Dieciocho años

Solo hace falta…ser uno

El cálido sol de la tarde se filtraba por la ventana, afuera unos cuantos metros por debajo de esta, adolescentes de 15 a 18 años disfrutaban del preciado tiempo del receso, entregados a juegos de futbol, basquetbol o beisbol, otros tantos charlando amablemente, otros peleando o realizando alguna travesura, todos en diferentes actividades, pero todos ignorantes de aquello que acontecía dentro de esa ventana, por encima suyo solo a unos cuantos metros.

El beso que había comenzado como una caricia casual y normal entre ambos se convirtió en un intento de devorarse mutuamente. Un poco más de un año había pasado después de aquel accidente en las blancas regiones de Alemania. Ulquiorra y Arima se habían encontrado por fin y ambos habían traído al mundo mortal a Orihime.

Hideki la abrazo fuerte pegando el cuerpo de su maestra al suyo, evitando con ello que incluso una ráfaga de viento se atreviera a pasar entre ellos. Orihime se estremeció y a su vez se aferro a los hombros anchos y fuertes del hombre que amaba.

Olvidando de pronto donde se encontraban, sus cuerpos se buscaban como si quisieran fundirse, Hideki recostó a su sensei en el escritorio, presa de pronto de una increíble necesidad, apartándose de ella lo suficiente para mirarla, aquellos femeninos labios rojos parecían llamarlo como el néctar al colibrí, Orihime busco con sus manos la nunca del joven atrayéndolo a ella de nueva cuenta para fundirse en un beso.

Hideki se inclino hacia ella, sosteniendo el peso de su cuerpo con una mano en el escritorio, mientras la otra buscaba a tientas más contacto con la piel de su sensei, lentamente su mano acaricio el voluptuoso y lindo pecho de Orihime por encima de la ropa descubriendo los pequeños botones de la blusa, que fueron desabrochados de la misma forma lenta.

Orihime se sobresalto cuando los dedos fríos de Hideki tocaron la piel de su esternón, recordando con ello de golpe, el lugar donde se encontraban, se incorporo, ganando con ello el desconcierto del chico que la miró confuso.

-sensei…

-Arima kun ¿qué haces? Estamos en la escuela

-no parecía importarle hace unos segundos, sensei

Orihime lo miro recuperando la compostura y abrochando uno a uno los botones de su blusa sabiendo que la mirada atenta de Hideki seguía sus movimientos.

-¿te das cuenta de que alguno de tus compañeros podría entrar? ¿Cómo se te ocurre…?

-¿solo está molesta por eso?- Orihime vio es su rostro una leve sonrisa llena de malicia- lo que hice o empecé a hacer no es el problema ¿cierto?

Orihime enrojeció, Hideki se acerco un poco más.

-e-eso…es…- empezó ella, pero fue callada por un beso, solo que esta vez fue tranquilo y amable, dulce.

La puerta del salón se abrió, haciéndolos voltear. Tatsuki los miro divertida.

-¡hey Arima fuera de aquí!- le dijo a su alumno- ve con tus amigos.

Hideki la miro molesto pero eso no se noto en su rostro, impasible, e inamovible, pero después de unos segundos de discernimiento decidió obedecer y salir.

Cuando se quedaron solas Tatsuki le lanzó una mirada de conocimiento a su amiga, quien volvió a enrojecer.

-o-o-o-

-¡se lo has negado!

-no lo digas así… es solo que el accidente y eso… no sé, además siempre se le ocurre en lugares inapropiados.

-como digas, se lo has negado. Por dios Orihime ha pasado más de un año desde lo del accidente, entiendo que no quisieras hacer nada unos meses después del accidente pero… ¿qué, acaso no quieres?

-Tatsuki chan yo…pues…

- ¿que no quieres tener hijos?

-¿Qué?- la pregunta lanzada así de pronto la había desorientado.

-decías que querías tener muchos hijos ¿o no?

-s-si

- pues no puedes tenerlos si no empiezas a hacerlos.

Por tercera vez Orihime se sonrojo, esa Tatsuki y sus formas tan directas de decir las cosas.

-pe-pero Tatsuki chan, Arima kun solo tiene 17 años, no creo que tener hijos este en sus planes, al menos no ahora…

-¿tú que sabes? Además no te estoy diciendo que lo hagas con ese único propósito, ¿me entiendes?

Orihime cabeceo en señal de asentimiento.

-ese no es el problema.

-¿entonces qué?

-Arima kun aun es menor de edad

-¿eso es todo?

-sí y con eso es suficiente, pensé que estaba implícito.

-si es eso entonces ya no es ningún problema- dijo Tatsuki sonriendo maliciosa.

-¿cómo?

-¿acaso lo olvidaste? Hoy es el cumpleaños de Arima, y eso significa que ya es mayor de edad

-¡¿su cumpleaños?- como pudo olvidarlo ¡waaa! ¿Qué clase de novia se supone que era?

- es increíble lo despistada que eres.

-o-o-o-

Debía felicitar a Arima, pero ¿cómo? Qué vergüenza, se le había olvidado una fecha tan importante, ¿pero dónde diablos tenía la cabeza?

Atravesando los corredores de la escuela Orihime se recriminaba mentalmente aquel olvido, sin contar que no tenía ningún regalo que darle, de verdad a veces odiaba ser tan despistada.

Se asomó ligeramente al salón de Hideki, ahí estaba él rodeado de sus amigos y algunas chicas.

Yamada mantenía su tiente rosa en su cabello felizmente, mientras Tamiya tenía el suyo pintado de azul, al parecer le había gustado de esa forma, la primera vez que ella lo vio con ese nuevo aspecto se asustó, porque había reconocido a Grimmjow, otro despiste suyo… suspiró molesta consigo misma, se recargo en la pared, de forma que ninguno de sus alumnos la pudiera ver.

-nee, Hideki kun- dijo una de las chicas-hoy es tu cumpleaños ¿verdad?

-aa- dijo él aludido como respuesta.

-¡felicidades Hideki kun! –dijeron en unísono las tres chicas presentes.

El chico no respondió se limitó a desviar la vista hacia la puerta abierta del salón. Sabía quien estaba ahí. Después de recuperar sus recuerdos del pasado, también habían vuelto algunas otras cualidades, por ejemplo, su velocidad al correr se había duplicado y continuaba aumentando, sus sentidos se habían agudizado, en especial el de la vista, y además era capaz de sentir la energía de las personas, podía identificarlas por esa energía e incluso si se concentraba, podía sentir la energía de Nnoitra a kilómetros de distancia en Alemania.

Así que sabía que sensei estaba recargada en la pared escuchando todos los detalles de la conversación.

-¿y cómo vas a festejar Hideki kun?-dijo otra de las chicas

-¿sabían que Hide chan tiene novia?-dijo Yamada aburrido, adelantándose a las intenciones de las chicas. Las tres fruncieron el ceño algo molestas pero pronto se recuperaron.

-entonces Hideki kun, festejaras con ella.

-No en realidad.

Tamiya le miró extrañado, aburrido, al igual que Yamada, de la presencia de esas chicas.

-¿hablas en serio?- le preguntó

-sí, supongo que lo olvido- Orihime sintió una punzada de culpabilidad cuando escucho eso.

-¡¿Qué? ¡Eso no puede ser!- dijeron nuevamente al unísono las chicas-en ese caso salgamos a festejar Hideki kun.

-no es mala idea-dijo Tamiya

-¿Qué diablos te pasa?- le susurró Yamada molestó, él no quería ir con ellas.

-Hideki ya eres mayor de edad, puedes comprar bebidas- dijo Tamiya frotándose las manos

-sí, supongo

-y salir con nosotras-dijo el pequeño coro de chicas.

-supongo que también.

Rápido como un rayo, un gis cruzó la habitación y se estrelló en la blanca frente de Hideki dejando una pequeña marca roja en el lugar del impacto.

-¡waa!-gritó Yamada haciendo aspavientos-¿de dónde salió eso?

Hideki tomó el gis y lo giró entre sus dedos, él sabía de dónde había salido. Sintió el enojo de su sensei a través de su energía, que se desbordó cuando él acepto salir con ellas. Lo hizo a propósito, claro. Sonrió sutilmente, casi se podría decir que era la sombra de una sonrisa, pero reflejaba toda su intención.

-o-o-o-

Orihime dio la quinta vuela alrededor de la mesa de centro de su sala, eran cerca de las 7 de la noche, seguramente Hideki saldría con sus amigos, y…esas… bufó molesta, consigo, con ellas, con Hideki. Sobre todo con Hideki, ¿por qué había aceptado salir con ellas? ¿Por qué? Estaba bien que ella había olvidado su cumpleaños, el tan esperado cumpleaños. Se encamino a la cocina y observó el calendario. Molesta de nuevo se dio un golpe en la frente con la palma de su mano.

Ahí con un enorme círculo rojo rodeando el primero de diciembre estaba marcado el dichoso cumpleaños, ¿cómo no lo vio? ¡Waa! quiso golpear algo.

El timbre de su departamento resonó estridente. Aun enojada abrió la puerta de golpe. Hideki la miró seriamente.

-¿sucede algo, sensei?

Si, si pasa, vas a salir con otras chicas, eso pasa…

-no, nada, Arima kun. ¿Qué haces aquí?

-vine por mi chamarra, la deje aquí el otro día. Voy a salir con mis amigos y hace frio ¿sabe? Estamos en invierno.

-¿con tus amigos?¿nada más?

Hideki no respondió, se adentró en el departamento en busca de su chamarra, Orihime cerró la puerta.

-Arima kun-dijo ella siguiéndolo hasta su habitación donde la chamarra descansaba doblada en el respaldo de una silla

-dígame, sensei- dijo tomando la prenda y girandose para mirarla.

-yo…mmmm…lo siento, soy muy despistada, pero… ¡feliz cumpleaños!

Hideki sonrió, suavemente. Y la abrazó con fuerza, ella correspondió y se sumergió en el frio cuello del muchacho.

-esperaba que lo dijera sensei- le susurro- por sobre todas las personas, esperaba que usted…

-lo siento Arima kun, de verdad.

-está bien.

Él deshizo el abrazo, le sonrió una vez más.

-bueno, sensei, ya me voy- dijo dando media vuelta y tomando el pomo de la puerta para salir de la habitación. Orihime quería pedirle que se quedara, pero no sabía como- por cierto…

Hideki busco en el bolsillo de su pantalón y extrajo una tiza blanca.

-dejo caer esto en mi frente, sensei.

Orihime se sonrojo, y tomo el gis avergonzada.

-me voy.

-¡Arima kun!- sus dedos se enrollaron en la tela de la playera que él llevaba-no…no…

Hideki se dio la vuelta, con sus dedos acaricio la mejilla sonrojada de su sensei haciendola levantar la vista.

-no te vayas, Hideki…

Él sonrió al escuchar por primera vez su nombre de pila en los labios de su sensei y se inclinó para besarla suavemente.

-o-o-o-

En un camino solo iluminado por la Luna, corría, no podía detenerse, era un caso de emergencia, tal que, ni siquiera hizo caso a la punzada en su costado.

Se barrió cuando llegó a su destinó y aporreo la puerta una y otra vez.

Ichigo bajo las escaleras desperezándose, no estaba dormido, pero desde hace horas se encontraba revisando el caso de algunos pacientes, abrió la puerta frunciendo el ceño molesto por la intromisión.

-¡Ichigo!

-¿Rukia? ¿Qué haces aquí?

-Ichigo, rápido…-dijo intentando controlar su respiración-Aizen…

-¿Aizen qué?

-se escapó- le dijo ella agarrándolo de la camisa y sacudiéndolo- Se escapó Ichigo, se escapó.

-¡¿eh?

-o-o-o-

La chamarra negra cayó al piso, liberando así las manos de Hideki, que se decidieron por abrazar la cintura de Orihime.

Dedicándose besos clandestinos a la luz de la Luna, caricias que exploran la piel ajena, que buscan el calor y la comprensión. Sus sentidos desbordantes que comienzan a fundirlos, sus respiraciones agitadas y sus corazones sincronizados golpeando su pecho violentamente.

No hay miedo, no hay dolor, solo aquella sensación de completarse, de vivir la experiencia de ser uno por un momento. Nadie lo sabe, pero estos amantes se entregan por completo, sin poder controlar los sentimientos que se derraman sin intentar ser retenidos. Sus dedos que se entrelazan, sus labios se tocan, comparten miradas, comparten su amor.

Orihime se aferro a su espalda, una espalda firme y de hombros anchos y él a la fina y suave cintura de su sensei, cerrando el abrazó. Besándose con una mezcla de ternura y desesperación, combinación tan extraña como la pareja tan opuesta que eran ellos, pero aun así, perfecta.

El enigmático baile de los amantes aumenta a momentos su ritmo, explorando, descubriendo, encontrando aquello que los hace estremecerse. Palabras inconexas se desprenden de sus labios entreabiertos, su ensordecedor pulso los incendia por dentro.

Y de pronto todo se libera, el placer los ahoga, inundándolo todo, ella dice su nombre, fuerte y claro. Él también dice su nombre e Inoue sonríe.

Dijo su nombre… no mujer, no sensei, su nombre, Orihime.

-o-o-o-

Aquella incisión en el cielo se cerró, dos pares de sandalias mancillaron la arena blanca y lisa. Él respiró profundo y sonrió también. Las Noches lucía tal como le recordaba: un palacio, alto e imponente, tan imponente como él.

-un poco abandonado, quizás- dijo mientras comenzaba la marcha hacia ese lugar.

Los pasillos que volvió a recorrer estaban solitarios y llenos de polvo, pero ahí estaba ese enorme asiento que le servía de trono. De nuevo volvería a ocuparlo. Shinigamis estúpidos, ¿acaso pensaron que una simple cárcel podría detenerlo? Por favor… todo estaba pasando tal como lo quería. No estaba empezando de cero. Por supuesto que no. todo lo había predicho, es más este era su plan.

Dieciocho años habían pasado, poco más, poco menos, pero ahora venía un contraataque que nadie podría detener, ni siquiera Kurosaki Ichigo.

Dio media vuelta y siguió recorriendo sus dominios. ¿Escapar? Eso no fue escapar, fue más bien salir como si fuera su casa, para detenerlo, debieron haberlo matado, estúpidos Shinigamis, mediocres e ilusos.

Abrió aquella puerta, la sala, al igual que el resto del palacio lucía sola y polvorienta, tomo asiento en la cabecera de la mesa y miró a su derecha, Grimmjow solía sentarse allí…y a la izquierda, Ulquiorra, su Espada más leal y capaz ¿qué estaría haciendo ahora? Bueno, no era tan importante, fuese lo fuese. Sonrió con confianza y seguridad, la verdadera pelea apenas comenzaba.

-Aizen taisho

-mmm…

-¿está bien?

-sí, solo estoy recordando.

-¿Taisho?

Se puso de pie y miró a la persona detrás de él, y le sonrió, su cómplice desde siempre, el único cómplice fiel e incondicional.

-Ahhh- dijo suspirando- pero no podemos quedarnos mucho tiempo.

Su mirada se ensombreció.

-aun hay memorias que tenemos que devolver, memorias esparcidas por todo el mundo- y luego miró hacia aquella sala de juntas de antaño- un ejército que recuperar.

-o-o-o-

Orihime despertó entre los brazos de Hideki, acurrucada en su pecho. Miró hacia la ventana, ahí como permanente testigo la Luna brillaba y mostraba su rostro.

Silenciosa espía que los acompañaba en todos los momentos decisivos entre ellos. Orihime abrazó a Hideki y él correspondió a la caricia, despertando lentamente.

Suspiró y enredo sus dedos en el largo cabello de Orihime.

-¿nee sensei?-Inoue frunció el ceño, se incorporó para pellizcar las mejillas de joven.

-Soy Orihime- le corrigió- Ori-hi-me

Hideki se sobo las mejillas y miró a su sensei, el verde de sus ojos de pronto era aun más intenso, a pesar de la escasa luz que proporcionaba la Luna.

-como sea- dijo haciendo bufar a Orihime- ¿sabe? Hemos sido un tanto irresponsables

-¿eh? ¿Irresponsables?

Hideki asintió con la cabeza, rodando y cambiando posiciones con ella dejando caer un poco de su peso sosteniéndose con una mano en el colchón.

-no usamos protección de ningún tipo.

Orihime enrojeció al tiempo que un vació de culpabilidad se expandía por su estomago que brinco con la sorpresa, ni siquiera había reparado en ello.

-¡ahh! Arima kun… ¿Qué? ¿Qué vamos…? ¿Qué voy a hacer si…? Arima kun.

Hideki pellizco suavemente la mejilla de Orihime imitando su gesto anterior.

-es Hideki, Hi-de-ki- dijo y después dejo un suave beso en su frente- y si pasa, no es algo que me preocupe, es más, por mi está bien

-pero solo tienes…

-Dieciocho años- termino él- y sé que soy muy joven pero si es con usted sensei es tal como debe ser, tarde o temprano así va a ser.

Orihime le sonrió y rodeo su cuello atrayéndolo a ella para besarlo.

Afuera la amenaza comienza a oscurecer el futuro, ya nada será igual.

Pero en este instante sumergida en un cielo estrellado, la Luna brilla, reflejando el amor eterno.

-o-

Hoy otra vez la ciudad desértica espera la llegada de la noche

Y serenamente bajo la Luna comienza un banquete,

Voces de júbilo llenan la duna de arena…

La canción alcanza a la distancia a dos amantes…

sus siluetas se desmoronan a lo lejos

Y ambos se convierten en arena.

-o-


Wola! Esto aunque no lo crean es el final de Dieciocho años, Ulqui cumplió dieciocho lo que tenía que pasar pasó jeje. Pero… todo queda abierto, ¿Aizen buscara a sus antiguas espadas? ¿habrá un chibi-ulqui en camino? …quizás…quizás escriba una nueva historia o una especie de continuación, no lo sé.

Espero que les haya gustado hasta aquí. GRACIAS A TODOS POR LEER Y COMENTAR!

De verdad con el corazón en la mano se los agradezco.

Y por ultimo E-kun se lo H que eres, lo siento no estoy hecha para escribir momentos H explícitos, y ¿Qué es lo que sigue? Ya lo veremos. A ti también gracias por leer y corregirme.

Nos leemos en la próxima!

(Aun hay mucho Ulquihime en mi loco cerebro)

OWARI