Una cita inolvidable
ArokuRaita

Disclaimer: 'Haikyuu!' pertenece a Haruichi Furudate y este fanfic fue escrito sin fines de lucro.

Segundo capítulo y final. ¡Gracias por sus reviews y espero sus comentarios! Saludos


2.

Luego de algunas vueltas y pequeños arañazos por parte de algunos arbustos, los jóvenes llegaron a un pequeño estanque rodeado de vegetación muy alta. Por lo mismo, era invisible para la mayoría de transeúntes y visitantes.

- Tenías razón, Nishinoya. Parece que de verdad es desconocido para el público, pero los guardaparques deben saber que está acá... ¿Y si nos dicen algo?

El libero soltó una carcajada.

- Asahi-san, ¡siempre te preocupas por todo! Tú relájate, toma una caña y empieza a pescar. Aquí traje algunos gusanos de carnada-. Asahi puso cara de asco cuando Nishinoya sacó de su mochila un tarro con anélidos de tierra. - Ah, y si atrapas algo, devuélvelo al agua. Esto es estilo catch and release, ¿vale?

El joven no entendió mucho, mas decidió pasarlo bien aunque no pescara nada. Quería observar la técnica de su acompañante. Sin embargo, fijó su atención -sin querer- en los brazos de Yuu, cuyos moretones no opacaban su delicadeza; en su expresión concentrada y seria, que parecía fuera de lugar en un chico tan explosivo; deseó acariciar sus mejillas, jugar con su cabello, tenderlo sobre la hierba y besarlo...

- ¡Se nota que no entiendes nada de pesca!- dijo una voz chillona. Avergonzado, Asahi se volteó y encontró a un niño de unos ocho años sentado unos metros más allá. Había aparecido de la nada.

- Oh, tiene razón, ¡tiraste el hilo sin anzuelo ni carnada, jajaja!- rió Yuu.

- No me gustan las lombrices- masculló Asahi. Seguía molesto por la interrupción y por el hecho de que se rieran de su torpeza. ¿Qué culpa tenía si nunca había pescado?

Ninguno de los otros se dio cuenta. Nishinoya amarró un anzuelo al hilo, le puso un gusano y lo lanzó al agua, mientras el niño hablaba de los peces que había atrapado en el estanque. Noya-san le respondió y empezaron a conversar como si hubiesen sido amigos desde siempre. Azumane se sintió dejado de lado. ¡Sólo hablaban de pesca!

- ¡Oh, picó uno!- gritó Nishinoya. Obtuvo un pez pequeño, pero muy lindo. Con cuidado, le quitó el gancho y lo devolvió al agua. Luego fue el turno del niño, quien sacó -y devolvió- un pez más grande. Y Asahi... cero.

- Vaya, eres muy mal pescador. ¡Los adultos no saben nada!

- No soy un adulto, tengo dieci...

- Eres un adulto porque tienes barba y pelo largo. Ningún estudiante de secundaria tiene eso. ¡Viejo!

- ¡No!

Nishinoya se partió de risa. La discusión entre esos dos era demasiado divertida. Generalmente, le daba un poco de envidia que Asahi se viera mayor, pero otras veces daba pie a situaciones graciosas. Ese crío entrometido era osado.

- Hey, nii-san, ¡dile a tu papá que no sea tan cabeza dura!

"Oh oh", pensó Asahi. Por un lado, estaba preocupado por la reacción de Nishinoya, pero, por otro... No pudo evitarlo, fue demasiado para él.

- ¡Jajajajaja!

- ¡De qué te ríes, Asahi-san! ¡Y tú, mocoso! ¡Esto no quedará así!

De un salto, Nishinoya fue hacia el chico, quien cruzó sus brazos frente a él como defensa. El libero no calculó bien, perdió el equilibrio al aterrizar y cayó al agua, no sin antes agarrar un brazo del niño. El choque contra el agua sonó tan fuerte que espantó a las aves.

- ¡Buaaa! ¡Te acusaré con mi mamá! ¡Mamáaaaa!- chilló el niño.

- Cállate, enano, es sólo agua- exclamó Yuu, sacándose algas de la cabeza.

Asahi dejó de reír y se acercó para ayudarlos. No quería que la mamá del chiquillo armara un escándalo. Lo bueno es que el estanque era poco profundo, por lo que sería tarea fácil sacarlos de ahí. Estiró su brazo derecho hacia los dos pero ellos, movidos por un impulso, lo agarraron y lo atrajeron hacia el estanque.

- ¡ARGH! ¡PUAF! ¡¿Por qué hicieron eso?!- gritó Asahi cuando sacó la cabeza fuera del agua.

- ¡No sé, pensé que sería divertido!- respondieron Nishinoya y el niño al mismo tiempo. Se miraron, sorprendidos, y estallaron en carcajadas.

- Si alguien nos encuentra, estaremos en problemas- rabió el más alto. Llevaba agarrados del brazo a los dos chicos y avanzaba a duras penas entre el barro y la vegetación. De pronto, los tres callaron. Alguien se acercaba.


- Mi hijo debe estar por aquí, siempre se mete entre estas plantas- decía una voz femenina.

- No se preocupe, señora. Lo encontraremos- respondió un hombre.

"¡Rayos, estamos acabados!", pensó el as de Karasuno. Nishinoya se apresuró en guardar sus cañas y carnadas y avanzó hacia el sendero que conocía, pero los adultos se acercaban desde allá.

- Demonios, es el único camino que conozco- murmuró.

- Yo sé otro, ¡síganme!- contestó el niño. Rodeó el estanque por la orilla y se acercó a unas plantas que parecían más delgadas que las otras.

- Si avanzan derecho por acá, saldrán a un sector del parque donde pasa poca gente. ¡Váyanse ya!

- Oye, ¿y qué harás tú?- preguntó Nishinoya, con los ojos abiertos como platos.

- Les diré que me caí por tratar de atrapar mi caña. Mi mamá y los guardaparques saben que vengo para acá, pero a ustedes no los conocen y me aburre dar explicaciones, así que ¡adiós!

Dicho esto, los empujó a las plantas y ocultó el sendero.


- Me caen bien los niños de hoy- comentó Nishinoya en voz baja, sonriendo de oreja a oreja.

Asahi no respondió. Estaba más preocupado de avanzar sin hacer ruido. Al parecer, los adultos no los seguían: quizás pensaron que andaban perros o algo así. Suspiró.

Nishinoya miró de reojo a su amigo. La cita no iba bien, pues su rostro estaba muy serio. "¡Yo solo quería que se soltara un poco más! Quizás tirarlo al estanque no fue una buena idea..."

- Noya-san, creo que sería bueno ir a casa- dijo Asahi, repentinamente. A Yuu se le cayó el alma a los pies.

- De verdad lo siento, Asahi-san. No quería hacerte enojar cuando te tiré al agua, pensé que podíamos nadar un rato, pero... Ah, ya ni recuerdo por qué lo hice. ¿Quieres terminar la cita? ¿Estás muy enojado conmigo?

El gigantón lo miró casi con ternura.

- Me enojé porque tu actitud fue irresponsable, pero ya se me quitó. Y no lo decía para terminar la cita, sino para cambiarnos de ropa: estamos empapados y podríamos enfermarnos. Además, la gente nos mirará raro. Es incómodo.

- Está bien. Entonces, llegamos a la intersección y cada uno va a...

- No, prefiero que vengas conmigo. Mi casa está más cerca. Además, no creo que tengas ropa de mi talla en tu ropero, tendría que andar en toalla...

Nishinoya tragó saliva. La idea de estar en la casa de su amigo y novio-en-secreto era atractiva, pero también le hacía sentirse nervioso. Hasta ahora, sólo se habían besado un poco. Sabía que Asahi-san jamás usaría su altura y fuerza para obligarlo a hacer algo que no quisiera, entonces... ¿Qué era?

Sin darse cuenta, siguió caminando, hasta que Azumane dijo: "Ya llegamos".


El alto muchacho abrió la puerta y saludó, mas no obtuvo respuesta. Leyó una nota sobre la mesita de entrada y avisó a Nishinoya que su familia llegaría en la noche.

- Si quieres, podemos ver una película o jugar algún videojuego mientras la ropa está en la lavadora y secadora. Déjame buscarte un pantalón y polera... También debemos bañarnos.

El libero asintió mientras observaba la casa. Se parecía a la suya, aunque era un poco más austera. Siguió a su amigo hasta su habitación y se sorprendió al notar que su corazón galopaba desbocado cuando entró en ella.

La cama era de una plaza y media, pero se veía pequeña para un joven tan alto y robusto como Asahi. Tenía pocos muebles, algunos libros, un par de posters pegados a la pared, una televisión, un minicomponente y varios CDs de música. Iba a preguntar qué tipo de bandas escuchaba, cuando vio que el dueño de casa extendía hacia él una toalla grande, una pequeña, una polera y un short.

- Noya-san, no creo que estas mudas te queden bien, pero peor es nada.

- Yo... Gracias, Asahi-san. ¡Tardaré poco!-. De un salto, se metió al baño.

"Debería haberle dicho que entráramos juntos. ¿Lo habría tomado mal?", se preguntó el libero mientras se lavaba el cabello y el cuerpo. Al terminar, se puso la ropa que le había prestado Asahi. ¡Era gigante! Tendría que pedir un cinturón o cordel para amarrarse el short o debería sujetarlo con su mano toda la tarde, lo que no era muy cómodo.

Cuando salió, llamó a Asahi.


Azumane había fantaseado con la idea de que ocurriera algo con su novio-en-secreto. Estaban los dos solos, su familia llegaría bien entrada la noche, tenían que lavar y secar la ropa sucia y, mientras esperaban, podían ver tele, escuchar música, hacer otras cosas... Cuando Noya-san le avisó que el baño estaba listo, tembló de emoción. "Espero no parecer un pervertido", rogó en silencio. Se asomó por la puerta y el corazón se le detuvo.

Frente a él había un niño. ¡Un niño que no llegaba al metro y medio! Además, la ropa le quedaba enorme y sostenía los pantalones con una mano, por lo que parecía estar disfrazado como su papá o su hermano mayor. Cualquier pensamiento indecoroso o deseo se le esfumó en un instante. "Sé que sólo tiene un año menos que yo, pero... ¡Me siento muy culpable!".

El libero no se dio cuenta, pero quedó sorprendido cuando el as pasó por su lado, mudo y pálido como un fantasma.

"¿Habré hecho algo mal?", pensó, extrañado, mientras entraba a la habitación de Asahi. Esperó a que el dueño de casa saliera del baño, con algo de nerviosismo. Para tranquilizarse, empezó a revisar los discos y libros de su compañero. Luego de un largo rato, el ruido de la puerta al abrirse lo sobresaltó. Asahi estaba en el marco, tenía las mejillas rojas, el pelo suelto y húmedo y la mirada soñolienta. A diferencia del libero, la ropa le quedaba perfectamente. Nishinoya lo envidió un poco, pues parecía un verdadero hombre.

- Ese baño me relajó demasiado, creo que me dormí en la tina...

- ¡Asahi-san, eso no es bueno! Recuéstate en la cama- ordenó el libero. Azumane no necesitó que se lo dijeran dos veces: cayó cuan largo era sobre ella y hundió la cara en la almohada. Yuu se sentó en el suelo y acercó su rostro al cabello de su amigo. Olía a champú. De repente, Asahi giró su cabeza, por lo que sus facciones quedaron a pocos centímetros de las de Noya-san.

El tímido joven estaba demasiado fatigado como para alejarse, y la sorpresa hizo que Nishinoya se mantuviera en el mismo lugar. No les quedó otra opción que mirarse a los ojos y perderse en ellos, hasta que el más pequeño se inclinó y rozó los labios de Azumane con los suyos. Fue un acto reflejo, pero se sintió bien. Aunque ya se habían besado antes, esta vez era distinto. No existía una urgencia por tocarse o 'subir de nivel', al contrario: mientras más lento fuera todo, mejor. "No había motivos para ponerme nervioso", pensó el invitado.

La luz de la tarde entraba por la ventana, iluminando buena parte de la habitación. Asahi se movió un poco, dejando espacio para que Yuu se recostara a su lado. Éste se estiró como un gato, subió de un salto a la cama y se acurrucó junto a su robusto amado, hundiendo su cara en su pecho. Asahi se incorporó, apoyándose en su codo, y deslizó suavemente sus dedos sobre el rostro de Nishinoya, delineando sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos y su mandíbula. Hundió su mano en el cabello húmedo y aplastado del libero y se agachó para besarlo en la boca.

- Al final, no almorzamos hamburguesas ni jugamos vóleibol- murmuró Asahi, luego de separarse de Yuu. Éste emitió un breve sonido de queja y se alzó para continuar con el beso.

- No importa. Creo que esta ha sido la mejor manera de terminar el día- susurró el libero.

- Hey, aún no termina. Recién son las... - El alto moreno se estiró para mirar su reloj- Cinco y cuarto. Mi familia llegará después de las diez... ¡Ah, tenemos que secarnos el pelo, para no resfriarnos! Y la ropa ya debe estar lis...

Una mano fina y pequeña se posó sobre sus labios. Nishinoya le guiñó un ojo, sonriendo. "Puede esperar", decía esa sonrisa. Como respuesta, Azumane lo abrazó fuerte. Era verdad.


¡FIN!