CAPÍTULO 11

Quinn y Rachel estaban acurrucadas en el sofá de Quinn viendo algo en la tele. La cabeza de Rachel estaba en el pecho de la rubia y la mano derecha de Quinn estaba acariciando el pelo de la morena. Ya habían tenido cuatro citas y no podían haber ido más perfectas.

Quinn estaba mirando a la morena sonriendo suavemente. Ni siquiera sabía el programa que estaban viendo. Estaba mirando a Rachel.

-Quinn, ¿por qué nunca hablas de tus padres o tu hermana?- Preguntó Rachel suavemente de forma repentina.

La pregunta cogió a Quinn por sorpresa. No esperaba que la morena se lo preguntara tan pronto.

-Sólo quiero saberlo porque, cada vez que dices algo sobre ellos, es con tristeza. Sólo me preguntaba qué había pasado para que te pongas de esa manera. No tienes que responderme- añadió con rapidez la morena.

-No, está bien. No me lo esperaba que me lo preguntaras ahora mismo- dijo.

-Entonces, ¿por qué no hablas de ellos?- Preguntó Rachel moviéndose de su posición para mirar a Quinn a los ojos.

-Porque ya no hablo de ellos- respondió bajando la mirada.

La morena sintió la tristeza en su voz otra vez.

-Hey, sabes que no me lo tienes que decir ahora mismo, ¿verdad?- Dijo la morena levantando la cabeza de Quinn para mirarla a los ojos.

-Lo sé. Es sólo que me lo has preguntado y quiero contestarte pero es un tema susceptible. No me siento muy cómoda hablando de ello-dijo mirando a Rachel a los ojos.

Rachel vio la tristeza que oía en la voz de la rubia y se sintió mal por haber sido la causante.

-¿Quieres saber toda la historia?- Le preguntó la rubia.

-sólo si te sientes cómoda haciéndolo- Respondió la morena de manera honesta.

Puede que sintiera curiosidad pero podía ver que Quinn luchaba por poder hablar del tema.

-Entonces, vale. Mi familia es muy religiosa y mi padre es muy estrecho de miras. Cuando era una adolescente tenía que ser perfecta para mi padre. Tenía que ser la jefa de las animadoras y la primera de mi clase. Por eso me tuve que volver tan dura como una piedra y tan fría como el hielo- dijo.

Rachel no podía imaginarse a ésta chica frente a ella siendo dura y fría. Era la mejor persona del mundo.

-Pero sólo era así por fuera. Por dentro, era casi como soy hoy, pero estaba, como a Santana le gusta decir, "dentro de Narnia". Estaba en tal estado de negación que no me di cuenta de lo que era hasta que estuve aquí, en la universidad. Empecé a ver a las chicas de manera diferente. Me di cuenta que me sentía mucho más atraída por ellas que por los chicos.

Cuando en el instituto Santana se dio cuenta de que era gay, se encaró conmigo. Le dije que era hetero pero, aun así, me hizo ver un montón de películas y series sobre lesbianas o con lesbianas en ellas. Después de descubrirme a mí misma, me pasé otro año sin decírselo a mis padres o a mi hermana. Sabía que no me aceptarían, así que para qué intentarlo. Un día, cuando estaba de visita, mi madre me preguntó si había conocido a algún chico. Le dije que no pero siguió hablando sobre chicos maravillosos que quería que conociera. Entonces, no pude soportarlo más. Le solté sin querer que era gay y me miró con sorpresa.

Mi padre lo oyó y me dijo que tenía treinta minutos para recoger todo lo que tenía allí y que me fuera. Dijo que no quería volver a verme otra vez hasta que dejara de vivir una vida de "pecado y vergüenza". Me fui a casa de Santana a pasar el resto de mi estancia allí. Eso fue hace tres años y, desde entonces, no he vuelto a hablar con nadie de mi familia- dijo.

La morena se la quedó mirando.

-El día que te dije que no estaba de humor y que estaba teniendo un mal día era el "tercer aniversario" de ese día- finalizó.

Entonces, sintió unos brazos que le rodeaban los hombros y la abrazaban con fuerza.

-¿Por qué no me lo habías contado hasta ahora?- Preguntó la morena separándose un poco de la rubia, que se encogió de hombros-. Lo siento pero tus padres son unos estúpidos porque eres increíble y se lo están perdiendo.

-Después de ese día, fui a terapia. Hoy en día, aún no estoy bien del todo pero casi- dijo sonriendo un poco-. Y no te lo dije porque no pensé que fuera tan importante. Además, en ese momento, sólo nos conocíamos de hacía una semana- dijo sonriendo un poco más.

-Lo sé pero aun así, podías habérmelo contado antes- dijo la haciendo un puchero que Quinn, sonriente, le quitó con un beso.

-Vale. Estaba esperando a que preguntaras o te lo hubiera contado cuando lleváramos saliendo mucho más tiempo- dijo Quinn sonriendo-. Ahora ya lo sabes así que deja de quejarte- dijo sonriendo a la morena frente a ella con un pequeño puchero en sus labios que, cuando Quinn le dio con el codo, se volvió una sonrisa-. Mucho mejor ahora- dijo besando esos labios que, había descubierto, eran adictivos.

Cada vez que besaba a la morena quería más.

Empezaron a besarse. Quinn empujó a la morena para que se tumbara de espaldas y ella se puso encima de ella. Siguieron besándose durante un largo tiempo. Entonces, Quinn empezó a besarle por la barbilla y el cuello. La otra chica gemía debajo de ella.

-Deberíamos parar- dijo Rachel cuando notó una mano en su estómago.

Quinn dejó de besarle el cuello y la miró a los ojos, que estaban más oscuros de la cuenta y asintió besándola una vez más antes de sentarse de nuevo trayéndose a Rachel con ella.

-Santana dijo que si quedábamos mañana en su apartamento y el de Britt- dijo Quinn después de un momento de silencio.

- ¿Lo dijo o lo exigió? Porque hay una gran diferencia- replicó la morena.

- Vale. Lo exigió- dijo riéndose por como Rachel conocía ya a Santana-. Nosotras, Kurt y Karofsky, Mike y Sam. Y dijo que invitaras a Puck y a Mercedes- continuó antes de que la morena la parara.

-Vale. Les invitaré si Kurt no les ha dicho nada aún- dijo.

- Vale- siguieron en silencio viendo lo que estaban echando en la televisión y disfrutando de la compañía de la otra.

Cuando llegó la hora de que Rachel se fuera, se levantaron y Quinn la acompañó a la puerta-. ¿De verdad tienes que irte?- Se quejó la rubia y la otra chica la sonrió.

-Sí. Mañana tengo clase y si me quedo aquí esta noche tendré que levantarme aún más temprano porque tendría que ir a mi apartamento y, luego, volver a la universidad. Así que sí, desgraciadamente, me tengo que ir- dijo la morena dándole un beso rápido en los labios a Quinn que la cogió de la cintura para darle un beso de verdad.

Cuando se separaron, Quinn estaba sonriendo ampliamente.

-Adiós, Rach- dijo Quinn dándole otro beso rápido en los labios.

-Adiós, Quinn- dijo Rachel y se alejó de la vista de la rubia con una última sonrisa y un adiós con la mano.

Quinn se volvió a meter en el apartamento, miró el reloj junto al televisor y vio que se estaba haciendo tarde. Se puso el pijama, se metió en la cama y se quedó dormida.

Se despertó a la mañana siguiente, se hizo el desayuno y volvió a su habitación. Se sentó en la cama, cogió un libro y empezó a leer. Ese día no tenía clases. Después de un rato, se puso unas zapatillas y se fue a correr a un parque cercano.

Se puso a correr. Ese día no había tanta gente corriendo como otros días. Le gustaban esos días. Era más tranquilo de lo normal, más tranquilo de lo que solía estar un día normal en la ciudad de Nueva York. Le encantaba la ciudad pero, a veces, prefería la paz. Corrió durante una hora, volvió a su casa y se dio una ducha.

Era la hora de comer. Cogió unos trozos de pizza que habían sobrado y los calentó en el microondas. Comió y siguió leyendo su libro. Se dio cuenta que podía terminarlo ese día por todo el tiempo que llevaba leyendo.

A las 2, se fue al trabajo. Cogió el metro para ir. Ésta vez era ella al que estaba colocando los libros y Joshua el que estaba detrás del mostrador. Acabó de organizar los libros y se fue a la trastienda para organizar el almacén. Estaba a medias cuando Joshua llegó y le dijo que había alguien que preguntaba por ella.

Volvió a la parte de delante de la tienda y vio a Rachel. Sonriendo feliz, fue hacia ella y la abrazó levantándola del suelo. La besó en los labios.

-Hola, Rach. ¿Qué haces aquí?- Le preguntó cuando la dejó en el suelo.

-Acabé mis clases temprano y decidí venir a esperar que acabaras el turno e irnos juntas a casa de Santana y Britt- respondió sonriendo ampliamente a la rubia.

-Vale. Ya casi he acabado. Te veo ahora, ¿vale?- dijo besando rápidamente en los labios a la morena.

-Claro. Estaré en el Café al otro lado de la calle- dijo marchándose.

Quinn volvió a la trastienda y acabó de organizar el almacén tan pronto como pudo. Quería estar con la morena.

Cuando salía de la librería, una mujer rubia la llamó la atención. Estaba sentada en un banco al otro lado de la calle mirando a la librería donde trabajaba Quinn. La mujer tenía unos veintitantos aproximadamente pero se conservaba bien. Quinn cruzó la calle.

-¿Qué estás haciendo aquí?- Preguntó a la mujer.

-Quería hablar contigo, Quinn. Después de todo, soy tu hermana- respondió la rubia.

-Sí, ya sé que eres mi hermana. Pero no me has hablado en tres años- dijo entre dientes Quinn.

-Lo sé y lo siento. He estado acostumbrándome al hecho de que mi hermana pequeña es gay, pero cuando he llegado y te he visto con la que, probablemente, sea tu novia… Nunca te he visto sonreír así en toda tu vida. He visto lo feliz que eres. He estado unos días aquí, mirándote. Eres feliz y, si eres gay, no me importa porque eres feliz- dijo con una sonrisa de disculpa.

-Quinn, ¿quién es?- Dijo Rachel.

La rubia no la había oído acercarse. La rubia estaba demasiado centrada en su hermana para darse cuenta.

-Oh. Hola, Rach. Ésta es mi… Eh… Es mi hermana- dijo mirando a la morena que tenía los ojos como platos-. Me estaba diciendo que sentía haber estado tres años sin hablarme- dijo la rubia con los dientes apretados.

-Oh. Hola, soy Rachel, la novia de Quinn- dijo Rachel sonriendo demasiado dulcemente y alargando la mano para que la otra rubia se la estrechara.

-Hola, Rachel. Soy Emily- dijo-. Encantada de conocerte.

-Lo mismo digo- dijo Rachel mirando entonces a Quinn con expectación.

-Lo siento, Em. Pero tenemos planes así que tenemos que irnos- dijo Quinn cogiendo la mano de la morena entrelazando sus dedos.

Empezó a alejarse.

-¿A dónde vais?-Preguntó Emily mirando a la otra rubia.

-Vamos a casa de San y Britt- dijo-. Lo siento pero ya vamos tarde. Así que nos tenemos que ir. Adiós- dijo empezando a alejarse cuando una mano la paró.

-Llámame alguna vez, Quinn. De verdad, quisiera hablar contigo en otro momento- dijo Emily cogiendo un trozo de papel y dándoselo a Quinn que lo cogió y se lo guardó en el bolsillo de la chaqueta-. Adiós, hermanita- dijo apartando la mano.

Dejó que su hermana se fuera esperando que ésta vez no fuera para siempre,

Cogieron el metro. Rachel estuvo mirando todo el rato a Quinn con expectación. Ésta se mordía el labio inferior y parecía estar perdida en sus pensamientos mirando a la nada. Cuando llegaron al edificio de Santana y Brittany, Rachel la paró.

-¿Estás bien?- Preguntó a la rubia con suavidad.

-Estoy bien- respondió la rubia pero parecía insegura.

-Quinn, no me mientas- dijo Rachel con severidad pero dulcemente al mismo tiempo.

-No sé qué sentir. He querido tener a mi familia de nuevo desde que mi padre me echara ese día, pero ahora no sé si puedo perdonarles por lo que hicieron- dijo Quinn honestamente ésta vez, mirando al suelo y moviendo un pie como si diera patadas a una roca invisible.

-Hey, mírame- dijo Rachel levantándole la cabeza-. No tienes que llamarla. La llamas si tú quieres y si quieres darle otra oportunidad, ¿de acuerdo?

-De acuerdo- dijo sonriendo ésta vez.

Besó a la morena dándole las gracias, sujetó la puerta y le hizo un gesto para que entrara.

-¿Entramos?- Preguntó sonriendo.

Rachel la sonrió con ternura antes de entrar y la rubia la siguió de cerca cogiéndola de la mano. Subieron en el ascensor y fueron hacia el apartamento. Cuando llegaron, tocaron al timbre y la puerta se abrió de golpe.

-¿Qué hacéis aquí tan pronto?- Preguntó la latina mientras respondía a la puerta.

-No teníamos nada que hacer que hacer así que hemos decidido venir a molestarte para pasar el rato- dijo la rubia sonriendo apartándola y entrando en el apartamento con Rachel siguiéndola.

Se sentó en el sofá haciendo a la morena sentarse junto a ella. La morena se enroscó a su lado.

-Oh, cojonudo- dijo Santana mirando al techo.

Se volvió para ir a sentarse al canapé cerca del sofá, mirándolas.

-Bueno, enana, ¿van a venir los demás?- Preguntó a Rachel.

Quinn la miró con furia pero Santana no se acobardó.

-Sí, Santana, van a venir- dijo sin molestarse en decir a la latina que no era una enana puesto que se estaba acostumbrado.

-Deja de llamarla así, S- dijo Quinn a su mejor amiga, mirándola de nuevo con furia.

-No importa, Quinn. He descubierto que es su manera de demostrar que le gusto- dijo la morena haciendo que Quinn la mirara lo que hizo su mirada más dulce tan pronto como vio los ojos marrón chocolate a los que es estaba acostumbrando.

-Vale. Aun así, no está bien que lo haga pero se lo dejaré pasar- dijo aun mirando a Rachel a los ojos, ahora sonrientes.

La rubia bajó la vista de los ojos a los labios de la morena para ver una sonrisa cálida en sus labios. Al instante, ella también sonrió y besó a la morena en los labios. Cada vez que la morena creía que iba a separarse de ella, volvía a besarla de nuevo.

-Vale. Parad de besaros. Es asqueroso- dijo la latina desde le canapé.

-Pero, San, ayer dijiste que te parecían muy tiernas- dijo Brittany saliendo del dormitorio-. Hola, Rach y Q- dijo saludándolas con la mano.

Sonrientes, le devolvieron el saludo y se sentó en el canapé con Santana entrelazando sus dedos.

Siguieron hablando. Entonces, Sam llegó sonriendo como un loco y algo nervioso.

-Mercedes viene, ¿verdad?- Preguntó a Rachel, nervioso.

-Sí, viene- dijo Rachel sonriéndole calurosamente.

Él no sabía que Mercedes le hizo la misma pregunta sobre él y en el mismo tono de nerviosismo el día anterior.

Cuando Mike llegó no lo hizo sólo.

-Atención todos. Ésta es Tina. La conocí hace unas semanas- dijo sonriendo.

Mike le había hablado a la rubia sobre esta chica, Tina, pero nunca la había visto con él. Entonces, se oyó un chillido.

-¡Tina!- Gritó Rachel y corrió a abrazar a la otra chica que sonrió a su vez y también al abrazó.

-¿Os conocéis?- Preguntó Mike cuando se separaron.

-fuimos juntas al instituto. Ha pasado algún tiempo desde que hablamos, Tina- dijo la última parte dirigida a Tina.

La asiática sonrió.

-Lo sé. Lo siento, Rach. He estado un poco ocupada estas últimas semanas-dijo sonriendo a forma de perdón-. Y ella, ¿quién es?- Preguntó a Rachel sonriendo con satisfacción cuando notó que las manos de la morena estaban entrelazadas con las de la rubia.

-Es Quinn, mi novia- dijo Rachel.

Quinn alargó su mano. Tina se la estrechó y le sonrió calurosamente a lo que la rubia le correspondió con otra igual. Empezaron a hablar de nuevo cuando el timbre sonó por tercera vez esa noche. Cuando Brittany abrió, el resto de invitados estaban al otro lado de la puerta. Entraron y saludaron a todo el mundo. Mike presento a Tina a Karofsky, el único que no la conocía puesto que los demás habían ido al instituto con ella.

Pidieron pizza para todos. Una era vegana para Rachel. Algunos bebieron vino, otros vodka o cualquier otra bebida que Santana y Brittany tuvieran. Pasaron al mayor parte de la noche hablando. Sam y Mercedes estaban flirteando el uno con el otro. De vez en cuando, se ruborizaban cuando el otro les pillaba mirando. De vez en cuando, Quinn y Rachel se perdían en su propia burbuja pero, por supuesto, Santana estaba allí para sacarlas de ella, haciendo a Quinn algo enfadada.

Quinn se fue a la cocina y se quedó allí, bebiendo y mirando a la nada, perdida en sus pensamientos.

-¿Estás bien?- Preguntó Rachel cuando vio a la morena ausente.

Pasó sus brazos alrededor de la cintura de la otra chica y puso la cabeza en su hombro.

-Estoy bien- contestó indecisa.

La morena se volvió para mirarla a los ojos y vio que no estaba bien.

-¿Estás segura?- Preguntó queriendo asegurarse.

-Estoy segura, Rach. No te preocupes- dijo con una pequeña sonrisa a la morena y abrazándola por la cintura atrayéndola hacía sí.

Acarició con la nariz su cuello. A la otra chica le dio la risa tonta. Se estaba acostumbrando a que la rubia hiciera eso. Siempre lo hacía. La rubia la besó suavemente en el cuello y, luego, en los labios. Después, se puso recta, cogió de la mano a la morena y la llevó de vuelta al salón para reunirse con sus amigos.

Así pasaron la noche. Hablando, discutiendo, viendo algo en la tele. Hasta que Quinn, Mike y Sam pusieron la consola de Santana y empezaron a jugar con los videojuegos.

Rachel miraba a Quinn jugando a la consola. Se la veía tan concentrada, con la lengua entre los dientes y una mirada determinada en los ojos. La encontró completamente tierna y sexy al mismo tiempo.

Empezaba a hacerse tarde, así que Rachel y Quinn se dirigieron al apartamento de la rubia cogidas de la mano. Cuando llegaron, Quinn se giró para mirar a Rachel.

-¿Te quieres quedar a pasar la noche?- Preguntó mordiéndose el labio.

-Por supuesto- dijo sonriendo ante la ternura de la rubia.

Subieron las escaleras y la rubia abrió la puerta del apartamento.

-¿Tienes con qué cambiarte? Puedo dejarte algo si no tienes nada- dijo la rubia mirando a la morena.

Estaban en la habitación de Quinn.

-No, no tengo nada- dijo Rachel.

La rubia fue al armario y cogió una camiseta de NYU, unos pantalones cortos y unos pantalones de deporte.

-¿Qué prefieres?- Preguntó levantando los pantalones cortos y los de deportes.

-Los cortos, por favor- dijo Rachel, cogiendo la camiseta y los pantalones cortos-. Gracias- dijo.

Fue al cuarto de baño a cambiarse. Cuando volvió, la rubia ya tenía el pijama puesto que consistía en una camiseta vieja de Harry Potter y unos pantalones de deporte. Quinn se tumbó en la cama e hizo un gesto con la mano a la morena para que se tumbara con ella.

Cuando la morena se tumbó, la rubia puso sus brazos en la cintura de la morena, la acercó más a ella y la hizo girarse haciendo que sus narices se tocaran.

-Hola- dijo besando a la morena que le devolvió el beso.

Se besaron durante unos momentos. Cuando se separaron, la morena bostezó.

-Alguien está cansada- dijo la rubia sonriendo y apagando la luz-. Buenas noches, Rach- dijo besando la frente de la otra chica.

-Buenas noches, Quinn- dijo la morena.

Poniendo su cabeza en el pecho de Quinn, cerró los ojos quedándose dormida al instante. Quinn la miró durante unos minutos, quedándose dormida poco después.