Solo hace falta…un adiós antes de tiempo.
Déjame recordarte, me dijo Tatsuki chan, a la Orihime de hace 16 años.
Esa chica no lloraba, pero tampoco sonreía al menos no genuinamente. De forma obsesiva abrazo la terquedad de un amor que ya no existía, pero al final, desistió, porque ya no podía mantener una farsa. ¿Recuerdas?- me dijo Tatsuki chan- fue cuando me hablaste de Ulquiorra por primera vez y aceptaste tu amor por él, pero aún así, tu sonrisa era más bien un rictus de tristeza. Y entonces dos años después llegó Ichigo, y te mostró que él estaba vivo en algún lugar y tu sonrisa cambió, ahora tenía esperanza. Y por ultimo te recordaré a la Orihime de hace 42 días- dijo clavándome su mirada- eras una Orihime que sonreía con felicidad, que sonreía de verdad. ¿Qué Orihime quieres ser?...
No contesté solo la miré, su mirada a diferencia de la de Ulquiorra me amonestaba, él solía solo escudriñarme, Tatsuki me regañaba. Me encogí en mi asiento, suspiré. La Orihime de hace 42 días, esa quiero ser.
-el tarado de Tamiya tiene razón- dijo Tatsuki chan recostándose en su asiento y mirando al techó- solo debes preguntarte, si quieres a Arima y si lo necesitas, eso es todo.
Respiré hondo, tenían razón… ¿y qué si Arima kun era menor de edad? ¿y que si me despedían y a él lo mandaban a Alemania? Ya habíamos estado separados por 16 años, encontraríamos la forma de estar juntos, sin importar que.
-o-o-o-
Annette presiono con sus labios los de él por un par de segundos, esperando alguna reacción de su parte, pero nada, así que se detuvo, cambiando de estrategia.
-L-lo siento Hideki, yo no sé que estaba pensando-dijo apartándose y llevando sus manos a sus mejilla en señal de vergüenza.
Hideki la miró, sin cambiar de expresión, sin decir nada. El chico suspiró y se llevó las manos a los bolsillos soltando el haz de la maleta, esquivo a Annette y salió de la habitación.
Ella no se giró cuando esta pasó a su lado, sonrió para sus adentros, al menos había conseguido que él se quedará.
Hideki se enrolló la bufanda al cuello, al tiempo que el aire invernal golpeaba su rostro, en su mente las palabras de Annette se repetían, pero al mismo tiempo los momentos con su sensei se arremolinaban barriéndolos. Necesitaba dejar de pensar o al menos hablar con alguien que le entendiera. Recordando su primera intención de hace unos minutos, dirigió sus pasos al pueblo.
-o-o-o-
Tamiya entró a su casa, se quitó los zapatos aflojándolos del talón con la punta del pie, para después aventarlos en el recibidor, seguro su madre lo regañaría pero ¡nah! Siempre era así, era parte de la dinámica familiar.
Aventó su chamarra en un sillón y camino arrastrando los pies hacia la cocina, dispuesto a asaltar el refrigerador. Su madre lo vio de reojo cuando entró silencioso como un gato dispuesto a devorar algún indefenso pajarito, pero antes de que lo hiciera lo llamó.
-Jeaky, ¿A dónde?
Tamiya se detuvo en seco y miró furioso la espalda de su madre.
-¡no me llames así!- gritó- detesto que uses ese diminutivo.
-¿diminutivo?- dijo ella dándosela vuelta y mirando a su hijo con una enorme sonrisa- es un apelativo lleno de cariño.
El chico frunció el ceño, por eso odiaba su nombre, por culpa de su madre que lo hacía sonar tan…tan femenino.
-¡como sea, sino me ibas a llamar por mi nombre completo, en primera no me lo hubieras puesto!
-fue tu padre quien escogió el nombre- dijo ella sonriéndole más ampliamente y acercándose para darle un cariñoso beso en la mejilla, el cual Tamiya se limpió con la manga de su suéter molesto, porque su madre siempre era tan empalagosa, porque no podía ser como la de Hideki, ella nunca lo besaba ni le ponía diminutivos-¿Dónde andabas?
-con Yamada- contesto abriendo el refrigerador al fin.
-¡Oh, por cierto! me llamó Hideki chan
Tamiya dejo de rebuscar en el interior del aparato para mirar a su madre.
-¿te llamó? O ¿ME llamó?
- ¿cuál es la diferencia?- dijo su madre haciendo un ademan con la mano para quitarle importancia.
- ¿y qué te dijo?
- me saludo, ya sabes Hideki chan es un niño educado y lindo, no como tú siempre metido en líos de faldas, nunca saludas, dejas tus zapatos por toda la casa y la ropa… nunca me obedeces, te comes todo lo que hay en el refrigerador y nunca me das un beso ni de buenos…
-¡mamá!- dijo Tamiya comenzando a impacientarse- ¿qué te dijo Hideki? ¿Está bien?
-claro que lo está, está en Alemania, pero…- Tamiya puso atención y cerró el refrigerador lentamente- dijo que necesitaba hablar contigo, que te llamaría más tarde.
Tamiya sabía que entonces, nada estaba bien, no por nada Hideki necesitaba hablarle, seguramente se trataba de Annette, ¡ah demonios! ¡Qué complicado! De pronto se le había quitado el hambre.
-o-o-o-
Hideki salió de la tienda de comestibles, en cuyo interior se encontraba el teléfono público, en Japón ya debía ser hora de cenar, pero ahí aun brillaba la luz del día la nieve blanca la reflejaba lastimando sus pupilas.
Subió la cremallera de su chamarra y ajusto su bufanda, aún no quería volver a la cabaña, incluso pensó en quedarse en algún hostal en el pueblo, no quería ver a Annette, ni a nadie, pero olvido llevar más dinero, eso le pasaba por salir tan rápido.
Suspiró y echo a caminar lentamente, decidió dar un paseo hasta el anochecer, entonces podría escurrirse hasta su cama sin ver a nadie y dormir un poco.
En la plaza del pueblo todo era blanco, los árboles, el piso, la fuente, cuya agua estancada estaba congelada, se sentó en el borde de está y miró a su alrededor, curiosamente un pajarillo bajo a tierra rebusco en la nieve unos segundos, hasta convencerse de que no había nada y alzó el vuelo perdiéndose, Hideki pensó que debía a verse retrasado en la migración, ¿un pajarillo solitario?
En una de las bancas alrededor de la fuente dormía un hombre, al menos el hilo de vapor que salía por su boca cuando respiraba indicaba que no estaba muerto, enfundado en una enorme chamarra negra, un gorro y guantes, dormitaba plácidamente. Hideki pensó que debía estar loco, con ese frío. Aun así sintió un poco de envidia, ese hombre no tenía sus preocupaciones, dormía, sin importar nada, dormía tranquilo, casi podía decir que dormía feliz.
-o-o-o-
-fue lo único que pude conseguir de último momento- dijo Ichigo entregándole un sobre que contenía un boleto de avión- vuelo 6664 a Alemania, será mejor que te vayas ya.
Orihime sonrió y abrazo a su amigo, le estaba agradecida gracias a él podría ver a Arima, hablar con él.
-Muchas gracias Kurosaki kun.
No era un asiento de primera clase ni mucho menos, pero suficiente, como había llegado tarde entro como bólido ni siquiera le revisaron bien los papeles y el boleto, pero ya no importaba estaba en camino para ver a Hideki.
La gente era un tanto bulliciosa, el vuelo no sería tan largo solo había 8 horas de diferencia entre los países, se acomodó en el asiento, mirando cómo pudo a la ventanilla que se encontraba dos lugares más a la derecha, sonrió.
Se quedó dormida esperando, soñando, pronto, muy pronto.
-o-o-o-
El hombre de la banca siguió durmiendo por un buen rato, Hideki lo observó por mera curiosidad, cuando despertó sus miradas se cruzaron el hombre bostezó, Hideki se levantó y se fue con paso lento. El hombre de la banca lo miró, frunció el ceño, se llevó una mano a la frente golpeándosela con la palma, una sonrisa apareció en su rostro.
Justo como pensó al anochecer no encontraría a nadie en la cabaña, Annette seguramente dormía. Subió a su habitación y en el camino a su cama se deshizo de su ropa, quedando solo en cómodo bóxer, se zambulló en las cobijas, y suspiró, estaba cansado. Quizás demasiado, pero no era cansancio físico.
Cerca de las cuatro de la madrugada, Annette abrió la puerta de la habitación, Hideki dormía así que se acercó.
-Hideki- lo llamó suavemente
-mmmh
Annette sonrió Hideki tenía un sueño bastante ligero, esa respuesta significa que al menos por ese día su sueño era más pesado de lo normal. Rodeo la cama hasta estar a espaldas del chico y deslizo por sus hombros el suave camisón de seda, este cayó al piso silenciosamente. Lentamente, para no despertarlo, levanto las cobijas y se cubrió con ellas, Hideki también estaba desnudo, al menos del torso.
De la misma forma lenta, se pego a su espalda y le rodeo con sus brazos, Hideki hizo un mohín, que parecía decir algo como "sens" Annette sabía que estaba o más bien con quien estaba soñando.
Se incorporó e inclino su rostro, hasta que sus labios rosaron la oreja de Hideki.
-Arima kun- le susurró.
Ella lo llamaba
-Arima kun- susurraba, casi no parecía ser su voz pero al tratarse de un susurro era lógico que perdiera parte de su esencia.
Sintió un cuerpo tibio a sus espaldas, era ella, entonces todo fue una pesadilla, no habían terminado, él no estaba en Alemania, estaban juntos, como debía ser.
-Arima Kun- volvió a decir ella y en su sueño despertó.
Annette mordió el lóbulo de su oreja suavemente para no despertarlo, se recostó de nuevo abrazando su espalda, beso su nuca, Hideki suspiró casi imperceptiblemente.
Se giró para abrazarla, la cálida mirada gris de su sensei le sonrió, su cabello estaba esparcido por la almohada como un abanico liquido. Su piel era blanca y suave.
Annette se sorprendió cuando él se dio la vuelta abrazándola, pero no le molesto al contrario le facilitaba todo, quitándoselo un poco de encima logro que él se recostara boca arriba en la cama con ella ahorcajadas.
Desde ese ángulo sensei lucía más hermosa, su piel tersa tenía un ligero brillo a la luz de la Luna, de pronto se dio cuenta de donde estaban, la habitación de sensei, y justo en la ventana la Luna los espiaba. Dejo que sus manos acariciaran las firmes y bonitas piernas de su sensei, ella sonreía dulcemente y a la vez de forma picara.
Sensei se inclinó su pecho rozo el de él, y él sintió su respiración cortarse y su corazón latir furiosamente en su pecho, el largo cabello acaricio su mejilla al caer al frente cuando lo besó
Un beso furioso y hambriento, Annette tocaba el cielo, aunque este no le perteneciera. Las manos de Hideki acariciaban su espalda haciéndola estremecerse, él se giró, las posiciones cambiaron.
Sensei rio cuando intercambiaron posición y él la beso de nuevo, de verdad iba a pasar… ¿cierto?, de pronto el rostro de su sensei se entristeció.
-Arima kun -le decía una y otra vez mientras caían lágrimas de sus ojos él intentaba decirle algo pero no sabía qué.
-Ulquiorra san- escucho, el escenario cambió, era un desierto de arena blanca, la Luna seguía ahí, él frente a ella quería tomar su mano y ella la de él pero no podían, por alguna razón se desvanecía.
-¡sensei!-
Hideki abrió los ojos, debajo de él estaba Annette y no su sensei, no eran ojos grises sino azules, no eran rojizas las hebras de su cabello sino rubias.
De un salto se levantó
-¿qué demonios?
Annette se cubrió con la sabana y lo miro desde la cama. Frunció el ceño, molesta.
-eso debería decirte yo a ti ¿por qué te detienes?
-tú no eres sensei- fue toda la respuesta.
-¿y qué, soy mujer o no? yo puedo complacer tus sentidos más que ella
Hideki negó parado junto a la cama.
-no es lo mismo-contestó, agachándose para levantar su ropa del suelo.
- claro que no, es aun mejor, yo te amo, ella no. Pensé que lo tenias claro Hideki.
-pero yo a ti no-dijo poniéndose los pantalones apresuradamente.
-¿y por qué no? esa mujer solo jugo contigo, te uso hasta que ya no le fuiste útil.
-¡basta Annette!-dijo terminando de ponerse la playera y empezando a colocarse la chamarra- no me importa, digas lo que digas no puedes contaminar lo que siento por sensei.
-¡Hideki! ¿Acaso no puedes aceptarlo? solo ríndete.
-es lo que he hecho- dijo cuando la bufanda estuvo en su cuello- he renunciado, no puedo destruir este amor. Así que volveré a Japón cuanto antes, aun tengo dos años antes de que él vuelva, haré todo para que sensei se enamore irremediablemente de mí.
Finalizando eso dio media vuelta y salió de la habitación, no faltaba mucho para que amaneciera. Annette se levantó y lo siguió con la sabana enredada en su cuerpo.
-¡Hideki! ¡No puedes irte! ¡Yo te traje aquí! ¡He pagado todo! ¡Así que no puedes irte aún! ¡No puedes dejarme así! ¡Hideki!
El aludido se giró y le dedico una mirada gélida.
-yo no soy algo que puedas comprar con el dinero de tus padres.
Annette enfureció, intento pero no pudo abofetearlo, él detuvo su mano con un rápido movimiento.
-Adiós, Annette.
Y su figura desapareció tras la puerta de salida de la cabaña. Mientras Annette se dejaba caer en el piso aporreándolo con las manos y el rostro rayado de lágrimas rabiosas.
-o-o-o-
Una fuerte sacudida la despertó, al principio pensó que era Tatsuki agitándola para que despertara y fueran a trabajar, a la segunda sacudida intento girarse, y se dio cuenta de que no estaba en su cama, recordó donde estaba y abrió los ojos.
Miró a su alrededor, la mirada de la gente le inquietó. Una azafata paso corriendo por el pasillo, la señora a su lado emitió un ruidito como si ahogara un grito. Dirigió su mirada a la ventanilla, el cielo se había nublado, más que eso, las nubes eran de un color negro tan uniforme que daba miedo, sí, tenía miedo.
Una luz se prendió frente a ella el dibujo característico del cinturón de seguridad, la azafata que antes había corrido por el pasillo, les hablo desde la parte delantera, pidiéndoles que se abrocharan el cinturón, que tendrían turbulencias.
La gente obedeció con impaciencia, Orihime también se apresuro a abrocharse el cinturón. Una nueva sacudida. Intentó respirar hondo para calmarse. Otra sacudida. La señora a su lado comenzó a rezar, tan rápidamente que no se le entendía.
Una nueva sacudida, la luz del interior del avión se apagó y regreso intermitentemente. Giró el rostro hacia la ventanilla, era una tormenta eléctrica, podía ver los rayos surcando el cielo cerca del avión, su estomago dio un vuelco, tuvo miedo.
La luz del avión se fue definitivamente, el pánico se regó como pólvora, las mujeres gritaban y lloraban, los hombres también, algunos se aferraban a los brazos de los asientos mientras el avión viraba, las mascarillas de oxigeno salieron de sus compartimentos provocando una escena aún más caótica.
Llanto, desesperación, dolor, miedo. Orihime tembló, sin despegar la vista de la ventanilla, los rayos cada vez más cercanos, podía verlos, era lo único que podía ver, no tenía voz para gritar, su garganta estaba seca, ella estaba envuelta en una especie de terror jamás experimentado, uno paralizante.
Y entonces pensó en él. Recordó Hueco mundo, su piel blanca, su mano extendida hacía ella, su voz, recordó su reencuentro, la forma en que volvieron a conocerse, cuando lo abrazó de nuevo, recordó cuando hablaban, cuando se besaban, recordó sus caricias, vio sus ojos, el miedo se desvanecía, un rayo cruzo el cielo, ella pensó en él.
Y todo se oscureció.
-o-o-o-
A las seis de la mañana el pequeño local del pueblo que hacía a la vez de bar y cafetería abrió sus puertas, Hideki decidió entrar y comer algo.
La señora rolliza detrás del mostrador le sonrió amablemente, Hideki se sentó, y pidió un café, la señora asintió con una nueva sonrisa. Mientras preparaba el café prendió el viejo radio que se encontraba en una repisa tras el mostrador, la señal era difusa al principio con interferencias. La dependienta se peleo un poco para hallar una estación que sonará bien, a esa hora como casi en todo el mundo, las noticias matutinas le dieron la bienvenida.
Hideki escuchó distraído las noticias que salían del pequeño radio, el hombre que las daba lo hacía de forma monótona carente de emoción, quizás así se daban las noticias allí, no lo sabía, tampoco le importaba. La mujer dejo una humeante taza de café frente a él.
Tras la ventana la nieve caía silenciosamente, era escasa pero constante, quizás habría nevada, quizás no. Se encogió de hombros y bebió un sorbo de café, estaba muy cargado, pero tampoco le dio importancia.
La voz masculina que daba las noticias hablo del tiempo, de política exterior, una nueva exposición de arte que llegaría a Berlín el próximo mes, de la actriz fulanita de tal y su nueva película, más política, crímenes, un asalto bancario.
-y en otras noticias- rezó el conductor del noticiero- el vuelo 6664 proveniente de Tokio, Japón con destino a Berlín, sufrió un aterrizaje forzado cerca de la montañas… los rescatistas tardan en llegar, se teme que no haya sobrevivientes
Que horrible, pensó Hideki, en ese avión iban compatriotas de sus dos países, que quizás solo querían unas lindas vacaciones o reencontrarse con un ser querido. Pidió otro café olvidando la noticia.
Salió del establecimiento haciendo tocar las campanillas de la tienda. Echó a caminar sin rumbo como la tarde pasada, al llegar a la fuente nada había cambiado todo seguía blanco y estático. Solo una cosa había cambiado, el hombre de la banca no estaba. Suspiró y contempló el vapor que salió de su boca perdiéndose en el cielo invernal.
Aun tenía que ir a la cabaña, tenía que ir por sus cosas, preparar el viaje, aunque con ese tiempo, tardaría en llegar al aeropuerto, y si nevaba, no habría vuelos hasta nuevo aviso. No importaba, prefería dormir en un asiento de la sala de espera de la aerolínea que permanecer ahí.
Un chico pasó corriendo a su lado, pero se detuvo unos pasos adelante, dio la vuelta y observo a Hideki y este lo observo a él, nada tenía de particular, excepto por su increíble altura y lo delgado que estaba, sin contar el enorme cabello negro que se desparramaba por su espalda, por debajo del gorro. Pero él chico si parecía encontrar interesante a Hideki. Se dibujo una sonrisa maliciosa en su rostro.
-¡Ulquiorra!- le gritó- ¿Qué diablos haces aquí, maldito?
Hideki volteó hacia a tras, buscando al tal Ulquiorra, ¿sería posible que su más grande enemigo estuviera tan cerca de él? Pero no había nadie, demasiado temprano, la gente apenas se estaba despertando, entonces, ¿a quién diablos le hablaba ese loco?
-¡Hey hazme caso, desgraciado!- dijo el chico acercándose a él a grandes zancadas- ¡te estoy hablando!
Hideki no lo hizo hasta que él chico se sentó a su lado y le sonrió maliciosamente, una enorme sonrisa que ocupaba más de su cara que el resto de las sonrisas que conocía.
-¿me habla a mi?
-Por supuesto, vez a alguien más- dijo acomodándose el gorro-no pensé que mediera gusto verte de nuevo, no es que fuéramos cercanos antes pero diablos han pasado años desde que vi a un espada.
-¿un qué?
-¡ah claro! no lo recuerdas. Es parte de todo esto, pero Ulquiorra mi cerebro recuerda cada cosa de hueco mundo, aquellos días de gloria ¿no crees?
Hideki lo miró como si estuviera viendo a un loco, ¿qué diablos era eso de un espada? ¿Qué era hueco mundo? ¿Ulquiorra? Sí, ya sabía que se parecía más que solo mucho a ese tipo.
-creo que me confunde señor…
-Víctor Shultz- dijo el hombre.
-señor Shultz, me confunde, yo no soy Ulquiorra aunque me parezca.
- No, no te confundo, sé quién eres, eres Ulquiorra Cifer el cuarto espada del ejercito de Aizen, no te olvidaría, maldito, tú eras mi obstáculo para avanzar.
-¿avanzar?...en serio me confunde, mi nombre es…
- que importa el nombre que tengas ahora, eres Ulquiorra tanto como yo soy Jiruga Nnoitra.
-o-o-o-
Entre más hablaba, Hideki menos le entendía. Aquello que decía de los hollows, los Arrancars, Espadas y shinigamis le sonaba bastante fantástico, como para un manga o un anime, pero no para la vida real. Pero él hablaba de Ulquiorra, es un nombre poco común, debía conocerlo, de algún lado.
-¡Ah que frio!- dijo Víctor frotándose los brazos- ayer traía una chamarra aísla todo, hasta me quede dormido en aquella banca, cuando desperté y te vi no te reconocí del todo hasta que te fuiste con tu manos en los bolsillos,
Esa maldita manía tuya.
Se levantó y calentó las manos con el vaho de su boca.
-¡Hey mueve tu trasero Ulquiorra vamos a mi casa me muero de frio y tengo hambre!
Hideki lo observo sopesando las opciones, el tipo estaba loco, pero si las cosas se ponían feas podría defenderse. Se levanto y siguió al hombre que continuó hablando de Hueco mundo.
-o-o-o-
La casa era más bien una especie de mansión pequeña, tan lujosa que no pintaba para nada con el dueño de la misma. Hideki miró a todos lados memorizando las rutas y los espacios.
-¡Nelia!- gritó Víctor- tengo hambre ¿dónde estás?
Nadie contestó.
-desgraciada ya se fue- entraron a la cocina y rebusco en ella era obvio que no concia la estancia pero logró encontrar algo de pan y jugo del refrigerador. Los aventó en la mesa y se sentó a comer. Hideki se recargo en la pared y observo a su anfitrión quien lo miró y con un gesto lo invito a sentarse.
-Nelia es mi hermana...melliza aunque no nos parecemos, debe ser una broma del destino o algo así
-¿Por qué?
-en Hueco mundo nos odiábamos, al menos yo a ella. No nos soportábamos y ahora estamos unidos de por vida.
- en realidad quizás es un castigo del destino.
-tienes razón, cuando nuestros padres murieron me hacía caso y obedecía pero ahora le ha dado por eso de la liberación femenina me contesta todo lo que le digo y no hace lo que le pido, ni porque nací dos segundos antes.
-es tu hermana no tu sirvienta.
-¡Ooh! ¡Ya salió el sentido común de Ulquiorra! Como sea no quiero discutir contigo, nadie te ha ganado en eso.
El hombre siguió comiendo, viéndolo bien no era mayor que Hideki.
-como te decía- habló Víctor con la boca llena- mis padres murieron pero nos dejaron una enorme fortuna, por eso la casa. En ese accidente donde ellos murieron, yo estuve en coma tres días, y recordé todo.
-tal vez el golpe daño tu cerebro- de eso no tenía duda.
- de que lo daño lo daño, pero los recuerdos- dijo tocándose la sien con la yema de uno de sus largos dedos- son reales.
Hideki levantó la ceja escéptico.
-¿y eso que dijiste de que no te dejaba avanzar?
-¡ah eso! soy un tipo ambicioso y en ese entonces era el espada 5 y tú el 4, si quería subir de puesto tendría que derrotarte, aunque ya en una ocasión había ascendido asociándome con un científico loco. En fin… no sería sencillo considerando que eras el niño bonito de Aizen.
-¿niño bonito?
-see, eras el más confiable de todos, por eso todas la misiones de precisión se te otorgaban, era una lástima porque también solían ser las más divertidas. Aunque tú no reías mucho- Víctor lo miró- y ahora tampoco. Pero Aizen confiaba tanto en ti que hasta te mando por esa mujer.
-¿mujer? ¿Qué mujer?
- ya sabes- dijo el otro dibujando con sus manos una figura femenina con ciertas exageraciones- la mascotita de Aizen, pero solo tú podías jugar con ella jajaja.
- no sé de qué habla Shultz.
-Waa dime Nnoitra me gusta más, es más salvaje. Lástima que perdimos la guerra, sino hubiera sido por ese Shinigami apestoso, el tal Kurosaki Ichigo, habríamos ganado.
Hideki se quedo de piedra Kurosaki Ichigo, ese tipo conocía a Kurosaki Ichigo, no podía haber error en eso.
-por cierto- dijo Nnoitra cambiando de tema- ¿cuál es tu nombre humano?
-Arima, Hideki
-Hideki ¿eh? Eres japonés…pero no lo pareces.
- mi madre es alemana
-oh ya. Entonces quizás conozcas a Kurosaki, por ahí debe de andar, él se entrometió por la mujer que secuestraste. También a lo mejor la has visto a ella.
-¿Cómo era?
-guapa, cabello largo pelirrojo, ojos grises, una belleza comestible, pero como ya te dije solo tu podías jugar con ella aunque no sé hasta dónde llegaste jeje
Demonios, ese tipo conocía a sensei, y a Kurosaki, demasiadas coincidencias para ser solo un loco. Entonces la posibilidad de ser Ulquiorra...
-Nnoitra- el aludido levanto la vista- ¿estás seguro de que soy Ulquiorra?
- como que el agua es agua y la nieve, nieve
-son lo mismo.
-a eso me refiero, tú y Ulquiorra son otra forma de la misma cosa.
Nnoitra esbozo una tenebrosa sonrisa, amplia y macabra.
-o-o-o-
Al entrar a la cabaña Annette le esperaba sentada en la sala, sin hablar Hideki se sento frente a ella. Hablar con Nnoitra había sido edificante, definitivamente su cerebro no estaba del todo cuerdo, pero tenía información que de ninguna manera podía inventar. Después de hablar de hueco mundo continuo con su última pelea, después hablo de su vida actual. La casa en donde estaban era solo la de campo, su hermana quería ser médico, él no tenía idea, su abuelo se hacía cargo de ellos y cuidaba la fortuna que les dejaron sus padres, llegaron ahí en helicóptero para pasar las vacaciones, tenía una vida acomodada, pero Nnoitra dijo que le gustaría encontrar al resto de los espadas inducirles un coma y volver a la carga para conquistar el mundo, solo que se le olvido que ahora eran seres humanos normales.
Después de eso Hideki dejó la casa de Nnoitra, el cual le dijo que si necesitaba algo le llamara. Cuando Hideki le preguntó si prestar ayuda era normal en él, Nnoitra contesto que el corazón humano contamina con bondad el alma de un hollow. A veces, sonaba como un poeta callejero que va por las calles esperando ser escuchado.
Hideki salió de sus pensamientos cuando Annette cansada de esperar que dijera algo deslizo por la mesa de centro el sobre amarillo ya conocido.
-te irás con ella ¿cierto?
-sí
Ella suspiró y las lágrimas descendieron lentamente por sus mejillas.
-No puedo contra ella… pero no me arrepiento de lo que hice…llévate eso-dijo señalando el sobre- no hay copias.
Hideki tomo el sobre, al parecer ese día la amabilidad rondaba en el aire.
-o-o-o-
Decidió volver al pueblo y llamar a Tamiya y después a sensei, quería escuchar su voz, preguntarle más sobre Ulquiorra, porque si era él, sensei lo había engañado como a un niño pequeño.
Entró a la tienda de comestibles, tuvo que esperar a que el teléfono se desocupara, en la televisión del local, con mala recepción presentaba el noticiero de la tarde, al parecer los noticiero lo perseguían. El teléfono se desocupo.
Desde donde estaba podía ver la televisión y llamar al mismo tiempo, marco, espero a la operadora, y en unos minutos ya estaba escuchando el sonido característico de llamada. A kilómetros de ahí Tamiya corrió bajando las escaleras de su casa para contestar el teléfono que timbraba de manera insistente.
-¡hey Hideki! esperaba tu llamada desde hace horas.
- lo siento tuve algunos problemas.
-con el chicle amarillo
-sí, un poco, pero no importa, mañana volveré a Japón. Quiero ver a sensei ¿sabes algo de ella?
Se escucho una interferencia, Hideki espero a que pasara y levanto la vista hacia la televisión, era la noticia del avión japonés, las imágenes mostraban la zona del impacto, el vuelo 6664 rezaban la letras en la pantalla mientras un reportero mencionaba los trabajos de los rescatistas para llegar ahí, helicópteros se acercaban y los hombres dispuestos a ayudar descendían con cuerdas con el único propósito de encontrar sobrevivientes.
-¿qué dijiste Tamiya? no te escuche –dijo cuando le interferencia ceso.
-que no es necesario que regreses, Inoue sensei fue a buscarte.
-¿hablas en serio?
-¡sí, hombre! al menos ve a buscarla al aeropuerto. ¿Tienes como llegar?
-sí, supongo que sí. ¿En qué vuelo llega?
-ahh, déjame ver por aquí lo anote- se escucharon varios ruidos de papeles revolviéndose- ¡ya! Es el vuelo 6664.
Hideki pensó haber escuchado mal, mientras veía la pantalla frente a él, definitivamente debía ser un error.
-¿cuál?
-el vuelo 6664
El teléfono se deslizo entre sus dedos, la voz de Tamiya se escucho llamándolo lejanamente. Hideki sintió que un vacio comenzaba a formarse en la base de su cuello, como si algo estuviera perdiéndose, como si su corazón lo abandonara.
Aquello debía ser un error…una pesadilla.
-o-
Wola! Me acaban de autorizar el capitulo jeje y aquí esta, les confieso que este iba a ser el ultimo pero decidí dejarles en suspenso, espero que no me maten.
Espero que este capítulo les guste…
Un agradecimiento de nuevo a E-kun por leer y reírse de Nnoitra.
Y a todos ustedes por sus reviews, me animan a continuar, si les contestara a cada uno no acabo, pero todos tienen mi agradecimiento. Muchas graciaaaasss!
Bueno me retiro. Pero solo reitero que este no es el final, está cerca, aun no decido si en el siguiente capítulo o en dos más pero es la recta final, espero que no me abandonen…
