Hola! A pedido de varios lectores, he realizado un pequeño epílogo en donde se ve lo que sucede con los chicos cuando finalmente tienen esa charla final que siempre tienen luego de un caso, esta vez referida al archivo sobre los Campbell que Sam le había estado ocultando a Dean. Espero que sirva para cerrar el círculo de este fic y todo lo que se planteó en él. Besos y muchísimas gracias por todos los comentarios que dejaron.
Saludos.
EPÍLOGO
Se detuvieron en otro de los tantos moteles de carretera que los habían visto crecer. Este era uno nuevo, llevaba pocos años allí, viendo pasar viajeros de todas partes con sus historias, sus secretos, sus amores y sus odios. Dejaron sus cosas sobre sus camas, Dean tomó la más cercana a la puerta como siempre hacía. Un gesto que había nacido de la intención y necesidad de proteger al más pequeño de la familia y que se había transformado en algo mecánico. Ambos tenían establecida una rutina y se apegaban a ella.
Sam se metió al baño, listo para ducharse. Dean se acostó en su cama y simuló ver televisión. Unos minutos después se oyó el ruido del agua que corría, señal de que Sam estaba en la ducha. El mayor se apresuró a tomar la portátil de su hermano y rápidamente la encendió y buscó lo que seguía molestándole. El archivo "Campbell" seguía allí, como una provocación, como un desafío a su autoridad de hermano mayor. Lo abrió. La lista de los Campbell seguía igual: todos muertos. Pero él sabía lo que había visto. Así que se puso a buscar con ahínco entre los cientos de carpetas que poblaban la memoria de la portátil de su hermano.
Se concentró tanto en ello que no se percató que Sam había salido de la ducha y envuelto en una toalla blanca, su cabello mojado que soltaba pequeñas gotas de agua que rodaban hacia el suelo pasando por sus pronunciados pectorales, lo miraba con el rostro contraído por la rabia.
- ¿Se puede saber qué haces, Dean?
El rubio se sobresaltó y palideció pero rápido como era para salir de esas situaciones embarazosas le respondió:
- Investigo, Sam, investigo. He leído sobre unos homúnculos que…
- ¡Basta, Dean! –gritó Sam quitándole la portátil de las manos al rubio –Sé lo que estás buscando y te juro que no hay nada allí para ti.
- ¿Por qué lo has ocultado, Sam? También gritó el mayor muy molesto.
- Es lo que has leído, no hay más nada, Dean.
- ¡Mentira! ¡No me quieras engañar! Sé lo que vi –los gritos del mayor y la mirada de hielo que tenía le recordaron a Sam que no se jugaba con su hermano, sobre todo cuando se ponía furioso.
- Está bien, cálmate –Sam tragó saliva y prosiguió –Estaba investigando sobre los parientes de mamá, sólo por curiosidad, tú sabes, y a los que hallé los puse a todos como vivos y luego les fui cambiando el estado a medida que fui confirmando sus muertes, eso es todo, Dean –finalizó Sam con simpleza, al tiempo que se sentaba al lado de su hermano.
Dean le dedicó una larga mirada escrutadora, se pasó la mano por el pelo, como hacía siempre que estaba nervioso o tenía dudas sobre algo.
- No sé, Sam. Es demasiado simple. No puedo creerte.
- Pues deberás hacerlo porque es la verdad –la mirada de Sam ocultaba su fastidio y la ira que crecía dentro de él. Últimamente sentía que no podía controlar ese sentimiento que bullía en el interior de su ser, parecía ser más fuerte que él y temía que esa sería su perdición al enfrentar a Lucifer, que podría aprovecharse de él de ese modo.
Vio salir a su hermano mayor con la mirada cargada de molestia y duda, pero no le importó. Estaba demasiado molesto consigo mismo. Pasaron casi dos horas para que lograra calmarse; para hacerlo se puso a organizar los archivos de su portátil y sin querer regresó a su mente el momento en que Ruby le dijo que investigara acerca de todos los parientes y personas cercanas a Mary, recordó cuán desilusionado y dolido se sintió cuando descubrió que todos estaban muertos. Pero unos meses más tarde, con Dean ya en el Infierno, se puso a investigar con más ahínco y allí fue que descubrió que había varios primos de su madre que pertenecían a una familia de cazadores muy antigua y que seguía en actividad. Y se hizo el firme propósito de conocerlos, buscarlos y presentarse como lo que era: un hijo de Mary Campbell Winchester, tan buena cazadora como el que más. Pero claro, Dean no podría entender esos anhelos suyos, él era un hombre simple, no entendía de búsquedas ni grandes cosas espirituales. Por eso había optado por ocultarle al mayor ese archivo. Y ahora no quería hablar con Dean, no podía, estaba demasiado furioso, así que se acostó y simuló dormir cuando oyó el motor del Impala ronronear en el estacionamiento del motel, no podía mirar a su hermano a los ojos. Y tampoco quería pelear con él. Ya habría tiempo para hablar.
El rubio tomó su chaqueta y dándole una última mirada de sospecha, giró sobre sus talones y salió al aire frío de la noche. Necesitó más de dos horas afuera para poder controlar sus sentimientos y su sensación de estar siendo engañado bajo sus propias narices. Finalmente lo logró, y tal vez porque temía que dejando solo a su hermano lo podía empujar a los brazos de Lucifer o porque temía que el chico tomara el camino que implicaba beber sangre de demonio, pero la cuestión fue que regresó manso y tranquilo, dispuesto a tener una de esas charlas a corazón abierto que tanto le agradaban al menor de los Winchester desde que tenía uso de razón.
Entró en silencio a la habitación y sorprendido vio cómo su pequeño hermano dormía pacíficamente en su cama, le recordó tiempos mejores cuando él era un joven lleno de energía para enfrentar al mundo y a todos los seres que se le cruzaran por el camino y el pequeño Sammy era un inocente crío que dependía de él para casi todo. Sonrió con ternura y sacudiendo la cabeza, se desvistió y se acostó en su cama. Ya habría tiempo para hablar.
