Dieciocho años

Solo hace falta…lo único necesito.

Quiero dormir esta noche con tu recuerdo.

Quiero pensar que mañana te veré de nuevo,

Con ese deseo aun la luna te refleja, aquí en mi corazón.

-o-

Orihime despertó. Al abrir los ojos una habitación solitaria de paredes blancas se mostró gracias a la pálida, pero suficiente, luz de la Luna que se filtraba por la alta ventana. Estaba de nuevo en Hueco mundo. De nuevo.

Se incorporó lentamente. ¿Había sido un sueño? Recordaba estar en un avión y hubo problemas. Un accidente. Se llevó la mano a la cabeza. Después de eso, los recuerdos se difuminaban.

Arima Hideki, ese nombre se colaba en su mente, por alguna razón no podía asociarle una imagen, pero algo vago e inconsciente le susurraba que era sumamente importante.

Se acercó a la ventana y observó en lo alto a la Luna, hermosa y brillante en un cielo sin estrellas. Suspiró. Estaba en Hueco mundo, pero ¿por qué? ¿Dónde estaba Arima Hideki? de alguna forma, fuera quien fuera, lo necesitaba.

La puerta de su habitación se abrió lentamente, ella se giró. Delgado y blanco como su uniforme con el único contraste de sus ojos. Ulquiorra Cifer entró y ambos compartieron una mirada.

-o-o-o-

Hideki soltó el teléfono y respiró profundo. Nada ganaba alterándose y bloqueándose. Correr en círculos no era para nada su estilo, ¿qué podía hacer? Porque algo tenía que hacer. Esperar de brazos cruzados a que los rescatistas hicieran algo, tampoco era su estilo.

-Nnoitra- susurró y sin pensarlo más echo a correr rumbo a la casa del loco espada que le ofreció su ayuda. No tenía a nadie más.

-o-o-o-

Nnoitra aprendió que no era bueno comer pan con jugo, al menos no para él, se encontraba desfalleciente en un sillón con dolor de estomago. Su hermana lo miró desde otro sillón sonriendo burlona, se lo merecía por lángaro y misógino. Nnoitra estaba a punto de decirle algo ofensivo cuando fuertes golpes a la puerta interrumpieron su voz.

Nelia se levantó y abrió. Un chico que no conocía de increíbles ojos verdes apareció frente a ella.

-¿está Nnoitra?-dijo el chico.

-¿Quién?

-Víctor

-sí, pasa

Nnoitra estiró su gran cuello para ver por encima de su hombro.

-¡Hey! volviste rápido Ulquiorra.

-necesito tu ayuda.

-¿eh?

-dijiste que si necesitaba algo…

-solo fue por cortesía- dijo Nnoitra haciendo un ademán con la mano como si fuera lo más obvio del mundo- no hablaba en serio.

Hideki miró al hombre tirado en el sillón, sin miramientos y malhumorado, tomo al enfermo por la playera, olvidando que el otro era más alto que él.

-no me interesa, en este instante necesito tu helicóptero.

Nnoitra vio en ese chico no solo una mirada verde, era una igual a la de antaño, serpentea y fría. Ulquiorra tenía sangre fría. Era un demonio, que no dudaría en exterminarlo. Ese era el Ulquiorra de antaño. El cuarto espada, su superior.

-d-de acuerdo- Hideki lo soltó- pero ¿para qué lo quieres?

-¿viste la noticia del accidente del avión japonés?

-ah…no. las noticias no me interesan

-yo sí- dijo Nelia- ¿alguien importante para ti iba en ese avión?

Hideki asintió.

-Nel no te metas en lo que no…

-¡Ne-lia! Acaso no entiendes, no soy Nel soy Nelia, tú y tus historias- le espetó su hermana

-¡no me hables así!

-vamos yo te llevaré al helicóptero- dijo Nelia tomando del brazo a Hideki para guiarlo, ignorando olímpicamente a su obstinado hermano.

-¡oye! ¡Te estoy hablando! ¡Ven acá! ¡Ulquiorra dile que me haga caso!- dijo Nnoitra levantándose y siguiéndolos a regañadientes.

-o-o-o-

Tamiya se quedo con el teléfono en la mano, ¿qué diablos había pasado con Hideki? quizás se corto la llamada, si eso debió…

A su puerta, desesperados golpes, la aporreaban. Chasqueó la lengua molesto, si se trataba de un maldito vendedor le daría un soberbio puñetazo por impertinente.

Pero al abrir la puerta solo vio a Yamada con su llamativo cabello rosa despeinado y terribles lagrimones escapando de sus ojos.

-¿y a ti qué demonios de pasa?

-Inoue sensei- dijo el otro clamando sus gimoteos- su avión- Alemania-cayo

¿Su avión-Alemania-cayo? Tamiya reflexionó un poco, era lento, si ya lo sabían porque le ponían rompecabezas de ese tipo. Pero cuando unió las palabras, se asustó.

-l-le acabo de decir a Hideki que ella iba a verlo, entonces la llamada se corto porqué… ¡¿Yamada, qué vamos a hacer?

El otro solo atino a lanzar un sollozó más alto.

-Tatsuki sensei…

-Ya lo sabe-dijo Yamada-teme que Hideki haga alguna tontería, sabía que nosotros le diríamos que Inoue sensei iba para allá- se sonó la nariz y continuo-fue, fue a ver a los padres de Hideki

-¡¿qué! ¿Les va a decir todo?

-no lo sé, pero Tamiya…

-vamos…

-¿eh?

-a casa de Hideki, tenemos que saber que pasa.

-o-o-o-

Parado frente a ella el espada no dijo nada, giró su rostro dando una silenciosa orden y un sirviente entro con el carrito de comida y luego con una reverencia se retiró.

-come-pronunció fuerte y grave.

Orihime le miró, para no pelear asintió, pero no hizo nada por acercarse a la comida, Ulquiorra pareció extrañarse. Aunque quizás fue su imaginación, él no movió ni un solo músculo.

-Ulquiorra san ¿qué hay afuera?

-¿afuera?

-sí, desde aquí solo veo la Luna y es todo, está ni siquiera cambia, ¿qué no sale el Sol?

El espada aguardó unos segundos antes de contestar, mirándola, escudriñando en los ojos grises de Orihime, buscando algo, pero si lo encontró o no, ella no lo supo.

-lo que ves es el exterior de Las Noches, pero en el interior de este palacio Aizen sama creó un Sol artificial. Y es esa luz la que lo ilumina.

Orihime miró alternativamente a la Luna y luego al espada. El cual la miró con cierto tinte de curiosidad.

-entonces… Las Noches es igual a ti.

-¿disculpa?

Esa extraña conclusión no la esperaba, la mujer frente a él cada vez era más interesante, más impredecible.

-sí, si- dijo Orihime sonriendo y asintiendo con la cabeza al son de sus palabras- Por fuera frio y distante pero por dentro brillante y cálido.

-¿cómo puedes asegurar algo así?

-solo lo sé, es como te percibo.

Ulquiorra la vio sonreírle amablemente. Extraña mujer. Extraña. Y misteriosa. Nadie le había dicho algo así ¿brillante y cálido? ¿Él?

-tonterías.-dijo dando media vuelta para irse- solo come.

-sí lo sé- dijo Orihime deteniendo su marcha y haciéndolo girar el rostro. Aizen no quiere que enferme ¿ne?

-ya lo sabes-luego al ver aquella aparente eterna sonrisa de la chica, giró su cuerpo por completo-¿por qué sonríes?

-porque eres justo como dije.

-o-o-o-

- odio volar- dijo Nnoitra sintiendo su estomago revolverse y observando el accidente justo debajo de él- esa cosa explotó ¿verdad?

Recibió un codazo de su hermana y la miro furioso. Hideki tenso la mandíbula preocupado, ahora sabía porque decían que quizás no había sobrevivientes.

-señorita- dijo el piloto haciéndose escuchar a través de un micrófono- he recibido una advertencia de la policía, es peligroso que me acerque y me han prohibido seguir avanzando.

Nelia frunció el ceño y miró a Hideki, quería ayudarlo como fuera.

-no importa-dijo-solo acércate lo más que puedas. Saltaremos.

-¡¿qué?- vocifero Nnoitra.

-¿qué? Es la única manera de llegar. Hideki ¿qué opinas?

El chico no dijo nada se puso de pie y asintió.

-¿están locos?

El helicóptero se acerco lo más posible a la superficie y entonces sin decir nada Hideki saltó.

-wow-dijo Nelia observándolo caer e incorporase ileso-voy yo

-¿qué? Loca, ya lo trajiste déjalo ya

-si no puedes hacerlo no lo hagas hermanito

A continuación ella también salto. Nnoitra enrojeció enojado, se levantó y los siguió. Las caídas le dolían más que a los demás, su centro de gravedad estaba demasiado alto.

-se supone que debes caer de pie hermanito-le espeto Nelia cuando aterrizó- y no de cara.

-¡cállate!- dijo Nnoitra escupiendo nieve.

Hideki hace tiempo que ignoraba a los hermanos, se movía buscando ávido con la mirada alguna señal que lo llevara a su sensei.

Caminando, sorteando piedras y partes de avión. Su instinto, un instinto básico y desconocido lo guiaba a ciegas en ese lugar de caos. Él odiaba el caos, siempre había sido así y ahora más que nunca.

Detrás de él los hermanos Shultz le seguían en silencio. Bajó una pequeña colina hacia una planicie donde restos de avión se esparcían y en medio de todo eso pudo distinguir el inconfundible color del largo cabello de sus sensei.

Corrió hacia ese lugar. En efecto era ella. Se encontraba inconsciente, pero viva, respiraba muy pausadamente pero lo hacía.

-sensei- la llamo sabía que no le respondería pero aun así dejo escapar las palabras, quito el cabello que ocultaba su rostro, tenía heridas esparcidas por todo el cuerpo pero en su frente se encontraba la peor de todas, el golpe debió ser muy fuerte, aun había sangre fresca.

-no la muevas-dijo Nelia a su lado- podría ser peor. No la muevas iré a buscar ayuda.

Y echo a correr.

Nnoitra se acercó y observo a la mujer en el piso cubierto de nieve, sus pupilas se dilataron.

-¡pero si es la mascota de Aizen! Ulquiorra ¿tú y ella…? Waa pensé que el rumor solo era eso.

Hideki ignoró el comentario, y regreso su atención a la chica.

-sensei- la llamo de nuevo.

-o-o-o-

Sensei…

Orihime despertó, alguien la llamaba, lo sabía, la voz le era conocida aunque no sabía de dónde. Además esa misteriosa voz le decía sensei ¿por qué? ¿Tenía que ver con Arima Hideki? algo le decía que sí.

-ahora tienes pesadillas- más que pregunta eso era una afirmación.

Orihime giró el rostro violentamente sintiendo su corazón saltar, ¿desde cuándo Ulquiorra estaba ahí?

-no era una pesadilla.

-¿no? gritaste: Arima Kun, con desesperación - dijo el espada sin cambiar los tonos de su voz- ¿quién es?

-no-no lo sé.

Ulquiorra la miró en silencio. Después como si pensara que era caso perdido giró sobre sus talones.

-Ulquiorra san- Orihime lo hizo detenerse-¿tú no sabes quién es Arima Hideki?

-yo pregunte eso

-es que siento que lo conozco, que es importante, pero no lo recuerdo, incluso creo que él es quien me dice sensei, pero…

-basta, no quiero oírlo. Tus problemas no me importan.

Orihime hizo un puchero, suspiró y observo después al espada, él al sentir la insistente mirada regreso a su posición original, frente a ella.

-mujer que…

-¿sabes? Aunque lo intentas no eres malo.

Ulquiorra reflexiono un instante esas palabras incomprensibles y salidas de la nada.

-dime, mujer ¿qué es ser bueno y qué es ser malo? ¿Cuándo se es uno y cuando otro?

-pues- Orihime pensó que las preguntas de Ulquiorra eran más difíciles que cualquier problema de matemáticas –por ejemplo, eres bueno cuando has hecho algo correcto y te sientes satisfecho por ello.

-entonces si yo mató por orden de Aizen sama y me siento satisfecho por ello ¿soy bueno?

-nn-no…eso no es bondad… si lastimas a alguien estás haciendo algo malo.

-tú quieres a tus amigo, aunque no entiendo el concepto, ¿cierto?

-si

-estas aquí para protegerlos ¿es eso algo correcto? ¿Algo bueno?

-si

-pero si ellos vinieran, tu sacrificio sería inútil, ya que ellos morirían, eso te lastimaría ¿cierto?

-si

-entonces ellos son malas personas, por lastimarte ¿o no?

-n-no Ulquiorra san si ellos vienen es porque algo nos une, porque existe amistad y eso pertenece al corazón.

- y la amistad es…

-cuando los corazones laten al mismo ritmo

-¿están sincronizados?

-no precisamente es más complicado. No sé como explicártelo.

-si no puedes explicarlo ¿cómo puedes asegurar que existe?

-…

-o-o-o-

Arima Giselle y su esposo decidieron hablar a solas. En la sala de su casa se encontraban los dos amigos de su hijo acompañados de la maestra de deportes. Y estaban ahí para decirles que otra maestra, la de literatura, se encontraba en el avión que se accidento en Alemania, pero eso no era todo, el tema principal era que Hideki estaba allá y apreciaba mucho a su maestra.

Conocían además el carácter de su hijo que aunque por lo general no muestra interés especial por nada, cuando lo hace es hasta cierto punto obsesivo.

-¿Qué opinas?-dijo Giselle mirando a su esposo seriamente- ¿crees que esto es una emergencia?

-quizás sí- contesto él- el primer amor siempre es demasiado intenso.

-¿Primer amor? ¿De qué estás hablando?

-hablo de que yo también tuve la edad de Hideki y que yo también me enamore de una de mis maestras, era muy bonita y amable con todos. Pienso que algo así es lo que está pasando.

-¿Qué Hideki se enamoro de esa maestra?

-¿y por qué no? me dijiste que incluso vino a ayudarlo para su examen, para un chico que alguien sea tan amable y cálido. Bueno…quizás es solo un amor platónico.

Giselle se mordió el labio inferior. Y ella pensando que quizás había algo entre su hijo y Annette, no contó, ni siquiera imagino que algo así podía pasar.

-como sea- dijo su esposo cortando sus pensamientos- Hideki nos necesita, Annette no es suficiente apoyo.

Giselle asintió.

-y podemos llevarnos a esos dos, estoy segura que le levantaran el ánimo si pasa lo peor.

-Sí. Si pasa lo peor nuestro hijo estará muy triste, perder un amor de cualquier forma que esta sea siempre causa una herida profunda.

-o-o-o-

Enroscado en un pequeño e incomodo sillón del hospital Nnoitra observó a su hermana y a su ex compañero espada, sentados uno al lado del otro en silencio, frunció el ceño. ¿Qué estaba pasando ahí? Nelia miraba al chico con una especie de comprensión y ternura, solo eso le faltaba, no quería emparentar con Ulquiorra sería el infierno en vida.

Aunque pensándolo bien quizás solo era el dolor de estomago que nublaba su mente. Ulquiorra y esa humana tenían una relación este mundo. Eso era más que obvio. Que astuto había sido el cuarto espada en Hueco mundo, no solo llevo a esa mujer con él sino que la ató a su vida para siempre. Era de antología, pensar que ese espada frio e indolente fuera el único que en Hueco mundo sintió ese sentimiento pegajoso que es el amor…curioso, demasiado curioso.

Hideki levantó la vista y se topo con la de Nnoitra quien la desvió y lanzo un grito de desesperación.

-¿porqué estamos aquí? Ya trajimos a la humana ya vámonos, Nelia.

-no puede ser que seas de esa forma Víctor-dijo ella- es tu amigo tu deber es acompañarlo en los momentos difíciles.

-¡bah!

Los hermanos siguieron pelando siendo callados de vez en cuando por las enfermeras cuando su discusión los hacía levantar la voz de más. Hideki se recostó en el sillón y cerró los ojos, estaba cansado y preocupado. Sensei se encontraba inconsciente debido al golpe que recibió en la cabeza el resto de las heridas no habían sido graves, pero si ella no despertaba en un par de días, quizás, como dijo el doctor, nunca lo haría.

Suspiró y sintió el sopor del cansancio inundar su cuerpo, lentamente y escuchando de fondo la pelea interminable, se quedo dormido.

-o-o-o-

Era una duna de arena, blanca como la nieve, o quizás más. Era un desierto pálido iluminado solo por la Luna, Hideki miró a su alrededor, no había nada a kilómetros, solo él, la arena y la Luna.

Algo en ese lugar parecía familiar pero al mismo tiempo le causaba escalofríos. Respiró el aire frio. Decidió caminar, aunque no sabía hacia donde prefirió hacerlo hacia lo que parecía el norte, aunque ninguna estrella se lo indicara, aunque no supiera la hora para atinar a la posición de la Luna, por instinto camino hacia lo que parecía el norte.

Cuanto tiempo caminó, no lo supo, pero no estaba cansado. Y vio de pronto frente a él, un palacio de colosales dimensiones, de altas y blancas paredes. Había encontrado civilización, así que intentó acercarse pero algo lo detuvo, una especie de fuerza invisible lo repelía de aquel lugar. Parado y confuso observo aún a lo lejos aquel lugar. ¿y si gritaba alguien lo escucharía? Probablemente no ¿qué podía hacer?

Una figura apareció, oculta por las sombras del castillo Hideki no podía saber que era. Pero esa figura se dirigía hacia él con pasó tranquilo. Así que decidió aguardar, metió las manos en los bolsillos de su pantalón y esperó.

La figura poco a poco se fue aclarando se trataba de un hombre, vestía de blanco y su piel también era de ese mismo tono pálido, la única diferencia entre él y la arena de aquel desierto eran sus ojos verdes y unas líneas en sus mejillas semejantes a lagrimas del mismo color.

El hombre se detuvo frente a Hideki, tenían la misma estatura y complexión, su cabello era negro y despeinado como el suyo con la única diferencia que él hombre tenía una especie de casco a la mitad ocultando parte del cabello. Además al igual que él permaneció observándole, con las manos en los bolsillos de su pantalón tradicional japonés.

-tu nombre-dijeron al mismo tiempo, con la misma voz, por increíble que pareciera.

Se miraron acusadoramente, algo del otro les recordaba a sí mismos. Ninguno pronuncio palabra por un rato y después de la misma forma, al mismo tiempo, pero de manera que él otro pudo entender, contestaron.

-Arima Hideki/Ulquiorra Cifer.

-o-o-o-

Annette abrió la puerta, se topo con Giselle, la madre de Hideki y no solo ella también el papá de Hideki y sus amigos. ¿Qué hacían ahí?

-¿esta Hideki aquí?- Pregunto Giselle

-no, salió desde ayer en la tarde y no ha regresado.

-¿no te dijo a donde iba?

-no

Giselle se mordió el labio inferior.

-¿sabes si llevó su celular?

-ah, no…sí, si se lo llevó, aunque no sé para qué por aquí no hay señal.

-no creo que Hideki esté por aquí ahora- dijo el señor Arima- busquemos un lugar desde donde podamos llamarlo.

-o-o-o-

Ambos al escuchar el nombre del otro tuvieron noción de quien se trataba. Se miraron en silencio, de los pies a la cabeza, sin moverse. Ninguno de los dos podía dar un paso más.

-no eres humano-dijo por fin Hideki como conclusión a su observación.

-y tú si lo eres- dijo Ulquiorra con el mismo timbre de voz- no perteneces a este lugar.

-¿Qué es este lugar?

-Hueco mundo.

Hideki recordó ese nombre en su plática anterior con Nnoitra. Entonces…

-¿Por qué no puedo pasar?-dijo señalando el castillo a espaldas de Ulquiorra

-ya te lo dije, no perteneces a este lugar

Se miraron de nuevo. El otro no les causaba ninguna emoción diferente, era como verse al espejo y encontrar ciertas diferencias físicas en uno, pero nada más.

-si vienes por ella es mejor que te vayas- dijo Ulquiorra.

-¿por ella? Te refieres a… ¿sensei está aquí?

-¿sensei? Sí, ella dijo que la llamabas así

Hideki sintió la necesidad de cruzar ese límite imaginario, quería ver a su sensei.

-debo pasar

-no puedes.

Silencio de nuevo. Eso era obvio, no podía. Pero lo deseaba.

-Nnoitra dijo que éramos la misma persona- dijo Hideki mirando fijamente al hombre frente a él.

-¿Nnoitra?...la misma persona ¿Quién y quien?

-tú y yo

-interesante.

-si sensei está ahí quiero verla, si somos lo mismo entonces… debe haber alguna forma de que…

-no lo sé- Ulquiorra se dio cuenta que no tenía respuesta para ello, el humano frente a él no era como el resto, no era simple basura, quizás tenía razón y era él en forma humana. Eso sería lógico a su no-repulsión por ese tipo- lo pensaré.

-Ulquiorra…

Un sonido extraño inundo el lugar Arima y Ulquiorra miraron a su alrededor intentando identificar el sonido. Y de pronto Hideki desapareció.

Ulquiorra Cifer miró el punto donde antes había estado ese joven, giró sobre sus talones y regreso a Las noches.

-o-o-o-

Era su teléfono celular, su madre le llamaba, y le preguntaba donde estaba cuando acabo de decir la dirección del hospital terminó la llamada y dejó el teléfono en la pequeña mesita de centro de la sala de espera.

Lo habían despertado de un sueño raro. Conocía a Ulquiorra su otro yo…quizás. Aun no se tragaba la historia de Nnoitra. En fin…tal vez no tendría ese sueño de nuevo.

-o-o-o-

Abrió la puerta de la habitación de la mujer, se acercó al inmenso sillón donde ella dormía y la observó.

Arima Hideki ¿eh? Interesante. ¿Qué hacia ahí, en Hueco Mundo? Era humano de los pies a la cabeza, pero al mismo tiempo resultaba demasiado familiar, demasiado soportable. Ese humano había dicho que eran la misma persona o al menos el mismo ser, Ulquiorra suponía que se refería a la misma alma. ¿Pero cómo podía ser eso posible? Si él era una entidad y Arima otra. Estaban disociados, cuerpos diferentes, historias diferentes.

Orihime dormía y parecía que fuese lo fuese en su sueño pasaban cosas maravillosas, con suma curiosidad Ulquiorra se abstuvo de despertarla, quería observar aquel rostro que cambiaba al son de sueños agradables.

Ella sonrió y suspiró al tiempo que cambiaba de posición en el sillón, de entre sus labios entre abiertos, Ulquiorra pudo distinguir claramente las palabras "Arima kun".

-mujer-la llamó, Orihime se limitó a girarse y seguir durmiendo-Mujer, MUJER

Orihime abrió los ojos y se incorporó al escuchar la voz del espada.

-¡ah! ¡¿Qué pasa?

-no seas tan escandalosa

Impredeciblemente Ulquiorra se sentó a su lado en el sillón, Orihime se sonrojo y cambió su postura a una seria y educada.

-¿qué soñabas?-preguntó el espada.

-¿qué soñaba?

-no repitas mis palabras, solo contesta.

Orihime trago saliva y miró a su interlocutor unos segundos antes de dirigir su mirada a las manos en su regazo.

-con una playa-dijo- estaba ahí con…tigo

Ulquiorra giró su rostro para clavar su mirada en ella.

-mentira-dijo- mencionaste a Arima

-pero eras tú- dijo ella mirándolo a los ojos repentinamente

El espada mantuvo la mirada, y pudo leer que ella estaba segura de sus palabras, ¿era él pero le llamaba Arima kun?

-¿qué hacíamos en esa playa?

Orihime se sonrojo y no era un sonrojo suave que solo teñía sus mejillas de rosa, era un rojo encendido hasta sus orejas. La reacción fue interesante para el espada, aunque no supo cómo interpretarlo.

-eso…no...eto…veras…estábamos…eto

Ante los balbuceos, Ulquiorra decidió cambiar la pregunta, no era tan importante que pasaba en ese sueño de todas maneras.

-siempre que duermes ¿sueñas lo mismo?

-no- dijo ella negando con la cabeza- a veces estamos en una escuela, y soy tu maestra jeje, tu llevas un uniforme escolar, te pelas con tus compañeros y tienes amigos, ¡ah! Y una chica rubia te persigue, pero tú…permaneces a mi lado.

Las últimas palabras casi fueron un susurro que a pesar de todo fue escuchado.

-¿y soy igual que ahora?

-casi- dijo ella sonriendo-pero no hay mascara, ni hueco de hollow, ni marcas en tus mejillas, eres…

-humano.

-sí

-¿y me llamo, Arima Hideki?

Orihime lo miró sorprendida y supo que así era, en sus sueños Ulquiorra se llamaba Arima Hideki. Y a su vez Ulquiorra comprendió que era lo que pasaba allí.

-tú tampoco perteneces a este mundo, mujer

-o-o-o-

Para cuando sus padres llegaron, ya era un nuevo día, sensei no había despertado y él no había dormido aguardando el momento en el que le permitieran verla. Sus padres entraron a la sala seguidos de Tamiya y Yamada. Sorprendido ligeramente por ver a sus amigos ahí.

Después de un pequeño saludo entre ellos y una rápida presentación de Nelia y Nnoitra que dormía en uno de los sillones más largos de la sala y aun así le colgaban los pies, sus padres lo llevaron a parte para hablar con él.

Hideki sabía, desde el momento que recibió aquella llamada, que sus padres iban porque temían que él hiciera algo estúpido, y si lo temían era porque sabían, sino todo, al menos si parte de su relación con su sensei. Así que aguardo a que ellos hablaran, era más fácil contestar las preguntas que explicarse a ciegas.

-hijo- empezó su padre serio e imperturbable como siempre- entendemos el aprecio hacía tu maestra y también el hecho de que estés aquí, pero quisiéramos que no llevaras esto demasiado lejos.

-¿qué quieres decir?

-Hideki-Giselle posó suavemente su mano en el antebrazo de su hijo-debes estar preparado para cualquier cosa. Y de…suceder lo peor, debes mantener la calma y aceptar…

-no-dijo Hideki-aun si sucede no lo aceptaré.

-Hideki…entiendo que el primer amor es así, que es demasiado intenso e imprudente pero…- su padre suspiró antes de continuar- pero como los sueños llega a su fin.

Hideki miró a sus padres un par de segundos, alternativamente. ¿Primer amor, decían? Tenían razón era la primera vez que amaba a alguien, pero no era un sueño, no era algo que pudiera desvanecerse al abrir los ojos.

-no es un amor platónico si es lo que piensan.

-¿quieres decir- dijo Giselle apretando el brazo de su hijo bajo su mano- que ella te correspondía?

-sí.

-pero ella es tu maestra, es mayor que tú ¿cómo pudo…?

-madre

Hideki suspiró derrotado, al final si tendría que explicarse. Y de la mejor manera si no quería perjudicar a su sensei.

-no pueden culpar a sensei, yo fui quien la busco, quien insistió, ella siempre me rechazaba pero justo cuando iba a rendirme creí haber ganado su corazón- levantó la vista hacia los ojos de su padre quien permaneció estoico y tranquilo, eso le agradaba a Hideki tenía siempre la oportunidad de hablar hasta el final- antes de venir aquí peleamos, o algo así. Pero, yo iba a volver a Japón y ella venía a Alemania, la única razón que se me ocurre para ello es que deseábamos vernos. Y si sensei… si ella no despierta, no hay nada que pueda hacer, lo sé, pero una aparte de mi morirá, me quedare vacio.

Vacio como un hollow.

-o-o-o-

Tamiya y Yamada permanecieron en la sala de espera. Yamada a momentos suspiraba tristemente, a su lado, Tamiya había descubierto con que recrearse la pupila, mientras veía a la chica que Hideki presentó como Nelia Shultz. La chica sintió su persistente mirada y bajó la revista que hasta ese momento leía, lo miró y Tamiya le sonrió de medio lado, su sonrisa más seductora, según él; no podía acercarse debido a la invisible barrera del idioma, pero una sonrisa lo dice todo ¿o no? Nelia se sonrojo, y ese era el efecto deseado por Tamiya.

Que lindas amigas siempre se conseguía Hideki y sin querer. Vaya mendigo suertudo. Para su sorpresa, Nelia se levantó de su lugar y se sentó a su lado, y para aumentar su sorpresa ella le hablo con un japonés fluido aunque con acento.

-así que eres amigo de Hideki

-sí-dio él sonriéndole-¿desde cuándo le conoces?

-desde ayer por la mañana- dijo ella y después señalo a su hermano despatarrado en el sillón- es amigo de mi hermano, aunque tampoco se desde cuándo.

Yamada rodo los ojos, y se giró para no ver a su amigo en planes de conquista. En qué momento se le ocurría, ¡vaya desconsiderado!

Nnoitra bostezó y miró a su alrededor, su hermana estaba con un tipo que ya había puesto su brazo alrededor de sus hombros. Se incorporó molesto casi cayéndose del sillón y se acerco a ellos.

-¡oye tú! – le gritó- ¡¿qué diablos haces?

Tamiya miró al sujeto frente a él, maldijo por lo bajo, ¿Por qué las chicas lindas tenían siempre hermanos molestos?

-¡cállate!- dijo Nelia a su lado- estas en un hospital.

-¡no me interesa! ¿Quién demonios eres?

-Por favor mantengamos la calma- se escucho la voz de Yamada a su lado.

Nnoitra se dio la vuelta lanzándole una mirada furica a quien había hablado y se quedo de piedra.

-A-Apo-Aporro- susurró, era sin duda el loco y afeminado científico de Hueco mundo, incluso llevaba el cabello del mismo tono rosado-esperaba no encontrarte de nuevo.

-tsk… estás loco ¿ne?- el tipo a lado de su hermana por fin había hablado.

Nnoitra lo miró de nuevo…con detenimiento…pero si era… de acuerdo, el color de cabello no era el mismo pero si el peinado y la mirada socarrona.

-Grimmjow…

-¿qué dices?- dijo Tamiya

-no le hagan caso, a veces se encuentra personas y dice que las conocía desde antes.

-Aporro, Grimmjow y Ulquiorra- susurró para sí Nnoitra sorprendido de ver tantos espadas reunidos en un solo lugar, vaya… al final e iba a resultar su plan de dominación mundial. Pero antes- ¿Qué hacen aquí?

-son amigos de Hideki- le dijo su hermana- vinieron desde Japón.

-amigos… ¿ustedes?

-¿algún problema con eso? flaco- le dijo Tamiya poniéndose de pie, aunque aun así no podía igualar la estatura del chico

Nnoitra lo miró y echo a reír maniacamente.

-Grimmjow…jajaja…tú…amigo de… jajajaja Ulquiorra… jajaja no lo puedo creer jajaja

Tamiya y Yamada compartieron una mirada en la cual ambos estaban de acuerdo en que ese tipo estaba rematadamente loco.

-o-o-o-

Ulquiorra salió de Las Noches, algo tenía seguro y era que ese lugar que ahora pisaba no tenía nada que ver con Hueco mundo, si bien eran dunas y dunas de arena blanca y la Luna permanecía estática en un cielo oscuro. No era Hueco mundo, al menos no el real.

Las huellas que sus sandalias dejaban al hundirse en la arena eran barridas por un viento que no se percibía, lentamente y sin prisa alguna llegó al punto donde vio a Arima Hideki.

Ese chico era él, era Ulquiorra o dicho de otra forma pero con el mismo significado, él era Arima Hideki, así de simple y sencillo, estaban disociados por culpa de la mujer que permanecía en el palacio a sus espaldas, y ese tampoco era Las Noches.

Al llegar a ese punto de encuentro anterior Ulquiorra percibió que al igual que Arima él no podía dar un paso más allá, la barrera invisible lo repelía peor que cualquier tela de mosquitero. Se quedó ahí, aguardando. No tenía prisa alguna.

-o-o-o-

-¿qué haremos?

-¿con qué?

Giselle miró a su esposo desconcertada, ¿qué no se daba cuenta que su hijo estaba obsesionado con una mujer más grande que él?, ¿acaso…?

-si te refieres a los sentimientos de Hideki, nada podemos hacer, es obvio que prohibirle ver a su maestra tampoco podemos hacerlo- el señor Arima se sentó en la sala de espera mientras su esposa permaneció de pie, frente a ellos, los amigos de Hideki parecían estar sumergidos en una conversación que a momentos subía de tono- lo único que nos queda es esperar

-¿esperar?

-lo que vaya a suceder. Ni siquiera podemos estar seguros de que ella despierte, y de ser así…probablemente Hideki se quede a su lado- Giselle frunció los labios nada convencida- tú la conoces ¿o no? cuando fue a ayudar a Hideki a estudiar.

-sí, pero ahora no estoy segura que estuvieran estudiando.

-pero en ese momento te pareció una chica agradable ¿o no?

-si- dijo Giselle asintiendo con la cabeza-pero…

-entonces déjalo así, tú misma lo dijiste el amor es imprudente e impredecible, tu y yo somos la prueba de ello. No podíamos esperar menos de nuestro hijo.

Giselle sonrió, recordando su propia historia de amor, nada fácil, a decir verdad.

-Giselle, somos sus padres, nuestro deber es velar por su felicidad, donde sea que esta se encuentre.

-¿sabes?-dijo ella mirándolo cariñosamente- acabo de recordar porque me case contigo.

El señor Arima se limitó a sonreír.

-o-o-o-

-¿puedes creerle a ese loco?- preguntó Tamiya sentándose a lado de Hideki suspirando, Yamada hizo lo mismo.

-no lo sé-dijo Hideki.

-espadas, hollows, todo resulta parecido a un manga shounen jeje

-lo mismo pensé, pero ahora…

-¿ahora que Hide chan?

Hideki suspiró.

-Sensei dijo que no podía estar conmigo porque amaba a un tal Ulquiorra Cifer, Nnoitra habla de él y dice que soy yo. Y por más fantástico que resulte, de alguna forma me gustaría que fuese cierto.

-pero no puedes aceptar algo así- dijo Yamada- no tiene bases científicas.

-lo sé, no tiene explicación por ello no puedo aceptarlo.

Tamiya se rasco la barbilla, quería fumar pero en el hospital no podía.

-oye ¿y hasta que hora te dejaran verla?

-ni idea, al parecer esta noche no será.

-en ese caso hagamos que suceda.

-¿de qué hablas?

-dicen que las personas inconscientes pueden escucharnos- dijo Yamada- quizás si escucha tu voz Inoue sensei despierte.

-así que hagamos que la veas- dijo Tamiya con una sonrisa maliciosa.

-o-o-o-

-¿de verdad funcionara?- dijo Tamiya levantando la ceja con escepticismo- ¡Yamada ni siquiera pareces mujer!

-cierra la boca y has tu parte- le dijo el chico de cabello rosa acomodándose el gorrito de enfermera.

-pero es que…

-mira si funciona te pintas el cabello jejeje

-¿pintarme?- Tamiya frunció el ceño y apretó los puños- ¿acaso soy tú, payaso? Ni creas que me pondré ese rosa apesto…

-está bien que sea azul.

-¿y si no funciona?

-mmmm… -Yamada lo pensó pero no se le ocurrió nada- no sé

-eso no es un buen trato- refunfuño Tamiya.

-¿Qué te parece si consigo todo los datos de Nel chan? Todos.

Tamiya frunció el ceño pensando, aun así no era un trato justo, en caso de perder, le daba curiosidad como se vería con el cabello azul.

-mejor aun, tú te rapas y me consigues los datos de Nelia

-bien- dijo ya harto, de todas formas no iba a fallar- ahora has tu parte.

-o-o-o-

Como lo supuso, el idioma no es ningún impedimento para conquistar chicas, distrayendo a las enfermeras del recibidor Tamiya hacía gala de todas sus habilidades con las mujeres. Mientras tanto Hideki logró colarse y buscar en los registros la habitación de sensei, después de todo era el único que sabía alemán. Cuando tuvo el número y ubicación salió de allí y le hizo una seña a su amigo que educadamente se despidió de las enfermeras algunas de las cuales casi le triplicaban la edad pero que parecían encantadas.

-¿y ahora qué?- preguntó Hideki.

-ahora es mi turno- dijo Yamada con un reluciente uniforme de enfermera

-¿de dónde sacaste eso?- le dijo Hideki señalando la vestimenta.

- de por ahí- dijo Yamada realizando una floritura con su mano, Tamiya de pronto tuvo la idea que el loco de su amigo llevaba es uniforme en su equipaje- Hide chan, sube a la camilla, yo me encargaré de que pases por los pasillos desapercibido.

Hideki miró a su amigo, de verdad que estaba loco, pero bueno… ya qué. Al menos lo intentarían.

-y tú, Tamiya…

-si ya sé, me encargo de los padres de Hideki, de verdad que no pareces mujer, y si lo pareces eres una muy fea.

-¡ah ya cállate!

-o-o-o-

Milagrosamente o increíblemente. Pasaron desapercibidos. Hideki pensó que confiaría más a menudo en los cálculos de Yamada, solo de vez en cuando.

La habitación de sensei estaba pintada de blanco y tenía una pequeña ventana por la cual se vislumbraba el cielo nocturno.

Ella se encontraba recostada en sabanas blancas su rostro estaba limpio, las heridas tenían sus respectivas curaciones. Pero permanecía dormida, en un mundo donde Hideki no podía alcanzarla.

Estirando la mano acerco una silla cercana a la cama de Orihime, y se sentó. La contempló por largo rato sin saber que decir. No tenía palabras, o más bien no podía encontrarlas, ¿para qué pronunciar palabras? Quizás nunca más escuchara aquella voz contestarle, quizás nunca volvería a ver sus ojos, quizás jamás sentiría de nuevo el calor de su cuerpo o volver a besarla. En ese contexto las palabras carecían de importancia.

Solo quería que despertara, solo eso. Tomo entre sus manos la de ella y la sostuvo así. Una antigua tristeza se removía, era incrédulo a perderla, incrédulo… si tan solo no le hubiera ido a buscar…si tan solo él no se hubiese marchado a Alemania… si tan solo pudiera dejar de pensar en ella, todo definitivamente sería inmensamente más sencillo.

En ese mundo donde sensei soñaba, él solo quería una cosa, porque él estaría en este lugar esperándola.

-vuelve.

-o-o-o-

Ulquiorra vislumbro después un tiempo incontable, como su propia figura se dibujaba a lo lejos. Arima Hideki se aproximaba lentamente con las manos en los bolsillos. Sin prisa como el propio espada.

Cuando estuvieron frente a frente por segunda ocasión, clavaron la mirada en él otro reconociéndose a regañadientes.

-Arima Hideki

El chico se limito a mantener la mirada, no esperaba encontrarse en ese lugar una vez más.

-sensei, ¿cómo esta?

-supongo que bien. Pero no pertenece a este lugar, al igual que tu. Llévatela.

-¿cómo? no puedo pasar- Hideki se mantuvo estoico ante las palabras frías, que le iba a hacer eran un tanto como las suyas-además ¿para que querías que ella se fuera, acaso no estás feliz de tenerla junto a ti?

-tonterías-dijo el espada sacando una de sus manos de su bolsillo y dejándola apoyada distraídamente en el mango de lo que parecía una katana, ¿Cómo había dicho Nnoitra que se llamaban? Ah sí…Zampaktou- ¿no te lo acabo de decir? Ella no pertenece a este lugar.

-si quieres que me la lleve tráela- dijo Hideki de la misma forma autoritaria y fría.

-aun si lo hiciera no puedo pasar tampoco. El lado en donde estas, es diferente a este, y no estoy seguro de que ella quiera marcharse.

Hideki esbozó una sonrisa tenue pero que para el espada resulto abominable, considerando el hecho de que eran la misma cosa, ¿en forma humana era capaz de sonreír? Vaya.

-¿por qué lo haría? ella te ama

-¿tú también puedes hablar de amor y eso sin saber qué es?

-claro que lo sé porque puedo sentirlo, es como un golpe o una herida- Hideki dejo escapar una mirada significativa a la katana en manos de Ulquiorra- como una pelea que sin importar el resultado debes pelear.

Ulquiorra le miró, si comparaban al amor con una pelea podía entenderlo, de alguna forma.

-pero si es tan doloroso ¿por qué los humanos se aferran a ese sentimiento?

-porque somos estúpidos.

El espada concordó, definitivamente su otro yo era increíblemente soportable.

-Arima Hideki, la razón por la que estamos aquí es por culpa de esa mujer, hay algo que tenemos que aceptar. Si no ella nunca se marchará.

-¿qué es lo que hay que aceptar?

Ulquiorra regreso su mano al bolsillo de su pantalón. Y miró seriamente al chico frente a él.

-primeramente, la explicación por la que ninguno de los dos puede cruzar esa línea invisible es porque esta divide dos mundos

-Ulquiorra este lugar ¿de verdad es Hueco mundo?

-no. Yo soy parte de los sueños de la mujer, y tú eres parte de su realidad, eso es lo que es este lugar

-el límite entre el mundo de los sueños y la realidad.

El espada no hizo ningún gesto, que fácil era hablar con alguien inteligente.

-estamos disociados y debido a que hay dos de nosotros ella no quiere marcharse por que para ella la realidad es el sueño y el sueño la realidad. Esta viviendo en un mundo al revés que le parece correcto. Si no estuviéramos disociados el estado original de su mente volvería.

-lo que quieres decirme es que para que sensei vuelva, no debe haber dos de nosotros.

-en ninguna parte del universo, en ninguna dimensión.

- ¿y bien? ¿Crees que somos lo mismo?

- No lo creo, creer es estúpido, estoy seguro. Arima Hideki es obvio que no somos lo mismo en términos físicos. Eres un humano, yo un hollow pero compartimos la misma alma.

-si es así ¿significa que tu estas muerto?

-en términos prácticos, sí.

Hideki y Ulquiorra compartieron una mirada de entendimiento.

-si aceptamos ese hecho, podré pasar a ese mundo y traer a sensei de vuelta.

-básicamente-contesto Ulquiorra aunque no era una pregunta.

-y tú en términos prácticos no estarías muerto.

-no del todo.

-o-o-o-

La Luna estática de Hueco mundo, brillaba más que de costumbre. Ulquiorra no había ido a verla en mucho tiempo, ¿qué estaba pasando? ¿Habrían ido sus amigos a rescatarla y Ulquiorra estaba peleando contra ellos? eso…ni siquiera quería pensarlo.

Orihime suspiró, y la habitación quedó en silencio. Solo murmullos del viento tras aquella alta ventana. Murmullos que parecían susurrar un "vuelve" que se perdía en ecos difusos.

Ulquiorra Cifer, Arima Hideki ¿porque en su mente eran lo mismo? quisiera saberlo, pero nada se le ocurre. Piensa en sus amigos, en Tatsuki y Rukia, en Ichigo, Sado e Ishida piensa en todos y luego sin saber porque regresa a Ulquiorra o a Arima. Una y otra vez mezclándose en colores pálidos. No lo entiende pero quiere volver, aunque no sabe a dónde. Ni siquiera recuerda como llegar a su hogar.

"Vuelve" susurró el viento una vez más.

-o-o-o-

Hideki sabía exactamente hacia donde debían ir sus pasos, en aquel laberinto de pasillos todos iguales, inundados de escaleras peligrosamente apuntaladas. Sabía a dónde iba porque sus recuerdos como el antiguo cuarto espada estaban de vuelta. Él era Ulquiorra Cifer, él fue quien peleo contra Kurosaki Ichigo, fue quien termino convertido en cenizas, pero antes de marcharse había obtenido un nuevo corazón, aun en forma de hollow, un ser carente de ello y sin embargo él lo tuvo en la palma de su mano.

En ese mundo él era justo como Orihime recordaba al espada, la misma imagen del pasado.

Cuando abrió la puerta Orihime se sobresalto.

-Me asustaste- dijo- ¿no podrías entrar de otra forma o al menos tocar?

-no hay tiempo para eso- dijo él acercándose a ella

La cercanía del espada era demasiado, Orihime comenzó a asustarse ¿Qué estaba pasando? Y cuando menos lo esperaba Ulquiorra la abrazó. Dejándola completamente helada.

-se acaba el tiempo, sensei- le susurró al oído.

-¿sen-sei?

-tenemos que irnos, o ninguno de los dos saldrá, este mundo se derrumbara, la línea que lo separaba de la realidad se ha roto, debemos salir.

-Ul-quiorra, no entiendo.

Hideki se separó de ella y la miró a una distancia considerable, extendió su mano hacia ella.

-ven conmigo- le dijo

Orihime le miró, en su mente remolinos de recuerdos se entre cruzaban, ahí estaba él extendiendo su mano como aquel día en que se convirtió en ceniza blanca, ahí estaba como aquel día en ese distante túnel pidiéndole o más bien ordenándole ir con él, pero…

-ven conmigo, sensei

- Arima Kun- susurró y tomo aquella mano que le era ofrecida

Y en ese momento la pintura de las paredes se deslizó liquida por las paredes volviéndolas incoloras mientras Hideki la jalaba al tiempo que corrían por los pasillos que comenzaban a derrumbarse, las escaleras que antes lo condujeron a ella pronto habían degenerado, buscando otras salidas corriendo contra el tiempo viendo todo perderse.

Sus pies se hundieron en la arena blanca que comenzaba a hundirse junto con aquel palacio, corriendo hasta quedar sin aliento sin mirar atrás. La Luna brillo como nunca iluminando su camino, inundando el lugar de un color blanco asfixiante, el astro también moría, incendiándose. Incendiándolo todo.

Aun si caemos está bien, si lo hacemos tomados de las manos.

-o-o-o-

Lentamente abrió los ojos y miró a su alrededor, la luz del Sol se filtraba por la ventana, amplificada por el reflejo de las blancas paredes, la habitación sobre iluminada era cegadora, casi quemaba la pupilas. Cerro lo ojos de nuevo y permaneció un segundo así para medio acostumbrase a aquella luz.

Cuando volvió a abrirlos distinguió a su lado con la mejilla apoyada en el colchón la cabellera negra de Hideki, quien se movió despertándose también, incorporándose y mirándola, el verde de sus ojos pareció más profundo que antes.

-sensei.

Orihime le sonrió, aquel sueño había sido larguísimo, pero encontrar su rostro al despertar era lo mejor de todo.

-Arima kun, perdóname- le dijo sabiendo que donde estaba era un hospital y que él seguramente había estado preocupado- yo no debí decirte que Ulquio…

-sensei no diga nada más, ya lo sé. Si quería alejarme de usted fue buena técnica, pero ya no podrá hacerlo. A propósito, sensei- dijo Hideki hincando los codos en el colchón y apoyando su rostro en sus manos- mis padres ya saben de lo nuestro.

-¡ah! ¡Arima kun!¿Por qué les dijiste?

-yo no lo hice… y de todas formas tarde o temprano lo sabrían.

-¿no están molestos?

-quizás.

Orihime le miró, ¿Cómo que quizás? Pequeño embustero, aun así no iba a reclamarle nada, suspiró.

-en ese lugar…pensé que no lograríamos salir.

-Sensei, en ese lugar yo era Ulquiorra Cifer, tenía algo que se llama sonido…

Orihime suspiro de nuevo, cierto, en aquel lugar… él fue por ella.

-siempre iras por mí, ¿verdad?

-siempre sensei, siempre le pediré que venga conmigo.

Permanecieron en silencio mirándose, ella se incorporó después de un momento.

-¿sucede algo, sensei?- dijo Hideki al verla sentarse en la cama-¿necesita algo?

Por toda respuesta ella se inclino y le besó suavemente, el beso fue devuelto de la misma forma dulce y amable.

-No- dijo Orihime sonriéndole- lo único que necesito, eres tú a mi lado.

-o-

Para mantener tus ojos sonriendo

En esta noche donde las estrellas del crepúsculo son invisibles

Me envolveré a tu alrededor como los rayos del sol

Este es mi voto hacía ti, firme e inquebrantable

Si es un sueño, que lo sea

Mancha mi corazón de un brillante y desbordante amor.

Yo siempre pienso en ti.

-o-


Wola! Esto, si, es el preludio del final, uno más…espero no haberlos confundido, quería que Hideki y Ulqui se encontraran, aunque en una situación un tanto extraña, espero también que se hayan divertido imaginando a Yamada vestido de enfermera tanto como yo lo hice, al final Grimmjow se pintará el cabello de azul, ahora si será él jeje. Y él porque me nació poner a este gatito conquistando a Nel, no lo sé, quizás deseaba molestar a Nnoitra jaja

Gracias nuevamente a todos por leer!

y tambien a E-kun quien dijo que fue el capitulo que más le gusto, me alegra que así haya sido, gracias por corregirme siempre!

ahora si me marcho

Nos vemos en el final…