CAPÍTULO 12
Era domingo. Quinn estaba sentada en su sofá sin mirar a nada en particular, perdida en sus pensamientos. Estaba pensando en su hermana. Podía fácilmente llamarla pero no era tan fácil. Estaba dolida por la forma en que su familia la había tratado después de salir del armario. Tenía miedo de que su hermana no estuviese siendo honesta y que la abandonara de nuevo.
Estaba asustada de que su hermana sintiera asco de ella otra vez, que se marchara de nuevo. Quinn pensaba en tantos "¿y si?" que iba a ponderar todas las posibilidades. Puede que nunca recuperara a su hermana. Quería tener algún tipo de certeza antes de dar la bienvenida a su vida de nuevo a su hermana.
Su hermana sonaba bastante honesta cuando decía que le parecía bien que Quinn fuera gay pero aún tenía sus dudas. ¿Había hablado su hermana con sus padres? Porque si estaba buscando recuperar el contacto con ella y sus padres lo sabían, probablemente a ella también la hubieran apartado de sus vidas.
El sonido del timbre la sacó de sus pensamientos. Se levantó dirigiéndose a la puerta y la abrió. Al otro lado estaban Rachel y Santana.
-Esto es raro- pensó.
Antes de que pudiera decir nada, la latina empezó a hablar.
-Zorra, ¿por qué no me has dicho que tu hermana quiere hablar contigo? Le voy a patear el culo al estilo de Lima Heights si hablas con ella y te vuelve a hacer daño- su voz se fue suavizando hacia el final.
Entonces Santana hizo algo inesperado. Se abalanzó hacia la rubia y la abrazó con fuerza. Éste no era el comportamiento habitual de la latina. Normalmente, quien lo hacía era Brittany.
-Piénsatelo antes de hacer nada, ¿vale?- Susurró la latina en el oído a Quinn.
-Vale- dijo sonriendo con cariño y con una lágrima corriéndole por la cara.
Santana se separó y se recompuso de nuevo. Entonces, se fue al salón y se sentó en el sofá.
-Hola, Rach- dijo Quinn dirigiéndose a la morena y dándole un beso rápido en los labios, abrazándola por la cintura-. ¿Se lo has contado?- Le preguntó Quinn con voz suave.
-Sí, lo siento. Sólo quería que otra persona lo supiera y ella es tu mejor amiga. Ha estado contigo cuando no tenías familia. Pensé que estaría bien, y…- unos labios suaves le cortaron el discurso.
-No te preocupes. La verdad es que estoy agradecida de que lo hicieras. Y quizás tengas razón. Necesito a una persona que estuviera allí cuando pasó todo- dijo con la voz fallándole al final.
Rachel se dio cuenta de que cada vez que hablaban de los padres de la rubia, su voz se le quebraba un poco como si fuera a llorar.
-¿Ya has tomado una decisión?- Preguntó Rachel pasando los brazos por el cuello de la rubia.
La puerta aún estaba abierta. Se había olvidado de eso y de la latina del salón. Rachel masajeó el cuello de la rubia.
-No, pero creo que voy a llamarla- dijo con una vocecita, aún un poco indecisa sobre el tema.
-Hey, está bien. Es tu hermana. Es importante para ti y, al menos, quieres esa parte de tu familia de vuelta en tu vida. Todo el mundo necesita una familia- dijo Rachel mostrándole una sonrisa de apoyo a la rubia.
La rubia le devolvió la sonrisa.
-Eres increíble, ¿lo sabes?- La rubia dijo sonriendo y la morena le devolvió la sonrisa.
-No, no lo soy.
-Pues, lo eres- dijo la rubia dándole un beso rápido a la morena.
Ella sonrió por el beso.
-Vale. Parad ya. Sé que os gustáis mucho pero ya vale con las demostraciones de afecto, ¿no?- dijo la latina desde el sofá rompiéndoles el momento y el beso a la pareja.
-Ahora ya sabes cómo me siento cuando estoy a solas con Britt y contigo- dijo la rubia mirando a su mejor amiga y sonriendo satisfecha.
-Lo que tú digas. Al menos, entonces soy yo la que está en faena pero aquí tengo que ver cómo os besáis como posesas y eso no está bien. Es asqueroso- dijo con asco.
-Nos quieres, S, no lo niegues. De todas formas, ¿qué haces aquí? ¿Sólo has venido a decirme esto?- Preguntó la rubia a la latina cerrando la puerta.
Entrelazó sus dedos con los de Rachel y se sentó situando a la morena en su regazo y pasando los brazos por su cintura.
-Sí, tenía que decírtelo cara a cara si no, no tendría el mismo efecto- dijo levantándose-. Me voy a seducir a mi novia. Adiós, zorras- dijo despidiéndose con la mano y cerrando la puerta tras de sí.
La rubia empezó a besar el cuello de Rachel, que sólo reía tontamente y dejó a la rubia que se divirtiera. Quinn paró de besarle el cuello después de unos minutos. Luego, giró a la morena.
-¿Y tú? ¿Qué estás haciendo aquí? No es que no me guste- le preguntó a la morena que se ruborizó casi de inmediato haciendo sonreír a la rubia.
-Quería verte- dijo suave y tímidamente.
Quinn sonrió un poco más y la besó, sonriendo a la vez. Cuando se separó, aún sonreía.
-Eres adorable, ¿lo sabías?- Le preguntó la morena.
-Oh… Así que, ¿ahora soy impresionante y adorable?- dijo y la rubia asintió-. Bueno, éste debe de ser algún tipo de récord. Nadie había dicho esas sobre mí en un día o nunca.
-Bueno, los demás son estúpidos porque eres todas esas cosas y más- dijo la rubia con determinación.
La morena le sonrió con adoración. Decidió en ese momento que era la mejor novia del mundo. La rubia hacía todo lo que ella quería. Santana podía decir que la tenía dominada pero la rubia no veía problema en ello. Le decía cosas bonitas. Sus novios sólo le habían dicho que era guapa. Nunca nada más que eso.
-Tú también eres adorable- le dijo la morena a la rubia que se sonrojó ligeramente y bajó la mirada, tímida-. Eres tan tímida. Aún no puedo imaginarte como jefa de animadoras- dijo la morena.
Era cierto que la rubia era tímida y empollona y… Nada como suele ser una animadora.
-Ya te dije que, por entonces, me escondía y era por culpa de mis padres- dijo levantando la vista-. Y puedo ser rencorosa y mandona cuando quiero. Pero ya no me gusta ser desagradable con la gente- dijo diciendo la última parte con voz de niña-. Santana siempre dice que me he ablandado.
-Creo que tiene razón por cómo me has descrito que eras entonces. Hoy en día eres más tolerante, pero me gustas así- dijo la morena sonriendo suavemente a la rubia que se volvió a ruborizar y aparto la mirada con timidez-. Debes empezar a acostumbrarte a los cumplidos y dejar de desviar la mirada de ese modo. Me gusta mirarte a los ojos. Son preciosos- dijo la morena levantando la cabeza de Quinn poniendo su dedo índice en la barbilla de la rubia.
-Gracias pero los tuyos son más bonitos- dijo la rubia sonriendo a la morena que se ruborizó ligeramente-. Es verdad.
-Pero a mí me gusta mirar los tuyos- dijo la morena-. Son de un precioso color avellana que, dependiendo de dónde estás, se ponen de cierto color verde. Son preciosos- dijo sin dejar lugar a que Quinn se lo discutiera.
-Vale. Tú ganas pero los tuyos son aún más bellos- dijo Quinn besando a la morena en los labios.
-¿Cuándo vas a llamar a tu hermana?- Preguntó Rachel después de unos momentos de silencio.
-No lo sé- respondió la rubia encogiéndose de hombros-. Tal vez mañana- dijo insegura-. No, seguro que mañana- dijo con certeza después de volver a pensarlo.
-De acuerdo- dijo Rachel.
Miró a la rubia con atención para ver si estaba segura y no vio duda en los ojos color avellana. Así que no dijo nada sobre el asunto.
-¿Qué tenías pensado hacer hoy?- Preguntó.
-La verdad es que nada. Estaba pensando en ir a lo de Sam pero no sé. Ahora que estás aquí, quizá podamos salir si te apetece o quedarnos aquí- dijo encogiéndose de hombros.
-Cualquiera de las dos opciones me parecen bien- dijo la morena encogiendo también los hombros-. Podemos ir a dar un paseo y, luego, quizás, coger algo de cena.
-Vale. Vamos a dar un paseo. Déjame que me ponga unos vaqueros y un abrigo- dijo la rubia levantándose.
Fue a la habitación a ponerse unos vaqueros y a coger el abrigo que estaba junto a la puerta -. Vámonos.
Quinn le ofreció su mano a Rachel que cogió con gusto.
Caminaron en silencio cogidas de la mano durante unos minutos.
-¿Es éste tu último año de universidad?-Preguntó la rubia a Rachel.
-Sí. Tengo una audición para una obra la próxima semana. Quizá lo consiga. Es Fuera de Broadway pero aun así está en el camino hacia mi sueño- dijo Rachel con el mismo brillo en los ojos cada vez que hablaba sobre Broadway o sus sueños.
A Quinn le encantaba.
-También es el tuyo, ¿verdad?- Le preguntó a la rubia.
-Sí- respondió la rubia-. ¿De qué va la obra para la que tienes la audición?- Preguntó la rubia.
-Es sobre una chica que viene a Nueva York para seguir sus sueños pero que no tiene más que su mochila y algo de dinero en el bolsillo. Cuando llega conoce a un grupo de gente y empieza a vivir con ellos, pero se hace drogadicta y el grupo amenaza con echarla si no se desintoxica-dijo-. Parece que va a ser buena.
-Sí, que lo parece- dijo Quinn.
De verdad que tenía buena pinta. La rubia nunca había visto actuar a la otra chica pero si actuaba igual que cantaba estaba segura de que lo conseguiría. Y con su presencia escénica y su voz, la rubia pensó que no importaba porque era MUY buena cantando-. Estoy segura de que conseguirás el papel.
-Nunca me has visto actuar, Quinn. ¿Cómo puedes estar tan segura?
-Porque si eres tan buena actuando como cantando, lo vas a clavar. Y estoy bastante segura que lo eres. Así que no me discutas. Vas a conseguir ese papel- dijo con determinación girando la cabeza para mirar a Rachel a los ojos-. Entonces, vas a impresionar a la audiencia con tu magnífica actuación y, luego, la obra irá a Broadway. Ganarás tu primer Tony y todo será perfecto- dijo acabando su "discurso".
-Vale, pero si nada de lo que has dicho se hace realidad, te voy a echar la culpa- dijo con una pequeña sonrisa.
-Vale pero va a pasar así que no tengo miedo- dijo con una sonrisa aún más amplia.
Al rato, decidieron ir a comer. Pararon en un restaurante chino. Decidieron volver a casa a comer así que ordenaron comida para llevar. De vuelta en casa de Quinn, se sentaron en el suelo del salón para ver la televisión. Empezaron a comer y a hablar sobre cosas que les había pasado en sus vidas durante la semana o cuando eran niñas o adolescentes.
-La primer persona que te gustó, ¿fue una chica?- Preguntó Rachel.
Estaban hablando sobre sus años de adolescencia.
-La primera chica que me gustó fue en el tercer año de instituto. Era una chica de nuestro Glee Club. En ese momento no sabía que lo que me pasaba era que me gustaba. Se lo hice pasar mal durante un tiempo. Luego, me arrepentí y le pedí perdón. Ello dijo que me perdonaba pero yo no podía creerla porque lo que había hecho era horrible. Seguí pidiéndole perdón hasta que un día se me acercó y me dijo que me perdonaba de corazón- dijo-. Me dijo que lo dejara estar. Lo hice pero tras mucho esfuerzo.
-Guau. Vivías en completa negación- dijo la morena con una pequeña sonrisa.
Quinn rio con ella porque tenía razón. Tan pronto descubrió que era gay, se dio cuenta que todas las cosas que hizo en el instituto era como gritárselo a la cara.
-Como Santana solía decir estaba muy dentro de Narnia- dijo porque era exactamente lo que la latina le había dicho cuando salió del armario-. No sé cómo no me di cuenta de que era gay en ese tiempo. Pero creo que ésta chica me gustaba. Alguna vez me miraba con si supiera algo de mí que yo no sabía. Fue algo extraño.
-Si eras tan obvia, yo también me habría dado cuenta, o al menos habría sabido que te pasaba algo- dijo la morena.
La rubia la miró y sonrió. Rachel se dio cuenta que esta sonrisa era sólo para ella. Al menos, no la había visto sonreír así a nadie más.
-Sí, yo también.
Después, empezaron a hablar de cosas variadas. Sobre las 10 de la noche, Rachel se levantó.
-¿Tienes que irte?- Pregunto la rubia haciendo un puchero.
-Sí, lo siento. Se hace tarde y mañana tengo clase por la mañana- respondió la morena con una pequeña sonrisa-. Te veo el miércoles- dijo.
-Sí, pero falta mucho- dijo la rubia levantándose aún con el puchero en la cara.
-Bueno, podemos vernos antes pero tendrás que venir a mi casa porque yo ya he estado aquí varias veces- dijo la morena con una sonrisa de satisfacción.
-Vale. Quizás me pase mañana- respondió la rubia acompañando a la morena a la puerta-. Te llamaré. Y, para que lo sepas, voy a llamar a mi hermana en cuanto te vayas- dijo dándole un beso a la morena en los labios.
-Vale. Buena suerte con tu hermana. Adiós, Quinn- dijo dándole un último beso rápido en los labios a la rubia y marchándose.
-Adiós, Rach- respondió la rubia.
La morena volvió su cabeza y se despidió con la mano antes de desaparecer por las escaleras. Quinn cerró la puerta y cogió el teléfono del salón. Miró el número del papel durante unos segundos antes de reunir el valor y marcarlo. Esperó y, después de tres tonos, oyó la voz de su hermana.
-¿Hola?- Respondió.
La voz sonaba algo dormida.
-Hola, soy Quinn.
-Oh. Has llamado. Pensaba que no lo harías.
