¿Me has entendido? –le preguntó a su hermano temiendo lo peor.
"Tranquilo Dean. Bobby está conmigo y se perfectamente lo que tengo que hacer. Cuídate tu", fue lo que tipió en su portátil el más joven de los Winchester.
Los ojos del rubio denotaron la emoción que lo embargó, pero recio como era, optó por palmear el hombro de su hermano y salió fuera de la habitación, con la excusa de continuar la limpieza de las armas. Sam y Bobby intercambiaron una mirada significativa.
- Escucha, hijo. Necesito hablar contigo –empezó Bobby una vez junto a Dean.
El pecoso lo miró interrogativamente.
- Estás actuando muy inestable, Dean. Te conozco y sé que tú no eres así. Todo esto de Helen y Jo te ha afectado, como nos ha afectado a todos nosotros, pero tú vienes con una carga demasiado pesada sobre tus hombros y ésta ha sido la gota que colmó el vaso. No te veía así desde la muerte de tu padre. No estás bien y a mí no me engañas.
- No sabes lo que dices, Bobby. Estoy bien. Perfectamente. Creo que eres tú el que se está oxidando –concluyó el Winchester con una sonrisa de medio lado.
- Está bien, entendido. Pero no permitas que tus emociones interfieran en la caza. Las consecuencias pueden ser irreparables y lo sabes tan bien como yo – con esas palabras el anciano se retiró meneando la cabeza. Dean Winchester podía ser el más cabezota de todos, sólo necesitaba proponérselo.
La noche se hacía más y más cerrada y el silencio era casi palpable. Sam comenzaba a cansarse de esperar en esa colina solitaria. Bobby se ocultaba un poco más allá, a la espera del momento oportuno. Y de pronto, la vieron: un punto en el horizonte primero, junto a un viento frío del sur que se hacía más y más fuerte a medida que el ser avanzaba hacia ellos. El olor a azufre se hacía irrespirable. Pero Sam Winchester no estaba acostumbrado a retroceder: se plantó firmemente y tomó su cuchillo de plata tratando de clavarlo en el corazón del Alma-mula. No lo logró pese a los reiterados intentos y unos instantes después Bobby intervino también gritando la fórmula que habían leído funcionaba con esta clase de seres. Sólo lograron enfurecerla más aún.
- Jajajajaja ¡Mi padre camina entre nosotros! ¡No pueden detenerme con sus estúpidos jueguitos!
Y con ese comentario cambió de dirección, dirigiéndose hacia el poblado, dejó a ambos cazadores absortos por unos momentos, luego de los cuales sin más conversación se dirigieron a toda prisa a la iglesia del pueblo.
Dean se estaba aburriendo mucho en ese lugar. Primero fue indiferencia, luego inquietud y finalmente sueño lo que sintió. Así que unos minutos después, dormía profundamente, apoyado en una estatua religiosa de finales del siglo XIX. El cansancio del trajinar de los días pasados y el malestar emocional que lo acompañaba permanentemente aunque no lo reconociera frente a Bobby o a Sam, hicieron su trabajo. Algo frío lo despertó, fue como una mano helada que se apoyó en su frente y él –cazador experimentado- lo supo al instante: estaba frente al fantasma del padre Pedro. Evidentemente no habían acabado con el fantasma aún. No intentó nada, sólo abrió sus ojos esperando poder defenderse. Pero no fue necesario: el fantasma lo miraba con una mezcla de compasión e incredulidad.
- ¿Qué me miras? –le preguntó Dean molesto.
- Son muchas, tienes que detenerlas. Mi pecado originó esto. Tienes que acabar con ellas. Date prisa y salva a la sangre de tu sangre.
Dichas estas palabras, el fantasma se desvaneció tan rápido como había aparecido. El rubio no tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre lo que había oído porque un fuerte viento del sur invadió la iglesia abriendo sus pesadas puertas de par en par con un ruido horroroso y poco después le llegó el conocidísimo olor del azufre. Se acercaba el Alma-mula. No había tiempo que perder. Llamó a Bobby pero no obtuvo respuesta, por lo que no pudo saber si estaban bien o no. Decidido a enfrentar a esos seres, tomó su puñal de plata y salió fuera del edificio. Una mula pequeña, que arrastraba sus cadenas y arrojaba fuego por la boca lo miraba fijamente, tratando de intimidarlo. Cuando lo tuvo a la vista, avanzó decididamente.
- ¿Qué diablos…? –fue lo primero que salió de la boca del Winchester. -¡Si será hija de puta! ¡Ven aquí que te voy a enseñar quién manda, Jesús, María y José!
Aunque repitió la invocación, no sucedió nada. La Mulánima siguió avanzando, por lo que Dean se preparó a luchar con el ser. Tomó el cuchillo de plata y se lo puso frente al bicho, que bramó enfurecido. En ese momento llegaron Sam y Bobby, el segundo de ellos alcanzó a gritar:
- ¡Dean! ¡Cuidado!
Y no tuvo tiempo de más nada. Se encontró luchando con una bestia que trataba de morderlo con desesperación, mientras Dean trataba de evitarlo de igual modo. Cuando el ser intentó arrojar fuego, el rubio apeló a toda su ira para contraatacar:
- ¿Te crees un dragón? Pues tengo malas noticias para ti: ¡los dragones no existen! –le gritaba el chico.
En ese instante, la mula más anciana apareció de la nada y a la velocidad del rayo se dirigió hacia Sam que se preparó para enfrentarla de la mejor manera posible.
- ¡Deja a mi hermano, maldita demente! –el grito del mayor distrajo la atención de todos y el cazador aprovechó ese instante para clavar su cuchillo en el omóplato de la mula más joven, que chilló horriblemente y luego emprendió la retirada en silencio, dejando tras de sí un rastro de sangre.
- ¡Dean! –fue la primera palabra que salió de los labios del menor de los Winchester. La angustia de ver a su hermano en peligro de muerte había logrado devolverle la capacidad de hablar que la Mulánima le había quitado.
- ¡Sam, cuidado! –gritaron al unísono Bobby y Dean. Pero era tarde, la Mulánima había logrado herir al más joven de los Winchester. Una mordida profunda en su brazo que comenzó a inflamarse en cuestión de minutos. Pero eso fue lo último que hizo el ser en esta vida: con todo el odio de que era capaz, Dean clavó su cuchillo profundamente en el corazón de la mula que con un terrible grito y en medio de una agonía horrible, dejó de respirar.
Bobby ya estaba junto a Sam, ayudándolo. Dean corrió desesperado al lado de su hermano pero lo detuvo la imagen del sacerdote que lo miraba entristecido desde la puerta de la iglesia, que un instante después se cerró con violencia.
Al ver a su hermano herido el rubio no pensó en nada más que en tratar de aliviar el dolor del menor, así que junto al veterano cazador lo llevaron hacia la pequeña cabaña que ocupaban. Allí le realizaron las primeras curaciones y le administraron analgésicos para calmarle el dolor. Pero en la vida de los Winchester nada era tan simple como parecía. Y ellos lo sabían.
Sam dormía a causa de los calmantes que le habían administrado, mientras el viejo y Dean leían todo lo que podían hallar en internet y en los libros que tenían a disposición para tratar de descubrir lo que le podía suceder al menor de los Winchester.
- Bobby, no te conté lo que me dijo el sacerdote en la iglesia –comenzó Dean dando un largo trago a su cerveza.
- ¿Te ha hablado? ¿Qué esperabas para decírmelo, chico?
- Lo siento, lo olvidé con lo de Sam. Aún estoy muy preocupado por mi hermano, Bobby. Pero en resumen me dijo que él había sido el causante de todo esto, que se había iniciado con su pecado y que debía proteger a la sangre de mi sangre.
- Eso que me dices me hace pensar varias cosas, Dean. ¿Recuerdas que leímos que cuando estos seres eran heridos, al otro día aparecía herida en el mismo lugar una mujer del pueblo?
- Sí. ¿Cuál es el punto? –preguntó el rubio.
- Mañana veremos si esa teoría es verdadera, pero ahora debemos ver el cuerpo de la mula vieja, te apuesto a que nos espera una sorpresa –le respondió Bobby misteriosamente.
- Vamos pues, pero no entiendo como el cadáver maloliente de un animal que me has hecho meter en mi maletero pueda ayudarnos a resolver esto…
- Tú sígueme –fue la lacónica respuesta de Singer.
Una vez cerca del Impala, el rubio abrió el maletero y miró con gesto triunfante a Bobby, quien sin prestarle atención al pecoso, corrió la lona que cubría el cadáver…para descubrir que nada había allí ya.
- Pero ¿qué mierda ha pasado? El maletero estaba perfectamente cerrado. No lo entiendo…
- Yo te diré lo que pasó, genio. La mula vieja ha desaparecido porque en algún lugar de este pueblo hay una anciana muerta. Y más vale que nos demos prisa en hallarla. Podemos encontrar más respuestas aún.
- Ve tú, Bobby. Yo me quedaré junto a Sam. Creo que me necesita y… la verdad es que…
- Que tú también lo necesitas a él ¿verdad? Ve a descansar, muchacho.
Y sin decir más, Bobby se alejó de la pequeña cabaña en donde descansaban los hermanos Winchester.-
