CAPÍTULO 10

Era viernes. Quinn estaba con Mike y Sam en una de sus noches de "chicos". Normalmente consistía en ir a un bar y que Quinn fuera su compinche porque no sabían cómo acercarse a una chica. Pero, este viernes, decidieron quedarse en casa y jugar a la consola o ver "Harry Potter" o "Star Wars".

-¿Sabéis? Creo que ésta es la noche de chicos más improductiva que hayamos tenido- dijo Quinn mirando la tele mientras estaban tirados por el salón viendo "Star Wars-Episodio 3".

-Sí, tienes razón. Pero es bastante agradable- dijo Mike mirando también la tele, frunciendo el ceño al ver morir a Padmé Amidala.

-Estoy de acuerdo con Mike-dijo Sam desde el suelo donde estaba tumbado.

-No he dicho que no lo fuera, sólo que es improductiva-dijo Quinn de forma realista.

Pasaron el resto de la película en silencio. Estaba casi en el final así que no estuvieron callados mucho tiempo. Cuando acabó la película, siguieron repantigados, cansados y ahítos por haber comido demasiado. Sonó el timbre y Quinn se levantó refunfuñando. Cuando abrió, vio que eran Brittany y Santana.

-¿Qué estáis haciendo aquí?

-Hola a ti también, Q- dijo Santana con sarcasmo-. Queríamos hacerte una visita pero si no nos echas de menos, nos vamos.

-Vale. Adiós- dijo Quinn cerrando la puerta.

La latina paró la puerta con el pie y entró en el apartamento con Brittany siguiéndola. Ésta saludó a Quinn con la mano y le sonrió. Quinn le devolvió la sonrisa.

-Oh, por favor, Santana. Pasa- dijo Quinn irónicamente.

-Lo que tú digas, zorra. Sabes que nos quieres- dijo Santana saludando con la mano-. ¿Estabais viendo "Star Wars", empollones?- Preguntó cogiendo la carátula del DVD.

-Pero, San, sí a ti también te gusta- dijo Brittany mirando a la latina que se ruborizó.

Los otros se rieron porque, aún hoy, Santana no admitía que es una empollona como el resto de ellos.

-S, sabes que sabemos que eres una empollona así que deja de disimular- dijo Quinn riéndose aún más cuando su mejor amiga le echó una mirada de furia.

-Ya me he hartado de vosotros, chicos- dijo mirando a su alrededor. -¿Dónde está Karofsky?- Preguntó a Quinn.

-Tiene una cita con Kurt- dijo sonriendo Quinn.

-Oh… ¡Gracias a Dios! Me estaba fastidiando con esas sonrisas de tonto enamorado cada vez que salía en la conversación algo relacionado con Kurt- dijo con expresión de fastidio pero todos sabían que estaba feliz por su amigo-. En todo caso, ¿cómo está el hobbit, Quinn?

La latina empezó a referirse de ese modo a Rachel hace dos días porque sabía que a la rubia no le gustaba.

-Es perfecta, S- dijo Quinn mirando al techo.

Santana le sonrió con dulzura.

-¿Sabes? Está perdiendo la gracia que la llames "hobbit".

-Vale, ahora es una mediana. ¿Mejor?- Dijo la latina con sonrisa maliciosa.

-Perfecto. Sé que no va a mejorar más- dijo la rubia mirando al techo.

Empezaron a hablar de cosas triviales cuando el teléfono de la rubia empezó a sonar. Se fue a su habitación donde estaba su móvil y miró la pantalla. Sonrió de manera instantánea.

-Hola, Rach.

-Hola, Quinn- dijo Rachel sonriendo.

Tan pronto como la rubia oyó su voz, su sonrisa se hizo más amplia.

-Sólo quería saber si me puedes decir dónde vamos a ir mañana y no como la vez anterior- dijo malhumorada.

-Tampoco te lo voy a decir pero vístete de manera informal- dijo sonriendo ligeramente cuando oyó a la morena resoplar al otro lado de la línea.

-¿Sabes que si no empiezas a decirme dónde vamos puedo empezar a aparecer demasiado vestida o vestida como una vagabunda para el lugar que hayas elegido?

-Vale, pero no te lo voy a decir. Pero lleva vaqueros y no uno de tus vestidos o faldas- dijo.

Aunque le encantaban esos vestidos y faldas, las actividades para el día siguiente no eran las más adecuadas para que los llevara.

-Vale. De acuerdo- dijo la morena dándose por vencida.

La rubia sonrió más aún.

-Adiós, Quinn.

-Adiós, Rach- dijo la rubia con dulzura.

Se mantuvieron en la línea durante unos instantes per, entonces, ambas colgaron al mismo tiempo.

-Sois tan empalagosas que da náuseas- dijo Santana desde la puerta.

La rubia se giró sorprendida de verla allí. A ella y a los demás.

-¿Estabais escuchando?- Les preguntó la rubia con incredulidad, aún sin llegar a creer que lo habían hecho.

-Sí. ¿Tienes algún problema al respecto?- Preguntó la morena.

-No importa si lo tengo o no. Vais a seguir haciéndolo así que para qué molestarme- dijo moviendo la mano.

Ellos sólo le sonrieron con dulzura. Era raro verles hacerlo excepto por Brittany. Quinn miró a su reloj.

-Ohhh. Se hace tarde. Tenéis que iros- dijo señalándoles la puerta-. Es tan triste. Adiós- dijo irónicamente empujándolos hacia la puerta.

Después de que se fueran, tomó aire profundamente y miró el desastre que había quedado hecho su apartamento. Decidió que limpiaría al día siguiente. Cogió un par de vasos de la mesa.

Se dirigió al cuarto de baño para ducharse y se puso el pijama. Cogió un libro, se metió en la cama y empezó a leer. Después de un rato, se sintió cansada. Puso el libro en la mesilla de noche y apagó las luces para dormirse.

Se levantó a las 10 de la mañana y limpió el apartamento. Estaba bastante dejado. Para las 12, se hizo un sándwich para comer y a la 1 se fue a casa de Brittany y Santa. Llamó a la puerta y le abrió un chico.

-Oh. Hola, Kurt- dijo no esperando que fuera él quien le abriera la puerta.

-Hola, Quinn- dijo abriendo la puerta un poco más para dejar pasar a la rubia.

Entró dentro. Santana estaba tumbada en el sofá y Brittany estaba en su dormitorio pero, tan pronto como oyó la puerta, apreció por el pasillo y abrazó a la rubia más baja.

-Hola, Q- dijo felizmente al separarse de la rubia.

-Hola, Britt. S- las saludó-. ¿No puedes abrir tu propia puerta, S?- Le preguntó a la perezosa morena del sofá.

-Él estaba cerca de la puerta así que le dije que la abriera. Yo estaba viendo "Rizoli & Isles". Son tan jodidamente gais la una por la otra y, hasta ahora, no se han dado cuenta- dijo resoplando un poco a causa de Rizzles. Eran tan obvias con todo ese sexo visual.

-¿Sabes? Sigue leyendo esas ficciones para fans. Son el único sitio donde estarán juntas con esos pasitos de bebé que dan- dijo sonriendo a la latina que creía que tenía algo de razón.

Sólo había visto algunos episodios pero eran perfectas la una para la otra.

Se pasó el resto de la tarde con la latina y Brittany. Kurt se fue un par de horas después. Sólo volvió a su apartamento para arreglarse para su cita con Rachel.

Eligió unos vaqueros negros ajustados con una camiseta azul de Star Wars, un poco de maquillaje, el pelo rubio un poco ondulado y se puso un par de Vans negras. Miró le reloj y vio que tenía el tiempo justo para recoger a Rachel.

Cuando llegó, Kurt la volvió a dejar entrar pero, ésta vez, cuando se abrió la puerta, se encontró a Kurt y no a Rachel.

-Casi está lista- le dijo dejándola entrar.

Miró a su alrededor y estaba casi igual que la primera vez que estuvo allí. Se sentó en el sofá y Kurt en el canapé que estaba a la derecha del sofá. Éste la miraba extrañamente y ella se empezaba a sentir algo incómoda.

-Vas a darme la charla de "si le haces daño, te mataré", ¿verdad?- Le preguntó.

-Sí, pero parece que ya te conoces el procedimiento así que sólo te diré una cosa: si le haces daño de verdad, Puck y yo te daremos caza- dijo con tono amenazante.

-bueno, yo puedo decírtelo mismo. Si le haces daño a Karofsky, Santana se pondrá en plan Lima Heights contigo- le dijo sonriéndole de manera demasiado dulce.

-Vale. Estoy lista- dijo Rachel saliendo de su habitación.

Llevaba unos vaqueros, como Quinn le dijo que usara. Eran finos y ajustados. También llevaba una camiseta roja que la recordaba a la de su viejo uniforme de animadora.

-Hola- dijo mirando la rubia.

-Hola a ti también, Quinn. Adiós, Kurt- dijo empujando a la rubia hacia la puerta.

Cuando llegaron fuera, Quinn paró a la morena volviéndola hacia ella.

-Estás preciosa, por cierto- dijo Quinn haciendo sonrojar a la morena.

-Tú también con esa camiseta de Star Wars- le dijo bromeando.

Quinn se ruborizó y apartó su mirada de la de la morena con timidez.

-Eres muy tierna- le dijo dándole un beso a la rubia en la mejilla y sonrió cuando la rubia se ruborizó todavía más.

-Vayámonos, ¿vale?- Le dijo alargando la mano para que Rachel lo cogiera, lo que hizo por gusto.

Caminaron en silencio hacia su destino mientras Rachel tarareaba una canción cualquiera en la que estuviera pensando. Quinn la escuchaba.

Cuando llegaron a su localización, estaban en una pista de patinaje. Quinn miró a la morena para ver su reacción.

-Me encanta patinar pero no sé si tú sabes… Pensé que sería divertido- le dijo poniéndose un poco más nerviosa a cada instante.

La expresión de la morena era inescrutable pero no decía nada.

-¡Oh, Quinn, me encanta patinar! Ha pasado tanto tiempo desde que he estado en una pista de patinaje- dijo sonriendo a la rubia que respiró aliviada y sonrió a la adorable chica junto a ella.

Fueron a recoger el equipo necesario, pagando Quinn por todo. Después, entraron de la mano a la pista.

-¿Dónde aprendiste a patinar tan bien?- Preguntó la morena a la rubia que se movía como si fuera lo más sencillo del mundo.

-Tomé clases cuando era más joven. Después, fui a algunas veces a una pista que había en mi pueblo. Pero, desde que empecé la universidad, no he tenido muchas oportunidades de hacerlo otra vez- dijo encogiéndose de hombros.

-Bueno, pues eres mucho mejor que yo. A mí se me da un poco mal pero es bueno hacerlo por diversión- dijo tímidamente.

-bueno, no te preocupes si te caes. Yo te cogeré- dijo la rubia sonriéndole a la morena.

Patinaron durante una hora hasta que se cansaron, así que se marcharon.

-¿Dónde vamos ahora?- Preguntó la morena mientras la rubia empezaba a andar.

-Ya lo verás- dijo guiñándole un ojo a la morena.

Mientras caminaban, la morena reconocía el camino pero no sabía a dónde iban hasta que pararon frente a un edificio.

-Quinn, ¿qué hacemos en tu edificio?- Preguntó a la rubia, que abrió la puerta y encabezó el ascenso por las escaleras.

-Me dijiste que no querías que te pagara cosas nunca más así que le pedí a santana que cocinara algo con lo que tenía en casa puesto que yo no sé cocinar- dijo abriendo la puerta de su apartamento.

En el salón había una mesa en el lugar del sofá. Una vela estaba situada en medio de la mesa. La rubia la encendió. Fue a la cocina a por la comida.

-Parece que tenemos lasaña y, no te preocupes, le dije que eras vegana. Es lasaña vegana- dijo la rubia sonriendo.

-Quinn, esto es tan dulce- la morena dijo mirando a su alrededor.

Quinn había hecho todo esto por ella. Era la mejor persona del mundo. La rubia sonrió tímidamente desde su posición junto a la mesa. Ayudó a Rachel a sentarse y, luego, fue a por algo de vino a la cocina. Les sirvió un poco a ambas. También, sirvió un poco de lasaña para las dos.

-¿Ésta buena?- Le preguntó después de que la morena se llevara el primer trozo a la boca.

-Está increíble, Quinn- le respondió la morena.

-Bien.

La rubia, entonces, probó un bocado y estaba realmente buena. Comieron en silencio. A veces se miraban la una a la otra y se daban pequeñas sonrisas. Después de comer, Quinn acompañó a la morena a su apartamento. Cuando llegaron, se volvió hacia la morena.

-Rachel, ¿quieres ser mi novia?- Preguntó de tirón.

-Creía que ya lo era pero… Sí, Quinn, me encantaría- dijo sonriendo a la rubia que le devolvió la sonrisa tímidamente.

Le dio a la rubia un beso rápido en los labios. Quinn le devolvió el beso más apasionadamente.

-Deberías llevar esta camiseta más a menudo. Estás muy mona con ella. Adiós, Quinn- dijo dándole un beso rápido en los labios a Quinn y sonrió viendo le rubor que causó su cumplido.

-Adiós, Rach, dijo Quinn sonriendo a la morena.

De camino de vuelta a su apartamento, Quinn pensó que su vida no podía ir mejor.