Hola a todos! Aquí traigo la segunda parte de este último capi de mi fic. *llora de emoción* Ayyy, no quiero que termineeee! Me había acostumbrado a interactuar con ustedes que tan gentilmente me iban dejando reviews en cada capiii. Bien, no importa. Nos leeremos prontito en otro fic, si tienen ganas de seguirme... Besos a todas! Y espero les guste y las deje conformes este final!

CAPÍTULO 14 II PARTE.

En un oscuro bar de carretera Dean Winchester bebía su tercer whisky con amargura y tristeza. Su estado de ánimo era terrible, y si le hubiera sido posible se habría metido en una cama para no levantarse en días. Y tenía que reconocer –muy a su pesar- que sentía lástima de sí mismo. "Como una niñita, Dean." –pensó mientras daba un sorbo a su bebida. Había aceptado con resignación que Sam y Bobby intentaran deshacerse del espíritu vengativo del Padre Pedro. Pero no estaba convencido de que hubiera sido una buena idea estar de acuerdo con ellos. "De todos modos, no puedo hacer nada más." –continuó con sus tristes y sombrías cavilaciones. Lo sacó de su ensimismamiento el sonido de su celular. Vio la pantalla. Era Liz. Pensó en no responder, pero finalmente contestó la llamada. Unos minutos después salió disparado en su Impala en dirección al pueblo.


Bobby había preparado el hechizo que obligaría al espíritu a regresar al otro mundo. Confiaba en que funcionase. Y Sam esperaba pacientemente el momento de entrar en acción realizando algún trabajo en su portátil.

- ¿Crees que funcione, Bobby? –le preguntó inseguro

- Espero que sí, hijo. Porque si no es así, tendremos un fantasma furioso que seguirá buscando a Dean por todas partes. Y si puede, también acabará contigo. El factor sorpresa en este caso es determinante. El cura se imagina encontrar a los hermanos Winchester enfrentándolo. Cuando vea que sólo estás tú, tendré mi oportunidad de utilizar el hechizo. Tú trata de distraerlo. ¿Has entendido, Sam?

- Claro, Bobby. Todo listo –respondió Sam con un estremecimiento que le recorrió toda la espina dorsal.

- ¿Qué pasa, Sam? ¿Tienes frío? –preguntó Bobby mientras lo miraba inquisitivamente.

- No, es sólo que este viento sur me está molestando bastante. Se siente bien helado y además me ha puesto nervioso…

- La Mulánima, Sam. No hay viento en este momento. Pero tú lo sientes porque se te están agudizando los sentidos, recuerda que tienes que resistirlo, sino a medianoche te habrás transformado en el nuevo monstruo del pueblo –lo aleccionó Bobby.

- Lo intentaré, Bobby. Pero si no lo logro, tienes que prometerme que me herirás con el cuchillo de acero. ¡Y no me dejes ir, por favor!

- Prometido –fue la lacónica respuesta del barbado cazador.


- ¿Que has encontrado qué? –casi gritó Dean cuando Liz lo hizo pasar a su nueva casa.

- Te digo que es de él, Dean. Estoy segura. Tienes que verlo –le respondió la chica bastante inquieta.

Se dirigieron afuera de la propiedad y emprendieron la larga caminata hacia donde Liz le había indicado. Dean cargó sus implementos en una bolsa y unos cuarenta minutos después, llegaron al lugar indicado por la chica.

- Vaya, vaya. Sí, creo que tenías razón, Liz. Esta es la tumba de Pedro de Mendizábal, el sacerdote.

- Te lo dije, Dean –fueron las palabras de la joven.

- Tiene sentido, después de todo. El cura fue asesinado pero con su muerte todo el escándalo de sus amoríos se hizo público, por lo que no podían permitir que lo enterraran en la tierra consagrada del cementerio del pueblo. Así que Toledo lo enterró en sus tierras. Estas eran tierras de la familia Toledo, Liz. Luego pasaron al hijo de Mendizábal, al morir la más joven de las hermanas.

- ¿Y ahora qué hacemos? –preguntó la inexperta chica.

- Ahora, salamos y freímos extra crujiente al bastardo –fueron las palabras del Winchester. E inmediatamente se puso a cavar en aquella seca tierra.

La tarea no era fácil, ni siquiera para alguien acostumbrado a esos menesteres como lo estaba él, que desde los doce años había ayudado a su padre a cavar tumbas por todo el país. Era tierra desértica, dura, árida. Habían transcurrido más de dos horas desde que iniciara la tarea y sólo había excavado una cuarta parte de lo que debía, y para colmo, su instinto de cazador o de hermano mayor le decía que Sam y Bobby estaban en problemas. Pero no podía abandonar la excavación sin antes quemar al maldito. Liz pareció comprender el dilema que aquejaba al rubio, así que aproximándose, le dijo:

- Dame las llaves de automóvil. Iré al pueblo. Tal vez pueda distraer al fantasma o ayudar a tu hermano. ¿Te parece?

Dean dudó. Su instinto le decía que era peligroso que esa chica que no conocía nada del mundo sobrenatural fuera sola a enfrentarse con esa cosa. Pero por otra parte, necesitaba comunicarse con Bobby o con Sam y ninguno de los dos le respondía el teléfono. Así que aceptó. Metió la mano en su bolsillo y le dio las llaves de su precioso bebé a Liz.

- Está bien, ve. Por favor, ten cuidado, preciosa. Y advierte a mi hermano o a Bobby lo que está sucediendo. Yo acabaré pronto con esto. Y ¡adiós! Padre Pedro…

Liz lo miró a los ojos, asintió y no pudo resistir la tentación de besar al mayor de los Winchester, que respondió enternecido al beso. Pasaría bastante tiempo hasta que Dean pudiera besar con pasión a alguna mujer. Eran demasiadas cosas las que había vivido en los últimos meses.


Adjuro ergo te, omnis immundissime spiritus, omne

phantasma, omnis incursio satanae, in nomine Jesu

Christi Nazareni, qui post lavacrum Joannis in desrtum

ductus est, et te in tuis sedibus vicit: ut, quem

ille de limo terrae ad honorem gloriae...

Bobby no pudo terminar la frase de su exorcismo porque fue arrojado contra una pared. El golpe hizo que perdiera el conocimiento. Sam se preparó para hacer frente al fantasma que ahora miraba enfurecido al menor de los Winchester.

- ¿Creen que pueden hacerme daño con eso? –rió malignamente el espectro. –Eso no me daña. ¡Y voy a terminar con ustedes, raza de víboras!

- Nosotros no hemos hecho nada malo. Somos hermanos, amigos, socios. Sólo eso. Y no hay cosa que no haría por mi hermano ni él por mí.

- Precisamente por eso. Esa dependencia que tienen entre ustedes ha logrado que Lucifer fuera liberado de su jaula. Y por eso deberíais pagar ambos por toda la eternidad. Pero voy a ser justo. Voy a dejarte vivir para que con el dolor de la pérdida de tu hermano pagues lo que ambos han hecho.

- ¡No te atrevas a hacerle daño a mi hermano! –las palabras de Sam Winchester salían de su boca cargadas de rabia y desesperación.

El sacerdote rió y le dijo:

- En este momento, tu hermanito cree que puede quemar mis huesos para así acabar conmigo. Se cree muy listo por haber hallado mi tumba. Lo que no sabe es que yo acabaré con él primero – finalizó el espectro deslizándose hacia Sam, que lo enfrentó valientemente. El ser tocó al chico como había hecho antes con otros, pero esta vez no tuvo la misma respuesta, Sam ni siquiera parpadeó. Lo intentó otra vez, con el mismo resultado. Como no pudo hacerle nada al menor de los Winchester, se dirigió hacia Bobby con mirada cruel y decidida. Pero fue interceptado por Liz, que desesperada se había bajado del Impala que había dejado aparcado un poco más allá y corría hacia el grupo.

- ¡No le hagas nada! Ellos no son de aquí, no tuvieron nada que ver en todo lo que sucedió. ¡Es mi familia la que está maldita! –gritó valientemente Liz.

- ¡Liz, no! –gritó también Sam.

El fantasma lo miró con rabia y encaró a la rubia.

- ¿Por qué dices eso? ¿Quién eres tú? –le preguntó molesto.

- Soy la sobrina de Pedro de Mendizábal. Y si tienes algo que decirme, puedes decírmelo a mí –siguió la joven.

La respuesta del fantasma no se hizo esperar, decididamente se aproximó a la chica y antes de que Sam o Bobby pudieran reaccionar, había sido muerta por el ser sobrenatural.

- ¡Y ahora, a acabar con el estúpido de tu hermano! –gritó el espectro y al darse la vuelta ardió en mil chispas que se esparcieron por el cielo calmo del pequeño pueblo.

Dean Winchester había logrado salar y quemar los restos del Padre Pedro.


Algunas horas después, los Winchester se debatían ante la difícil decisión de herir a Sam para evitar su transformación en Mulánima. Bobby estaba dispuesto a hacerlo sin más dudar, pero Dean seguía demorando el momento. Y a Sam se le acababa el tiempo.

- Bobby, déjame solo con él. Esto lo tengo que hace yo. Y nadie más –le propuso el mayor a Bobby.

- Está bien, hijo, pero estaré cerca por si me necesitas. Y no dudes, por favor –agregó el veterano cazador.

Sam y Dean se quedaron solos en la cabaña, en silencio, mientras esperaban que pasara el tiempo. Al dar la medianoche, Sam se levantó con un extraño bufido y antes de que Dean pudiera reaccionar, tenía frente a sí a su hermano convertido en mula. Tomó el cuchillo de acero pero lo único que logró fue evitar que el fantástico animal se le acercara. Dean dudó unos instantes más y luego clavó el arma en la pata del ser en que ahora se había transformado su hermano. La Mulánima dio un terrible grito, sangró, pero siguió allí, impertérrita. Y en ese momento desesperado vinieron a la mente de Dean las palabras que el sacerdote fantasma le había dicho en su primer encuentro "tienes que salvar a la sangre de tu sangre."

- ¡Por Dios! ¿Y si no es como dijo Bobby? –se preguntó el mayor de los hermanos casi para sí.

No había tiempo para dudar, para pensar ni para intentar soluciones mejores, así que uniendo la acción a las palabras, se hirió a sí mismo con el cuchillo de acero mientras el animal lo miraba, para luego hundir el arma bañada de su propia sangre en la piel de quien había sido Sam. Esta vez, su hermano –o la mula- dio un terrible grito agónico y en medio de convulsiones y bufidos cayó al suelo para transformarse al cabo de pocos minutos en Sam Winchester. El hechizo se había roto gracias a la unión de ambas sangres que ahora más que nunca eran "sangre de la misma sangre."

Los hermanos Winchester se arrastraron –heridos ambos- fuera de la cabaña en donde Bobby montaba guardia.

- ¿Qué mierda ha sucedido allí adentro? –fue la primera pregunta que hizo el anciano.

- Después te lo explicamos, ahora, por favor Bobby, sácanos de este pueblo maldito antes de que Lucifer nos localice –dijo el mayor, con voz entrecortada por el dolor.

Unas horas y unos estados después, los Winchester bebían una cerveza en compañía de Bobby, mientras le explicaban lo sucedido; cuando hubieron acabado el veterano cazador emprendió el regreso hacia South Dakota, donde lo esperaban la soledad y la rutina de su vida de apoyo y consulta de decenas de cazadores.

Los Winchester, siempre en el Impala, emprendieron su marcha sin rumbo fijo por las rutas de distintos estados. Sólo les quedaba esperar al próximo caso. Por ahora seguían juntos, unidos y dispuestos a luchar contra todo y contra todos. Como siempre había sido. Como siempre sería.